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La batalla de Malvinas que enfrentó a británicos y alemanes

La guerra que se libró entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982 tuvo un antecedente, cuando transcurría la Primera Guerra Mundial. Terminó con victoria británica y provocó una enorme mortandad.

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Casi siete décadas antes de la guerra de Malvinas, también tronaron las armas en las aguas adyacentes al archipiélago. Aquella batalla no tuvo que ver con las aspiraciones argentinas a recuperar su soberanía, más bien enfrentó a dos potencias que se disputaban la hegemonía en los mares: Gran Bretaña y Alemania. A diferencia de la conflagración de 1982, la de 1914 se entabló entre dos poderosas escuadras de inmenso poder de fuego para la época. Terminó con la victoria de los usurpadores.

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, la flota alemana apenas si contaba con poco más de una docena de navíos importantes. En realidad, la que jugó su suerte en aguas de Malvinas, era la Escuadra de Cruceros de Asia Oriental, al mando del vicealmirante Maximilian von Spee. Su nombre nos resuena porque un crucero pesado que llevaba su nombre protagonizó la célebre batalla del Río de la Plata, en diciembre de 1939.

Por entonces, su base quedaba en Qingdao, porción de territorio chino bajo dominación alemana. Sin embargo, Spee decidió operar en la costa del Pacífico, donde tenía mayores chances de abastecerse de carbón. Sus barcos eran los cruceros acorazados “Scharnhorst” y “Gneisenau”, más los cruceros ligeros “Leipzig”, “Nürnberg” y “Dresden”. Venían de anotarse una victoria importante sobre los británicos en la batalla de Coronel, precisamente frente a las costas chilenas.

Tamañas embarcaciones cruzaron el siempre tenebroso cabo de Hornos, porque Spee se había propuesto destruir Puerto Stanley, es decir, la principal población de las Islas Malvinas. Puerto Argentino, desde 1982 en adelante… Al igual que hoy, en aquellos tiempos se trataba de la principal base británica en el Atlántico Sur, aunque en el presente, los contendientes de antaño son socios en la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte).

El jefe alemán no podía saberlo, pero demoró en reabastecer a sus buques en Valparaíso. En consecuencia, la Marina Real tuvo tiempo para reaccionar y enviar refuerzos a las Malvinas. Antes de que expirara noviembre, siempre de 1914, el Almirantazgo había logrado concentrar una fuerza considerable en Puerto Stanley: el crucero de batalla “Invincible”, más el “Inflexible” y el “Kent”. Días después fondearon en paisajes que nos son tan familiares -aunque nunca hayamos puesto un pie en Malvinas- el “Bristol”, el “Carnavon” y “Cornwall”, más el “Canopus”, un navío anticuado.

La flota alemana rodeó el cabo de Hornos el 25 de noviembre, sin saber que se había congregado en las islas una escuadra formidable. Tampoco los británicos sabían dónde estaban sus enemigos y planeaban zarpar hacia Chile en su búsqueda, el 9 de diciembre. Pero seis días antes, los adversarios se vieron las caras. Spee planeaba desembarcar una avanzada para que se apoderara de la estación telegráfica, bombardear el puerto y hundir los buques que encontrara en la rada.

Hicieron de vanguardia el “Nürnberg” y el “Gneisenau”. Al aproximarse a Puerto Stanley, divisaron más columnas de humo de las que preveían. La operación de desembarco se canceló y el primero de los navíos recibió la orden de atacar al barco más lejano al puerto. En esos instantes cruciales, el único buque británico que tenía sus calderas encendidas era el “Kent”, pero cuando salió para hacer frente a los recién llegados, Spee ordenó “rehusar el combate”.

Con el “diario del lunes”, los historiadores afirman que, con esa maniobra, la flota alemana perdió la chance de obtener el triunfo. El “Gneisenau” y el “Nürnberg” dieron vuelta y se reunieron con el grueso de su escuadra. Después de divisar los mástiles del “Inflexible” y del “Invincible”, los alemanes se retiraron a toda máquina hacia el este. Si bien los británicos salieron de su sorpresa, demoraron dos horas en ponerse en marcha.

Antes de entablarse, la batalla se convirtió en dos persecuciones: el “Scharnhorst” y el “Gneisenau” tuvieron que verse con el “Invincible”, el “Inflexible” y el “Carnarvon”. El resto de los buques alemanes sufrió el acecho del “Kent” y el “Glasgow”. El “Lepzig” fue el primero en recibir el fuego británico, hecho que permitió al “Dresden” concretar su fuga, gracias al mejor equipamiento de sus motores.

Spee ordenó a los capitanes de sus cruceros ligeros separarse para intentar la fuga, mientras que los acorazados cambiaron rumbo al sur, siempre con los británicos detrás de sus estelas. Siete horas después, la persecución continuaba. A unos 12 kilómetros de Puerto Argentino, el “Scharnhorst” recibió de lleno una salva que le propinara el “Invincible”, pero pudo seguir sin mayores sobresaltos.

La suerte comenzaría a echarse a partir de las 15 de esa fea jornada. Una nueva andada hizo añicos la cubierta del acorazado alemán, se abrieron vías de agua y comenzó a hundirse. Una hora después todavía presentaba batalla: aun escorado y semihundido, intentó acercarse a su verdugo para responder el fuego, pero la proa quedó bajo las aguas y se hundió “de morro”, con las hélices todavía en funcionamiento. Junto a su almirante, perdieron la vida nada menos que 795 marinos alemanes. En los mares cercanos a Malvinas, la tragedia parece una constante.

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