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Fue gloria de Tigre y verdugo de Boca, tuvo una panadería y hoy trabaja en la construcción: “No tuve la suerte de salvarme con el fútbol”

“No tuve la suerte de salvarme con el fútbol”, dijo el ex delantero

En vísperas de la final de la Copa de la Liga entre Boca y Tigre en el Mario Alberto Kempes de Córdoba, existe un enfrentamiento entre ambos equipos que fue histórico. El 23 de diciembre de 2008, el Matador superó 1 a 0 al Xeneize, correspondiente al partido desempate de aquel polémico triangular del cual también participó San Lorenzo. Con el triunfo, los de Victoria quedaron a las puertas del título, que quedó para el elenco entonces orientado por Carlos Ischia.

La figura de aquella tarde en el Cilindro de Avellaneda fue Leandro Lazzaro, quien marcó el gol del cotejo. “Fue un sabor amargo porque no pudimos ganar el campeonato, pero fue una satisfacción haberle ganado a Boca y haber convertido el único tanto del partido”, remarcó el ex delantero que, además, pasó por Nueva Chicago, dos clubes en República Checa, cuatro en Italia, Estudiantes de La Plata, Instituto de Córdoba, Deportivo Merlo, San Lorenzo de Alem, Sportivo Italiano y Ferrocarril Roca.

Tras una extensa carrera de 23 años como futbolista profesional, Lazzaro eligió otra vida después de haberse retirado. Fue dueño de una panadería, de un local de ropa en un Shopping de Buenos Aires, y hoy hace trabajos independientes y tercerizados de bienes raíces. “Soy un laburante. No tuve la suerte de salvarme con el fútbol. Siempre intenté emprender cosas nuevas y desafíos; estar preparado para hacer otra cosa y cualquier empleo dignifica, ninguno es malo”, recalca en un mano a mano con Infobae.

-¿Qué es de tu vida, Leandro?

-Despuntando el vicio en la liga amateur de Lobos. Juego los domingos para estar activo y bien en lo físico. Además, hago un par de cositas en el extranjero referidas al fútbol como agente de jugadores. Es un laburo independiente. No tengo un trabajo fijo. También, estoy dedicado a la construcción.

-¿Tenés una empresa constructora?

-De bienes raíces. No es una empresa, sino trabajos independientes y tercerizados. Nada fijo. Soy un laburante. No me gusta encasillarme en nada para tener libertad en los horarios. Además, estoy encaminando un proyecto en el sector gastronómico con la idea de tener un nuevo desafío por delante.

-¿Es cierto que trabajaste en una panadería?

-Sí, tuve un local de ropa y una panadería, pero la pandemia fue dura y tuve que dejar ambos locales. Hacía de todo (risas). Desde cocinar medialunas hasta atender a los clientes que venían. En el negocio de indumentaria trabajaba en el Shopping Las Toscas, de Canning. Me llevaba 12 horas por día. De esta manera, tuve muchos problemas y largué todo. Fueron dos años muy duros.

-¿Cómo te sentías trabajando en algo que no era lo tuyo, ya que siempre estuviste ligado al fútbol?

-La verdad que siempre tomé al fútbol como un trabajo. De hecho, nunca estuve obsesionado con ser futbolista. Es más, no hice divisiones inferiores y de adolescente me dediqué al estudio. Cuando terminé el secundario, me hicieron una prueba en Nueva Chicago y quedé. A partir de ahí, tomé la decisión de jugar y no estudiar porque los tiempos no daban para todo. Al fútbol lo utilicé como una forma de vida y como un trabajo que en algún momento se iba a terminar por el tema físico. A raíz de eso, siempre intenté emprender nuevos desafíos. Uno debe estar preparado para hacer otra cosa y cualquier empleo dignifica, y ninguno es malo.

-Repasando tu carrera, ¿estás salvado económicamente?

– No, para nada. Siempre fui un laburante del fútbol. Son muy pocos los futbolistas que se salvan económicamente, que serían los que se destacan en el exterior. Está ese mito de que emigrando te salvás y la verdad que no es así. No digo que no tengo un buen pasar económico, pero hay que seguir laburando, porque lo que facturaba cuando jugaba es una cosa y hoy la situación es otra. Yo tenía un estilo de vida mucho más alto y en el presente no puedo llevarlo a cabo. De esta manera, debo acomodarme. Por este motivo, hay que buscar alternativas. Tengo mi casa y algunas inversiones, pero nunca tuve lujos y sigo viviendo en el mismo lugar.

-¿No te seduce ser entrenador o ayudante?

-Soy entrenador, tengo el curso hecho y el de manager deportivo también. Dirigir no es algo que me apasione porque está muy deteriorado en nuestro país, ya que contás con muy poco tiempo de trabajo y en un contexto que es muy resultadista. En mi caso, el resultado es una consecuencia del laburo. Se hace difícil y dura la vida del director técnico. Me gusta más la parte de ser manager e integrarlo con el fútbol amateur y las finanzas del club.

-Leandro, ¿de Tigre te llamaron alguna vez para ocupar un cargo deportivo?

-Nunca más me llamaron y siempre me postulé. Quizá no me quieren demasiado (risas). Y están en todo su derecho. Es más, hoy Tigre no tiene una figura de manager deportivo y podría encajar muy bien. No tuve la chance de reunirme con el presidente Ezequiel Melaraña para exponerle mi trabajo. Por ahora, al club todo le esta saliendo bien, pero yo me ofrecí cuando se fue al descenso y había que restructurar un montón de cosas.

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-¿Cómo lo ves al equipo de Diego Martínez?

-Muy bien. En su momento, cuando lo designaron me parecía que el entrenador justo para el momento que atravesaba el club. Nos enfrentamos cuando jugaba en Italiano y él en Cañuelas. Su ex ayudante de campo, Juan Manuel Sara, es amigo mío y compartimos plantel en Nueva Chicago. Mas allá de si gana o pierde contra Boca, Tigre tiene una identidad de juego y responde a un trabajo en la semana.

-¿Qué análisis hacés en la previa a la final de la Copa de la Liga?

-Para el conjunto de Victoria es la gran final, para el Xeneize será una más. No importan cómo lleguen ambos. Si llegaron a la final es porque se lo merecen, más allá de si juegan bien o mal. Hoy, en un fútbol tan resultadista, me da bronca cuando critican a Boca que gana y gana, pero dicen que no juega bien. Ahora, cuando otro equipo se destaca y pierde, no se lo reconoce. En este país es preferible jugar mal y obtener resultados. En definitiva, ambos llegan de la mejor manera.

-¿Cuál es el candidato para quedarse con el título?

El candidato es Tigre. Será un partido parejo. No tendrá nada que ver con la final de Supercopa 2018/9 cuando se enfrentaron en el Kempes y ganó el equipo de Victoria que estaba descendido. Hoy, la motivación es otra y está más maduro. Luego de disputar un torneo Nacional muy largo, ésta será la primera final en Primera y lo agarra con un esquema de juego definido. Pero Boca es Boca, uno de los más grandes de Argentina y con mucha experiencia en disputar finales.

-Por el Apertura 2008 en el partido desempate del triangular que participó también San Lorenzo, Tigre le ganó a Boca 1 a 0 con gol tuyo

-Sí, recuerdo que en mi etapa en Tigre me fue muy bien con los equipos grandes. La única estrella que tiene Tigre fue justamente es la final que le gana a Boca por 2 a 0 en el Kempes. Ojalá que se puede repetir.

-¿Qué recordás de aquel choque con Boca que perdió, pero se consagró campeón del Apertura 08?

-Fue un sabor amargo porque no pudimos ganar el campeonato, pero contento de haberle ganado y convertido un gol a Boca. Tuvimos un muy buen torneo. Es agridulce el sabor de haber perdido el campeonato. Luego se habló de que el triangular estuvo mal hecho.

-¿Fue el gol más importante de tu carrera?

-Fue uno de los más importantes, junto con el que le marqué de chilena a Nueva Chicago en el Ascenso, y otro con la camiseta de Salernitana al Napoli en el San Paolo. Hubo goles importantes que me acompañaron y los recuerdo muy bien.

-¿Qué fue lo más lindo que viviste en Tigre?

-Todo el periodo de haber llegado al Nacional B, con muchas expectativas de juego y sumarme a un plantel muy competitivo. Con avance, sacrificio y goles me fui metiendo en el equipo. Coronamos un año increíble con el ascenso a Primera y después nos mantuvimos con el mismo cuerpo técnico durante varios años más. Fueron tres años y medio de puras alegrías. No me puedo quejar del cierre que le di a mi carrera como futbolista.

-¿Es cierto que Boca quiso incorporarte?

-Sí, cuando jugaba en Nueva Chicago se interesó por mí, tras haber estado tres años en el Nacional B. Tuvimos contactos con dirigentes xeneizes en 1996/7. Era un salto muy difícil que tenía que dar en una época que se hacía difícil desarrollarse en la máxima categoría. En ese momento no se dio porque la dirigencia del conjunto de Mataderos consideró que la propuesta de Boca era baja. Me quedé, y luego terminé partiendo a República Checa. Un tiempo después, cuando jugaba en Estudiantes de La Plata en el 2008 tuve la posibilidad de ir a San Lorenzo, club del cual soy hincha, y me hubiese gustado. También me buscó Racing.

-¿Qué diferencia encontraste entre el futbol argentino y el checo?

-Allá es un juego muy físico y duro. Fui el primer argentino y sudamericano en jugar en la Liga checa. Llegué en 1995 y recién salían del comunismo. Un juego muy cerrado y con costumbres muy distintas a las nuestras. No es muy técnico, pero sí muy táctico. Costó adaptarme durante los cuatro años que estuve. Pasé por dos equipos y logramos clasificar a la Champions y a la Europa League.

-¿Es cierto que en República Checa te ponían otro apellido en la camiseta?

-Yo soy Lazzaro por parte de mi papá, y Liuni por el lado de mi mamá. Pero en Liberec interpretaron que Leandro Lazzaro era mi nombre completo y en el dorso de la camiseta figuraba Liuni. Se hicieron varias camisetas así y se vendieron. Pero solo la utilicé en el primer partido, ya que para el segundo les aclaré que “yo soy Lazzaro”.

-¿Te costó adaptarte a otro país muy diferente al nuestro?

-Sí, especialmente a la forma de entrenamiento. Recalé en República Checa el 2 de enero, en pleno invierno, con temperaturas de 20 grados bajo cero y mucha nieve. La forma de entrenar era muy dura, con la utilización de un sky nórdico en varios turnos al día. Esa parte fue muy dura y, además, fue una larga pretemporada de 45 días.

-¿Qué fue lo que más te sorprendió de la cultura checa?

-Toman mucho alcohol. Todos los miércoles teníamos la cena con los integrantes del plantel y es impresionante lo que beben: seis litros de cerveza cada jugador durante la comida. Luego, ingieren bebida blanca y terminan muy mal. Al otro día, se presentan a entrenar como si nada. Ninguno llega tarde y practican como si fuera el último día. Es admirable por la fortaleza física que tienen. Si yo les seguía el tren, no hubiera podido jugar ni un minuto porque no estamos acostumbrados a esa cultura.

Luego, te fuiste a jugar a Italia. ¿Qué diferencia percibiste de una liga a la otra?

-En Italia hice un lindo recorrido por cuatro regiones muy distintas, siempre jugando en el ascenso. En Roma vivía al lado de la Villa de Adriano. Sí, del Emperador. Un lugar único, incomparable. Mi hija, Azul Lucero es italiana. Tuve la suerte de jugar en varias categorías. El juego es muy táctico. La diferencia con República Checa es el clima. Especialmente, en el Sur italiano, donde el sol se mantiene un poco más.

-Jugaste en cuatro clubes y viviste en Roma. ¿Qué costumbre adquiriste de los italianos?

-Siempre mantuve las costumbres argentinas. Cuando viví en República Checa noté que cenan a las 18 y a las 20 ya están durmiendo. Esas costumbres nunca pude adquirirlas y siempre me mantuve con los horarios de nuestro país. Con la comida, igual. En Italia me hice fanático de las pastas.

Fanáticos del Napoli en el estadio Diego Armando Maradona. Foto: REUTERS/Ciro De Luca
Fanáticos del Napoli en el estadio Diego Armando Maradona. Foto: REUTERS/Ciro De Luca (CIRO DE LUCA/)

– ¿La pasaste mal jugando de visitante en Napoli cuando ibas con Salernitana?

-Era difícil porque el clásico es muy caliente. Tuve la suerte de marcarle un gol importante en el San Paolo. El temperamento del napolitano es similar al del argentino. Y costaba ir a caminar por Nápoles sin que nadie te dijera nada. No podía ir a recorrer la ciudad porque me mataban sabiendo que era de Salernitana. Directamente no me animé.

-¿Cómo fue ese día la llegada al San Paolo, en la previa al clásico?

-Muy complicada. No nos quedó un vidrio sano en el micro antes de la llegada al Diego Armando Maradona. Nos pincharon las ruedas. Fue terrible. Después del juego, nos quedamos seis horas en el vestuario para poder salir del San Paolo y volver a Salerno. La entrada al estadio fue bastante heavy. Al micro lo seguían 300 motos, con 2 o 3 tipos por Vespa. Llegamos a la cancha con lo justo. Al chofer le gritábamos que siguiera, que no parara. Entramos con los vidrios rotos, las gomas pinchadas, nuestro médico todo cortado, todos pálidos. Ahí sí tuve miedo de verdad. Yo me metí debajo del asiento. Pensé que nos mataban..

-Ese día empataron 1 a 1 con el Napoli. Y marcaste uno de los goles mas históricos del equipo de Salerno.

-Sí, fue el gol más importante de ese momento. Han pasado 20 años y todos los 27 de enero me siguen saludando y llamando. Eso es lindo. Pasa el tiempo y cada vez se agranda un poco más.

-¿Por qué se cayó tu llegada al Atlético de Madrid?

-Me vinieron a ver cuando con el Liberec checo enfrentamos al Liverpool de visitante por la Copa UEFA. Después, el presidente de ese momento, Jesús Gil y Gil, tuvo problemas con la Justicia, lo metieron preso por lo de Marbella y, de esta manera, se cayó mi pase, porque se paró la actividad del club. Me quedé en la puerta de la posibilidad de negociar mi llegada al equipo madrileño.

-¿A qué edad te retiraste?

-Nunca me retiro. No hay una fecha fija de decir “me retiré y no juego más”. Todavía sigo despuntando el vicio en una Liga amateur de Lobos. Me mantiene activo a los 48 años. Por suerte nunca tuve lesiones y eso es importante para seguir activo. Siempre recomiendo que sigan jugando hasta que no puedan más, porque después no hay vuelta atrás.

-A esta altura, ¿se disfruta más jugar o jugás a ganar como sea?

-Juego con el cuchillo entre los dientes y a ganar como sea. No me relajo, sino directamente no juego. Si me invitan a competir por nada, ni voy. Siempre que entro a una cancha de fútbol es por algo, si no me quedo en mi casa.

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