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Salud

El brote de bronquiolitis en Argentina superó en casi un 85% a los niveles prepandémicos

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El 2019 fue el año con más casos de bronquiolitis en los últimos seis años (Getty) (Dalibor Despotovic/)

Los casos de bronquiolitis en Argentina se encuentran en ascenso y ya superan en un 84,9% a los niveles prepandemia de 2019, año con el mayor número afectados. Esta información surge del último Boletín Epidemiológico emitido por el Ministerio de Salud.

Según los datos de este documento, que llegan hasta la semana 22 del año 2023 (4 de junio), “se notificaron 65.512 casos de bronquiolitis, con una tasa de incidencia acumulada de 4490,4 casos cada 100.000 habitantes”. “El número de notificaciones de bronquiolitis en menores de dos años entre las semanas 1 y 22 del año 2023 en establecimientos con regularidad mayor al 90% muestran un aumento progresivo desde la semana 11 que se acelera en las últimas semanas”, detallaron.

Y profundizaron que, “si se comparan los casos de Virus Sincicial Respiratorio (uno de los principales agentes asociados a casos de bronquiolitis) acumulados en este período con lo notificado en el mismo periodo de los últimos años, se verifica que en el año en curso se registró hasta el momento un número de casos 84,9% mayor al registrado para el mismo período del 2019, año con el mayor número de casos de los últimos 6 años”.

La fiebre es uno de los síntomas de la bronquiolitis y de otros virus respiratorios (iStock)
La fiebre es uno de los síntomas de la bronquiolitis y de otros virus respiratorios (iStock) (Getty Images/iStockphoto/)

Por su parte, Analía Rearte, directora Nacional de Epidemiología e Información Estratégica, explicó las razones del brote y postuló: “Mientras circuló SARS-CoV-2, la aparición de otros virus respiratorios fue más baja, casi nula. A medida que dejó de circular de manera predominante SARS-CoV-2, empezaron a circular otros virus respiratorios. En el 2022 tuvimos circulación de muchos virus respiratorios de una manera bastante anárquica, y no dentro de la estacionalidad a la que estábamos acostumbrados, con dos picos de influenza en el año, con mucha circulación de sincicial, de metapneumovirus, de parainfluenza”.

“Este año lo que estamos viendo es que empezó a circular primeramente y en mayor medida virus sincicial respiratorio, principalmente en el AMBA, pero también en otras provincias de la región Centro. La característica que tiene es que se adelantó entre 3 y 4 semanas a la estacionalidad que tenía”, detalló la funcionaria y completó: “Lo que tenemos es una circulación adelantada”.

metapneumovirus virus respiratorios
Los casos de esta clase de virus respiratorio volvieron a niveles prepandémicos (Getty) (ArtistGNDphotography/)

Justamente en lo que respecta al virus sincicial respiratorio (VRS), uno de los principales agentes asociados a casos de bronquiolitis, en el Boletín Epidemiológico informaron que en 2023 “se registra un inicio de la actividad estacional de VSR adelantada en comparación con la mayoría de los años previos pre-pandémicos″.

En la misma línea, el Boletín Epidemiológico emitido por la cartera sanitaria nacional indicó: “Se verifica un aumento paulatino de los casos de influenza en contexto de una actividad estacional de VSR adelantada en comparación con años previos. En el periodo analizado, además de SARS-CoV2, se detecta circulación de VSR, influenza, parainfluenza, adenovirus y metapneumovirus. Se registraron 326.610 casos de ETI (Enfermedad Tipo Influenza), 57.073 casos de Neumonía, 65.512 casos de Bronquiolitis en menores de dos años y 7124 casos de Infección respiratoria aguda internada (IRAG)”.

El VSR puede ocasionare internaciones por bronquiolitis, principalmente en menores de 2 años (Getty)
El VSR puede ocasionare internaciones por bronquiolitis, principalmente en menores de 2 años (Getty) (Getty Images/iStockphoto/)

“La curva de casos positivos de virus respiratorios por semana muestra un marcado descenso para el año 2020 en coincidencia con el desarrollo de la pandemia por COVID-19. A partir del 2021 y en 2022, se verifica nuevamente la circulación de otros virus respiratorios″, ampliaron desde el Ministerio de Salud.

E informaron: “Desde la semana 1 del año 2023 se observa circulación de SARS CoV- 2, adenovirus, VSR y parainfluenza, con algunos casos positivos para metapneumovirus. A partir de la semana 13 comienza el ascenso de VSR alcanzando un pico hasta el momento en la semana 20 y desde la semana 18 comienza a aumentar el número de casos de Influenza A –principalmente A(H1N1) y una baja detección de Influenza B/linaje Victoria”.

La OPS y un alerta regional

En ese tono, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) emitió un alerta epidemiológica, a principios de junio, por el aumento de casos de virus respiratorios y postuló: “En Argentina, la actividad de IRAG (Infecciones Respiratorios Agudas Grave) estuvo en los niveles basales y la actividad de la influenza aumentó ligeramente a principios de esta temporada durante la SE 17 (30 de abril)”.

El lavado de manos es una de las medidas preventivas ante la bronquiolitis /Christin Klose/dpa
El lavado de manos es una de las medidas preventivas ante la bronquiolitis /Christin Klose/dpa (Christin Klose/)

Según la OPS, “la influenza A (subtipo indeterminado) se detectó con mayor frecuencia. La actividad del VRS se mantuvo en niveles más altos que en años anteriores”. Asimismo, desde el organismo puntualizaron: “La actividad del VRS ha presentado un aumento pronunciado y actualmente se encuentra en niveles medios de circulación en la pasada SE. La actividad del SARS-CoV-2 se ha mantenido en niveles bajos. Después de alcanzar niveles altos, la actividad de las IRAG medida por hospitalizaciones sigue siendo alta en algunos países, especialmente relacionada con el VRS entre los niños menores de 2 años”.

“Se están observando algunas variaciones de las formas de presentación en distintas partes del mundo, como el resurgimiento de las infecciones por virus sincicial respiratorio fuera de su período estacional, o un aumento en el número de internaciones de niños de mayor edad con cuadros respiratorios graves ‘no bronquiolitis’”, había señalado la doctora Susana Rodríguez, del Hospital de Pediatría Dr. Juan P. Garrahan de Buenos Aires.

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Incluso, anteriormente, la doctora Leda Guzzi, integrante de la comisión de Comunicación de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI), le había dicho a Infobae: “Es importante contextualizar que durante la pandemia por COVID-19 hubo una caída muy pronunciada en la circulación de virus y bacterias respiratorias (entre ellos, el virus de la influenza, el virus sincicial respiratorio, el metapneumovirus y también el neumococo, que es una bacteria)”.

El virus sincicial respiratorio es uno de los patógenos asociados a la bronquiolitis (iStock)
El virus sincicial respiratorio es uno de los patógenos asociados a la bronquiolitis (iStock) (Getty Images/iStockphoto/)

“Esto fue especialmente marcado durante el 2020 pero también en 2021 y es atribuible a las medidas aplicadas a gran escala para el control y mitigación de la pandemia, esto es los confinamientos, el uso de barbijo, la distancia social y la ventilación”, resaltó la experta.

En la misma línea fue Elizabeth Patricia Bogdanowicz (MN 66.915), miembro del Comité de Infectología Pediátrica de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP): “Los virus respiratorios tienen una estacionalidad en la que aumentan su circulación; es esperable que en el final del otoño y el invierno se documente la circulación de una serie de virus respiratorios”. “Los chicos pueden enfermar varias veces durante una temporada invernal porque hay varios virus respiratorios que circulan y también es cierto que habitualmente se calcula que antes del año suelen tener alrededor de cuatro o cinco episodios virales en la temporada invernal y después, hasta los seis, en general se calculan diez infecciones virales por año”.

Cabe recordar que los virus que causan infección respiratoria aguda se transmiten de una persona a otra por el contacto directo entre las manos y superficies contaminadas, y a través de las secreciones nasales o las gotitas de saliva que viajan por el aire cuando una persona enferma habla, estornuda o tose.

BRONQUIOLITIS
Mientras circuló el COVID, hubo menos casos de bronquiolitis (Getty) (Goads Agency/)

¿Cuándo sospechar que un bebé tiene bronquiolitis?

Si tiene uno o más de estos signos:

-Respiración muy rápida.

-Aletea la nariz.

-Se le hunde el pecho o las costillas al respirar.

-Se queja mientras respira.

-Entrecorta la alimentación o le cuesta prenderse al pecho.

-Está irritable o le cuesta dormirse.

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-Color azulado en la piel, las uñas o los labios debido a la falta de oxígeno (cianosis): en este caso necesita tratamiento urgente.

Niños virus gripe covid
La OPS llamó a completar esquemas de vacunación antigripal (Getty) (Imgorthand/)

Cómo prevenir las infecciones respiratorias

-Mantener la lactancia.

-Cumplir con el Calendario Nacional de Vacunación.

-No exponer a los niños al humo del cigarrillo ni de braseros o estufas a leña.

-Higienizar frecuentemente, con agua y jabón, los elementos del bebé (chupetes, juguetes) y las superficies donde se lo cambia o donde se preparan sus alimentos.

-Practicar el lavado de manos frecuente, a los niños y a los convivientes, con agua y jabón.

-Se puede reforzar la higiene con alcohol en gel.

-Ventilar los ambientes de la casa al menos una vez al día.

-Mantener alejados a los bebés de las personas que están resfriadas o tienen tos.

-Si los cuidadores principales tienen alguna infección de las vías respiratorias deben lavarse las manos, especialmente antes de alzar, cambiar o alimentar al bebé. Pueden usar el tapaboca como medida de apoyo, para evitar el contagio por secreciones.

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-No se debe colocar tapaboca en los niños menores de 2 años.

-En los niños con más riesgo de bronquiolitis grave (menores de 3 meses, prematuros, con enfermedades crónicas) no está recomendada la asistencia al jardín maternal.

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Salud

Contaminación del aire: dos estudios analizaron nuevas consecuencias en la salud humana

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En el escenario de desafíos que enfrenta el planeta a nivel climático, la contaminación del aire se destaca como uno persistente. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “la contaminación del aire (tanto el exterior como el de interiores) es la presencia en él de agentes químicos, físicos o biológicos que alteran las características naturales de la atmósfera”.

“Los aparatos domésticos de combustión, los vehículos de motor, las instalaciones industriales y los incendios forestales son fuentes habituales de contaminación de aire. Los más preocupantes para la salud pública son las partículas en suspensión, el monóxido de carbono, el ozono, el dióxido de nitrógeno y el dióxido de azufre. Los efectos combinados de la contaminación del aire ambiente y la del aire doméstico se asocian a 6,7 millones de muertes prematuras cada año”, dice la OMS.

En ese sentido, recientemente, dos estudios científicos analizaron el impacto de esta problemática en la salud mental a partir de la exposición prenatal y en el sistema digestivo.

Antes que nada, cabe hacer un repaso sobre el concepto de contaminación del aire. Timoteo Marchini, investigador del Conicet en el Instituto de Bioquímica y Medicina Molecular (IBIMOL) e investigador en el Departamento de Cardiología del Hospital Universitario de Friburgo, Alemania, conversó con Infobae.

“La contaminación del aire está compuesta por dos grandes grupos de contaminantes: los gases y el material particulado. Los gases, por lo general, son dióxido de carbono, óxidos de azufre, óxidos de nitrógeno y ozono, y se encuentran especialmente relacionados con alteraciones respiratorias y daños en el pulmón. Los contaminantes que, desde el punto de vista epidemiológico, son de mayor riesgo para la salud son el material particulado, que son partículas sólidas suspendidas en el aire que respiramos”, introdujo Marchini.

Al tiempo que detalló: “Estas partículas provienen principalmente de la combustión de combustibles fósiles para el transporte, la industria y la obtención de energía, y se clasifican generalmente según su tamaño. Las más importantes son las partículas finas, conocidas como PM 2.5, que son todas las partículas menores a 2,5 micrómetros de diámetro. Esto es importante porque son lo suficientemente pequeñas como para penetrar profundamente en el pulmón hasta los alveolos pulmonares”.

“En los alveolos pulmonares hay unas células llamadas macrófagos alveolares, que se encargan de fagocitar y digerir estas partículas. Como son totalmente artificiales, estas células nunca llegan a digerir completamente las partículas, y se cargan de ellas, generando una respuesta inflamatoria sobredimensionada. Esta inflamación se circunscribe primero al pulmón y luego a la circulación sistémica de la sangre, impactando en distintos órganos como el corazón, los vasos sanguíneos y el tejido adiposo. Ese es el principal mecanismo a través del cual la contaminación produce efectos adversos sobre la salud”, dijo Marchini.

Contaminación del aire y salud mental
En un estudio publicado en JAMA Network Open, investigadores de la Universidad de Bristol, King’s College London, University College London y la Universidad de Cardiff han revelado que la exposición prenatal a la contaminación del aire está relacionada con el desarrollo de problemas de salud mental en la adolescencia. Este descubrimiento añade una nueva dimensión a la comprensión de cómo las condiciones ambientales durante el embarazo pueden tener efectos duraderos en la salud mental de los niños según los autores.

Los expertos explicaron que la contaminación del aire, compuesta por gases tóxicos y partículas, puede afectar la salud mental a través de diversas vías. Entre ellas, destacaron la posible alteración de la barrera hematoencefálica, la promoción de la neuroinflamación y el estrés oxidativo, y la entrada directa de partículas en el cerebro que podrían dañar el tejido.

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Para llevar a cabo el estudio, el equipo de la Universidad de Bristol utilizó datos del Estudio Longitudinal Avon de Padres e Hijos (ALSPAC), también conocido como el estudio de los Niños de los 90. Este proyecto ha seguido a más de 14,000 mujeres embarazadas y sus hijos desde 1991 y 1992, proporcionando una base de datos extensa para analizar las asociaciones a largo plazo entre la exposición ambiental temprana y la salud mental.

Los investigadores encontraron que aumentos relativamente pequeños en las partículas finas (PM 2.5) durante el embarazo y la infancia se asociaron con un mayor riesgo de experiencias psicóticas y síntomas de depresión en la adolescencia y la adultez temprana. Por cada aumento de 0.72 microgramos por metro cúbico en la exposición a PM 2.5, hubo un incremento del 11% en las probabilidades de sufrir experiencias psicóticas y un 10% en las probabilidades de desarrollar depresión de acuerdo a lo que revelaron.

“Se cree que los bebés y los niños son especialmente vulnerables a la contaminación del aire, pero los datos longitudinales de alta resolución sobre la contaminación que abarcan los primeros años de la vida humana son escasos. En segundo lugar, relativamente pocos estudios han examinado la asociación de la contaminación del aire con los problemas de salud mental de los jóvenes, a pesar de que la juventud es un período crítico para la intervención. (…) Nuestro objetivo era mejorar la comprensión de este tema”, escribieron los investigadores.

La doctora Joanne Newbury, una de las autoras, destacó la importancia de estos hallazgos. “Nuestros resultados se suman a un creciente conjunto de evidencia que sugiere que la contaminación del aire tiene un impacto perjudicial en la salud mental. Este es un problema significativo, ya que la contaminación del aire es una exposición común y las tasas de problemas de salud mental están aumentando globalmente”, señaló.

“Nuestros hallazgos se suman a un creciente conjunto de evidencia (de diferentes poblaciones, ubicaciones y utilizando diferentes diseños de estudio) que sugiere un impacto perjudicial de la contaminación del aire (y potencialmente de la contaminación acústica) en la salud mental. Esta es una preocupación importante, porque la contaminación del aire es ahora una exposición muy común y las tasas de problemas de salud mental están aumentando a nivel mundial”, planteó Newbury.

Y sumó: “Dado que la contaminación también es una exposición prevenible, las intervenciones para reducir la exposición, como las zonas de bajas emisiones, podrían potencialmente mejorar salud mental. Las intervenciones dirigidas a grupos vulnerables, incluidas las mujeres embarazadas y los niños, también podrían brindar una oportunidad para reducir más rápidamente la exposición”.

Marchini comentó a Infobae que aunque la contaminación “primero toma contacto con el pulmón, las principales enfermedades asociadas con los contaminantes del aire son enfermedades cardiovasculares, principalmente el infarto agudo de miocardio y el accidente cerebrovascular (ACV)”.

“Hay una agrupación más particular de las partículas finas de contaminación ambiental, que son las partículas ultrafinas (UFP): aquellas menores a 100 nanómetros. Aunque todavía hay menos información y alguna controversia al respecto, se cree que estas partículas son lo suficientemente pequeñas como para atravesar el alveolo pulmonar, llegar a la sangre y distribuirse a otros tejidos, donde ejercen un efecto directo”, precisó el especialista.

“Se han encontrado partículas ultrafinas en las placas de ateroma, en la placenta y en el cerebro, sugiriendo un posible efecto directo además de la reacción inflamatoria. Hay un tercer mecanismo descrito para los efectos sobre la salud de los contaminantes del aire, especialmente las partículas finas y ultrafinas, que es un desbalance del sistema nervioso. Algunas partículas pueden activar nervios en el pulmón, generando un aumento del tono simpático, lo que produce una forma de estrés relacionado con la hipertensión, alteraciones del ritmo circadiano y demás”, amplió.

En cuanto a la exposición prenatal a la contaminación del aire, según Marchini, “se produce cuando una persona embarazada en un ambiente urbano contaminado respira los contaminantes. En ambientes más contaminados, como ciudades en India o en China, la exposición puede generar daño al embrión. Un experimento en China con ratas mostró que la descendencia de ratas expuestas a un ambiente contaminado tenía mayor peso al nacer comparado con ratas que respiraban aire filtrado”.

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“La contaminación puede incidir en la salud mental a través de estos mecanismos, especialmente el desbalance del sistema nervioso y la posible presencia de partículas ultrafinas en el cerebro. Aunque la inflamación sistémica tiene un impacto menor directo en el cerebro debido a la barrera hematoencefálica, se cree que las partículas ultrafinas pueden atravesar esta barrera, especialmente si está dañada, y afectar el cerebro, lo cual es crítico en niños menores de cinco años”, completó el experto.

Infobae también conversó con Pablo Orellano, especialista en epidemiología e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y quien lideró uno de los cinco equipos del mundo elegidos por la OMS para relevar los efectos adversos de contaminantes del aire.

“Todos los contaminantes, sobre todo el material particulado, cuando entra al organismo en general, ingresa por el sistema respiratorio y, una vez que entra a los pulmones, llega al torrente sanguíneo. Como la sangre es necesaria para irrigar todos nuestros sistemas y todos nuestros órganos, de esa manera se distribuye a todo nuestro organismo”, dijo Orellano.

Y agregó: “Con respecto a la exposición prenatal, es la misma manera. La madre, la mujer embarazada, respira las partículas contaminantes. Estas entran primero al sistema respiratorio, pasan por los pulmones a través de los alveolos, llegan al sistema circulatorio y de ahí no solo se distribuyen e irrigan todos los órganos de su propio organismo, sino que además el embrión comparte esa distribución de sangre con la madre a través del torrente sanguíneo y del cordón umbilical”.

Contaminación del aire y sistema digestivo
Una revisión publicada en la revista eGastroenterology planteó que la exposición a PM 2.5 n puede afectar el sistema digestivo, incluyendo el hígado, el páncreas y los intestinos.

El trabajo destacó cómo las partículas contaminantes desencadenan respuestas de estrés dentro de las células del sistema digestivo. Estas respuestas implican la participación de orgánulos subcelulares especializados como el retículo endoplásmico (RE), las mitocondrias y los lisosomas, según plantearon. Cuando las PM 2.5 alteran el funcionamiento de estos orgánulos, se produce una cadena de reacciones dentro de las células, que puede llevar a la inflamación y otros efectos perjudiciales. Esta información es clave para entender el daño sistémico que pueden causar estos contaminantes.

“Los daños a los orgánulos y el estrés oxidativo parecen desempeñar un papel importante en los efectos citotóxicos de las PM al mediar en las vías de respuesta al estrés relacionadas con la inflamación, la alteración metabólica y los programas de muerte celular. Los órganos o tejidos del tracto digestivo, como el hígado, el páncreas y el intestino delgado, son susceptibles a la exposición a PM”, señalaron en el trabajo, que fue una revisión firmada por Zhang Kezhong, de la Universidad Estatal de Wayne en Estados Unidos.

Los expertos han demostrado que la exposición a estas partículas puede desencadenar una serie de problemas en el hígado, incluyendo inflamación, respuestas al estrés y daño a los orgánulos. Además, se ha observado que la alteración del metabolismo energético en el hígado puede contribuir al desarrollo de enfermedades como la enfermedad del hígado graso no alcohólico (NASH) y la diabetes tipo 2.

Los efectos negativos de las PM 2.5 no se limitan al hígado. El páncreas, otro órgano vital del sistema digestivo, también puede sufrir daños significativos. Los estudios han relacionado la exposición a PM 2.5 con un mayor riesgo de insuficiencia pancreática en personas con diabetes. Este daño puede afectar la capacidad del páncreas para producir insulina, exacerbando las complicaciones diabéticas. La investigación de los expertos es crucial para comprender cómo proteger mejor el páncreas de estos contaminantes ambientales.

El sistema digestivo en su conjunto es vulnerable a las PM 2.5. Los intestinos, en particular, pueden experimentar un aumento en la permeabilidad debido a la exposición a estas partículas. Este aumento de la permeabilidad intestinal puede llevar a una variedad de problemas digestivos, incluyendo inflamación y una mayor susceptibilidad a infecciones. Los estudios muestran que las células intestinales son especialmente sensibles a las alteraciones causadas por PM 2.5, lo que puede tener consecuencias a largo plazo para la salud digestiva según los autores.

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A pesar de los avances significativos, todavía quedan muchas preguntas por responder sobre cómo las células detectan y responden a las PM 2.5 de acuerdo a estos expertos. De acuerdo a lo señalado por ellos, se está trabajando para entender las diferencias en la respuesta al estrés entre los distintos órganos digestivos. Además, están investigando cómo la exposición a PM 2.5 afecta la comunicación entre diferentes órganos digestivos, lo que podría tener un impacto en la función digestiva general.

Orellano amplió ante la consulta de Infobae: “Sobre el sistema digestivo, ocurre, de vuelta, que los contaminantes entran al torrente sanguíneo y a través de ese torrente sanguíneo es que ese sistema circulatorio irriga todos los órganos. Digamos, esa sería la forma principal en la que llegan los contaminantes a los órganos objetivos. En una forma secundaria, por lo que indican algunos trabajos, cuando ingresa el contaminante en el sistema respiratorio, éste las envuelve en moco y es posible que ingrese al sistema digestivo porque uno lo ingiera. Pero en realidad, el mecanismo más importante es a través del torrente sanguíneo”, amplió Orellano.

“Cuando las partículas contaminantes llegan al torrente sanguíneo, la sangre se distribuye por todos los tejidos del organismo, porque la sangre es necesaria para todos los tejidos. Es la forma más sistémica que tiene la contaminación de llegar a todos los órganos y los tejidos. El otro gran sistema es el inmune, que también tiene que estar actuando en todo el cuerpo. Como requiere un equilibrio para su funcionamiento, los contaminantes de alguna manera lo alteran y no funciona correctamente. Por eso tiene la capacidad de afectar prácticamente cualquier órgano en nuestro cuerpo”, siguió el experto del CONICET.

Y reflexionó: “Cada vez se tiene más claro el vínculo causal entre la contaminación del aire y la mortalidad general, la mortalidad natural por enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares. Hay enfermedades respiratorias que son las que más se conocen, pero cada vez se van descubriendo más relaciones con enfermedades del sistema endocrino y salud mental, que es algo que está con mucho desarrollo en los últimos años. Descubrir esos mecanismos es bastante más complejo, entonces va a llevar más tiempo. Por otro lado, en algunos casos las afectaciones tienen valores de asociación, valores estadísticos de asociación, que nosotros le decimos riesgo relativo, que son muy altos”.

En tanto, Marchini apuntó: “En el sistema digestivo, las partículas más grandes quedan retenidas en las vías aéreas superiores y son arrastradas por el moco hacia el estómago y los intestinos. Se está investigando cómo las alteraciones en la flora intestinal inducidas por estos contaminantes pueden generar alteraciones a nivel cerebral”.

“Constantemente se descubren nuevas consecuencias de los contaminantes del aire y un entendimiento más refinado de las ya conocidas, debido a la creciente preocupación y a mayores líneas de financiamiento e investigación. Por ejemplo, se está investigando cómo la contaminación del aire afecta el desarrollo de factores de riesgo cardiovascular como la obesidad, diabetes e hipertensión, y cómo la sinergia entre estresores ambientales como ruido y luz también contribuye a deteriorar la salud”, cerró Marchini.

Anteriormente, un artículo institucional del Instituto de Estudios Urbanos (IEU) de la Universidad Nacional de Colombia precisó que la OMS “relaciona, desde el riesgo sanitario, la contaminación del aire con enfermedades como el cáncer pulmonar, asma bronquial y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, pero también con enfermedades extrapulmonares como el impacto agudo de miocardio y el accidente cerebrovascular, con incidencias que van hasta el 30% en algunas de ellas. La contaminación del aire es mayor en las áreas urbanas, ciudades como Karachi, Delhi, Beijing, Paris y Ciudad de México, que presentan altos niveles de contaminación atmosférica”.

Finalmente, Horacio Rubio, gastroenterólogo y expresidente de la Sociedad Interamericana de Endoscopía Digestiva, le dijo a Infobae: “La presencia de contaminantes en el medio ambiente es un nuevo objeto de estudio por su capacidad de causar estrés celular. Ya se han establecidos características definidas con los microplásticos en peces y existe un interés creciente en valorar los efectos en los que los consumen”.

A nivel celular, el estrés es caracterizado por modificaciones en la forma o función de organelas intracelulares que son los componentes de la célula. Se puede detectar un aumento de las proteínas que el retículo endoplasmático, que es una de estas partículas, y no logra plegar suficientemente para alcanzar su conformación correcta. A un nivel superior, la de un órgano, se pueden detectar alteraciones en las uniones celulares que forman las paredes del intestino. Esto tiene la consecuencia de alteraciones significativas en la barrera defensiva del órgano”, postulo Rubio.

“Desde una perspectiva biológica la inflamación es un hecho definido por la intervención de variadas sustancias químicas responsables de alteraciones en las reacciones químicas normales. En muchas enfermedades estos son los eventos probablemente iniciales, las causas de la perpetuación de situaciones pasajeras y el blanco de muchas sustancias terapéuticas”, cerró el gastroenterólogo.

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Origen: https://www.infobae.com/america/ciencia-america/2024/06/02/contaminacion-del-aire-dos-estudios-analizaron-nuevas-consecuencias-en-la-salud-humana/

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Salud

El método 4-7-8 para dormirse en menos de un minuto

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17 de junio 2024 – 11:00

Este nuevo método te va a ayudar a dormirte más rápido y a bajar los niveles de ansiedad. Enterate cómo realizarlo.

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Quedarse dormido o recuperarse de un ataque de ansiedad puede que sea fácil contando 1-2-3. Pero algunos expertos creen que un conjunto diferente de números podría ser incluso una mejor solución.

Muchas de las dificultades para dormir se deben a que las personas intentan conciliar el sueño pero su mente está con pensamientos intrusos, por eso los ejercicios como la técnica 4-7-8 dan la oportunidad de practicar estando en paz. Y eso es exactamente lo que debemos hacer antes de irnos a la cama

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Freepik.

Cómo es el método 4-7-8 para dormirse en un minuto

La técnica 4-7-8 es un ejercicio de relajación que consiste en inhalar hasta contar hasta cuatro, contener la respiración hasta llegar a siete y exhalar cuando la cuenta llegue a ocho. No requiere de ningún equipo o preparación específica, pero se recomienda que en el momento en el que se está aprendiendo el ejercicio la persona se siente con la espalda recta.

Durante toda la práctica, se debe colocar la punta de la lengua contra la cresta de tejido detrás de los dientes frontales superiores, mientras se exhala por la boca alrededor de la lengua. Luego, hay que seguir estos pasos:

  • Exhala completamente por la boca, haciendo un sonido de silbido.
  • Cierra la boca e inhala tranquilamente por la nariz hasta contar mentalmente hasta cuatro.
  • Aguanta la respiración mientras cuentas hasta siete.
  • Exhala por la boca, haciendo un sonido de silbido mientras cuentaa hasta ocho.
  • Repite el proceso tres veces más hasta completar un total de cuatro ciclos de respiración.
  • Mantener la proporción de cuatro, luego siete y luego ocho es más importante que el tiempo que pasas en cada fase

De todos modos, si se padece de ansiedad, es fundamental consultar con un profesional y luego probar métodos naturales.

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Salud

Argentinos investigan beneficios del yogur para bajar de peso y prevenir diabetes

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Un trabajo realizado por destacados especialistas argentinos sostiene que el consumo periódico de yogur es beneficioso para la salud y contribuye a la prevención y manejo de la diabetes tipo 2 y de la obesidad.

El artículo, denominado “El yogur, en el contexto de una dieta saludable, para la prevención y el manejo de la diabetes y la obesidad: una perspectiva desde Argentina” y fue publicado en la prestigiosa revista internacional Frontiers in Nutrition.

El mismo sostuvo que “en el contexto de la dieta global, poco diversa y con amplias brechas en alimentos nutritivos, el aporte de un aumento moderado del consumo de yogur tiene el potencial de mejorar hasta un 10% la densidad nutricional de la dieta de la población argentina. Su consumo puede ser beneficioso en la prevención y tratamiento de la obesidad y la diabetes tipo 2”.

“Este artículo intenta reunir la evidencia más reciente acerca de la importancia del yogur en la dieta. Sabemos mucho sobre sus aportes nutritivos, pero, en los últimos años, es creciente la evidencia -aún en construcción- que le agrega valor por su cada vez más reconocida relación con la prevención de diabetes tipo 2 y obesidad (en un contexto de altas prevalencias de ambas)”, explicó Gabriel Vinderola, doctor en Química e investigador principal del Instituto de Lactología Industrial (CONICET-UNL).

Vinderola, quien además es docente de la Facultad de Ingeniería Química de la Universidad Nacional del Litoral, añadió: “Revisamos esa evidencia y procuramos profundizar en posibles vías que expliquen esos beneficios. Consumir tan solo 100 g diarios de yogur tiene potencial para aumentar la densidad nutricional (calidad) de la dieta de nuestra población y -según muestran algunos trabajos- contribuir a disminuir en cientos de miles las personas que pueden contraer diabetes en las próximas dos décadas”.

Sin embargo, según un relevamiento de la consultora Kantar Worldpanel, en Argentina el consumo de yogur ronda actualmente -en promedio- los 4 kg por habitante por año, mientras que hace apenas 12 años, la cifra alcanzaba los 10 kg/persona/año, según datos presentados en las Guías Alimentarias para la Población Argentina.

Ante esta situación, el trabajo destaca que la fácil disponibilidad del yogur y su sencilla introducción en dietas diversas sugiere que incorporar el yogur como parte de una dieta saludable puede contribuir potencialmente a mejorar la salud pública mediante la prevención de las enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT) y la reducción de los costos asociados a su tratamiento.

“Los consumidores de yogur ingieren más nutrientes esenciales, como minerales (calcio, potasio, magnesio, zinc), vitaminas (B2, B12, D) y proteínas, y menos grasas. Está demostrado que los niños que consumen yogur con frecuencia tienen una dieta general más saludable: consumen más frutas, cereales integrales y leche, lo que indica un mejor perfil nutricional. Lo mismo sucede en adultos, los consumidores de yogur suelen ingerir menos frituras, carnes procesadas y rojas, pizzas, bebidas azucaradas o alcohol”, afirmó Sergio Britos, licenciado en Nutrición, Director del Centro de Estudios sobre Política y Economía de la Alimentación (CEPEA) y de la Diplomatura Universitaria de la UCA sobre Alimentación Saludable y Sostenible.

Por su lado, María Elena Torresani, licenciada en Nutrición, Directora de la Especialización en Nutrición con orientación a Obesidad de la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino de Tucumán y docente de la carrera de Nutrición de la Universidad Favaloro, dijo: “El yogur es una matriz versátil que además permite sumar el efecto beneficioso de otros alimentos como cereales integrales y frutas, en cualquier momento del día. Y las oportunidades se amplían si se lo considera más allá del desayuno o la merienda, como ingrediente para la elaboración de otros platos como aderezos o ensaladas, como es cada vez más habitual aquí y es cotidiano en otras partes del mundo”.

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Al respecto, el Dr. Vinderola agregó: “Además de probióticos y proteínas de alta calidad, entre otros nutrientes, su combinación con otros alimentos puede proporcionar fibras prebióticas, ácidos grasos y una combinación de vitaminas y minerales con el potencial de ejercer efectos sinérgicos sobre la salud. Esto convierte al yogur en un alimento sumamente recomendable, considerando su asociación con patrones de alimentación saludables”.

6 de cada 10 argentinos tienen sobrepeso

Según la última encuesta nacional de factores de riesgo del Ministerio de Salud, 6 de cada 10 argentinos mayores de 18 presentan obesidad o sobrepeso y más de 1 de cada 10, diabetes o alteración de la glucemia. Ambas cifras aumentaron progresivamente en comparación con las ediciones anteriores de la misma encuesta. Esta situación se agrava dado que el sobrepeso y la obesidad son, en sí mismos, factores de riesgo para desarrollar diabetes 2.

“Una mayoría de la población argentina consume alimentos excedidos en sodio, en calorías, en grasas, abusamos del ‘picoteo’, de los panificados y de snacks poco nutritivos, generalmente también excediéndose en el tamaño de las porciones. En paralelo, mostramos bajísimos niveles de consumo de frutas, verduras y legumbres y gran parte de nuestra población es sedentaria. Todo esto representa un escenario favorable para el desarrollo de las enfermedades crónicas no transmisibles”, señaló el Lic. Britos.

En cuanto al rol del yogur en la prevención y manejo de la diabetes tipo 2, los autores afirman que el consumo de yogur descremado se ha asociado con un menor riesgo de desarrollarla. “Se cree que esto se debe a la acción simultánea de las proteínas de la leche, el calcio, el magnesio, la vitamina D y el bajo índice glucémico del yogur. Además, ciertos ácidos grasos también pueden ser beneficiosos para el control de la diabetes tipo 2”, afirman.

Un metaanálisis reciente de 14 estudios realizados en Estados Unidos, Reino Unido, Países Bajos, España, Australia y Japón, que incluyó a 483.090 personas, encontró una reducción del 7% en el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 por cada aumento de 50 g de yogur consumido diariamente. Sin embargo, reconocen que la asociación entre el consumo de productos lácteos y la diabetes depende del tipo de producto lácteo y su composición de grasa, así como de los niveles de glucemia iniciales de los consumidores.

Tal es la evidencia de su contribución a la prevención de la diabetes tipo 2 que, luego de analizar toda la documentación disponible, la autoridad sanitaria de los Estados Unidos, FDA, autorizó la inclusión de la siguiente afirmación en los envases de yogur de ese país afirmando: “Consumir yogur regularmente, al menos 2 tazas (3 porciones) por semana, puede reducir el riesgo de diabetes tipo 2 según evidencia científica limitada”.

“En relación con sus beneficios para la obesidad, tras analizar la amplia bibliografía existente, concluimos que el yogur puede ser útil para programas de control de peso. Su consumo se asocia con mejores valores de índice de masa corporal en los consumidores. Además, existe evidencia que sugiere que aporta también otros beneficios para la salud, como prevención de la osteoporosis, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares, así como la promoción de la salud intestinal y la modulación del sistema inmunológico”, sostuvo la Dra. Torresani.

Evidencia contundente

La evidencia epidemiológica y clínica sugiere que el yogur participa en el control del peso corporal y puede desempeñar un papel en la reducción del riesgo de obesidad, en parte mediante la sustitución de alimentos menos saludables y sus diversos componentes de la matriz alimentaria, y, en algunos casos, gracias a los probióticos, que su modulación de la microbiota intestinal interviene en mecanismos vinculados con efectos sobre el control del apetito, el equilibrio energético y diferentes biomarcadores antropométricos como el índice de masa corporal (IMC), la circunferencia de la cintura y la grasa corporal.

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Varios estudios transversales demostraron que los consumidores de yogur tienen un IMC significativamente menor en comparación con los no consumidores. Las mujeres que consumieron al menos una porción de yogur presentaron un IMC significativamente más bajo en comparación con aquellas que no lo hicieron.

Un metaanálisis indica que el consumo de yogur reduciría la obesidad general y la obesidad abdominal. Además, su consumo sostenido puede contribuir a algunos cambios antropométricos relacionados con la obesidad.

En un estudio de cohorte retrospectivo, los consumidores habituales de elevadas cantidades de porciones de yogur ganaron significativamente menos peso en comparación con los consumidores de bajas cantidades y se encontró una asociación significativa entre el consumo de yogur y la disminución del aumento de peso.

En relación específicamente con la grasa abdominal, varios estudios transversales demostraron que los consumidores de yogur presentaban significativamente menos grasa corporal versus los no consumidores, con asociaciones inversas significativas entre el consumo de yogur y la grasa corporal total y abdominal. “En un mundo cada vez con más obesidad -destaca el documento- sería valioso que las estrategias de salud pública utilizaran un alimento simple, económico y de consumo común que puede ayudar a mejorar los resultados relacionados con el peso”.

“Si bien no hay alimentos milagrosos, ni soluciones mágicas, pequeños cambios en nuestra alimentación, como puede ser incrementar el consumo de yogur en reemplazo de otros alimentos con menor calidad nutricional, sin ninguna duda puede contribuir, junto a otras medidas saludables como una dieta variada y mayor actividad física, a disminuir el riesgo de desarrollar diabetes 2 y sobrepeso y obesidad”, concluyeron los autores del artículo. (NA)

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