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El desafío de contar hoy qué hay detrás de los materiales arqueológicos

El Museo de la Patagonia intenta achicar la brecha entre las colecciones de materiales que atesora y cada una de sus historias. Es una institución que fue inaugurada el 17 de marzo de 1940, como parte de la creación del centro cívico de Bariloche y hoy busca mejorar la interacción con los visitantes, a través del lenguaje y la digitalización.

Con esa meta, se lleva a cabo un plan de digitalización de sus colecciones arqueológicas. Ya se han tomado más de 7.000 fotografías y más de 3000 objetos fueron inventariados. Las imágenes serán subidas a un repositorio digital de libre acceso del Parque Nacional Nahuel Huapi, que depende de la Administración Nacional de Parques Nacionales.

“Se trata de dar una batalla cultural. Las ciencias sociales han avanzado mucho en conocer mejor el pasado y entender las consecuencias para el mundo. Muchas veces es difícil lograr contar eso y que la gente se vaya con más preguntas”, dijo a RIO NEGRO la doctora en Arqueología, Marcia Bianchi Villelli, investigadora del Conicet y la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN).

La arqueología -explicó- “está haciendo un mea culpa hace tiempo: los arqueólogos hacen inventarios técnicos poco accesibles al personal de los museos. Y esa información es difícil de transpolar en las historias que se cuentan a la gente”.

En el Museo de la Patagonia, ubicado en el corazón del Centro Cívico de Bariloche, gran parte del material arqueológico está exhibido, aunque no está narrada la historia de cada una de las colecciones.

En 2016 se presentó un proyecto para intervenir en el guión del museo a fin de actualizarlo ya que el armado de la sala de arqueología se remonta a 1989. “El desafío es pensar un guión que facilite el acceso a la información. De hecho, hoy hay una muestra del ‘museo en transformación’ que explica cómo el museo fue acompañando las distintas demandas cívicas y sociales argentinas -y de Bariloche-”, indicó la investigadora.

El equipo de arqueología del Conicet, la Universidad Nacional del Comahue y la Universidad Nacional de Río Negro obtuvo financiamiento para trabajar en la digitalización de la “reserva técnica” de materiales del Museo de la Patagonia. “Es como enfocarse en el detrás de escena” del museo, aclararon.

El subsidio consistió en un aporte de 500.000 pesos de la Fundación Williams y Bunge y Born que suelen realizar contribuciones destinadas a colecciones arqueológicas. El museo de Bariloche quedó seleccionado junto al Museo Etnográfico de la Universidad de Buenos Aires, el de La Plata y el de Mendoza.

La digitalización de las colecciones arqueológicas del museo no implica simplemente el escaneo de fotografías o documentos sino la elaboración de una base de datos actualizada y moderna sobre cada uno de los objetos. “La reserva técnica del museo está bien conservada y organizada, pero no está completamente inventariada ni actualizada en término de registro de conservación”, señaló.

Con los fondos, se armó un laboratorio para registros digitales y se montó una plataforma giratoria que se sincroniza con una cámara infrarroja que saca fotos al objeto mientras va girando. Permite, luego, reconstruirlo digitalmente en tres dimensiones. Esa información se suma a la ficha documental de cada objeto.

“La colección del museo es inmensa, inabarcable y cada día que pasa nos sorprendemos con lo que hay. Fue el primero y, durante muchas décadas, el único de la Administración de Parques Nacionales. Entonces recibía materiales y colecciones de importancia de muchos lugares”, señaló Bianchi Villelli.

Trabajo minucioso

En plena pandemia se llevó a cabo un concurso destinado a estudiantes universitarios de carreras afines en Bariloche interesados en llevar adelante la carga de datos del Museo de la Patagonia. De los 70 currículums de todo el país, se seleccionaron dos estudiantes -de Conservación y Antropología- que arrancaron en agosto del año pasado, en medio de las restricciones por la pandemia, con las ventanas del museo abierta de par en par, bajo la coordinación del arqueólogo Emmanuel Vargas. “Es un trabajo muy detallado. Suele ser parte del motivo por el cual al museo le cuesta actualizar la información”, indicaron.

Qué incluyen las colecciones de objetos que se digitalizan

El plan de digitalización abarcó tres colecciones muy distintas del área de Arqueología del Museo de la Patagonia. La primera colección fue la de Enrique Amadeo Artayeta, el primer director del Museo de la Patagonia.

Para abrir el museo en Bariloche, Artayeta vende su propia colección de materiales a Parques Nacionales. Es una colección de piezas muy destacadas de material lítico de Río Negro y Neuquén”, señaló la arqueóloga. Aclaró que se dispone de muy poca información contextual de ese material, excepto por los relatos de Artayeta.

En este caso, buena parte de la colección de Artayeta estaba expuesta en la sala de arqueología del museo, inventariada y cada objeto estaba en condiciones de conservación ideales.En el marco del plan de renovación, se mejoraron las condiciones de guarda y se hizo un registro fotográfico.

Otra de las colecciones del Museo de la Patagonia que fue incluida en el plan de digitalización se incluyó la de Teodoro Aramendia, que era un docente conocedor de la arqueología del sur argentino a quien Parques Nacionales le pidió que colecte materiales patagónicos en 1949.

Según Bianchi Villelli, Aramendia dejó un buen registro de los materiales que fue recolectando en su recorrida por Ushuaia, Santa Cruz y luego sube por la costa de Río Negro. Este hombre envió 38 cajones grandes de madera al Museo de la Patagonia con restos cerámicos, restos óseos humanos y de animales.

Un 60% de esa colección fue inventariada por Ana Albornoz, una referente de la arqueología local, en 1989. Anotaba en cuadernos lo que analizaba y, según la definen, era una “caracterización muy erudita”. Unas 14 cajas permanecían sin abrir.

Al abrir las cajas pendientes, los investigadores encontraron que la conservación del material embalado “no era tan buena aunque el frío había ayudado mucho. Se registraron las piezas y se convocó a especialistas de otras localidades para analizar los materiales de cada lugar. Cada uno de esos informes se sumaron a las piezas del museo”, contó la doctora Marcia Bianchi Villelli.

Otra colección dentro del plan corresponde a los hallazgos en la excavación de la calle Mitre. Bianchi Villelli formó parte del equipo que recuperó el pozo de basura en medio de la obra de repavimentación de la arteria en 2016. En esa ocasión, se encontraron materiales correspondientes a 1880 hasta 1920 que coinciden con la historia de la urbanización de la ciudad.

“Históricamente, la basura se acumulaba en pozos en la parte posterior de las casas que se iban tapando. Hasta la década de 1930, cuando se hace la obra del Centro Cívico, la calle Mitre terminaba en Quaglia donde estaba el almacén de Wiederhold. A su vez, Capraro levanta la Chile Argentina, que era un almacén de ramos generales. Cuando se demuele, se abre la primera cuadra de Mitre y se crea el edificio del Museo”, subrayó Bianchi Villelli.

Se encontraron restos de comida y mucho material ya que, en ese momento, solía descartarse todo lo que se rompía. También se detectó un reloj a cuerda de bronce y madera que permitió estudiar su mecanismo. “Había muchos frascos de remedios -algunos de los cuales se pudo identificar-. Uno de ellos tenía solo una tapa que decía la marca y una investigadora fue rastreando a qué producto correspondía para recuperar su historia”, contó.

El Museo de la Patagonia funciona de lunes a viernes, de 10 a 12.30 y de 14 a 17. La entrada es un bono contribución no obligatorio de 250 pesos para mayores y 150 pesos para menores (para el mantenimiento).

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