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La educación del futuro podría implementarse en febrero de 2022

Se puede pensar una nueva forma de dar clase a partir de la pandemia (Getty) (Getty Images/iStockphoto/)

Nos encontramos finalizando un ciclo escolar muy cambiante y vertiginoso donde las modalidades de la enseñanza se vieron atravesadas no solo por la incertidumbre, sino también por las incipientes certezas que nos invitaban a gestionar y a enseñar a muy corto plazo.

Hoy podemos observar los logros y las debilidades de nuestros estudiantes como las ausencias de aquellos que no han vuelto. Estamos en un proceso de transformación, pero es posible ver cómo han aprendido los estudiantes, cómo les ha impactado la falta de recursos, cuáles son las herramientas necesarias. Para eso necesitamos dialogar, escucharnos y enriquecernos de experiencias potentes e innovadoras.

Hoy es el momento de compartir, documentar y analizar lo que ha sucedido en cada escuela de cada localidad del país para empezar a diseñar la educación que queremos y que podemos implementar en febrero de 2022. Construir un proyecto educativo con todos los actores de la escuela, con las autoridades responsables para hacer efectivos esos acuerdos. La construcción colectiva en un proyecto educativo es necesaria para que todos los sujetos que participan en el proceso de enseñanza se vean representados: escuchar y dialogar con los estudiantes, ya que su mirada crítica nos provocará el deseo de pensar en las nuevas formas de enseñar y aprender; luego los docentes que han mostrado que se aprende toda la vida reinventando sus clases y capacitándose en forma acelerada para continuar con su labor; la voz de las familias que se han dado cuenta que no cualquiera puede ser educador, entendiendo también el rol significativo de la escuela para la vida en sociedad.

La educación del futuro podrá implementarse en febrero 2022 y, por eso, hoy tenemos que aprovechar la oportunidad de rediseñar los diseños curriculares, para que se produzca el aprendizaje pleno, profundo y significativo como nos enseña David Perkins, invitando a los alumnos a jugar “el juego completo” –que es lo que hace que valga la pena jugarlo, ya que uno puede ver de inmediato cómo encajan las piezas–. Por cierto, algunos juegos completos no son interesantes para la mayoría de las personas y a nadie le interesa todo. Aun así, los juegos completos ayudan, y los docentes ingeniosos utilizan muchas otras formas para conectar a sus alumnos con los aspectos interesantes de un determinado tema. No siempre la verdadera importancia de un tema se hace evidente de inmediato. No obstante, existen muchas formas honestas de anticipar la importancia de algo en lugar de solo decir: “Necesitarás saberlo para más adelante”.

El sistema educativo está en pleno movimiento (Istock)
El sistema educativo está en pleno movimiento (Istock) (Getty Images/iStockphoto/)

Con la pandemia se evidenciaron cuatro grandes transformaciones que el sistema educativo estaba atravesando y que impactan en el proceso de enseñanza. Son: el vínculo docente y estudiante, el diseño curricular, la metodología y la evaluación, la organización y los espacios de aprendizaje. Las investigaciones expresan que es necesario cambiar las formas de enseñar, de aprender y de estar en la escuela, para generar los saberes, conocimientos y habilidades que los y las estudiantes necesitan hoy.

No podemos hacer cómo si nada hubiese sucedido, porque hay jóvenes que se quedaron afuera de la escuela como así también muchos estudiantes aprendieron a leer y escribir en la virtualidad. Por ello, es necesario visibilizar que hay diferentes formas de aprender cómo estudiantes hay en los establecimientos. Ver en la diversidad una oportunidad para mejorar e innovar en las prácticas de enseñanza, para incluir aquellos estudiantes que muchas veces son ignorados o no tenidos en cuenta por ser diferentes.

El diseño curricular debe conectarse con la realidad. Es decir: debe vincularse con la vida del aprendiz. Hoy, modificando las prácticas con las rutinas de pensamiento o bien implementando estrategias de metacognición podremos evidenciar que los estudiantes aprenden mejor. Por eso es importante incluir a la evaluación cómo parte del proceso de enseñanza. No puede seguir siendo un instrumento de presión, de regulación o control de conducta en la que sea un sanción, cuando, por ejemplo, si los estudiantes se portan mal tienen examen.

Los estudiantes necesitan encontrar el sentido de aquello que están aprendiendo (Istock)
Los estudiantes necesitan encontrar el sentido de aquello que están aprendiendo (Istock)

Hoy la evaluación formativa nos compromete a seguir evaluando para aprender. Rebeca Anijovich nos expresa que la evaluación puede ser una oportunidad si, con anticipación les comparto a los estudiantes qué espero que aprendan, qué aspectos debo mejorar a través de una retroalimentación efectiva donde mis debilidades o equivocaciones se convierten en oportunidades de mejora. Aquí, el error y los instrumentos de evaluación como las rúbricas y listas de cotejo comienzan a tener un sentido más profundo para los estudiantes porque les permitirá autoevaluarse, coevaluarse y ser evaluado de una manera distinta. Todas los instrumentos de evaluación permiten evaluar los procesos y luego complementar con la evaluación sumativa de la que se desprende una calificación.

La docencia fue y es desafiante, pero, sin actualización docente ni una mirada individualizada de su alumnado, se hace muy difícil. El acto de aprender es un proceso mediado por las emociones que influyen en el que aprende y en el que enseña. La especialista Begoña Ibarrola nos dice que las emociones son las guardianas del aprendizaje. Las emociones son el pegamento de los recuerdos. Por eso hay emociones que limitan el aprendizaje y otras que lo potencian como lo es la curiosidad, que le da más ganas al cerebro de seguir aprendiendo y luego el interés, que es la atención sostenida. Por eso es valioso construir vínculos de confianza entre los estudiantes y el docente y entre los mismo estudiantes a través del aprendizaje cooperativo, porque hace que las acciones de todos aporten a lo que estoy aprendiendo donde no tengo temor a equivocarme porque la confianza y el respeto generan entornos seguros. Desarrollar la empatía a través de las distintas metodologías ágiles, enseñar para la comprensión abordando la metacognición siendo coherentes con los estudiantes es lo que mejorará el proceso de enseñanza. El miedo, la ansiedad y el estrés producen bajo rendimiento y el fracaso escolar: donde el no sé, no puedo, no valgo se ponen en el pensamiento del alumnado. Tal como lo señalan Gardner y Goleman, reconocernos como seres emocionalmente inteligentes y crear ambientes seguros propiciando que las emociones favorezcan el aprendizaje, que inviten al cerebro a querer seguir aprendiendo.

Es muy enriquecedora la mirada de Begoña sobre el aprendizaje competitivo, porque expresa que el mismo no invita a los niños a aprender, porque se están comparando y genera tal tensión que es imposible que centrarse en lo propio. Por lo tanto, es importante pensar en una escuela de estados emocionales favorables y desfavorables. Entornos de aula saludables para que todos puedan disfrutar del aprendizaje.

El docente debe lograr que la emoción atraviese las pantallas (iStock)
El docente debe lograr que la emoción atraviese las pantallas (iStock) (Getty Images/iStockphoto/)

A modo de cierre, comparto algunas conclusiones que podemos ver en estos últimos dos años:

1. No todos pudieron aprovechar de la misma manera la escolaridad a distancia. Muchos ni siquiera tuvieron esa oportunidad. No podemos seguir enseñando sin dispositivos y tecnología. Tedesco ya lo mencionaba en su charla TED y en su texto la sociedad del conocimiento sobre la importancia de enseñar con la tecnología para que los niños del mañana no sean analfabetos digitales.

2. Las emociones cumplen un rol fundamental en el proceso de aprendizaje. Desarrollar la inteligencia emocional nos hace mejores personas. Los chicos tienen que sentirse seguros y estar emocionalmente bien para poder aprender.

3. Los docentes deben utilizar estrategias y metodologías didácticas para que el estudiante encuentre el sentido en la escuela. Asimismo, los estudiantes nos desafían a seguir aprendiendo toda la vida. Por ej.: el aprendizaje basado en proyectos, el aprendizaje basado en servicio, robótica y programación, el juego y la gamificación.

4. La tarea docente fue y es desafiante. Que la pasión traspase la pantalla, pero, sin actualizarnos, seguiremos enseñando cómo nos han enseñado a nosotros.

5. La escuela cumple un lugar muy importante para el estudiante y las familias, donde no solo se aprenden contenidos académicos sino a convivir con otros.

6. Los espacios físicos se vieron alterados y aprovechados al máximo. Tal vez esa alteración invite a resignificar espacios para seguir aprendiendo.

7. Las familias se han comprometido y han tomado mayor conocimiento del esfuerzo de los docentes y lo importante que es que los hijos aprendan en ambientes seguros.

Por estas razones y por muchas más es que los estudiantes, docentes y directivos debemos construir juntos las bases del proyecto educativo del futuro.

Ma Lorena Vaccher, Abogada, Profesora en Cs Jurídicas y Sociales en nivel medio y superior (UBA) Especialista en Gestión Educativa y Maestranda en Educación (UDESA).

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