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Borran de sus propios libros a la autora de “Harry Potter” por su cuestionamiento a las políticas trans

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Aunque podría creerse que la censura es una invención moderna, su origen pareciera estar más bien ligado a los inicios mismos de la sociedad humana. Como práctica de larga data, la censura podría remontarse hasta la invención de la escritura, unida inevitablemente al deseo de los grupos dominantes por controlar el acceso y la difusión del conocimiento.

En el Antiguo Egipto, por ejemplo, el castigo por cometer acciones contra el orden imperante era ser borrado de la Historia: se prohibía el nombre de la persona y, con ello, su mención en cualquier tipo de contexto. En Roma, alrededor del 200 a.C., la censura estaba ya institucionalizada en el Atrium Libertatis, sede en la que los censores, magistrados de la república, vigilaban lo que la sociedad debía leer como un modo de velar por las buenas costumbres. En la Edad Media, por su parte, con el ascenso de la Iglesia Católica se instauró la Inquisición y, con ello, un veto generalizado a toda idea que atentara contra el discurso dominante, cometiera herejía o tratara temas inmorales.

La invención de la imprenta y la difusión del protestantismo dieron un vuelco en el panorama y, al alero de la aparición de un nuevo sistema de producción y circulación del libro, a partir del siglo XV el veto se difundió también a los libros, tanto a través de la censura y expurgo como del control de las imprentas y la publicación de listas de libros prohibidos.

J.K. Rowling, la autora de Harry Potter.

Con el tiempo surgieron más organismos encargados de la vigilancia, los cuales rápidamente se consolidaron hasta transformarse en un mecanismo habitual hasta nuestros días. En épocas contemporáneas, la censura se transformó en una más de las herramientas predilectas de los regímenes autoritarios, cuyas prácticas, asociadas a distintos ejercicios de violencia, perduran aún en la actualidad.

A grandes rasgos, puede entenderse la censura como una práctica prohibitoria y reguladora mediante la cual se busca controlar ideas, discursos o publicaciones. Aunque no es intrínsecamente literaria, una parte importante de las prácticas censoras se ha encargado históricamente del control de la imprenta y los libros en tanto difusores del conocimiento.

(…)

El presente trabajo se propone analizar un caso particular de práctica censora sin precedentes hasta ahora: las marcas de censura que distintos lectores de la saga Harry Potter –la más vendida de la historia– han realizado sobre sus ejemplares para borrar de estos el nombre de su autora. Este acto es necesario enmarcarlo en la polémica que en el último tiempo ha rodeado a la escritora a partir de comentarios en Twitter tildados de transfóbicos por los usuarios.

Estas declaraciones no han dejado indiferentes a los fanáticos de la franquicia, de modo que una parte importante de estos se ha levantado para expresar rechazo a estos dichos. Así, por ejemplo, MuggleNet y The Leaky Cauldron (dos de las comunidades de fanes más grandes de internet) se han pronunciado públicamente para expresar que ya no utilizarán la imagen de la autora y que, incluso, dejarán de escribir su nombre completo, reemplazándolo por las iniciales JKR. Este debate se desplazará también hacia otras plataformas y redes sociales y superará los límites de Internet.

Censura Harry Potter
Un libro de Harry Potter sin el nombre de la autora.

En distintos grupos aislados, surge la necesidad de pronunciarse respecto a la polémica a través de manifestaciones públicas que no solo rechacen la ideología de la escritora, sino que además den cuenta de una postura valórica clara en contra de la transfobia. En la red de TikTok, durante el año 2020, dicha necesidad derivó en el surgimiento de videos individuales en los que lectores de Harry Potter muestran distintas intervenciones materiales que realizaron en sus libros con el objetivo de tachar, tapar o borrar el nombre de la autora.

Dado el funcionamiento del algoritmo de la aplicación, en el que a cada usuario se le muestra contenido similar a sus preferencias, estos videos van interactuando entre sí, construyendo una verdadera red de relaciones que conformará una comunidad a partir de temas, hashtags o audios en común. Por ejemplo, la etiqueta #jkrowlingiscancelled (en la que se encuentran varios de estos videos), contaba con 26.1 millones de visualizaciones a mediados de 2021 y el sonido conocido como The JKR is canceled song, utilizado especialmente para exhibir estas marcas lectoras, poseía 262 videos alrededor del mismo periodo.

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Con fines metodológicos, hemos agrupado estos videos según el tipo y formato de sus marcas de censura, como un modo de aproximarnos a la función que cumplen para sus lectores y las connotaciones políticas e ideológicas que alcanzan en el marco de la polémica.

Para tales efectos, analizamos más de ochenta intervenciones en libros de la saga, todas disponibles públicamente en la aplicación de TikTok durante el periodo 2020-2021.

Nombre tapado o tachado

Como base de todas estas intervenciones lectoras encontramos la censura del nombre de la autora, en el que este se tapa o se borra a través de distintos métodos. Ya sea con tinta, papel, pintura, cintas de colores u otros, los lectores buscan ocultar el nombre como un modo de negar la autoría de la obra debido a las connotaciones negativas que ha adquirido.

En la mitad de los casos, la finalidad de las marcas es la censura en sí misma, es decir, están orientadas únicamente a eliminar el nombre. En la otra mitad, en cambio, el tachado es un complemento extra, un paso previo para llevar a cabo un gesto de censura aún más importante: el reemplazo del nombre. Así, hallamos ocasiones en las que los lectores han decidido voluntariamente adjudicar la autoría a terceros, como un modo de ensalzar otras figuras cuyos lineamientos ideológicos están en armonía con los del lector y con las expectativas que posee sobre el libro. Ya no basta con censurar, hace falta reescribir.

Harry Potter nombre tachado
Ejemplares de “Harry Potter”, con el nombre de la autora tapado a mano.

Los nombres escogidos apuntan a distintas líneas y no siempre parecieran tener relación con la polémica. De esta forma, encontramos, en primer lugar, nombres asociados a la franquicia en cualquiera de sus aristas. En ellos, es usual hallar personajes queridos de los libros, como Hagrid, Dobby, Lupin y Gilderoy Lockhart. Junto con ellos, aparecen también nombres de personas reales que en el imaginario popular están asociados a la saga: actores de las películas, especialmente aquellos que se han caracterizado por ser referentes activos del movimiento feminista –como Emma Watson– o quienes se pronunciaron públicamente después de la polémica para rechazar los dichos de la autora y defender los derechos trans y LGTBQIA+ –como Daniel Radcliffe–, pero también de figuras femeninas importantes.

En algunos casos, la elección entre personajes o actores se da de manera diferenciada, de modo que hay lectores que incorporan solo personajes o solo actores, que pueden ser distintos en cada ejemplar o repetirse para ensalzar un único nombre. En otras, sin embargo, el ejercicio se da en conjunto, de modo que, incluso, en un mismo ejemplar puede aparecer el nombre de un personaje ficticio y une actor real, adjudicándole una autoría múltiple a la obra. En ambas situaciones lo que parece priorizarse en la censura es la identificación con la franquicia, el mundo de Harry Potter al que no se desea dejar ir, pese a las posturas de la autora. Ligado a ello se encuentra también el reemplazo del nombre por Starkid, productora que ha realizado el musical paródico A Very Potter Musical (2009) y que hoy cuenta con un estatus de culto.

Sobre la polémica

En segundo lugar, nos encontramos sustituciones que no se relacionan con la saga Harry Potter, sino con la causa generada por la polémica. De esta forma, los nombres escogidos se orientan a levantar figuras importantes dentro de la comunidad trans y el movimiento feminista, a veces indistintamente. A diferencia del caso anterior, el objetivo principal de estas intervenciones no es reafirmar la saga pese a los dichos de la autora, sino, más bien, demostrar una postura ideológica frente a ellos. De este modo, estas intervenciones se destacarán por ir acompañadas en los videos de consignas que explicitan sus intenciones políticas.

Así, por ejemplo, al comienzo del video del usuario conocido como @.maya.pinion se puede leer: “Replacing jk with actual feminist part 4″ (“Reemplazando a JK con una feminista real parte 4″) seguido de lo cual cambia el nombre de la autora por el de Ruth Bader Ginburg, jueza estadounidense que luchó por la igualdad de género. De igual forma, la usuaria @erthalpwk acompaña su video con la descripción “JK ROWLING IS NOT A REAL FEMINIST” (JK Rowling no es una verdadera feminista) y reemplaza a la autora con los nombres de distintos íconos trans –como Marsha P. Jhonson– o figuras públicas feministas. Además de ello, incorpora en la caja de la colección una consigna a favor de los derechos trans.

Mujeres con mascarillas de la escritora J.K. Rowling protestan contra la aprobación de una ley que facilitará que las personas se autoidentifiquen como transexuales, en Madrid, en 2023. (REUTERS/Susana Vera)
Mujeres con mascarillas de la escritora J.K. Rowling protestan contra la aprobación de una ley que facilitará que las personas se autoidentifiquen como transexuales, en Madrid, en 2023. (REUTERS/Susana Vera) (SUSANA VERA/)

En tercer lugar, encontramos los reemplazos que no poseen relación aparente con la saga ni la causa trans y/o feminista. Entre ellos se encuentran tanto nombres de personas reales arraigadas en el imaginario de la cultura popular –como Britney Spears y Danny Devito– como personajes ficticios de otras franquicias –como Miku, la famosa cantante virtual de Vocaloid–. Junto con ellos, también es posible encontrar intervenciones lectoras en las que el nombre es tapado con frases o palabras aleatorias. Tanto en este como en el caso anterior, el propósito de los reemplazos no se orienta necesariamente a adjudicar la autoría a una figura relevante al contexto, de modo que, más que tener connotaciones políticas, estos parecieran incorporarse a una dinámica en la que la censura es vista también como un juego abierto a posibilidades lúdicas y creativas.

Si se considera el medio en el que estos videos coexisten y los contextos que los envuelven como productos de la aplicación TikTok, su inclinación hacia lo lúdico no resulta tan extraña. Y es que, pese a que en el último tiempo TikTok ha dado un vuelco para transformarse en una plataforma donde es posible encontrar datos educativos e interesantes o en la que, como en este caso, pueden compartirse posturas políticas o de denuncia, no puede ignorarse que gran parte de su naturaleza se caracteriza por ser un sitio de entretenimiento multimedia, atravesado por una cultura de masa en el que el meme, más que un mero recurso humorístico, se convierte en una nueva forma de comunicación.

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El nombre de J.J. Rowling, autora de Harry Potter, sustuido en uno de sus libros por el de Emma Watson
El nombre de J.J. Rowling, autora de Harry Potter, sustuido en uno de sus libros por el de Emma Watson. (Captura de TikTok)

El resultado de ello es, precisamente, un ejercicio de denuncia en el que la postura política antiautoría aprovecha los recursos de la cultura de masas para llevar a cabo el acto de censura, entrelazándose con esta a tal punto que resultan inseparables. Censura, denuncia, meme y entretención son ahora partes de un mismo producto. La censura al nombre de la autora se producirá, pero se producirá a partir de las mismas frases, chistes, juegos y recursos que existen ya en el medio donde se desarrollan y promueven (TikTok).

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También encontramos un cuarto tipo de sustitución del nombre en el que el reemplazo se orienta a recalcar la falta de autoría de la obra. En estas intervenciones no basta con el simple tachado o tapado del nombre y la reescritura se transforma en un gesto en sí mismo, un modo de señalar una nueva anonimidad escogida por los lectores como consecuencia de la desilusión ante la autora.

Intervenciones artísticas

En algunas ocasiones, en el tapado del nombre se realiza un esfuerzo extra, mediante ejercicios que no buscan solo censurar, sino también decorar y embellecer el libro. Si bien estas intervenciones artísticas pueden ser independientes y constituir actos por sí mismos, suelen ir acompañados de otras marcas que estarán relacionados con la polémica y ahondarán en su dimensión ideológica.

Una colección de "Harry Potter" con los nombres cambiados. (Captura de Tiktok)
Una colección de “Harry Potter” con los nombres cambiados. (Captura de Tiktok)

De tal modo, por ejemplo, nos encontraremos con ejemplares en los que las tapas poseen pinturas decorativas para ocultar el nombre de la autora, mientras que en los lomos este se reemplaza por el de Emma Watson. Algo similar ocurre en el libro de @theather.rattt, en el que para borrar el nombre se utilizó una pintura de nubes hecha con los colores de la bandera trans.

Consignas políticas y banderas LGTBQIA+

Algunas marcas de censura se realizan con el objetivo de emitir una posición política e ideológica clara. Aquí el mensaje ideológico pasa a constituir el centro de la marca censora, como un modo de pronunciarse en contra de los comentarios de la autora y a favor de las disidencias de género y sexuales. De este modo, nos encontramos con ejemplares en los que la censura se ha llevado a cabo mediante banderas LGTBQIA+ (principalmente la trans), a las que además se suman los lemas políticos más importantes del último tiempo –como “Black lives maters” y “Trans rights.

"Derechos trans". La inscripción al final de un video en el que tapan el nombre de J.K. Rowling de sus libros.
“Derechos trans”. La inscripción al final de un video en el que tapan el nombre de J.K. Rowling de sus libros.

El vuelco creativo también está presente en estas intervenciones, especialmente porque permiten aludir a la coyuntura social y política del momento y aquello abre la posibilidad de que se escojan términos o ideas arraigadas en la cultura popular. Es el caso, por ejemplo, del ejemplar de @mattymcd6, donde se ha timbrado la palabra cancelled junto al nombre de la autora. Resulta un guiño cómico que tomará una estampa comúnmente utilizada en otros ámbitos para reinterpretarlo en función del uso reciente de la palabra para referir al acto de rechazar a figuras que han demostrado comportamientos repudiables.

Rasgado

Un caso fuerte de censura corresponde a aquellos ejemplares en los que el nombre de la autora ha sido rasgado de las tapas del libro, en lo que parece ser un intento de eliminar completamente su presencia en este. Aquí, la intervención resulta más agresiva y pasa a afectar a la materialidad del libro de forma permanente. A diferencia de casos como los que veíamos en imágenes anteriores, estas marcas no buscan embellecer el libro ni mantener una estética armónica con este, sino que su objetivo principal es la censura; una censura disruptiva que refleja el nivel profundo de repudio que se siente hacia la escritora).

Este gesto de señalar que un autor está cancelado (o, también, censurado) recuerda a una de las prácticas censoras utilizada por uno de los mayores sistemas de censura occidentales: la Inquisición (referente ineludible del tema), en el que solían utilizarse anotaciones expurgatorias para advertir al lector que un autor estaba condenado y que, por tanto, su obra debía leerse con precaución.

Quema del libro

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Un paso más allá lo constituye un único caso en el que un usuario ha optado por la destrucción total de su ejemplar del libro, rasgando sus hojas y posteriormente tirándolas al fuego. Aquí, la agresividad se apodera del acto de censura, mediante un acto con efectos permanentes que se encarga de destruir el libro en su totalidad. Rasgar y después quemar constituye una acción doble, un acto cargado de simbolismo en el que la destrucción en dos pasos demuestra una necesidad de que el libro quede inutilizable por completo y da cuenta de la violencia con que el usuario experimenta el rechazo hacia la autora. A diferencia del resto de los casos, con la quema del libro se termina por consolidar el acto censor.

Mientras que en las otras marcas estudiadas predomina el salvaguarde de la obra por sobre al rechazo de la autora (la obra se conserva pese a la censura y las marcas producidas se inclinan más a ocultar la autoría que a repudiar el libro en sí), la destrucción del libro implica una censura que, aunque nace producto del rechazo a la autora, se convierte también en censura hacia el mismo libro y su contenido.

Quema de un libro de Harry Potter. (Captura de YouTube)
Quema de un libro de Harry Potter. (Captura de YouTube)

Con una acción que, aunque violenta, tiene algo de controlado y premeditado (la destrucción se prepara para ser grabada en vídeo, no es un acontecimiento impulsivo), el usuario, sin necesariamente ser consciente de ello, introduce su actuar dentro de una tradición censora de larga data que ha utilizado la quema de libros como un mecanismo ejemplar al momento de establecer la censura como herramienta de control.

Aunque no es institucional ni posee el mismo objetivo, el usuario se servirá de aquel recurso tan utilizado a lo largo de la historia –el fuego– para declarar una postura política dura y estricta, aún más implacable que las vistas con anterioridad. De este modo, la quema del libro será reapropiada para demostrar una censura personal que va en línea con sus propios planteamientos ideológicos.

Lo importante del video compartido no es tanto el resultado y, de hecho, aunque la destrucción del libro es evidentemente el objetivo principal de la quema, este nunca se muestra quemado como tal. El propósito del video es, más bien, retratar la quema en sí, mostrar el proceso y compartir activamente el acto de censura.

(…)

Si estos ejercicios censores son o no efectivos en un panorama general es discutible. A lo largo de este trabajo, por ejemplo, hemos intentado no utilizar el nombre de la autora de la saga, exceptuando, quizás, alguna inclusión en la mención de las etiquetas utilizadas en TikTok. No obstante, me atrevería a decir que tal esfuerzo resulta infructífero; cualquier lector de este siglo debería ser capaz de saber a quién nos referimos sin la necesidad de hacer uso de su nombre (tal es la importancia de la obra que ha producido). Lo mismo ocurre con los actos censores encargados de tapar la autoría en los ejemplares de la saga, por lo que, vistos desde afuera, se podría pensar que constituyen un esfuerzo endeble si se lo compara con la fama que el nombre tiene aún en nuestros días.

JK Rowling J.K. Rowling
J.K. Rowling, creadora de una historia que leyó el mundo entero. (Photo by Chip Somodevilla/Getty Images) (Chip Somodevilla/)

Sin embargo, no puede olvidarse que las marcas censoras en Harry Potter son, antes que nada, un ejercicio de denuncia individual, pese a que terminarán por colectivizarse al introducirse en la web. Más que borrar de la historia el nombre de la autora, lo que esta censura busca es permitir la apropiación personal de la obra, de modo que se transforma en una herramienta de reapropiación a partir de la cual se defiende la saga pese a la escritora y se reclama simbólicamente la propiedad de esta: ya no es de quien la escribió, ahora pertenece a sus lectores.

* Licenciada en lingüística y Literatura, con mención en literatura, de la Universidad de Chile. Recientemente titulada de Magíster en Edición por la Universidad Diego Portales.

* Esta es una versión abreviada del artículo. La versión completa se puede hallar en Estudios de Teoría Literaria. Revista digital: artes, letras y humanidades.

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La política como espectáculo

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Pedro Sánchez pierde con Javier Milei en cuanto a comunicar un mensaje con sustancia (REUTERS/Agustin Marcarian) (Agustin Marcarian/)

Como fenómeno de masas, la política tiene una propensión natural hacia el espectáculo. No es nuevo el tema, el problema es que con frecuencia no es más que eso. Las estrategias electorales son como las publicitarias; los expertos en mercadotecnia son jefes de campaña; las preferencias del electorado se interpretan con los mismos métodos que se analizan los gustos del consumidor.

El ciclo de noticias opera a la velocidad de la luz, no hay ocasión para el análisis. Todo es efímero, sólo queda registro del espectáculo: tweets, posts y soundbites. Los políticos ya no son formadores de opinión; o sea, líderes, son espejos que reflejan esos gustos. No hay mensaje ni sustancia, tan solo proyectar una imagen y reproducir el espectáculo. Y desde luego los medios y redes sociales, con sus inevitables fake news, magnifican el show.

Ello es un incentivo para lo impropio e inadecuado, hoy habitual en el discurso; es decir, la vulgaridad que muchos llaman “populismo”. Con frecuencia invita el insulto, pero no pasa por el lenguaje que se utiliza, ni la elegancia del interlocutor. Sea procaz o gentil el léxico, lo que importa es el carácter normativo de la deliberación pública, su ética y su estética.

El descontrol frente al micrófono y frente al teclado se ha naturalizado, es una manera habitual de hacer política. Es una suerte de plaga, capaz de intoxicar también las relaciones entre Estados. Improcedente e inaceptable, es normal que el mandatario de un país emita opiniones, juicios e insultos acerca de un gobierno extranjero, aún al precio de una crisis diplomática.

Tal como acaba de ocurrir entre los gobiernos de Argentina y de España. Claro que comenzó mucho antes del reciente chicaneo entre Pedro Sánchez y Javier Milei. Y, de hecho, fue el presidente del gobierno español quien lo inició al tomar posición pública en las elecciones argentinas de 2023 en favor de Sergio Massa, el rival de Milei.

Desde entonces, él y varios miembros de su gobierno se han referido a Milei—a la postre elegido e investido presidente—con un aluvión incesante de insultos: fascista, facha, misógino, populista irresponsable y otros. Sánchez mismo le acusó de menospreciar a los enfermos de cáncer, y de liderar “la internacional ultraderechista”.

La prensa adepta ha recogido y reproducido estos insultos disciplinadamente. Para muestra alcanza con el diario El País, convertido en órgano de difusión de Pedro Sánchez desde su llegada al gobierno en 2018, el cual acostumbra a referirse al “ultraderechista Javier Milei”. El más reciente insulto fue del ministro de transporte español, quien acusó a Milei de “ingerir sustancias”.

Cabe decir que Milei esperó y devolvió donde más duele por medio de un comunicado. En el mismo repudia las calumnias y destaca que los problemas del Ejecutivo español son “las acusaciones de corrupción que caen sobre su esposa, asunto que lo llevó incluso a evaluar su renuncia”.

Milei puso el dedo en la llaga, a propósito de la política como espectáculo. Nadie en España creyó que pensara en renunciar, habría sido completamente anómalo en quien no dudó en asumir el gobierno siendo segundo con el 30 por ciento de los votos y por medio de alianzas espurias. Yo mismo analicé aquí “El populismo fallido de Pedro Sánchez”, a raíz del melodrama que protagonizó.

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Pero el inconveniente de Pedro Sánchez no es sólo la investigación de su esposa, también lo es su déficit de legitimidad, lo cual lo hace débil. En su debilidad, lo único que le queda es el espectáculo, como en la famosa “carta de casi-renuncia”, el descontrol frente al micrófono, los soundbites de alguien que cree ser conocedor de todos los temas.

Es grotesco Sánchez, capaz de pontificar sobre todos los temas con naturalidad y destreza: política exterior de la Unión Europea, Israel y Palestina, Ucrania y Rusia, por supuesto Estados Unidos y, por qué no, también Argentina. El problema es que Sánchez habla de todo porque no sabe mucho de nada, exhibe las clásicas certezas del ignorante. A propósito, si Milei es un “ultra”, en todo caso sería un “ultraliberal”, persuasión filosófica e ideológica incompatible con el fascismo.

Pero, además, Sánchez tiene una dificultad adicional con Milei. Pierde con él cuando se trata de la política como espectáculo, pues Milei sube a un escenario, canta rock y lo hace bien. Y pierde en cuanto a comunicar un mensaje con sustancia. Sánchez habla de woke y de lo que no sabe, Milei habla de cómo hacer funcionar el capitalismo para generar prosperidad. En la Argentina post-kirchnerista, una verdadera heterodoxia.

Es decir, Milei habla de un sistema económico cuyo éxito se basa en estabilidad de los derechos de propiedad, apertura comercial y hospitalidad hacia la inversión extranjera. Algo así como lo que tiene España, de hecho, y que fue construido por un lúcido líder socialista entre 1982 y 1996. No era Pedro Sánchez.

@hectorschamis

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Corea del Sur y Japón sancionaron a los involucrados en el envío ilegal de armas de Kim Jong-un a Vladimir Putin

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Corea del Sur y Japón sancionaron a empresas e individuos involucrados en el envío ilegal de armas de Kim Jong-un a Vladimir Putin (REUTERS) (Sputnik/)

Los Gobiernos de Corea del Sur y Japón anunciaron este viernes una ronda de sanciones contra más de una decena de empresas e individuos involucrados en la trama de envío ilegal de armamento de Corea del Norte a Rusia. Dichas acciones suponen una violación de las resoluciones emitidas por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y exponen el rol clave que tomó Pyongyang luego de que Occidente cortara prácticamente todos sus lazos con Moscú.

En el caso de Japón, el portavoz del Gobierno, Yoshimasa Hayashi, apuntó que sus medidas alcanzan a nueve entidades y un ciudadano ruso, además de dos empresas de Chipre. Todos ellos estuvieron “implicados en la asistencia militar a Rusia y Corea del Norte para apoyar la invasión de Ucrania”, por medio de la entrega de armamento. Desde ahora, ninguno de estos 12 podrá disponer de sus activos en el país, que quedarán congelados.

Hayashi también destacó que es crucial que los aliados no pasen por alto estos hechos y hagan cumplir las disposiciones de la ONU. “A medida que continúa la invasión de Ucrania es extremadamente importante tomar medidas coordinadas con la comunidad internacional”, dijo.

En tanto, Seúl impuso sus sanciones sobre siete ciudadanos norcoreanos y dos barcos rusos, responsables de “transportar numerosos contenedores entre Rusia y Corea del Norte con suministros militares” y de recaudar fondos para apoyar el programa nuclear de Kim. También, uno de ellos habría movilizado gasolina desde Pyongyang a Moscú y, otro, entablado conversaciones entre 2022 y 2023 con el grupo paramilitar Wagner.

Putin y Kim Jong-un niegan estar cooperando militarmente pero piezas recuperadas de un ataque en Ucranio expusieron lo contrario (REUTERS)
Putin y Kim Jong-un niegan estar cooperando militarmente pero piezas recuperadas de un ataque en Ucranio expusieron lo contrario (REUTERS) (STRINGER/)

A principios de mayo, a pesar de las reiteradas negativas de ambos actores de estar cooperando en el marco de la guerra de Ucrania, expertos de la ONU analizaron las piezas de un misil balístico que había caído en la ciudad de Kharkiv y concluyeron que se trataba de un arma norcoreana. El proyectil había sido lanzado por las Fuerzas Armadas de Rusia el 2 de enero e impactó contra un edificio residencial.

“Los restos recuperados proceden de un misil de la serie Hwasong-11 de la RPDC” (República Popular Democrática de Corea, el nombre oficial de Corea del Norte)”, se lee en el informe de 32 páginas, encabezado por la inspectora Khrystyna Kimachuk.

Algunas de las evidencias que exponían su irrefutable procedencia eran los pequeños chips informáticos de última tecnología que contenía, el pequeño carácter del alfabeto coreano que presentaba en una parte y el número 112 estampado en algunas partes del armazón, que en el calendario norcoreano corresponde al año 2023.

“A pesar de estar sometida a severas sanciones durante casi dos décadas, Corea del Norte sigue consiguiendo hacerse con todo lo que necesita para fabricar sus armas, y con una rapidez extraordinaria”, apuntó el director adjunto del Conflict Armament Research (CAR), Damien Spleeters.

Kim Jong-un visita una fábricas de armas de Corea del Norte
Speelers advirtió que Corea del Norte sigue consiguiendo todo lo que necesita para fabricar sus armas, con una rapidez extraordinaria (REUTERS)

Se estima que sólo desde el pasado septiembre, Kim envió a Putin cerca de 7.000 contenedores cargados con más de un millón de proyectiles y cohetes de gran calibre.

En un intento por frenar estas maniobras, la semana pasada, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos emitió también sanciones contra dos individuos rusos y tres entidades con sede en el país, acusados de facilitar transferencias de armas con Pyongyang.

(Con información de Europa Press)

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Los Gobiernos de las islas pequeñas unen fuerzas para aliviar la deuda antes de las negociaciones sobre el clima

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Un niño pasa junto a un tejado que se llevó el viento, días después del ciclón Pam en Port Vila, capital de la nación insular de Vanuatu, en el Pacífico (REUTERS/Edgar Su) (Edgar Su/)

Los pequeños estados insulares del mundo planean unir fuerzas para presionar en favor del alivio de la deuda y de más inversiones en el clima antes de la cumbre climática COP29 de este año, como parte de una estrategia de 10 años para ayudar a salvar a algunos de ellos de la extinción, según la agencia Reuters.

Los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo (PEID), una agrupación de 39 Estados y 18 miembros asociados, están reconocidos por las Naciones Unidas como especialmente vulnerables a la subida del nivel de las aguas y a un clima más extremo a medida que el mundo se calienta, pero muchos soportan una pesada carga de deuda que dificulta su capacidad de respuesta.

Ahora, tras años de tensiones con los países más ricos en torno a la financiación de la lucha contra el cambio climático, las islas se disponen a establecer medidas conjuntas para aumentar su resiliencia en su cuarta reunión, que se celebra una vez cada diez años en Antigua y Barbuda la semana que viene.

Las olas chocan contra el malecón mientras el huracán Irma azota las islas del norte del Caribe, en Fajardo, Puerto Rico, en septiembre de 2017 (REUTERS/Alvin Baez)
Las olas chocan contra el malecón mientras el huracán Irma azota las islas del norte del Caribe, en Fajardo, Puerto Rico, en septiembre de 2017 (REUTERS/Alvin Baez) (Alvin Baez/)

En respuesta al apoyo poco sistemático ofrecido hasta la fecha, el nuevo plan de las islas contempla la creación de un proceso conjunto que abarcará desde la negociación de la reducción de la deuda con los acreedores hasta la atracción de inversiones y la prestación de apoyo jurídico.

Denominado Servicio Mundial de Apoyo a la Sostenibilidad de la Deuda de los PEID, ha sido diseñado conjuntamente por el Instituto Internacional para el Medio Ambiente y el Desarrollo (IIED), organismo independiente y centrado en las políticas, y por representantes de los PEID miembros, como Samoa, Antigua y Barbuda, Trinidad y Tobago, Tonga y Tuvalu.

Otros miembros de un grupo de asesoramiento estratégico fueron el Banco Mundial, el banco de Wall Street JPMorgan, el asesor y corredor de seguros Willis Towers Watson y la Secretaría de la Mancomunidad de Naciones, una asociación voluntaria de 56 países que surgió del Imperio Británico.

Mientras que un informe reciente del Instituto Grantham cifraba en 2,4 billones de dólares anuales el coste anual de la adaptación de todos los países en desarrollo a los efectos del cambio climático, un reporte que publicará el lunes el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo afirma que el coste colectivo para los PEID es inferior a 10.000 millones de dólares anuales, aunque para algunas islas equivaldría hasta a una quinta parte de su producción económica.

Dada la relativamente pequeña cantidad de dinero necesaria, el PNUD dijo que los PEID “representan un caso de prueba” para que las instituciones financieras del mundo aborden la vulnerabilidad climática “a velocidad y escala”.

El nuevo plan de cuatro pasos de los PEID implica una “superposición estratégica” de medidas de alivio de la deuda, como cláusulas de deuda contingente, para permitir a los Gobiernos invertir en mejores infraestructuras y otras formas de resiliencia climática.

Para protegerse de daños futuros, los países recibirían ayuda para acceder a seguros y otras herramientas, así como para buscar formas más diversas de financiación a través de los mercados de capitales, como bonos vinculados a la protección del medio ambiente.

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Dado que muchas islas pequeñas dependen de una o dos personas para llevar a cabo todo el proceso de endeudamiento, el Servicio de Apoyo también les proporcionaría asistencia jurídica y en negociaciones comerciales, ayudándoles a superar sus limitaciones.

Según los análisis del IIED, más del 40% de los PEID se encuentran en una situación de endeudamiento grave o próxima a ella, lo que significa que la mayor parte de sus ingresos se destina al servicio de la deuda, y el 70% tiene una deuda que supera el nivel considerado sostenible.

(Con información de Reuters)

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