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Ballenas, delfines y un temporal en mar abierto: seis días a bordo del Witness, el velero más nuevo de Greenpeace

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La luna ilumina el velero, a los doce que permanecemos sobre la cubierta en la noche helada del golfo San Matías, donde el mar Argentino cruza el límite entre Río Negro y Chubut. Esperamos algo. Más allá de la borda, el océano es un abismo de oscuridad. Pero no de silencio. Con la ausencia casi total de viento, el mar se mece en calma. El reflejo lunar se rompe en miles de pequeñas lucecitas. Un celofán moviéndose al compás de un vals. El cielo regala millones de estrellas; la nube de la Vía Láctea se recorta, nítida. Y de repente llega lo esperado, la recompensa: el sonido de una ballena franca, el resoplido desde el espiráculo de su cabeza, el brillo del lomo que se asoma y se esconde. Es lo que vinimos a buscar en el Witness, la embarcación más nueva de Greenpeace, que recorre el Mar Argentino por primera vez. El santuario de uno de los animales más enormes, bellos y frágiles del mundo.

A las ballenas las oímos. Pero fuera de temporada, habrá que armarse de paciencia para verlas en todo su esplendor. El Witness zarpará, en la tercera etapa de su periplo por nuestras aguas, desde el puerto de aguas profundas de San Antonio Este. En los seis días de recorrido mostrará las dos caras del mar: la amable, con amaneceres y ocasos de postal, vida marina y noches de luna que invitan a quedarse en cubierta. Pero también la furia del viento, el mar enojado y las obligadas noches de insomnio, donde el estómago y las náuseas nos sacan a pasear. Es un velero sólido y austero, que fue botado en 2003 en Sudáfrica con el nombre de Pelagic Australis para navegar en los polos, y se incorporó en 2021 a la organización ecologista. En su casco de acero sólo tiene pintado el nombre y un arco iris. Con 22.5 metros de eslora, 8 de manga y una altura de 29 metros en su palo mayor, es el barco más pequeño de la organización. Posee cuatro velas: la mayor se puede reducir hasta cuatro veces según la velocidad del viento; y en la proa están la genoa, la yankee y la staysail. Su calado máximo es de 4 metros, pero una característica particular -la quilla y el timón que se pueden levantar-, hace posible su tránsito por zonas con una profundidad de apenas 1,4 metros. Su tripulación es de cuatro personas, pero ahora vamos 12, la capacidad máxima en navegación y la cantidad de literas que posee en sus seis camarotes. Tiene dos baños, en los que el agua se debe bombear ¡25 veces! para que los residuos humanos sean expulsados hacia el mar. Y una zona de estar con dos mesas para comer y una más pequeña para trabajar.

Daniel Mares, el capitán del Witness, y Erkut Erkhüt, el ingeniero de bordo, conversan en el atardecer marino (Matias Arbotto)
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El WItness, antes de zarpar, en el puerto de San Antonio Este (Matias Arbotto)

El capitán del Witness se llama Daniel Mares. Le decimos que con ese apellido su destino estaba marcado. Sonríe, y entiende el chiste: desde que está en Argentina se lo hicieron varias veces. Nació en Australia, vive en Nueva Zelanda, conoció a su esposa Pía en 1998 a bordo del Vega, otro barco de Greenpeace y nos cuenta que su hija entró a la Universidad de Wellington para estudiar sociología. Cuando atraque en Puerto Madryn terminará sus tres meses de servicio y regresará a su casa, donde lo espera su mujer, “un perro y un gato”. Pero acá diseña el recorrido como un artesano: mira mapas en una pantalla, coteja números y hace partícipes a todos del viaje: en un par de momentos del recorrido, este enviado tendrá que tomar el timón y seguir el rumbo marcado por él. Entró a Greenpeace en la década del 80, casi por casualidad: “Crecí en el interior, pero tuve la suerte de tener un amigo cuyo padre tenía un velero. Había pintado una casa con él y lo oí hablar de sus aventuras al navegar, le manifesté interés y me invitó. Tenía poco más de 20 años y me encantó. Poco después estaba participando en una protesta contra la minería de uranio en el estado en el que vivo y conocí a gente de Greenpeace. Me dijeron que tenía un velero, y me decidí a ver si me podía unir con ellos. Lo hice y soy afortunado”.

El barco está en la anteúltima etapa de su viaje por el Mar Argentino: ya estuvo en Mar del Plata y llegó hasta el límite de las 200 millas. Ahora navega por los golfos San Matías (donde reclamarán su protección), el San José y el Nuevo, su destino final en Puerto Madryn. Todo el trayecto fue seguido con recelo por Prefectura. En él, durante el primer tramo, se embarcó el director científico del Instituto de Conservación de Ballenas, el cordobés Mariano Sironi. Desde el timón, logró algo increíble para un debutante: 14 nudos de velocidad a vela, para un barco que promedia los 5.5 en plena navegación.

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El Witness, iluminado por la luna, momentos antes del amanecer (Matias Arbotto)
Velero Witness de Greenpeace
Dos ballenas francas nadan cerca de la costa en el Refugio Esperanza sobre el golfo San Matías, en Chubut (Crédito: Osvaldo Tesoro/Greenpeace) (Osvaldo Tesoro/)

El objetivo del equipo científico fue reconocer y registrar especies de mamíferos marinos presentes en el área del Mar Argentino y de la zona económica exclusiva, frente a las provincias de Buenos Aires, Río Negro y Chubut. Esta zona en la que navegaron es utilizada por la ballena franca austral como área de migración y alimentación. Sironi registró 12 grupos de fauna, que incluyeron 9 especies de mamíferos marinos y un mínimo estimado de 366 individuos en total de, entre otros, ballena jorobada, delfín oscuro, delfín común, delfín austral, delfín liso, calderón, orca y una marsopa de anteojos (aunque esta última no con total certeza). También lobos marinos de dos pelos y lobo fino.

Con las ballenas francas, el animal que es emblema de esta región que incluye a la península de Valdés y los Golfos San José y Nuevo, el instituto que preside Sironi ideó un sistema de “adopción”, a través del cual se puede elegir un individuo, colaborar con el ICB y recibir información sobre su crecimiento y recorridos. Para identificar a cada ballena, Sironi señala que “tienen en su cabeza unas callosidades sobre las que se asientan poblaciones de ciámidos, también llamados piojos de ballenas, que son crustáceos similares a pequeños cangrejos de color blanco. Esas callosidades tienen una forma, un tamaño y un número que son propios en cada individuo y que se mantiene más o menos constante a lo largo de su vida, como las huellas dactilares en las personas. Con una buena foto de la cabeza tomada desde una perspectiva aérea podemos saber qué ballena es. Nosotros generamos un catálogo que actualmente contiene 4.100 individuos”.

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Lies Vercameren, la marinera belga, hace cálculos en el puente de mando para marcar el rumbo del velero (Matias Arbotto)
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Una tonina overa, parte de un grupo que nadó durante media hora junto al barco (Matias Arbotto)

Y aunque la población de ballenas crece desde la década del ‘70, cuando comenzaron a ser estudiadas, dice Sironi: “La tasa de crecimiento anual se redujo. Durante los 70, 80 y 90, crecían a una tasa del 7% anual. En las dos últimas décadas lo hacen entre un 3 y 4%”. Por eso, para él es fundamental conservar toda la zona de habitat de la ballena franca, que no sólo se limita a los alrededores de la Península de Valdés: “Los animales que estudiamos tienen fidelidad de sitio, pero también tienen flexibilidad en el uso de esos sitios. Entonces, una ballena que nació en Península de Valdés y fue alimentarse al Agujero Azul en su primer año puede repetir eso el resto de su vida, pero puede combinar ese patrón con otros sitios. Hemos visto 124 individuos avistados en la Península de Valdés y luego en Santa Catarina, en Brasil. Por eso, si protegemos solamente el área de Península Valdés estamos protegiendo una parte de su hábitat, pero no todo. Estas evidencias científicas sirven para generar estrategias de conservación a nivel regional, que protejan el hábitat completo digamos de la especie y las zonas migratorias”.

Durante la vida a bordo se notó la paradoja: en medio del océano, uno de los elementos más escasos y preciados es el agua. Apenas llegamos al Witness, la bomba se rompió. El encargado de arreglarla es el ingeniero del barco, el turco Erkut Ertürk. “Si algo se rompe en tu casa, llamás al plomero, acá soy el plomero; si llamás al electricista, acá soy el electricista. Hago desde el motor a todas partes electrónicas y mecánicas, básicamente me llaman el reparador del barco. Para arreglar la bomba, como no tenía el repuesto, improvisé”. Se ríe cuando le digo que acá diríamos que lo “ató con alambre”, le gusta la metáfora. Erkut tiene 48 años y está en Greenpeace desde 1998, cuando estudiaba ingeniería electrónica en Estambul. Puede parecer curioso, pero como a la organización llega gente con distintos oficios. él también era actor en su país natal, y hasta fue uno de los fundadores del Sindicato de Actores de Turquía: “siempre hacía de villano”, sonríe. Y cuenta qué es lo más importante que conoció a bordo: “La esencia de la relación multinacional y multicultural que vive en este pequeño velero, tratando de defendernos de los problemas del camino, viajando entre puerto y puerto. Y hay muchas historias alrededor de esto”, cuenta. La que recuerda sucedió en el Líbano, en el “2002 o 2003″, “fuimos al Libano, protestamos por el derrame tóxico de una fábrica en el mar. Estaba nuestro barco, desembarcamos nuestros botes. Habia gente de Anatolia, Turquía y tambien de occidente. Trepamos en la costa, colocamos un cartel en el gran tubo que enviaba el tóxico al mar, y los guardias de seguridad comenzaron a disparar sus armas al aire, boom boom boom boom.. Y sucedió algo gracioso, todos los locales, los libaneses, fueron y gritaron ‘que están haciendo, bajenlas’; y al mismo tiempo, la gente de Europa occidental se cubrió. Eran del mismo equipo, pero tuvieron una reacción totalmente distinta. Hay muchas historias llenas de cuidado y amor”

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El Witness se recorta en el golfo San Matías, mientras un gomón se acerca a la costa (Matias Arbotto)
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José Musmeci y Florencia Rey, de la Fundación Patagonia Sur, en el Refugio Esperanza, más de seis mil hectáreas que pertenecen a esa organización sobre el golfo San Matías en Chubut (Matias Arbotto)

Después de la segunda noche de navegación (cuando oímos a las ballenas), el Witness ancló frente al Refugio la Esperanza. Es propiedad de la Fundación Patagonia Natural, que dirige José Musmeci, un ex funcionario del gobierno de Néstor Kirchner que también fue ministro de Medio Ambiente de Río Negro diez años atrás. Una de sus activistas, Florencia Rey, es parte de los invitados a bordo. Por la mañana, desde la borda, se pudieron ver algunos ejemplares de ballena franca que se habían escuchado horas atrás, aunque más alejadas del barco que durante la noche. En un gomón, bajamos a tierra para recorrer la reserva. Musmeci fue el anfitrión: “Yo llegué en el 81 a la Patagonia, desde Mar del Plata. Fui guardafauna y hace 34 años dirijo la Fundación”, explica, y describe a la fauna que intentan preservar en la zona: “Aquí protegemos la estepa costera patagónica. De animales terrestres tenemos entre 400 y 600 guanacos, choiques, maras, zorros, y algún puma, uno o dos. Y marinos, una colonia de machos célibes, pingüinos y orcas en tránsito y lo que vieron: ballenas, que vienen de junio a octubre. Ahora hay seis o siete…”.

En el lugar, en una zona llamada “Las Lolas”; se encuentra un paisaje bellísimo de mineral de yeso, que forman flores de cristal. En medio del recorrido, además, hay un esqueleto de ballena, antiquísimo, en proceso de fosilización. Y varios fogones rituales de pueblos originarios como los tehuelches.

La visita se demoró más de lo previsto. El capitán había pedido que la vuelta sea a las cinco de la tarde. Preveía un mar un poco picado. Tenía razón: la llegada al Witness en el gomón fue una suerte de montaña rusa, ropa empapada y poner en acción la bomba del pequeño bote y un baldecito amarillo para sacar el agua que lo inundaba por todas partes. Esa noche, el velero permaneció allí.

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En plena navegacón nocturna, el capitán Daniel Mares observa el instrumental para establecer el rumbo (Matias Arbotto)
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Un pingüino se asoma al paso del velero (Matias Arbotto)

A bordo todos deben hacer de todo. Por ejemplo, el fotógrafo de Infobae, Matías Arbotto, cocinó unas riquísimas lentejas, a pesar de la falta de panceta o chorizo colorado, delicias absolutamente prohibidas en un lugar donde la alimentación es estrictamente vegetariana y orgánica. La cocina tiene dos hornallas y un horno eléctrico. Hay una bomba con agua potable, otra para lavar los platos, una heladera pequeña, una estufa y un termotanque muy potente que abastece de agua caliente. Cada lugar de guardado suma: bajo los asientos hay de todo. Y es imprescindible el “mapa” para ubicar todo lo que hay para comer. En ese delicado equilibrio, si el azúcar o la sal no se guardan exactamente en su lugar, podría ser una catástrofe. No obstante, en la proa está el “supermercado”, con cajas donde se almacenan frutas y verduras, otra heladera y un freezer. Habrá que olvidarse de la leche de vaca: sólo se bebe orgánica. Pero se puede disfrutar de un gran número de mermeladas de distintos países. Y mucho queso.

Y así como hay que estar preparado para cocinar y lavar, también el trabajo de marinero puede tocar en suerte. Apenas pusimos un pie en el Witness, la única mujer tripulante, Lies Vercameren, se encargó de brindar un pequeño curso de cuáles eran los nombres de las velas y cómo ayudar a armar las velas y a enrollarlas. Lo más importante: la posición de las manos al trabajar con cuerdas. Un error y adiós dedos.

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Duven Daragon, el primer oficial francés, en cubierta (Matias Arbotto)
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Una ballena franca en el golfo San José (Matias Arbotto)

Lies nació hace 26 años en Bélgica y es marinera de cubierta en el Witness. “Nadie de mi familia navega. Somos belgas, comemos papas y trabajamos con las manos, nada más”, cuenta con una sonrisa. Ella empezó a navegar “por accidente”, luego de un viaje en velero con un amigo. Le gustó tanto que se mudó a Barcelona, donde aprendió de barcos y mares y, además, a hablar castellano. “Hice una travesía de tres días sin teléfono, sin internet, mirando delfines, el mar y fue increíble”. Allí se convirtió en instructora y en broker de compra y venta de barcos. “Navegar siempre será parte de mi vida… y salvar ballenas”, augura. Está feliz con esta travesía: “Es el viaje más lindo que he hecho: vi ballenas, delfines, pingüinos, mi animal favorito. Y Argentina también es hermosa por tierra, la gente es amable, la comida muy rica. Es increíble ver la biodiversidad por aquí, es como un sueño”. Según ella, apenas entre “el 2 y el 3% de los capitanes son mujeres, y quiero ayudar a cambiar esto. Yo soy uno de ese 2 o 3 por ciento porque soy capitana de otros barcos más pequeños. Hacemos todos lo mismo aquí, no hay diferencia entre hombre y mujer”.

Durante la tercera noche, de 2 a 4 de la madrugada y frente al Refugio Esperanza, le tocó a quien escribe realizar el “Anchor Watch”, la “Guardia del Ancla”. Consiste, básicamente, en prestar atención a que el ancla, que tiene una cadena de 100 metros de longitud, no se mueva de su lugar. Y para ello hay que mirar cuatro pantallas: en una hay un círculo rojo en el que el centro es el ancla. Si la figura del velero, que se mueve libremente en la superficie, supera ese límite, hay problemas: significa que el ancla se soltó y el Witness está a la deriva. En la misma pantalla está la indicación de profundidad, que no debe bajar de los 10 metros. Se mantuvo entre 13.3 y 14. Luego hay un reloj, donde la referencia a mirar es el número 25, que son los nudos del viento. Hay que verificar que no lo pase: llegó a 23. Y por último, otra pantalla más pequeña tiene la línea costera y un círculo azul, que representa el límite de la cadena del ancla. Ahí, la imagen de la costa no debe invadirlo. La otra premisa es no quedarse dormido. Y ante cualquier anomalía, correr a despertar al capitán.

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El capitán Daniel Mares, en cubierta con el Ipad donde tiene los mismos parámetros del instrumental del barco (Matias Arbotto)
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La lluvia acompañó un trayecto del viaje (Matias Arbotto)

A las 4, entre el primer oficial Guven Daragon y el activista de Las Grutas Fabricio Di Giacomo, el ancla se levantó (acarreando algunos moluscos y un bastante mal olor) y se reanudó la navegación. Sucedió, entonces, un fenómeno increíblemente bello: la bioluminiscencia. Ayudada por la estela que deja el barco al surcar el mar, la figura fosforescente de un lobo marino que nadaba a metros del Witness se recortó bajo el agua, en plena oscuridad. Es, dicen, un mecanismo defensivo que se puede observar de noche y bajo ciertas condiciones. Inolvidable.

Es el segundo viaje que Guven hace en el Witness. Tiene 30 años, es francés, hace alguna broma sobre el mundial de Qatar, y cuenta que de chico vivía lejos de la costa, pero sus padres se mudaron a un barco. A los 14 años decidió que sería constructor de navíos de madera, pero luego decidió que navegar sería más divertido. Se unió a Greenpeace, dice, “porque es una organización en la que realmente creo”. Al Witness llegó “por pura suerte”. “El año pasado, un tripulante debió dejar el barco, un amigo que trabaja en un barco de Greenpeace, me compartió el mensaje de que el Witness estaba buscando un reemplazo en el corto tiempo para el compañero, y yo estaba disponible en el momento”, recuerda. Su tarea es fundamental. Debe “cuidar la seguridad a bordo, mantener un ojo en la organización, las guardias, la cocina, la limpieza y el mantenimiento del mástil y las velas”.

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El ingeniero Erkut Erkhüt en la cocina para preparar alfajores de maicena (Matias Arbotto)
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Una gaviota surca la costa chubutense (Matias Arbotto)

Además de los tripulantes, por Greenpeace navegan Luisina Vueso, coordinadora de la Campaña de Océanos; y dos activistas: Marcos Salazar, de Salta; y Luciana Rivero, del Chaco. Vueso explica que “La necesidad de proteger océanos y mares se da porque son fundamentales para la vida en el planeta, sin ellos la tierra sería inhabitable. A través de sus corrientes regulan la temperatura del planeta, distribuyendo el calor del ecuador y el frío de los polos, también regulan los ciclos del agua y el clima. Absorben el 90% del exceso del calor atmosférico, generado por las actividades industriales y económicas. Y por eso ahora se están calentando. Son los verdaderos pulmones del planeta, producen entre el 50 y 80 % del oxígeno que se libera a la atmósfera cada año. Y también funcionan como sumideros de carbono, es decir que lo capturan de la atmósfera y lo almacenan en el fondo, son un gran aliado frente al cambio climático. También son cuna de biodiversidad y proveen alimento y trabajo a millones de personas en el mundo. Pero para seguir cumpliendo este rol vital deben mantenerse sanos, y no solo las aguas, sino los ecosistemas que albergan. Cada especie cumple un rol fundamental, desde el fitoplancton hasta las ballenas”.

En la mañana del cuarto día de navegación, el plan era llegar al Golfo San José y hacer un avistaje de ballenas. Está al norte del istmo que une al continente de la Península de Valdés, y en él no se permiten actividades relacionadas con el turismo, que se reservan en el Golfo Nuevo, al sur, donde se encuentran las localidades de Puerto Madryn y Puerto Pirámides. La idea era acercarse a la costa, donde a pesar que la temporada aún no comenzó, nadaban algunos ejemplares. Perseguir una ballena con un velero se parece a querer arribar al horizonte: cuando se llega, está en otro lado.

Luego de superar una breve lluvia y pasar frente a la Isla de los Pájaros (que técnicamente no es una isla, sino un tómbolo al que se puede acceder caminando cuando la marea está baja), la radio alertó a la tripulación con un aviso de Prefectura. Pedían que identificara su posición, qué tareas realizaba, y la cantidad de personas a bordo y la hora que pensábamos zarpar.

Después de pasar la noche fondeados en la salida del Golfo San José, la navegación continuó hacia Punta Norte, en la Península de Valdés. Allí se ubica la colonia de elefantes marinos y estaba la promesa de ver orcas. En esa zona, estos cetáceos, que se mueven en familias, suelen utilizar una técnica de varamiento para cazar lobos marinos. Es el único lugar del mundo donde se realiza, y hasta lo entrenan. Pero nuevamente llegó un llamado de Prefectura. Esta vez, indicó que nos debíamos alejar a por lo menos tres millas de la costa. Desde allí, la posibilidad de ver a las orcas de cerca era casi nula, y el capitán Mares no estaba dispuesto a desobedecer: “No me gusta romper las reglas porque sí. Si las rompo debe ser por una causa justa. No considero que seamos especiales, somos un velero como cualquiera”.

Entonces, el capitán decidió navegar durante toda la noche hacia el Golfo Nuevo, donde esperaba llegar de madrugada. Y, como al pasar, advirtió que habría un poco de viento. Lo que hubo fue un temporal. El Servicio Meteorológico Nacional, para la noche del jueves, indicaba “alerta amarilla”, el área sería “afectada por vientos del sector norte con velocidades entre 40 y 55 km/h, y ráfagas que pueden superar los 70 km/h”. Y sugería “evitar las actividades al aire libre”, “asegurar los elementos que puedan volarse” y “tener siempre lista una mochila de emergencias con linterna, radio, documentos y teléfono”.

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El amanecer desde el timón (Matias Arbotto)
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El sol aparece en el horizonte sobre el mar (Matias Arbotto)

Por la época del año, el anochecer llega alrededor de las seis de la tarde. Justo a esa hora, cuando el viento arreciaba, este periodista ya estaba a cargo del timón. Lo que siguió fue como una clase de crossfit que duró cuatro horas en medio de la oscuridad. Lo único audible, además del viento, fueron los gritos del capitán indicando la dirección que había que tomar. El timón, con la fuerza del temporal, no se convirtió en un instrumento dócil. Cada vez que pasaba una ola, que golpeaba nuevamente en el mar, tomaba una dirección incorrecta, y había que traer al Witness al rumbo que ordenaba el capitán. El Servicio Meteorológico Nacional fue preciso: la velocidad del viento que registró el barco fue, en promedio, 30 nudos/h, es decir, 55 km/h.

Luego de la guardia llegó el intento de dormir. Imposible. Éramos trozos de hielo dentro de una coctelera. Recién antes del amanecer el vendaval se calmó. En el horizonte ya se veía la línea costera y las luces de Puerto Madryn, el destino final. Exactamente sobre la ciudad, una luna enorme y naranja se disponía a traspasar el umbral del horizonte.

Después de una noche movida, fue la mejor imagen que la naturaleza podía ofrecer para cerrar una experiencia inolvidable.

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Rosario: un docente le arrojó un borrador a un alumno para callarlo, le lastimó la frente y fue suspendido

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El docente de Dibujo Técnico cuenta con más de 30 años de experiencia y nunca había manifestado comportamientos similares.

La Escuela de Educación Técnica Nº 472 – Crisol (Ex ENET Nº 11 – Escuela Técnica de Joyería y Relojería), ubicada en la zona sur de la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, fue escenario de un violento episodio el pasado viernes, cuando un docente de dibujo no toleró que sus alumnos no hicieran silencio en clase y le arrojó el borrador a uno de ellos. Producto de la agresión, el estudiante sufrió una fuerte contusión en su frente, en tanto que el profesor fue suspendido de todos sus cargos y se le inició un sumario administrativo.

Daiana Gallo Ambrosis, secretaria de Gestión Territorial Educativa de Santa Fe, explicó en diálogo con diversos medios locales que el “lamentable” hecho fue protagonizado por un docente que cuenta “con más de 30 años de trayectoria”, el cual nunca antes había manifestado este tipo de comportamiento ante el alumnado.

“El día viernes, en ocasión de estar dando clases, este docente de dibujo técnico estaba intentando ordenar a los alumnos para comenzar su clase, no reaccionó de la mejor manera tratando de callar al estudiante y le arrojó el borrador”, detalló Gallo Ambrosis, en diálogo con Cadena 3 Rosario.

Al recibir la notificación de lo sucedido, las autoridades locales tomaron cartas en el asunto y dispusieron la suspensión momentánea del docente, de quien no trascendió su identidad. “Es un hecho lamentable que no podemos permitir que suceda dentro de una institución educativa, y por eso cuando la escuela nos notifica de esta situación, nosotros citamos al docente a primera hora de ayer -por este lunes- para informarle que se lo desplazaba y se le iniciaba un sumario administrativo”, explicó la funcionaria.

Rosario: un docente le arrojó un borrador a un alumno para que hiciera silencio en clase
El lamentable hecho ocurrió en la Escuela de Educación Técnica Nº 472 – Crisol.

Al mismo tiempo, Gallo Ambrosis contó que se envió un equipo socioeducativo a la institución educativa “para trabajar con los jóvenes sobre lo acontecido y la convivencia en el aula”, mientras que también se comunicaron con la familia de la víctima para conocer su evolución tras la brutal agresión.

Tiene entre 14 y 15 años. Él está bien, obviamente fue una contusión porque el borrador es un objeto pesado. Le dio con la punta en la frente”, subrayó Gallo Ambrosis. Y con evidente congoja, agregó: “Por suerte no pasó a mayores, pero es un episodio tristísimo”.

Una imagen que se viralizó en redes sociales muestra el hematoma que sufrió el estudiante en su frente, por el cual fue derivado al hospital Roque Sáenz Peña para que se le efectuara una placa. Afortunadamente, no padece ninguna lesión ósea.

En cuanto a la reacción del docente tras ser notificado de su inmediata suspensión, la funcionaria aseguró que se mostró “arrepentido”, pero al mismo tiempo comprendió el inicio del sumario y el correspondiente desplazamiento de sus funciones en la escuela Crisol y en los otros establecimientos donde se desempeñaba.

“Cuando suceden este tipo de situaciones de vulneración de derechos, nosotros inmediatamente desplazamos al docente de sus cargos y pensamos un nuevo lugar hasta tanto se sustancie todo el sumario para que cumpla funciones. Va a seguir cumpliendo funciones en otros espacios del Ministerio de Educación en los que no tenga contacto con estudiantes”, precisó Gallo Ambrosis en declaraciones radiales.

Consultada por si el profesor en cuestión tenía antecedentes violentos, la funcionaria comentó que en este caso “no hubo pautas de alerta” “Cuando fuimos a la institución y hablamos con docentes, personal administrativo y los propios estudiantes, nadie manifestó que este docente haya tenido este tipo de comportamientos”, concluyó.

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¿Conocés a adolescentes que realicen apuestas online? Cómo prevenir, detectar y ayudar a que dejen de hacerlo

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Los docentes observan un aumento de estudiantes que participan en juegos virtuales de apuestas y esta tendencia se manifiesta cada vez más en el aula

Tal vez ya oíste hablar de las apuestas online, observaste las publicidades de las casas que las ofrecen en las camisetas de los equipos de fútbol, viste la entrevista que la periodista Tatiana Schapiro le hizo a Nicolás Cayetano —el periodista y presentador contó su lucha contra la ludopatía y dió pistas sobre cómo reconocer a un chico que apuesta— o escuchaste el relato del periodista Fernando Carolei sobre su experiencia con la ludopatía. Ese mundo está más cerca de los y las adolescentes de lo que parece.

En los últimos meses me crucé con varios especialistas y docentes preocupados por el aumento de chicos y chicas que hacen apuestas virtuales. El acceso a celulares (a este tema ya dediqué un envío de Hora Libre —si querés recibirla, solo tenés que registrarte—) y billeteras virtuales que tienen los y las menores complejiza el cuidado por parte de familias y docentes. Pero de ninguna manera lo impide. Solo requiere del conocimiento de determinadas herramientas para saber dónde buscar ayuda. Vayamos por partes.

¿Qué está pasando? A nivel nacional y global crece el número de jóvenes que apuestan incluso siendo menores de edad, y en muchos casos, terminan desarrollando una adicción al juego. El uso de las aplicaciones de apuestas comenzó a crecer a partir del año 2020, cuando la pandemia obligó a pasar más tiempo utilizando medios digitales, y se intensificó con el Mundial de Qatar 2022. Los y las adolescentes llegan a estas aplicaciones porque se promocionan en las ligas de fútbol y en las redes sociales de influencers y periodistas que tienen entre su seguidores a adolescentes.

¿Qué ven los y las docentes? “Observamos un aumento de estudiantes que participan en juegos virtuales de apuestas y esta tendencia se manifiesta cada vez más en el aula, donde los alumnos pierden la noción de que están en un entorno escolar”, cuenta Cinthia, profesora de educación tecnológica y tecnología de la información en escuelas de los barrios porteños de Parque Avellaneda, Villa Lugano, Villa Soldati y Floresta.

Un informe presentado por el Defensor del Pueblo Adjunto bonaerense, revela que en la Argentina la opción de apuesta online más elegida está vinculada con el fútbol (41,2%), seguida por los bingos (37%) y boxeo (16,8%)
Un informe presentado por el Defensor del Pueblo Adjunto bonaerense, revela que en la Argentina la opción de apuesta online más elegida está vinculada con el fútbol (41,2%), seguida por los bingos (37%) y boxeo (16,8%)

“En general, comienza con un estudiante que se involucra en estos juegos y luego influye sobre sus compañeros y compañeras”, explica la docente. Y sigue: “Juegan durante el recreo e incluso durante las horas de clase. A pesar de que conversamos con ellos, no pueden detenerse y continúan jugando sin control. Pierden la noción del tiempo y el espacio constantemente. Durante el recreo, podemos ver a estos mismos estudiantes aislados en un rincón, sin socializar con sus compañeros”.

Parecido es lo que cuenta desde la ciudad de La Plata, la profesora de historia Daniela Leiva Seisdedos: “Al principio eran varones. Pero luego de las vacaciones de invierno ya estaban incorporadas las chicas, y empezó a bajar la edad. Al finalizar el año, los chicos de 13 ya apostaban”. Así, en clase y en el patio empezaron a verse alumnos pendientes de los resultados de un partido de fútbol o debatiendo sobre cuántos corners pateará un equipo.

Cinthia, por su parte, resalta que ella y sus colegas están preocupados y tratan de trabajar con las familias “para fomentar un uso responsable de los celulares y prevenir estas situaciones”. Pero las respuestas de las familias son diversas. “Recuerdo que una argumentaba que, dado que su hijo ganaba dinero, no veían problema en que continuara con las apuestas. En esos casos, sin el apoyo de la familia, resulta extremadamente difícil sacar al estudiante de esa adicción”. Al mismo tiempo, los y las docentes buscan tener conversaciones abiertas con sus estudiantes para tratar de que este comportamiento no se propague. Además, concluye Cinthia, “desde una perspectiva pedagógica, debo decir que se pierde un tiempo valioso que podríamos dedicar a otras actividades”.

¿A qué edad comienzan chicos y chicas a hacer apuestas virtuales? Desde Chicos.net, asociación que promueve los derechos de la niñez y la adolescencia en entornos digitales, hablan de una iniciación promedio a los 15 años. Pero psicólogas y psiquiatras especializadas en adicciones están recibiendo consultas por chicos de 12 años. Y en la mayoría de los casos quienes participan en las páginas de apuestas son varones.

¿A qué signos hay que prestar atención porque revelan un uso excesivo del celular? Si bien esto no quiere decir que su uso sea por la participación en apps de apuestas, es un primer paso para entrar en acción. Desde Chicos.net subrayan que las primeras señales se manifiestan cuando se ven cambios bruscos en el humor (irritabilidad, ansiedad), falta de interés en la escuela o eventos sociales y sentimientos de vergüenza, depresión y baja autoestima. También hay que estar atentos a la disminución del rendimiento escolar y problemas físicos, como dolores de cabeza o trastornos del sueño, y los cambios en la relación con el dinero, pidiendo más de lo habitual.

Celulares en colegios
La ludopatía es la compulsión irrefrenable al juego

Cabe aclarar que Argentina no tiene una ley nacional sobre juegos en línea. Pero el tema tiene tal impacto que 17 provincias ya dictaron su propia legislación. Es más, el propio Ministerio de Justicia de la Nación reconoce, en su página web, que el problema consiste en los sitios ilegales que no están sometidos a ningún control estatal y hacen publicidad por redes sociales donde incentivan a los adolescentes para que apuesten su dinero.

Ahora, ¿cómo ingresan los estudiantes a las aplicaciones si están prohibidas para menores de 18 años? Marcela Czarny, directora de Chicos.net, cuenta que los filtros de edad son escasos y fáciles de falsear para los y las adolescentes. Y agrega: “En otros casos, juegan a través de cuentas de amigos que ya cumplieron la mayoría de edad. Luego de crear un usuario, al comienzo las aplicaciones ofrecen gratuitamente una cantidad de monedas virtuales para poder apostar, pero cuando se acaba, llega la hora de pagar con dinero real. Para esto, suelen usar plata que les dan sus familias y que guardan en billeteras virtuales”.

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Czarny aclara que “no podemos analizar esta problemática sin pensar en el contexto social que estamos atravesando a nivel nacional y global. La pandemia del COVID-19 cambió radicalmente nuestra forma de concebir el trabajo y nuestra vida social. Las tecnologías ocupan un lugar completamente distinto en nuestras vidas”. Además, afirma que es relevante notar que las nuevas generaciones tienen cosmovisiones distintas a las nuestras acerca del trabajo: hoy en día es más difícil pensar en un trabajo formal, que dure toda la vida. “Esto se ve agravado con la crisis económica que está viviendo el país, que pone en lugar de precariedad a quienes recién comienzan a insertarse en el mundo laboral”, añade. Y ve en el juego una salida rápida para conseguir dinero.

Es relevante saber que las apps de juegos permiten no solo apostar a quién gana un partido, sino también si suceden jugadas específicas: corners, laterales, tarjetas o quién va a ser el goleador, entre otras posibilidades. Estas propuestas generan una sensación de confianza en quienes tienen cierto conocimiento sobre el deporte al que apuestan. Y a diferencia de las apuestas offline, las plataformas virtuales cuentan con datos del comportamiento de sus usuarios, que pueden usar para promover aún más esta práctica en ellos y ellas.

experimentando la diversión de casinos online en su smartphone, ambiente de juego seguro - (Imagen Ilustrativa Infobae)
“Las apuestas son una adicción, que es un trastorno mental”, señala el médico psiquiatra Federico Pavlovsky

Si bien participar de juegos de apuestas tanto en línea como fuera de línea tiene un alto riesgo de generar un vínculo adictivo, las chances son mayores en los y las adolescentes, que están en una etapa de desarrollo y vulnerabilidad. Por eso, te punteo cómo proponen desde Chicos.net hablar con los y las adolescentes para prevenir la adicción al juego o ayudarlos si ya está jugando:

  • Generar un vínculo de confianza y conversar diariamente sobre sus actividades e intereses en medios digitales. Reforzar la idea de que ante cualquier incomodidad pueden acudir a una persona adulta para que los acompañe. Un viaje en auto, durante una cena o yendo a una salida pueden ser buenos momentos para la conversación. Solo hay que estar atentos a cuando aparecen esas oportunidades y no dejarlas pasar.
  • Una vez iniciada la conversación, algunos disparadores para abarcar la temática de las apuestas: ¿Conocen amigos que usen aplicaciones de apuestas? ¿Qué los motiva a apostar? ¿Qué hacen los amigos y amigas en esos casos? ¿En qué gastan el dinero que les dan para su vida diaria? ¿Ahorran para algunos gastos personales?
  • Analizar con ellos y ellas las publicidades de casas de apuestas. ¿Qué mensaje transmiten? ¿Quiénes las promocionan? ¿Por qué son tan populares en el mundo del fútbol? El objetivo es que puedan tomar conciencia de sus propios hábitos y a partir de eso, que tomen sus decisiones de forma crítica, para que otros no las tomen por ellos.
  • Brindarles información acerca de la ludopatía y sus consecuencias. Tener en cuenta que hablamos de adicción al juego cuando hay un impulso incontrolable por las apuestas. Esto genera en muchos casos pérdidas económicas y consecuencias negativas en el trabajo, la familia y las amistades. Las casas de apuestas tienen lógicas que buscan pasar del juego controlado, al abuso y luego a la adicción.
  • Si tu hijo o hija está realizando apuestas, conversá con él o ella sobre el tema, analizá si tiene un uso reducido, abusivo o si hay indicios de una adicción. Como primer paso, se recomienda reducir la cantidad de dinero que se le da mensual o semanalmente. Luego, evaluá junto a él o ella si puede parar de hacerlo. Si lo ves necesario, buscá la ayuda de un profesional para que pueda hacer un seguimiento.
  • Incentivalo a que haga actividades recreativas (artísticas, deportivas) que no requieran del celular. Consensuá momentos y espacios de desconexión de las tecnologías: en la mesa, antes de dormir, en las salidas al aire libre, cuando está con amigos/as. Este tipo de límites promueven un uso crítico de las tecnologías.
  • Es muy importante que brindes el ejemplo. Hacé un uso equilibrado de tus dispositivos y no promuevas el uso de aplicaciones de apuestas. Reflexioná sobre tus propios usos y límites de los medios digitales.

Si querés más información sobre cómo seguir conversando en casa o en la escuela, en la newsletter tenés más enlaces.

Hace un par de semanas, en un webinar sobre el tema, Federico Pavlovsky, psiquiatra especializado en tratamiento de adicciones, contó: “Llegan al consultorio chicos que han intentado quitarse la vida porque las deudas contraídas en las apuestas online los sobrepasan. Los chicos juegan con cosas de adultos y cuando las cosas de los adultos, como las deudas, los sobrepasan, colapsan. Porque, precisamente, son chicos”. Poco después aclaró: “En general, cuando vemos el uso que hacen los padres de los dispositivos, también vemos que tienen una adicción”. En tanto, Marcela Czarny, que también participó del encuentro, subrayó: “tengan en cuenta que los chicos se quejan de que padres y docentes usan mucho el celular”.

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