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De Bariloche a los magníficos Valles Calchaquíes, sin escalas

(Enviado especial) Nuestra ciudad, San Carlos de Bariloche, y el pequeño pueblo de Cachi en Salta están separados por 2361 kilómetros y por innumerables diferencias geográficas, culturales, climáticas y paisajísticas. 

Sin embargo, pese a la enorme distancia, en la actualidad están unidas por el vuelo de Aerolíneas Argentinas que fue gestionado por el Ministerio de Turismo de esa provincia y la Secretaría de Turismo barilochense, para que miles de personas puedan conectar la Patagonia con el Norte argentino en poco más de dos horas. El avión llega a Salta capital, pero desde allí es posible adentrarse en los Valles Calchaquíes en poco tiempo, ya que la distancia es de unos 130 kilómetros.

El camino, un paraíso de curvas, contracurvas y nudos que ascienden hasta los 2000 metros, comienza a deslumbrar a pocos kilómetros de la capital provincial con la aparición de un conjunto de ruinas llamado Puerta de La Paya, que fue el primer asentamiento prehispánico de Chicoana.

El Parque Nacional Los Cardones brinda un escenario de ensueño.

El trayecto llega a la Cuesta del Obispo, donde las serpentinas continúan subiendo la cuesta y descubriendo postales cada vez más sorprendentes. A los 3500 metros de altura, un mirador espera a los viajeros para tomarse fotos imponentes e inolvidables. 
Allí, también está Walter y su yegua “Morena”, quienes reciben a los turistas con un poncho y un sombrero, para aclimatarse mejor al lugar. También hay un puñado de puestos donde se ofrecen todo tipo de especias, tortillas, queso de cabra y la vedette del lugar: el salamín de carne de llama, una delicia.
Entre nubes de algodón y un paisaje espectacular, el silencio y el vuelo de los cóndores que merodean a pocos metros de las cabezas, la sensación es la de estar en el mismo cielo.
Luego, a unas curvas más de distancia, se alcanza la altura máxima: 3620 m s. n. m., en Piedra del Molino, donde se erige una pequeña capilla de piedra y una piedra de moler tallada en granito con varias toneladas que da nombre al lugar.

El museo arqueológico de Cachi, uno de sus atractivos turísticos.

Luego de descansar la vista ante tal obra natural, se comienza a descender por una depresión de altura. El Parque Nacional Los Cardones da la bienvenida y el asombro del visitante ante los millares de cactus desperdigados a ambos lados de la ruta es simplemente único. Es admirable observar las distintas formas que adquieren algunos ejemplares, que alcanzan a medir hasta 6 metros de altura.

El periplo continúa con la Recta de Tin Tin y de fondo se observa el “Nevado de Cachi”, el gigante de 6720 metros, mientras se comienza a transitar por los Valles Calchaquíes propiamente dichos. 

Finalmente se llega hasta Cachi, a la vera del río Calchaquí, un pueblo con un puñado de casas bajas de adobe y piedra con techo de madera, caña y barro, con las puertas abiertas y una plaza principal de antaño, que es el epicentro del turismo.

Cachi y su plaza principal.

Allí está construída la iglesia de San José de Cachi y el Museo Arqueológico Pío Pablo Díaz, que guarda una gran colección de elementos de la cultura diaguita y de otros habitantes que alguna vez fueron dueños de los Valles Calchaquíes.

Para alojarse en Cachi o disfrutar un delicioso almuerzo, sin dudas hay un establecimiento que se lleva los aplausos: la Merced del Alto. Un hotel neocolonial construído hace 15 años, que tiene galerías de época, cuadros de alto nivel artístico y un mirador en lo alto para contemplar el silencio y la belleza del Norte argentino.

La Merced del Alto, un paraíso en el Valle de Cachi.

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San Carlos de Bariloche, Argentina