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La difícil tarea de sostener el Mercado Comunitario de Bariloche en pandemia

Garantizar oferta variada, con productos de la región, darle continuidad y llegar a los barrios para que “la gente se mueva lo menos posible” son los objetivos que se propuso el municipio en la gestión del Mercado Comunitario, que funcionó sin pausas desde el comienzo de la cuarentena.

 Sostener la propuesta no resulta fácil porque el mercado está lejos de ser autosustentable y depende de la continua asistencia con fondos municipales. Pero la finalidad, desde el comienzo del proyecto, fue privilegiar la función social, antes que la económica, según reconocen sus principales defensores y también sus críticos.

La secretaria de Producción, Innovación y Empleo del municipio, Eugenia Ordóñez, dijo que comercializan “frutas y verduras que llegan del Alto Valle, carnes de Fridevi, también huevos procedentes del Valle” y en el último tiempo sumaron dulces, conservas y artículos no comestibles pero vinculados a la gastronomía, que son producidos por emprendedores locales de la economía social.

También se venden bolsas que fabrica la Asociación de Recicladores y briquetas elaboradas por otro grupo de mujeres. Cuando hay producción hortícola regional también la incorporan, dijo Ordóñez, pero no alcanza volumen suficiente a lo largo del año.

Explicó que las ventas podrían ser mayores pero mantener provisto al mercado es complejo y haría falta “más capital de giro”.

El Mercado Comunitario prepara bolsones con 11 kilos de verduras y frutas, que entrega en los barrios. Foto: Marcelo Martinez

Según Ordóñez, la facturación en promedio del mercado ronda los 1.500.000 pesos mensuales. “El proyecto a comienzos de año era manejar mayores volúmenes, pero nos impactó la caída general de la economía y no se pudo –dijo la funcionaria–. El propósito pasó a ser mantener el mercado abierto”.

Dijo que actualmente se manejan con 16 empleados y que los costos operativos (unos 10 millones por año) son cubiertos con recursos municipales.

Hasta no hace mucho el Municipio solo aportaba una parte del dinero y el resto provenía de la rentabilidad generada por el mercado, pero esa ecuación fue imposible de sostener.

El mercado nació durante la gestión de la exintendente María Eugenia Martini y funcionó en un galpón alquilado, en la calle Santa Cruz. El Municipio lo montó y lo equipó con cámara frigorífica gracias a un subsidio nacional. Luego el actual intendente Gustavo Gennuso decidió mudarlo a otro inmueble más grande lindante con la estación de ferrocarril y obtenido en comodato.

Ordóñez admitió que es menos accesible, pero dijo que en la actual etapa trabajan mucho con bolsones de mercadería que llevan por los barrios y algunas empresas (por ejemplo Invap), que son encargados previamente por los clientes.

En la última entrega el bolsón compuesto por 11 kilos de verduras y frutas más un maple de 30 huevos tuvo un costo de 1.100 pesos. El pasado fin de semana, por ejemplo, hubo reparto en puntos prefijados de los barrios Las Victorias, El Pilar, La Cascada, el Ejército, Virgen Misionera y Nahuel Malal, para entregar un centenar de encargos.

Aurora Malpu, una de las trabajadoras del mercado, dijo que los bolsones son una herramienta muy valorada, “porque hay gente que tiene miedo de salir”. Aseguró que los compradores “aunque no pueden elegir la mercadería, reconocen que la calidad es muy buena”. Dijo que los bolsones se arman con cuidado “y se pone lo mejor”.

Aurora trabaja en el mercado desde que comenzó. Señaló que desde entonces “tuvo altas y bajas” y que el actual, si bien no es de los mejores momentos, cumple un rol muy importante en el abastecimiento de los barrios “por la situación de pandemia”.

Sostenibilidad

Ordóñez dijo que buscan ofrecer productos “diferenciados”, que la mayor parte de las verduras y frutas son “orgánicas o semiorgánicas” y que los precios son competitivos en relación con los supermercados, aunque no tanto con las verdulerías de barrio. Y explicó la razón.

“Para traer un camión de 2.000 kilos de productos desde Neuquén, por ejemplo, el mismo proveedor nos dice que si es en negro cuesta 40.000 pesos y en blanco son 60.000 pesos más IVA. Pero acá se trabaja todo con facturación y rigurosamente registrado. En eso es difícil competir con los comercios barriales”.

En el mercado (y también en los puntos de distribución de bolsones) es posible pagar con efectivo, tarjetas de crédito o débito, transferencia bancaria e incluso con la tarjeta Alimentar de Nación y con Río Negro nutre.

La secretaria de Producción dijo que el tema de los precios “mucha gente no lo entiende”, pero en el mercado buscan desarrollar también otras fortalezas como la variedad y la cantidad, lo cual demanda una mayor capitalización del proyecto. Dijo también que trabajan para tener “otras formas de comercialización, como una página web y grupos de compra”.

Espacios alternativos

Según Ordóñez, también se propusieron recrear los “nodos” de expendio barriales o pequeños mercados descentralizados, que en algún momento conformaron una red muy activa pero luego fueron desmantelados. La opción de recuperar esos instrumentos creció ante el pedido de los propios vecinos y también de la necesidad de disminuir la movilidad en los tiempos de pandemia.

El Mercado tiene productos de almacén y otros artículos. Foto: Marcelo Martinez

Respecto de los nodos, el concejal del Frente de Todos Marcelo Casas cuestionó la política aplicada por Gennuso en su primer mandato porque “decidió vaciarlo” y ahora pretende volver a fortalecerlo, y también convocar a las organizaciones de productores y consumidores, “para poder calificar en programas de Nación”.

Casas efectuó varias críticas al modelo actual y denunció un “vaciamiento” del mercado. También dijo que por precios y ubicación resulta poco accesible para “los sectores populares” y parece estar orientado sólo a personas “de clase media”.

El concejal admitió que hoy el mercado municipal opera a pérdida, pero dijo que la rentabilidad nunca fue un objetivo excluyente, porque se trata de un proyecto “que no debe ser analizado desde lo económico, sino desde lo social”.

Ordóñez también dijo que están lejos de lograr la “sustentabilidad” del mercado, pero el plan apunta a “participar e incidir en la cadena de comercialización”, abrir un espacio a los pequeños productores de la economía social y acercarlos al potencial comprador, con el modelo y la referencia del mercado municipal que funcionó en pleno centro (Moreno y Villegas) entre 1943 y 1976.


La consolidación formal


Luego de la experiencia histórica recordada por los antiguos pobladores de Bariloche (y que caducó en 1976), la actual etapa del mercado comunitario municipal se apoyó en primera instancia en una ordenanza sancionada en 2010, que colocó al Estado “en el deber de asumir un rol protagónico en la dirección del mercadeo de productos de necesidad familiar” y las políticas de “abastecimiento público”.

Así funcionó hasta 2016, cuando se sancionó otra, a propuesta del Frente para la Victoria, que fue largamente discutida y que creó un “ente autárquico” para que se ocupe de administrar el mercado y también para “alejarlo de los vaivenes políticos”.

Esa norma señala en sus fundamentos que el Mercado Comunitario Municipal “es una variante de autogestión y liderazgo en la actividad de abastecimiento y acopio en el beneficio del interés colectivo”.

Al mismo tiempo debe funcionar como un instrumento para que el gobierno municipal “garantice el acceso a productos de primera necesidad a precios promocionales, buscando dinamizar el mercado de producción local y regional”, y genere condiciones para la distribución de bienes “con criterios solidarios”.


Cuentas pendientes


El concejal Marcelo Casas (Frente de Todos) cuestionó la “lógica” aplicada por el intendente Gustavo Gennuso en el manejo del mercado y dijo que así como está hoy “no se adapta a los fines originales del proyecto, que no es una empresa ni un supermercado mayorista, ni necesita ser competitivo, porque se trata de una política de Estado dedicada a brindar un servicio esencial”.

 Consultado por este diario, Casas dijo que hace pocos días, luego de sus críticas públicas, el Ejecutivo volvió a convocar a una reunión del directorio del Ente, que no se reunía desde febrero. Allí decidieron iniciar contactos para acercar a las organizaciones que, según la ordenanza, deberían formar parte del Consejo Participativo Asesor del mercado, un organismo consultivo que hoy está desactivado.

 Según Casas, “hubo un intento de vaciamiento del mercado” que ahora se pretendería revertir “por la necesidad de acceder a las políticas de apoyo que tiene Nación” para ese tipo de emprendimientos, en las que el municipio buscaría calificar para un subsidio de 8 millones de pesos.

 Dijo que es indispensable desarrollar otra vez los nodos barriales, que en el mejor momento llegaron a ser 19, y darle “otra organicidad y participación” a la gestión del mercado.

Consideró que el deber de los agentes del Estado es “encontrar cómo achicar distancias entre los vecinos de los barrios y la comida que todos nos merecemos”. Además, el Ente debería regularizar la presentación de presupuestos y balances, tal como lo prevé la ordenanza. “Hay mucho por hacer”, opinó Casas.

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