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Ingrid Roddick: “Tenemos que volver a estar juntos”

La artista está presente a través de sus obras en tres muestras simultáneas, como si urgiera recuperar el tiempo perdido. Cartografías imaginarias y reales, junto a representaciones de registros sonoros.

Geografías labradas se titula la muestra que Ingrid Roddick mantendrá hasta el 15 de noviembre en Vertiente–Café con Ideas. Incluye obras que abarcan un lapso temporal de seis años con predomino de sus mapas tan característicos, cartografías que reproducen lugares a veces concretos, otras sólo imaginarios. También despunta uno de sus experiencias más recientes: la representación artística de registros sonoros.

El diálogo con El Cordillerano se produjo una mañana del fin de semana extra largo, mientras el café comenzaba a poblarse de visitantes. “Geografías labradas es una serie de mapas que hice en distintos momentos, desde 2014 hasta este año. No todos son de lugares que existan, muchos existen en mi imaginación”, introdujo la expositora. “Todos están bordados y la labor de bordar es muy común en las mujeres, un tema que también aparece mucho en estos tiempos”.

Explicó también el título de la exposición: “Pensaba en la labor de la tierra: si bien yo no me dedico a labrar la tierra, sí percibo qué pasa con la tierra, desde la influencia del hombre o de la naturaleza”, sumó Roddick. “Uno podría decir que la naturaleza también labra: un río cuando socava o en el caso de una de las obras, que es sobre el volcán”, resaltó. “Hice una serie muy grande de mapas con la erupción del Puyehue o cordón Caulle y cómo eso labró nuestro entorno. Los mapas están concentrados en la pluma de ceniza, que tanto influyó en la zona”, recordó la artista.

Aproximaciones 20 y 13 al Volcán Puyehue-Cordón Caulle.

Los mapas de Roddick ya pudieron disfrutarse en otras oportunidades, pero “lo nuevo tiene que ver con el entorno sonoro. Acá está el primer trabajo que hice, que fue a partir de una residencia en Isla Victoria”, reseñó. “Me había puesto a pensar cómo registraría ese entorno y qué coleccionaría. Si bien anoté de todo, los animales y plantas que vi, los olores y sabores posibles, terminé trabajando mucho con el entorno sonoro y haciendo muestreos en distintos lugares de la isla”.

En la fase previa, la artista anotó sonidos. “Diez minutos en una zona de pinos, que no son autóctonos, entorno muy diferente a uno de bosque nativo, que también existe en la isla. Son cinco situaciones en distintos lugares, algunas a orillas del lago, que siempre es muy influyente en mi paisaje sonoro y en mi vivencia de Bariloche. Cuando vas al lago, lo único que se escucha, básicamente, es el lago. Entonces, es volver a tomar conciencia”, ilustró.

En esa línea dijo que “hay una frase muy interesante de Walter Benjamin: volver a mirar con nuevos ojos. Eso me pasó: escuchar ese entorno con nuevos oídos”. Luego, “en el registro, busqué una estrategia para mostrar esos sonidos: hilitos que atraviesan el papel con esa idea de labrar la obra y también, una idea de visualización de datos. Los más típicos son los gráficos de barra y de torta, pero hay otras maneras de poner el puño de uno y la expresividad, entonces arribé a una situación, que es la que estoy mostrando ahora”, indicó.

Por estos meses, obras de Roddick están presentes en tres ámbitos distintos, como si después de la hibernación forzada que impuso la pandemia, fuera necesario irrumpir en escena, en sentido más o menos literal. “Es casualidad, pero una amiga dice que las casualidades no existen”, bromeó. “Esta (la de Veriente) estaba programada para marzo del año pasado, así que quedó en suspenso. La del hotel Design Suites fue por invitación de Valeria Fiala, que organiza las muestras y está proponiendo que sean individuales por el tema de los aforos y que no haya muchos artistas al mismo tiempo. Fue un desafío relindo de concretar porque hay mucha obra, se llama Colecciones”.

De la tercera también dio cuenta unas semanas atrás El Cordillerano. Se titula Hilando derivas y es compartida con Soledad Escudero y Catalina Galdón. En este caso, provino de “una situación que se dio porque hostería de La Luna abrió sus puertas para muestras con una propuesta interesante. Fuimos y dijeron que sí”. El reducto específico se denomina Inefable Café y tiene como curadora a Pilar Vega, también artista plástica.

Más allá de las casualidades o no, “salí con mucha energía a mostrar. No entiendo a la gente que sigue en la virtualidad, yo quise volver a estar ahí, no sólo en la naturaleza sino también en la vida, entre las personas. Con todos los cuidados necesarios, pero tenemos que volver a estar juntos, de alguna manera”, proclamó Roddick, que, a pesar de tanta efervescencia, no piensa aflojar.

En efecto: “Estoy muy entusiasmada y tengo proyectos de pensar situaciones al aire libre: presentamos uno con Mercedes Schamber y Marcelo Iglesias a propósito de una cabina telefónica que hay en la estación de trenes. Esperemos que salga… Después, con Soledad Tuero hemos hablado de hacer cosas en la naturaleza, al aire libre con distintas ideas”. Por otro lado, adelantó la artista: “Yo vivo en Casa de Piedra y el año pasado, se organizaron unas ferias en una plaza muy grande, tengo ganas de seguir con esa situación de feria y mostrar obra en papel, más accesible a las personas que van a una feria”. Pareciera que no queda más tiempo que perder.

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