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El fotógrafo que fue al rescate de la memoria de su padre, eje de la nueva muestra del Espacio de Arte AMIA

Jorge Vernazza con la fotografía de su juventud que rescató en su antiguo consultorio: “No recordaba que usé bigotes” (Foto: Maximiliano Vernazza)

A mediados del 2021, Jorge Vernazza (90 años) hizo una limpieza a fondo del consultorio odontológico que usó durante 50 años. El lugar había quedado congelado en el tiempo, como un pequeño museo familiar: había viejas fotografías coloreadas de su niñez, retratos de juventud, diplomas, el sillón de dentista y hasta pinzas nuevas, todavía embolsadas. Fue un repaso obligado y veloz de parte de su vida: le acababa de ceder la vivienda a su hijo menor, Maximiliano. Pero una vez que se produjo la mudanza, continuó yendo: “La arquitecta que hizo el departamento, hizo un jardín con una pileta como para bañarse. Yo puse peces ahí. Cuando me fui quedaron ocho, que siguen en el estanque… Son como las carpas que hay en el Jardín Japonés. Una vez por semana les voy a dar de comer. Hay un sapo también, que lo llevé desde el Jardín Botánico, me lo metí en el bolsillo…”

Hace cinco meses, a Jorge le pasó lo que nadie quiere que suceda con nuestros adultos mayores. “Un día que mi hijo no estaba -le cuenta a Infobae– fui al departamento, al jardín, para llevarle comida a los peces. Y cerré la puerta de adentro con llave. Estaba en el jardín, me caí de cabeza adentro de una planta y no podía salir. Me di vuelta y empecé a gritar. Un médico que vive en el primer piso me escuchó, puso una escalera desde su balcón y bajó. Lo llamaron a Maxi, vino y me llevaron al hospital Fernández, donde me cosieron. Ahora, solo no voy más…”

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En el jardín de la casa donde hoy vive su hijo. Allí se cayó hace cinco meses, sufrió una profunda herida en la cabeza y debió ser auxiliado de urgencia (Foto: Maximiliano Vernazza)

Maximiliano Vernazza, que es un reconocido fotógrafo, ya había comenzado a seguir con la cámara a su papá, a retratarlo en este tramo de su vida, “pero sin una idea en particular, sólo para rescatar y conservar su memoria”. El día que Jorge tropezó se dio un susto de los grandes: “Se enganchó con una raíz. Fue a medio metro del estanque. Podría haber sido peor. Yo estaba trabajando y el portero me llamó. Me dijo ‘tú papá se cayó’. Lo primero que le pregunté fue si se movía… Tomé un taxi y vine corriendo. Estaba todo ensangrentado. Por suerte, ya se le fue hasta la cicatriz”.

El accidente le dio otra perspectiva del paso del tiempo. “Hasta hace un par de años yo siempre pensaba que nunca me iba a pasar nada malo porque estaba mi viejo. Si a mi me pasaba algo, él me iba ayudar en cualquier sentido. Y ahora me doy cuenta que soy yo el que lo tiene que ayudar a él. Eso también me llevó a completar este trabajo…”.

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Jorge Vernazza en el consultorio que ocupó durante 50 años y que debió desmontar para que su hijo se mudara allí (Foto: Maximiliano Vernazza)

El percance también cambió el destino de las fotografías que le tomaba a su papá. Era un proceso creativo que sucedía de forma natural, casi sin que los dos se dieran cuenta. Y que fortaleció una relación de por sí entrañable. “A mi me gusta la gente grande, todo lo relacionado con la Tercera Edad -explica Maxi-. En estos tiempos, por cuestiones laborales y por el COVID, me había distanciado un poco de mis padres. Cuando me mudé al departamento donde papá tenía su consultorio vi cómo luchaba por conservar y seguir adelante con sus recuerdos. Empecé a fotografiarlo, a filmarlo, nos reímos mucho durante este tiempo. Me revinculé con él.

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Jorge y Maximiliano Vernazza, el reconocido fotógrafo que inaugura la muestra “Jorge Vernazza es así” en el Espacio de Arte AMIA, en Pasteur 633 de CABA, este martes 24 de mayo a las 18 horas. Estará hasta el 17 de junio y para ingresar se debe concurrir con DNI

Vernazza, en el pasado, presentó muestras fotográficas como la de Charly García o la del barrio de Once, que recorrieron el país. También fue uno de reporteros favoritos de Diego Maradona: con una foto del astro ganó un premio Pléyade en 1999. Hizo fotos para los principales medios de la Argentina, y hoy es Jefe del Departamento de Fotografía de la Cámara de Diputados de La Nación. Desde este martes, quien se verá expuesto en la AMIA será su padre. Para tomar la decisión de armar una muestra fotográfica -llamada previsiblemente “Jorge Vernazza es así”-, fue clave la visión del gestor cultural Elio Kapszuk, director del Espacio de Arte AMIA y curador de la exposición que se podrá ver en Pasteur 633 desde el martes 24 de mayo (se inaugura a las 18 horas) al 17 de junio, de lunes a jueves de 10 a 19 horas y los viernes de 10 a 16. Para ingresar, se deberá concurrir con DNI.

Kapszuk vio el material de Vernazza y no dudó: “Mucho se escribió y habló sobre la protección o coraza que tienen los fotógrafos cuando están del otro lado de la cámara. A veces esa distancia es necesaria para crear. Pero también existe un prejuicio que dice que la cercanía, el involucramiento, tiene un efecto kryptonita en los fotógrafos. Acá vi cómo Maxi salió airoso de cualquier concepción previa: su obra respira sola. Y nos inspira. Este proyecto propone una entrega absoluta, lleva a cero la distancia protectora y pone al artista en la situación más maravillosa. También la más vulnerable: mostrar sus afectos sin artilugios ni maquillajes. Las imágenes parecen tan simples y comunes que nos generan una profunda empatía basada en la sensibilidad que produce lo espontáneo. Hay ciertas obras que no solo hacen que veamos la imagen propuesta, sino que el concepto fotografiado nos permite proyectar nuestras propias imágenes, nuestros vínculos afectivos. Dicho de otra manera, me resulta imposible ver sus imágenes sin pensar en mi papá y en mamá. Cuando el mundo de otro te abre el tuyo no hay mucho más para agregar. Solo agradecer”.

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Las típicas fotografías coloreadas de antaño en las manos de Jorge Vernazza. Pudo hallar los retratos de su niñez

Jorge, que tiene el mismo sentido del humor que Maxi y una forma de hablar parecida, cuenta que su hijo registró “los recuerdos del ayer, donde fui feliz y trabajé hasta que, bueno, llega un momento en la vida que no se puede seguir por la edad, por los cambios. Ahí siempre estuvo mi consultorio, hasta que mi hijo lo necesitó y le di el departamento”.

Lo que logra Vernazza, en definitiva, es que la memoria de los mayores -en este caso la de su padre- no se pierda. Gracias a su oficio puede conservarla a través de las imágenes. Pero aclara: “No es un trabajo sobre fotos históricas de él, excepto la que está abrazando y una en la que están sus manos mirando imágenes de cuando era chico, porque encontré cajas con fotos pintadas, como se usaba antes… Lo seguí para retratar cómo es su vida hoy”.

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Después de la caída y el golpe, rumbo al hospital Fernández. Hoy, la cicatriz ya casi ni se nota (Foto: Maximiliano Vernazza)

Los Vernazza llegaron a la Argentina desde Liguria, cerca de Génova. Más precisamente de un bellísimo pueblo de pescadores llamado igual que su apellido sobre el mar Tirreno. Jorge nació en Buenos Aires, en la calle Malabia al 2400 del barrio de Palermo, el 1º de octubre de 1931. Hoy vive a dos cuadras de allí. Y por esos malabares del destino, vuelve a la casa de su infancia para ver a su kinesiólogo, que tiene el consultorio precisamente donde transcurrió su niñez. “Mi abuelo se llamaba Bernardo Samuel, vino de Italia”, relata con un poco de ayuda de Nilda, su esposa, que apuntala su memoria. “Es que ella se acuerda de todo porque no tiene la edad que tengo yo”, bromea Jorge, y sigue con el recuerdo. Sobre todo, con uno que -se nota- hubiera querido modificar. Durante la charla, volverá al asunto: “A mi madre, Delfina Roccatagliatta de Vernazza, que era maestra de escuela, un partero italiano le dijo ‘la donna no debe morir en el parto…’, y ella se asustó tanto que ya no quiso tener más hijos. Mi papá era Samuel Jorge, empleado bancario”.

Jorge hizo la primaria en un colegio de varones, del que no recuerda el nombre pero sí la calle: “Reconquista”. Pero sí guarda en su memoria que en su casa convivió con sus padres y sus cuatro abuelos. Y enumera la gran cantidad de inquietudes que tuvo desde niño: “A toda mi familia le gustaban mucho las plantas. Sobre todo a mi abuelo paterno, que también vino de Italia. La casa tenía un patio con un hermoso árbol, y en la terraza, plantas. ¿Y sabés qué más? Palomas mensajeras. Mi papá las hacía correr. Arriba tenía un lugar para las palomas. Después las criaba yo”.

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Una imagen de la recuperación en su departamento de Palermo (Foto: Maximiliano Vernazza)

-¿Cómo era el Palermo de tu juventud, Jorge?

-Era de casas bajas. Todavía hay. La casa donde nací, por ejemplo, está igual, a media cuadra del Jardín Botánico. Ahí aprendí también a hacer cerámica, con una señora que vivía cerca. ¡Y bonsai! Muchas cosas hice, eh (sonríe). Bonsai llegué hasta enseñar en el Botánico también. ¡Lástima que no tuve ningún hermano por ese partero…! pero pasó así.

Cuando terminó el colegio secundario, Jorge comenzó a estudiar odontología. “No se bien porqué, pero me gustó más ser dentista que médico. El primer consultorio lo tuve en la casa donde nací, sobre Malabia. Y luego fui profesor en la Facultad”, resume.

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El trabajo que se expondrá transita por situaciones cotidianas de la vida de Jorge y es un rescate de su memoria (Foto: Maximiliano Vernazza)

Un día llegó una joven desde Lanús a atenderse a su consultorio. Y se gustaron. Nilda todavía está junto a él: se casaron hace 59 años. “Un día la invité a salir, y pasó de ser mi paciente a ser mi amor”, se emociona Jorge. Nilda, a quien llaman Pochi, recuerda que “ me invitó a una confitería en Corrientes y Callao, La Ópera, una muy tradicional. Después de eso estuvimos un tiempo de novios, nos casamos y llegaron Gustavo (58, odontólogo como el padre), Alejandro (57, médico) y, al tiempo, Maxi (51). Ellos nos dieron 8 nietos: 7 son varones y una nena que es de Maxi…”

-¿El hijo menor es el consentido siempre?

-(ríen ambos) Si.

Cuando sus hijos eran chicos, recuerdan, habían rutinas inalterables: los domingos caminaban por Malabia, hasta Barrio Parque, e iban descubriendo las casas de los famosos: la de Pinky, la de Mirtha… También -cuenta Nilda-, Jorge los ponía a juntar musgo de las paredes cuando preparaba sus muestras de bonsai en las macetas de cerámica que fabricaba él mismo. Ambos reconocen que sus tres hijos son distintos en la forma de pensar, pero que hay algo que los iguala y no se discute: en esa casa son todos hinchas de Boca. “Son bravos los Vernazza (bromea Jorge)… A Maxi lo quiero como él me quiere a mi. Siempre estoy pensando en sus fotografías, en su carrera…

-Hasta el martes que veas tus fotos (bromea el hijo y se ríen cómplices).

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Jorge Vernazza junto a su esposa desde hace 59 años, Nilda, en la cocina de su casa (Foto: Maximiliano Vernazza)

Dice Jorge que la muestra le da “un poco de miedo, no sé qué va a pasar… Pero hacerla me hizo recordar muchas cosas. Por ejemplo, no me acordaba que usaba bigote. Entre las cosas que encontré en el departamento donde tenía el consultorio estaban mis títulos, mis diplomas. Mi papá los enmarcó, él mismo hizo los marcos. Eso me emocionó mucho, porque recordé no sólo mi alegría, sino la que produje en mis padres, porque fui el primer universitario de la familia. Yo espero vivir un poco más para seguir viendo todo esto…”

El desarme de su consultorio podría parecer el epicentro de la muestra. Como dice Vernazza hijo, “el cierre del círculo de la vida de mi papá”. Pero la actividad de Jorge lo desmiente. Hay mucho hilo en ese carretel. Una vez que se jubiló, se puso a estudiar italiano. Y a cantar en el coro del ILSE (Instituto Libre de Segunda Enseñanza). La pandemia congeló esas actividades, y hoy le da un poco de miedo ir a ensayar: “Me llaman para ir. Pero ya no tengo auto, y tendría que estar desde las 8 de la noche hasta las 10. Es frente a Tribunales, pero debería salir muy tarde y como está la situación, mejor no. Ganas de volver no me faltan. Pero será… o no será”.

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Hoy, a los 90 años, Jorge concurre a un “Curso de Memoria”. Allí hace ejercicios con una psicóloga y se reúne con adultos mayores (Foto: Maximiliano Vernazza)

Lo que sí hace es acudir puntualmente a un “Curso de Memoria” para mantener ágil el cerebro. “Tengo una psicóloga que me hace hacer trabajos de multiplicación, suma y otros ejercicios. Viene una semana a casa y después voy al lugar que tiene en Caballito y me junto con gente, charlamos, compartimos. Somos hombres y mujeres mayores, los quiero a todos”, explica Jorge. Maxi añade que a esa actividad la coordina el dr. Miguel Vanelli, que fue paciente de su padre. Y lo chicanea: “La parte que más le gusta es cuando llega el café con leche y las medialunas…”. “Eso también”, retruca su papá y los dos, con la complicidad del amor, se vuelven a reír.

GALERÍA:

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Toda su vida, Jorge vivió y trabajó en el barrio de Palermo (Foto: Maximiliano Vernazza)
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Dice el fotógrafo que el seguimiento de su padre los hizo revincularse desde otro lugar. “Nos reímos mucho”, asegura (Foto: Maximiliano Vernazza)
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Jorge y un corcho con fotos familiares. Junto a Nilda tuvieron tres hijos y hoy disfrutan de 8 nietos (Foto: Maximiliano Vernazza)
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Jorge en su departamento de la calle Malabia. Allí despunta su pasión por las plantas y los bonsai. Antaño dio cursos de cómo cultivarlos en el Jardín Botánico (Foto: Maximiliano Vernazza)
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Jorge y su esposa Nilda en su departamento. Se conocieron cuando ella lo fue a ver como paciente a su consultorio odontológico, hace más de 60 años (Foto: Maximiliano Vernazza)
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La visita de Jorge a la peluquería del barrio no escapó a la lente del fotógrafo (Foto: Maximiliano Vernazza)
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La habitación de Jorge y Nilda en la mirada de su hijo (Foto: Maximiliano Vernazza)
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A veces, el fotógrafo presenta a su padre de forma frontal. Otras, apenas atisba su intimidad (Foto: Maximiliano Vernazza)
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Objeto cotidianos y medicamentos. El recorrido por la vida de Jorge Vernazza es exhaustivo (Foto: Maximiliano Vernazza)
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Jorge Vernazza se esconde detrás de un retrato de él mismo. El humor es otra de las aristas de la muestra (Foto: Maximiliano Vernazza)

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