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Desde un ave de 2,5 metros al tiburón megalodón: los tesoros de un museo renovado

El Museo Paleontológico de Bariloche, que está ubicado sobre la costa del lago Nahuel Huapi, reabrió sus puertas después de 27 meses, tras la pandemia y varias reformas que permitieron renovar las salas de exposiciones.

Antes, se consideraba que había que mostrar la mayor cantidad de materiales en las vitrinas de los museos. Pero la información se terminaba perdiendo. “Hoy, en cambio, los museos modernos exhiben dos o tres piezas fósiles en un salón. Por eso, apuntamos a reducir la cantidad de muestras expuestas. Se ponen en valor las más importantes“, comentó a RIO NEGRO el paleontólogo barilochense Ari Iglesias.

La colección del Museo Paleontológico Bariloche se compone de más de 7000 piezas. Antes de la pandemia, se exhibían unas 2.000. Ese número ahora se redujo a la mitad. Todo lo demás quedó en resguardo.

Entre los arreglos del museo, se hizo la refacción del techo que estaba deteriorado y se mejoró la cartelería explicativa: se incorporó tecnología para hacer más accesible la información con código QR de realidad aumentada que permite una reconstrucción de las especies que se muestran para verlos en 3D.

También se incorporó un monitor al tacto y se instaló luminaria en cada una de las vitrinas. El salón de 12 por 6 metros cuadrados sumó otros 36 metros con un container que funciona como Salón de Usos Múltiples con el objetivo de dictar talleres y charlas. En esa sala sobresale una mesa de arena de realidad aumentada para explicarle a los más chicos la geomorfología de Bariloche y sus alrededores.

El museo se especializa en fósiles de la Patagonia, en la riqueza de plantas, insectos y ranas. “Todo explica que, en algún momento, la Patagonia fue selvática como el sur de Brasil. Tras un cambio climático, la región pasó de ser húmeda, lluviosa y tropical a ser semiárida y fría. Todo eso se explica con los fósiles de la Patagonia“, acotó.

Los materiales que se muestran se organizan según el sentido de la evolución. “Uno va caminando y ve los cambios en los animales y las plantas con el paso tiempo“, subrayó Iglesias. Ahora sueñan con disponer de una sala de mayor tamaño y altura para exponer las piezas más grandes.

Por ejemplo, tienen restos de un toxodonte, que era un animal ya extinguido del tamaño de un hipopótamo. Solo se exponen las manos, aunque el Museo cuenta con un esqueleto completo que tiene 2,5 metros de largo y 1,70 metros de alto.

Otro ejemplar es un Megaterio, que se encontró en la costa del lago que mide 2.5 metros de largo. Pero en este caso no está completo.La pieza más importante del museo es el Kelenken -un ave corredora de 2,5 metros de altura que vivió hace 15 millones de años. Los restos fósiles de ese aves fueron encontrados por un niño de 13 años en la estación de tren de Comallo a fines de los años noventa.

En el Museo cuentan con el esqueleto completo que es imponente, pero solo pueden exponer el cráneo y una pata por las dimensiones del edificio. “Es el más completo y grande de toda Sudamérica”, aclaró Iglesias. También se expone la mandíbula de un tiburón megalodón hallada en Las Grutas.

“Durante los últimos tres años ganamos ocho subsidios. De todos modos, hace dos años que tenemos las cuentas en rojo. El museo ha crecido por la cuota de los socios de la Asociación Paleontológica Bariloche y la entrada del público”, recalcó. Hace cuatro años firmaron un convenio con el gobierno rionegrino por 400.000 pesos anuales.

Cómo fue la fundación del Museo

El Museo Paleontológico Bariloche se inauguró en 1995, pero nació de la mano de la Asociación Paleontológica de Bariloche en 1977, en una casa particular en el Arroyo Ñireco. Cuando el propietario de la vivienda murió, el museo fue trasladado a un puesto en el puerto San Carlos.

“Cuando empezaron a construir el puerto, el municipio nos pidió que abandonemos ese lugar para hacer un obrador. Durante seis años, el museo no funcionó y los materiales quedaron guardados en la Municipalidad, hasta que nos cedieron en comodato el terreno donde funcionamos hoy“, especificó Iglesias que se sumó a la Asociación Paleontológica Bariloche, cuando tenía tan solo 15 años. Luego de estudiar en La Plata, regresó a la ciudad. Y, por supuesto, al museo.

“En ese momento, no existía la ley de Patrimonio. Eran todos aficionados y coleccionistas privados que deseaban exponer la riqueza fosilífera de la región para que todos la conocieran. Gran parte de la colección histórica del museo proviene de ellos”, destacó el paleontólogo.

La colección actual del museo se incrementa con aportes de investigadores que estudian en la región, como Comallo, Pichileufu y Bariloche, que ingresan alrededor de 600 materiales fósiles por año. “Los materiales adquieren importancia no cuando uno los encuentra. Los especialistas lo analizan, lo estudian y cuando publican el trabajo, después de dos años, se realza la importancia de ese material“, señaló.

El Museo Paleontológico funciona de lunes a viernes de 14 a 18, con autoguía y lengua de señas y, visitas guiadas los sábados a las 15. La entrada cuesta 300 pesos y 200 para menores de 12 años y jubilados.

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