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Alberto Fernández juega su acuerdo con el FMI a una negociación secreta que apoyan Biden y la Unión Europea

Alberto Fernández dialoga por videoconferencia con la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva (Esteban Collozo/)

Alberto Fernández no gastará un solo penny del Banco Central para pagar la deuda de capital con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que vence en 2021. La decisión ya es conocida por la administración de Joseph Biden -principal accionista del FMI- y para evitar un default de la Argentina se considera en Estados Unidos y la Unión Europea un mecanismo de salvataje financiero que pueda aplicarse a todos los países en desarrollo que sufren las consecuencias económicas del COVID-19.

Martín Guzmán y Gustavo Beliz plantearon al Presidente una propuesta geopolítica y macro económica que ahora tiene cierto consenso del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, el Board del FMI, la CEPAL, la Secretaría General Iberoamericana, el Papa Francisco y la Unión Europea.

El ministro de Economía y el secretario de Asuntos Estratégicos se llevan a la perfección: conocen como funciona el poder global, están formados y exhiben una mirada que sobrepasa la coyuntura semanal. La propuesta de Guzmán y Beliz logró el apoyo explícito de Alberto Fernández y su diseño de negociación con el FMI plantea tres requisitos básicos:

1. Utilizar los Derechos Especiales de Giro (DEG) para refinanciar los vencimientos de capital y como soporte extraordinario para apuntalar las economías en crisis de los denominados países medianos

2. Proponer a la comunidad internacional (G7 y Unión Europea) una reformulación de las reglas básicas del FMI al momento de conceder los créditos de Facilidades Extendidas y Stand-By a los países deudores

3. Explicar que la pandemia del COVID-19 colocó al mundo en una crisis institucional parecida a la sufrida tras la Segunda Guerra Mundial y esto implicaría la necesidad de achicar las asimetrías globales con la construcción de un denominado Bretton Woods II

Alberto Fernández avaló la propuesta de Guzmán y Beliz, y los dos iniciaron una recorrida mundial que une la Casa Blanca, el Vaticano y las principales capitales de Europa. El Ministro y el Secretario parecen personajes propios de una saga distópica: desde un pequeño país del Mercosur proponen a los centros globales de poder una salida a la crisis económica que amenaza con voltear al sistema construido después de la Guerra Fría.

Kristalina Georgieva, Martín Guzmán y Gustavo Beliz (en la segunda línea), durante un seminario organizado por Francisco en el Vaticano
Kristalina Georgieva, Martín Guzmán y Gustavo Beliz (en la segunda línea), durante un seminario organizado por Francisco en el Vaticano (TWITTER MARTÍN GUZMÁN/)

La propuesta Guzmán-Beliz tiene que convivir con el ruido de la agenda doméstica. Se le complica al ministro de Economía asegurar en Estados Unidos y Europa que se honrará la deuda de 44.000 millones de dólares contraída por Mauricio Macri, mientras Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner sostienen que ahora Argentina no puede cumplir los compromisos firmados con el FMI.

En Washington, París o Berlín no creen en la lógica del policía bueno-policía malo. Asumen que CFK controla al Gobierno y saben que Argentina muchísimas veces incumplió los programas económicos avalados por organismos multilaterales. Guzmán lo explica con tono académico en la intimidad de Olivos: si hay ruido, la negociación se congela.

El titular del Palacio de Hacienda viajó a Europa para empujar las negociaciones con el FMI, y ayer se encontró con Peter Altmaier, ministro de Asuntos de Economía y Energía. Guzmán reiteró al ministro de Ángela Merkel que Argentina desea pagar la deuda en un plazo razonable, con tasas bajas y después de las elecciones de 2021.

El titular del Palacio de Hacienda también conversó con Altmaier sobre la versatilidad financiera de los Derechos Especiales de Giro (DEG), y la necesidad de aplicarlos para refinanciar la deuda de capital con el FMI, que en 2021 suman más de 4.000 millones de dólares. Si los DEG están vedados para cancelar los vencimientos de capital, Argentina ingresará en un pantano oscuro y con escasas salidas consensuadas.

Martín Guzmán Peter Altmaier Alemania FMI
Martín Guzmán y Peter Altmaier, ministro de Asuntos de Economía y Energía de Alemania, durante la reunión de ayer en Berlín.

Hasta la semana pasada, se trataba de un asunto sin discusión. Pero el subdirector del Fondo Monetario Internacional, Geoffrey Okamoto, hizo declaraciones en Bloomberg TV y la estrategia de negociación de la Argentina empezó a crujir. Okamoto está abajo de Kristalina Georgieva, y la directora gerente del FMI no lo desmintió.

“Los DGE son para adecuación de reservas, no son para suplantar tramos de programas o préstamos del FMI que apoyan programas de reforma estructurales en los países”, dijo Okamoto. Y remató: “Tampoco son para evitar una necesaria reestructuración de la deuda”.

Con la información que Guzmán trajo de DC, Alberto Fernández siempre pensó que los DEG se podían utilizar para pagar los vencimientos de capital que Argentina tiene con el FMI en 2021. En Olivos ahora hay cierta incertidumbre que puede complicar la estrategia novedosa de negociación que diseñó el Presidente junto a Guzman y Beliz.

La ampliación de los Derechos Especiales de Giro ya está autorizada por Estados Unidos y sus socios del G7, y Alberto Fernández deseaba utilizarla como un asiento contable de divisas para superar el pago de más de 4.000 millones de dólares que debe “honrar” con el FMI antes que concluya este año.

Pero la incertidumbre política que instaló Okamoto con sus declaraciones a Bloomberg puede dilatar la negociación emprendida por Guzmán bajo las instrucciones del Presidente. Alberto Fernández pretendía usar los DEG para pagar el capital, duplicar el plazo de pago en los créditos con Facilidades Extendidas y encontrar un respiro financiero avalado por la comunidad internacional como consecuencia de la pandemia.

La Casa Rosada tuvo el aval implícito de Biden para avanzar en su propia negociación con el FMI, y cuenta con el respaldo de Francia, Alemania y los 22 países que se reunirán en la Cumbre Iberoamericana de Andorra. No es poco, pero todavía no alcanza: se acerca el vencimiento del Club de París, y en septiembre se deberían pagar 2.000 millones de dólares. El tiempo juega en contra.

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