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Isaac Sacca y su mensaje de Janucá: “La construcción de una sociedad se hace a través de la diversidad”

Es mejor vivir todos juntos con distintas opiniones, que vivir todos con una sola opinión que fue impuesta por la fuerza”, define Isaac Sacca, el gran rabino de la Comunidad Sefaradí de Buenos Aires y presidente de la Organización Judía Mundial Menora. Lo dice en tono de reflexión, de enseñanza. Lo inspira el comienzo de Janucá, que de acuerdo al calendario judío se celebra desde el 25 de Kislev hasta el 2 ó 3 de Tebet, y que en este 2021 se inauguró con la puesta de sol del domingo 28 de noviembre y finaliza durante la tarde del lunes 6 de diciembre.

Janucá es, para el rabino, la fiesta que celebra la diversidad. Tiene su raíz en la historia: rememora los sucesos de los años 168-164 a.c., cuando el territorio de Judea era dominado por el Imperio Seléucida, uno de los sucesores del imperio de Alejandro Magno, en el que se impuso una serie de decretos que restringían severamente la libertad religiosa y coartaban fuertemente la autonomía del pueblo judío. “Tiene que ver con la recuperación de la independencia de la ciudadanía judía que vivía en la tierra de Israel por parte de un grupo de personas que se rebelaron contra la autoridad que quería imponerles la cultura griega, helénica a los judíos que residían en la tierra de Israel -expresa Sacca-. Ellos no aceptaron asimilarse, perder su identidad, sus tradiciones, sus costumbres. No es que se rebelaron contra la autoridad de turno, sino que se rebelaron contra la actitud de querer quitarles su identidad como pueblo. Se levantaron en armas, lucharon contra el opresor, conquistaron y recuperaron la soberanía del país de Israel”.

“Este es el acontecimiento histórico que recordamos: recuperar la identidad, la soberanía, el dominio de nuestro propio destino como pueblo y no que venga otro pueblo a imponer cómo un pueblo debe pensar, hablar, conducirse. Eso es Janucá”, sintetiza. La dinastía de los Jashmonaim se extendió durante 200 años: en homenaje a la reapertura del templo se prendió la Menorá, el candelabro de ocho brazos que se convirtió en emblema simbólico de la celebración de Janucá, cuyo significado representa la inauguración.

El saludo tradicional de Janucá es “Jag Saméaj”, que se traduce como “que tengas una alegre fiesta”

(Lihue Althabe/)

Bien lo explica el rabino: “El día en que se recuperó el gran templo de Israel, y como primer acto de inauguración de un templo que estaba en desuso por orden del imperio dominante, se volvió a encender la menorá, un candelabro que se utilizaba en el gran templo de Jerusalén”. Ese acto también estuvo relacionado con un milagro: el aceite duró más tiempo del que podía durar y quedó como símbolo principal de esta conmemoración”.

La historia de la heroica gesta de los Macabeos apunta que cuando tomaron posesión del templo profanado por Antíoco Epifanes, descubrieron que no había aceite puro suficiente para encender la menorá. Necesitaban un aceite procesado de una manera determinada, de acuerdo con las normas bíblicas, que demandaba un trabajo de ocho días. El frasco de aceite hallado tenía líquido para un solo día. Igual encendieron el candelabro, aún sabiendo que deberían recargar el aceite. “El milagro de la duración antinatural del aceite de la velas tiene como enseñanza que cuando uno persigna y brega por la luz, aun con poco poder, la luz se sobrepone milagrosamente frente a la corrupción”, expresa Sacca.

Los pocos, cuando tienen valores, pueden vencer a los muchos que no tienen valores”, describe como mensaje el gran rabino. Pero el principal mensaje de la festividad es otro: “El derecho a los individuos, a los pueblos y a las ideologías a permitir ser, existir -define Sacca-. Nadie tiene derecho ni autoridad para obligar al otro a pensar y actuar de una manera específica. Los seres humanos somos libres, no solamente de movimiento sino libres en el pensamiento. Y las ideologías de los grupos se deben respetar. Cuando alguien intenta masificar las ideas está atentando contra la naturaleza humana. Dios creó un mundo donde las ideas son distintas, donde existe la diversidad y atentar contra ella es atentar contra la naturaleza, contra el crecimiento de la sociedad y de la humanidad. Acá se cometió un sacrilegio: un imperio quería conquistar a otros pueblos y no solamente administrarlos sino también imponerles las formas de pensar, su religión, sus ideas, sus principios. Ya el pueblo judío nace en la festividad de Pesaj con el concepto de libertad. Pero la libertad, en esa época, era una libertad más relacionada con lo físico. Janucá nos viene a enseñar una libertad de pensamiento que debe ser respetada y es tan grave esclavizar a alguien físicamente como esclavizar a alguien ideológicamente”.

Rabino Isaac Sacca
“Los pocos, cuando tienen valores, pueden vencer a los muchos que no tienen valores. El mensaje de Janucá está asociado a la luz de la menorá que se enciende y puede quitar mucha oscuridad”, dice Sacca (Lihue Althabe/)

Los tiempos y los siglos cambiaron, pero para el rabino el mensaje de Janucá se mantiene inalterable. “Si bien hoy vivimos en un mundo en el que aparentemente nadie desea imponer las ideas por la fuerza a los ciudadanos, sí existe metodologías de marketing o estrategias políticas que de una manera u otra algunos se utilizan para imponer ideas u opiniones y masificarlas en pueblos, estratos o sociedades. Son mecanismos quizás no tan beligerantes o agresivos como en la época de Janucá, pero sí tecnológicos o psicológicos para avasallar el derecho al otro de pensar, filtrarles su opinión, bloquear su identidad”.

Isaac Sacca ofrece un ángulo de interpretación distinto de la historia para darle entidad precisa al suceso histórico. Dice que los Jashmonaim que se rebelaron contra el imperio griego que dominaba la tierra de Israel solo lo hicieron cuando estuvo en jaque su autonomía de pensamiento: cuando se les impuso la administración política aceptaron el sometimiento, cuando vieron amenazada su ideología, reaccionaron. “Janucá es una festividad que cada día adquiere una mayor vigencia. Nos enseña a respetarnos entre las personas, cada uno con su ideología, su forma de pensar. La construcción de una sociedad sana se hace a través de la diversidad de opiniones y eso nos convierte en una sociedad mejor. No imponer teorías, no unificar criterios, sino fomentar las ideas para así construir una comunidad que progresa y que emerge de la oscuridad hacia la luz”, aduce.

Y concluye con una nueva enseñanza: “Hoy en día el mejor camino para luchar contra los opresores que quieren quitar la identidad propia de un pueblo no es la lucha armada, no es la agresión, sino encender luces, iluminar, esclarecer, explicar al propio pueblo cuál es la identidad y al resto de las ideologías cuál es la identidad que no queremos abandonar. Esa es la mejor manera de mantener viva una cultura: no agrediendo al que piense distinto, sino explicando y esclareciendo la propia cultura. Porque, después de todo, ¿quién sabe quién es el que tiene la razón?”.

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