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El personal jerárquico era anglosajón y hasta teléfonos tenían

Del lado rionegrino del río, se extendían desde Cerro Policía hasta Pilcaniyeu. Las ovejas “patagónicas” terminaban su engorde en cercanías de Buenos Aires, adonde era conducidas por rodeo primero y tren después.

Las zonas aledañas al río Limay albergaron estancias desde comienzos del siglo XX, con fuerte presencia de explotaciones británicas. Su personal jerárquico era de origen anglosajón y alcanzaron tal grado de complejidad que estaban comunicadas entre sí por líneas telefónicas, cuando en las poblaciones cercanas aspirar a un teléfono domiciliario era una utopía. Hasta la década del 60 los establecimientos ingleses ocuparon vastas superficies de tierras, que se extendieron hasta Pilcaniyeu inclusive.

Entre otros investigadores, analizaron esa distribución de las tierras Ernesto Bohoslavsky y Daniel Caminotti, en el artículo que titularon “Trabajadores rurales del Limay: peronismo, condiciones de trabajo y capital inglés (1940-1950)”. El trabajo fue parte del IV Congreso de Historia Social y Política de la Patagonia Argentino-Chilena, que se llevó a cabo en Trevelin en 2001. Por entonces, los dos autores se desempeñaban en la Universidad Nacional del Comahue.

“Desde las primeras décadas del siglo XX quedaron constituidas en la zona grandes estancias que contaban con respaldo de capitales nacionales o extranjeros. Entre ellas se contaban sociedades anónimas de origen chileno e inglés que eran representadas por personal jerárquico de origen anglosajón (ingleses, sudafricanos y australianos)”, establecieron los historiadores. Claro que los peones eran de origen mapuche o criollo.

Según el relevamiento de Bohoslavsky y Caminotti, “en el Limay, estas estancias abarcaban desde El Chocón hasta Bajada Colorada, y en El Cuy, desde Cerro Policía hasta Pilcaniyeu. En este espacio, la principal explotación era la Compañía San José de Tierras, con un total de 15 000 ovejas a las que se le sumaban las pariciones y 2000 vacas. Era un establecimiento de unos 25 kilómetros de la costa sobre el Limay, totalizando 62 500 hectáreas”. Claro latifundio.

El método de trabajo era característico, ya que “en los establecimientos ingleses había un riguroso control de los ovinos y el tamaño de las majadas en cada sección para evitar el agotamiento de la tierra”, observaron los investigadores. “Solo se criaban ovejas corriedale para cuidar la pureza de las razas y no se mezclaban los animales en los cuadros y potreros. En estas estancias se vacunaba, se armaban alambrados móviles al efecto de controlar el ganado, se traían animales de Australia” y otras innovaciones.

Uno de los emprendimientos sobre el Limay fue emblemático. “Dentro del racimo de estancias inglesas, destacaban las que poseía la Sociedad Ganadera Gente Grande, una sociedad anónima con casa matriz en Santiago de Chile. Administraba seis estancias, totalizando ya en 1931 unas 300 000 has, 7500 vacas y 109 000 ovejas. Todas estaban alambradas y tenían potreros interiores. Incluso estaban unidas por líneas telefónicas propias que llegaban a sus dependencias y oficinas nacionales de correos y telégrafos, como Chimehuin y la balsa de Collón Cura”, establece la investigación.

Ya por entonces, la Patagonia miraba a Pampa Húmeda. “Estos establecimientos eran parte de una cadena productiva que terminaba en la provincia de Buenos Aires cuando se llevaba el ganado para la fase final de engorde. Todos los años se enviaban por tren, previo transporte por tropa a través del territorio de Río Negro, vadeando el río Limay y, desde allí, embarcar por Senillosa”. Grandes rodeos que nada tenían que envidiarle a los del Viejo Oeste estadounidense.

Según el testimonio de un excapataz de una estancia inglesa, “cuando se iba a esquilar venía el gerente del sur y clasificaba el ganado vacuno y ovino. Se juntaba toda la borregada que hay, como ser 4 o 5000 borregos, y los clasifica todo él. Y no tienen que tener ninguna mancha negra en la lana ni en la pata, y de manera que va dejando lo mejor de la hacienda, relegado para hacer tropa y se le agregaba los que tenían más de seis años”.

Compartió el recuerdo para la investigación Catalino Díaz, quien trabajó durante 25 años para la estancia de capitales ingleses San José. Oriundo de Neuquén, al momento de dialogar con los investigadores estaba jubilado y residía en Picún Leufu. Otro entrevistado, Ángel González, confió que “los ingleses eran muy correctos, pero era muy duros para hacer trabajar a la gente. De sol a sol”. En su caso, trabajó 40 años en una estancia. “Unos trabajan de trueno y es de otros la llovida”, solía cantar Atahualpa Yupanqui.

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