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Cómo es el nuevo “terrorismo de atmósfera” y qué llevó a un joven checheno a decapitar a un profesor francés

Un pequeño santuario en honor del profesor Samuel Paty, decapitado por un terrorista en el suburbio parisino de Conflans-Sainte-Honorine. REUTERS/Eric Gaillard (ERIC GAILLARD/)

Como en todos los liceos franceses, los alumnos del Collège du Bois-d’Aulne entran todas las mañanas por una puerta donde en el dintel se puede leer la consigna que define a Francia desde la revolución de 1789 y a la socialdemocracia en todo el mundo: Liberté, Egalité, Fraternité. Para la gran mayoría de los adolescentes se trata de apenas una inscripción en una pared, pero para los alumnos que pertenecen a familias musulmanas radicalizadas se transforma en una afrenta.

Esa confrontación de visiones se huele en la atmósfera del liceo. Los recreos son segregados. Las chicas con pañuelos negros en sus cabezas, sólo se juntan con sus pares. Los chicos rubios miran de reojo a los morochos cabeza rapada y se enfrentan a los golpes en cada disputa de los partidos, no importa de cuál deporte. Los de origen musulmán no se juntan con los nativos galos y viceversa. Una grieta que viene de lejos, pero que cada día se profundiza más desde que los yihadistas decidieron lanzar una guerra por imponer la sharía, la ley coránica del siglo XIII, en Europa y que tiene epicentro en Francia. Y este suburbio de Conflans-Sainte-Honorine, a 24 kilómetros del centro de París, en la confluencia de los ríos Seine y Oise, es uno de los tantos frentes de esta guerra santa.

El profesor de Historia y Geografía Samuel Paty, de 47 años, decidió meter la cabeza (literalmente) en el conflicto y preparó una clase sobre la libertad de expresión para el lunes 5 de octubre. Pensó que era una buena ocasión, ya que había comenzado el juicio por el atentado de 2015 contra la redacción de la revista satírica Charlie Hebdo en el que los hermanos Saïd y Chérif Kouachi, se lanzaron al grito de Allah-u-Akbar (Dios es grande), matando a doce personas e hiriendo a otras once. El profesor Paty entró a la clase con la tapa de la revista que había sido el motivo de los terroristas para el ataque y la siguiente con la consigna global de “Je suis Charlie” con que se homenajeó a las víctimas. Explicó a los alumnos que iba a mostrar las caricaturas de Mahoma que aparecieron en las famosas tapas. También les dijo que el Corán prohíbe corporizar de cualquier manera la imagen del profeta. Y pidió a los alumnos musulmanes que, si sentían ofendidos, no miraran las caricaturas. Fue cuando comenzó a enseñar la esencia de la libertad religiosa y de prensa sin saber que esa simple clase de instrucción cívica, que es parte del programa oficial de estudios, lo llevaría a la muerte.

Abdelhakim-Sefrioui
Abdelhakim Sefrioui, el extremista islámico que llamó la atención de los “lobos solitarios” sobre la figura del profesor Paty.

La misma clase ya la había dado Paty en años anteriores sin ninguna consecuencia. Pero esta vez, un padre, Brahim Chnina, hermano de una miliciana del ISIS que murió en Siria, fue a quejarse con la directora de la escuela. Allí se enteró que su hija no había estado ese día en la clase, pero igual presentó la denuncia al Distrito Escolar. Y fue a pedir ayuda a Abdelhakim Sefrioui, un fundamentalista islámico de origen marroquí, presidente de la fundación Cheikh Yassine, que recauda dinero para el grupo extremista palestino Hamas (controla la Franja de Gaza), y que estuvo bajo el radar de los servicios secretos franceses desde principios del siglo por su prédica antisemita. “Este grupo gestiona el sitio web de la asociación de culto Ansar-al Haqq, una plataforma de reclutamiento para la yihad (la guerra santa)”, explicó a L´Express uno de los investigadores. Sefrioui se puso de inmediato al frente de la protesta y envió mensajes a las asociaciones de padres de la escuela y del distrito. Chnina, el padre de la alumna ausente, realizó un posteo en Facebook, el 8 de octubre, instando a los “hermanos y hermanas” a pedir la dimisión de Paty y “quejarse ante la administración del colegio, la inspección académica, el Ministerio de Educación y la Presidencia de la República”. También publicó un video en los que llamó al profesor “matón” y “enfermo” y aseguró que Paty presentó a los alumnos de 13 y 14 años “una foto de un hombre desnudo”, algo que nunca ocurrió.

El video fue difundido en las redes sociales por varias organizaciones musulmanas, entre otras, por la Gran Mezquita de Pantin. El iman Mohammed Henniche, lo reenvió a sus seguidores diciendo que “ya es viral en los círculos musulmanes” y fue ampliamente difundido en WhatsApp. Unas horas más tarde apareció otro vídeo grabado y difundido por Sefrioui. Allí se ve y escucha a la hija de 13 años diciendo que estuvo “sorprendida al ver las fotos que mostró el profesor” cuando en realidad no asistió a la clase porque era alumna de otro curso. A continuación, aparece Sefrioui ante la cámara y denuncia “el comportamiento irresponsable y agresivo del profesor Paty”. Y asegura que todo “es una consecuencia del llamamiento del presidente de la República, Emmanuel Macron, a odiar a los musulmanes”. Y agrega que “han pasado cinco o seis años en los que se escandaliza a los niños de 12-13 años, musulmanes, son atacados, son humillados delante de sus compañeros”. Y, por último, da el nombre del profesor y la dirección de la escuela.

Concentración en la Plaza de la República de París para homenajear Samuel Paty, el profesor francés asesinado en el suburbio de Conflans-Sainte-Honorine. REUTERS/Charles Platiau.
Concentración en la Plaza de la República de París para homenajear Samuel Paty, el profesor francés asesinado en el suburbio de Conflans-Sainte-Honorine. REUTERS/Charles Platiau. (CHARLES PLATIAU/)

El 12 de octubre, la policía recibió una denuncia de Chnina, que acudió con su hija a la comisaría. Ésta dio un testimonio falso diciendo lo que supuestamente vio en la clase. Esa tarde, el profesor Samuel Paty tuvo que acudir a la misma comisaría para dar su versión de los hechos y presentó una querella “por difamación y denuncia calumniosa” aunque, según la cadena BFMTV, “no por violencia o amenazas”, lo que le hubiera dado la protección policial que tanto necesitaba. De acuerdo a la transcripción de su testimonio frente a la policía, difundido por FranceInfo, Paty dijo que “le sugerí a mis estudiantes que miraran hacia otro lado por unos segundos si pensaban que estaban conmocionados por alguna razón. En ningún momento les dije “los musulmanes, pueden salir si se sienten ofendidos. Y no pregunté a los alumnos quienes eran musulmanes”.

Cuatro días después, el viernes 16 de octubre, alrededor de las cuatro de la tarde, apareció en la puerta de la escuela un muchacho de la misma edad que los alumnos del quinto año del liceo que comenzó a preguntar por el profesor Paty. De pelo corto y rasgos nor-asiáticos, contextura mediana y musculoso, Abdouallakh Anzorov, se acercó a dos estudiantes de 14 y 15 años, a los que reconoció como de origen musulmán y después de una corta charla les ofreció “entre 300 y 350 euros” para que le señalaran a Paty cuando saliera de la escuela. Anzorov les dijo que “pretendía filmar al profesor, obligarlo a pedir perdón por la caricatura del profeta, humillarlo, pegarle”, según el fiscal antiterrorista Jean-François Ricard que dirigió la investigación. Y agregó que los dos estudiantes “poco después se alejaron del asesino para, al parecer, esconderse de las cámaras de vigilancia y de un vehículo policial que estaba patrullando la zona”. Poco antes de las cinco de la tarde, Paty salió por una puerta lateral y varios adolescentes se lo señalaron a Anzorov.

El presidente Emmanuel Macron ve pasar el féretro con los restos del profesor Samuel Paty después del memorial realizado en el patio central de la universidad de la Sorbone. Francois Mori/Pool via REUTERS
El presidente Emmanuel Macron ve pasar el féretro con los restos del profesor Samuel Paty después del memorial realizado en el patio central de la universidad de la Sorbone. Francois Mori/Pool via REUTERS (POOL/)

De acuerdo a los testimonios de vecinos del barrio de Évreux, a 80 kilómetros al oeste de donde está la escuela, donde vivía el terrorista, Anzorov había nacido en Moscú en 2002, de padres chechenos. Llegó a Francia a los seis años y la familia obtuvo el estatus de refugiados. Pero, al parecer, no había dado señales de haberse radicalizado, se lo describía como “apenas un adolescente inmigrante como cualquier otro”. No había pasado por la cárcel ni había estado en Siria o Irak. Tampoco pertenecía a ninguna red terrorista. Su padre trabajaba en un supermercado, la madre casi nunca salía de la casa, eran seis hermanos y Abdouallakh era el mayor, según Le Parisien. En los archivos policiales constaba un acto de violencia y de vandalismo en la adolescencia, pero carecía de antecedentes penales y no constaba en ninguna lista de sospechoso de terrorismo.

Entre 2018 y 2019, Anzorov estuvo unos meses en casa de un tío, en Toulouse. Allí se inscribió en un gimnasio donde enseñan lucha libre y es muy frecuentado por la comunidad chechena. Fue a tres clases, pero siempre llegó tarde, hasta que el entrenador le dijo que no fuera más. Se fue del lugar gritando que lo discriminaban por musulmán. Regresó a Évreux. De acuerdo a la investigación de la Subdirección de Lucha contra el Terrorismo (SDAT), para esa época comenzó su radicalización. En varios posteos hizo comentarios muy agresivos contra los musulmanes moderados, el papel de las mujeres en la sociedad y del derecho a defenderse ante el avance de Occidente. “Antes había estado implicado en peleas”, dijo un vecino a la agencia France Presse, “pero se había calmado y se sumergió en la religión”. Fue en ese contexto en el que Anzarov se enteró a través de los sitios extremistas en Internet acerca del conflicto en el Collège du Bois-D’Aulne. Se comunicó por WhatsApp con Brahim Chnina, el padre “ofendido”, quien le dio más detalles de lo sucedido. Fue cuando decidió entrar en acción.

Ataque Charlie Hebdo.
Los jihadistas que atacaron la redacción del semanario satírico Charlie Hebdo en enero de 2015. REUTERS/Handout via Reuters TV (REUTERS TV/)

Dos amigos de Anzorov, que se entregaron espontáneamente en la comisaría de Evreux poco después del atentado, lo ayudaron a armarse, aunque aseguran que “no nos dijo que era para un atentado”. El primero, de 19 años, lo acompañó a la ciudad de Rouen, el día anterior, para comprar un cuchillo de asalto. Luego, el segundo, de 18 años, lo llevó a dos tiendas en Osny, donde compró dos pistolas AirSoft. Como el paquistaní que el 25 de septiembre pasado atacó con un cuchillo a dos personas ante la antigua redacción de Charlie Hebdo o el agente administrativo de la policía que mató a cuatro compañeros en la Prefectura de París en 2019, Anzorov se convirtió en un nuevo tipo de “lobo solitario terrorista”. Es lo que el experto Gilles Kepel denominó en un excelente artículo en Le Monde “un yihadismo de atmósfera, entre la ideología radical y la manipulación victimista que bulle en las redes sociales, lejos de los radares de las fuerzas de seguridad”.

El 16 de octubre, Anzorov decidió “vengar” la supuesta afrenta del profesor. Apenas los alumnos le señalaron a Paty, lo siguió por la rue du Boisson Moineau. A unos 400 metros, sacó el cuchillo de asalto y corrió hacia la víctima. Lo tomó de los pelos y le hizo un corte profundo y certero en el cuello. Lo dejó caer y volvió a clavar el cuchillo en la herida hasta decapitarlo. Con tranquilidad, tiró el cuchillo y agarró su celular para tomar una foto del cuerpo desmembrado y la cabeza a un lado. La policía ya había sido alertada. Hizo un ademán de querer sacar un arma cuando el disparo de uno de los agentes le dio en el pecho y lo mató casi al instante. Antes, había tenido tiempo de enviar la macabra foto por su cuenta de Twitter @tchechene_270 con un mensaje dirigido al presidente francés: “Macron, el dirigente de los infieles: he ejecutado a uno de tus perros del infierno que han osado rebajar a Mahoma”.

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