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Bariloche y el “Diez”: paseos, anécdotas y encuentros fortuitos de Maradona en la ciudad

Hoy se cumple un año de la partida de Maradona y es seguramente un día –como muchos otros– en el que aquellos que tuvieron la fortuita chance de conocerlo recordarán cómo fueron esos encuentros con quien “sembró alegría en el pueblo”. En esta nota, dos recuerdos de quienes oficiaron como acompañantes y, de cierta manera, anfitriones del astro en la ciudad.

Un joven Diego, minivacaciones y una foto enviada por correo postal

Después de conseguir su único título con Boca Juniors, Diego Maradona pasó unas brevísimas vacaciones en Bariloche. Corría el año 1981 y Quenio Chávez, remisero local, fue el encargado de llevar al Diez de paseo por Bariloche junto a Claudia, uno de sus hermanos y un sobrino.

Son varias las anécdotas y sucesos que Chávez recuerda como chofer de Maradona: “Me acuerdo que un día llamó a las 6 de la mañana y dijo que quería salir a correr a un lugar donde no hubiera nadie. Lo llevé al bosque del Llao Llao, él iba de pantalones cortos y se largó a nevar, alguien tendría que haberlo filmado. Después pasamos por el hotel y lo reconocieron enseguida. Le regalaron toallas, le dieron café y al rato nos volvimos”, comentó el hombre.

Otro de los recuerdos de Chávez sobre la estancia de Diego en Bariloche fue cuando le pidió que lo llevara a un lugar donde vendieran pizza. “Bueno, pero sencillo”, pidió el futbolista, según palabras del entrevistado. “Entonces lo lleve a ‘Pinocho’, que era un lugar muy conocido en esa época, en calle Onelli. Lamentablemente no pudieron comer él y su familia, porque enseguida se llenó de gente el local y nos fuimos”. Según contó el remisero, en sus andazas por la ciudad también llevó a Diego al cerro Catedral, a Grisú, a una disco que en ese entonces funcionaba en el gimnasio de bomberos y a Constantino, a comprar ropa de nieve para toda su familia.

De esos días compartidos, Quenio Chávez guarda una foto que lo retrata a él junto al Diego afuera del hotel Tres Reyes. La imagen es de color rosáceo, con una decoloración signada por el paso del tiempo. Está firmada y señala “con cariño” a su destinatario, el hombre que fue su chofer durante su corta estadía. Esa imagen la sacó alguien de la comitiva de Diego que luego el mismo astro envió a Chávez a través de correo postal. Toda una reliquia.

Maradona, Coppola y sus días de desenfreno en Bariloche

Para aquellos barilochenses con algo de memoria, los recuerdos que se evocan a un año de la pérdida del Diez traen consigo imágenes de aquella visita maradoniana en el verano de 1996, cuando el Boca del que era parte vino a realizar la pretemporada a la ciudad. Para una persona en especial, aquel momento fue muy particular. Alberto “Bocha” Zottele, un eximio bailarín de tango y además exjugador de fútbol, fue su anfitrión en esa ocasión.

“A través de los periódicos, me enteré de que Boca estaba en San Martín de los Andes. Allá no había Peña, y nosotros, acá, la estábamos armando. En ese entonces, el intendente era César Miguel. Hablé con él y le expliqué que había rumores de que el equipo estaba disconforme, porque allá las canchas no eran buenas… ‘Si querés, los traemos. El único gasto sería un vuelo de SAPSE (que era la compañía que tenía aviones en la provincia). De lo demás, me encargo yo’, le dije”.

Al día siguiente, el plantel aterrizó en Bariloche. Estaban Carlos Navarro Montoya, Carlos Mac Allister, Fernando Gamboa, Sergio Martínez y Alphonse Tchami, entre muchos otros, pero no Claudio Caniggia, que se encontraba lesionado ni Diego Armando Maradona, que no había sido parte del viaje al sur. Todo el equipo se hospedó en el hotel Amacay.

Luego del comienzo de los entrenamientos, Zottele recibió un llamado de Guillermo Coppola: “Vamos a ir. Volamos en un avión de Macri (entonces, presidente del club). Abren el aeropuerto solo para nosotros, porque a esa hora no funciona. No me mandes ningún periodista, porque Diego viene dado vuelta como una media”, dijo el representante. No era la mejor época del Diez. “Los recibimos dos personas, nada más. Silvina García Larraburu, que trabajaba con César Miguel, y yo”, recuerda Bocha.

Fueron días de mucha intensidad, Diego no quiso jugar por estar fuera de estado. Sin embargo, vivió la noche barilochense, pidió acompañantes femeninas y cocaína, entre sus principales requerimientos.

De aquellos días, el Bocha evoca alguna anécdota más, como cuando Guillermo Coppola le pidió prestado un sombrero texano de cuero que supuestamente devolvería antes de irse (cosa que no sucedió, aunque igual guarda un buen recuerdo del representante), o la foto que se tomó junto a Diego y sus hijos, María Eva y Juan Manuel, que estaban de visita en la localidad y un día acudieron a la concentración con unos amiguitos.

Zottele volvió a ver a Maradona brevemente en Villa La Angostura, en 1997, cuando Diego pasó unos días en aquella ciudad, invitado por su amigo, el exjugador Carly Randazzo. En aquella ocasión, apenas se vieron. Zottele trabajaba en FM del Lago y acudió a cubrir la visita.

Recuerda que Diego estaba a punto de formar parte de un partido informal: se colocaba los botines, cuando dos chicas se arrimaron y lo besaron. Una fotógrafa disparó su máquina, y el crack enloqueció.

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