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La noche de Buenos Aires con restricciones: sin restaurantes, bares ni teatros, una ciudad fantasma habitada por la tristeza

7.45 PM. Buenos Aires. Un hombre toma el último sorbo de un whisky sin hielo. En otra mesa, un matrimonio y su pequeño hijo se apuran en comer una picada con gaseosa. Los que más ansiedad muestran son los jubilados que juegan al ajedrez. Uno de ellos mira de reojo el reloj del local y dice: “Vamos que nos sacan la roja”. La moza, Antonia, sonríe, pero luego se desanima: “Si esto sigue así, esto va a terminar cerrando”: Esto es “La Academia”, en Callao entre Sarmiento y Corrientes, un histórico bar de Corrientes, cuando Corrientes era la avenida que nunca duerme. El cartel del lugar parece utópico: “Desde 1930 abierto las 24 horas los 365 días del año”. La moza y el encargado comienzan a poner las sillas arriba de las mesas. En una de las mesas, dos policías miran la hora y toman café.En la veredas, las personas van con cierta prisa. Por el toque de queda dispuesto por el Gobierno de ocho de la noche a seis de la mañana, los que ahora circulan por la calle hacen todo a las apuradas. Como si buscaran borrar las huellas en una ciudad que en 15 minutos será prohibida.

En Constitución, el apuro por llegar al tren antes que lleguen las 20 hs. (Foto: Franco Fafasuli) (Franco Fafasuli/)
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Santa Fe y Ayacucho, la velocidad nunca es buena consejera en la calle. (Foto: Franco Fafasuli) (Franco Fafasuli/)
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El tradicional bar La Academia de Callao y Corrientes cierra a las 20.00 (Foto: Franco Fafasuli) (Franco Fafasuli/)

8 PM. Las pizzerías ofrecen delivery. Hay filas. Una pareja pasea un perro. Otra camina de la mano como si nada fuera a ocurrir. En Suipacha, en una escuela de danza, hay una vidriera iluminada pero sólo se ven esculturas. La más saliente es de una bailarina. No hay, al menos a simple vista, sereno ni recepcionista. “Es como una noche en el museo”, dice Franco, el fotoperiodista de Infobae. El microcentro es más microcentro que nunca. Al menos en esa soledad de noche que lo caracteriza. “No voy al parador de Retiro porque te tratan como chorros, hay detector de metales”, dice un hombre en situación de calle que busca comida en un contenedor.

8.30 PM. En teoría el toque de queda lleva media hora, pero en la avenida 9 de Julio circulan autos como un día normal de pandemia. Algunos colectivos trasladan unas diez personas por unidad. Parejas y familias caminan por avenida Corrientes. Miran los teatros cerrados, con sus marquesinas de obras que tuvieron que ser levantadas. En la puerta del teatro San Martín un hombre vende garrapiñada.

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Final de la jornada en Constitución (Foto: Franco Fafasuli) (Franco Fafasuli/)
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Los últimos pasajeros del subte apuran el paso (Foto: Franco Fafasuli) (Franco Fafasuli/)
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Viviana y Rafael viven en la calle. De noche, cuando se cierra la estación del subte Diagonal Norte, buscan un refugio para descansar (Foto: Franco Fafasuli) (Franco Fafasuli/)

8.45 PM. Estación de subte Diagonal Norte. En el andén, dos personas esperan a la última formación. A la salida de la estación, una pareja de ancianos toma mate y fuma. Ella llena el crucigrama de un diario de hace dos días mientras él tiene la mirada perdida. A unos metros, en una pared alguien pintó “Bienvenides a Sarajevo”. “No le tenemos miedo al COVID, le tenemos miedo a morir en la calle. Hace dos meses dormimos acá, sin colchón, tirados sobre una frazada. La pensión en la que vivíamos fue clausurada. ¿Por qué no le tengo miedo al virus? Mirá, uso barbijo, me cuido, pero tengo cosas peores: un tumor en el pecho izquierdo, EPOC, un riñón más chico y la vesícula jodida”, dice Viviana, de 57 años. Su pareja, Rafael, de 77 años, llegó de España a los 20 años. “Tuve muchos trabajos, el último fue en una veterinaria. Ahora lustro zapatos. Cuando cierra el subte venimos a este rinconcito y cuando arranca, nos vamos”, dice. El está sentado en una silla giratoria vieja y ella arriba de un cajoncito. Tienen una valija que, cuentan, un ladrón les arrebató cuando dormían. “Lo corrí y la dejó tirada. Gracias a Dios la pudimos recuperar”, narra Viviana. Los dos agradecen a los vecinos que le dejan comida o agua caliente para tomar mate.

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La noche sobre la 9 de Julio: pocos autos en el horario de restricciones (Foto: Franco Fafasuli)
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Un kiosko ilumina la noche en Buenos Aires (Foto: Franco Fafasuli) (Franco Fafasuli/)

9 PM. En la estación Carlos Pellegrini, un policía mira una pantalla donde se ven cuatro cámaras. Afuera comenzaron los controles. En la esquina de Corrientes y 9 de Julio está uno de los puntos donde los policías controlan que nadie que no esté autorizado (no sea esencial) circule por la calle durante el toque de queda. “De 20 a 6 quedate en casa”, dice una leyenda en un cartel gigante de la 9 de Julio. En la estación Constitución parten los últimos trenes. Los policías controlan. Uno de ellos está ante una pantalla gigante en la que ve los movimientos de la gente que entra y sale.

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Muy poca circulación de vehículos mientras dura el horario de restricciones entre las 20.00 y las 6.00 horas (Foto: Franco Fafasuli) (Franco Fafasuli/)
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Controles en los accesos a las terminales de trenes (Foto: Franco Fafasuli) (Franco Fafasuli/)
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Teatros cerrados en la avenida Corrientes. Un paisaje que se repite en la pandemia (Foto: Franco Fafasuli) (Franco Fafasuli/)

9.30 PM. ”La gente tiene que ser responsable. Los peores días son los del fin de semana, cuando vemos a muchos jóvenes y no tan jóvenes que circulan en el horario no permitido. Nosotros, que estamos todo el tiempo en la calle, vemos la desesperación de los médicos, la llegada de las ambulancias en los hospitales, las morgueras”, dice un policía a Infobae. El Ministerio de Salud de la Nación informó el miércoles que en las últimas 24 horas se registraron 663 muertes y 24.079 nuevos contagios de coronavirus. Con estos datos, el total de infectados desde que comenzó la pandemia asciende a 3.071.496 y las víctimas fatales son 65.865.

10 PM. Infobae inicia una recorrida por algunos de los hospitales de la ciudad. El Anchorena, el Otamendi, el Argerich, el Hospital de Clínicas, el sanatorio Los Arcos, el Finochietto, el Fernández, el Guemes, pero el panorama, al menos desde la puerta de cada uno de ellos, no es alarmante. Las ambulancias están estacionadas. En algunos de ellos hay personas esperando en la guardia. En CABA, hoy se encuentran ocupadas el 83,2% de las camas de terapia intensiva. Esta recorrida por esos hospitales se repetirá cada una hora y la situación será la misma.

(Foto: Franco Fafasuli)
Un camión retira basura del centro médico de una prepaga (Foto: Franco Fafasuli) (Franco Fafasuli/)
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Un camión carga oxígeno en el hospital Fernández (Foto: Franco Fafasuli) (Franco Fafasuli/)
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Ambulancias estacionadas en el Hospital Fernández (Foto: Franco Fafasuli) (Franco Fafasuli/)

10.30 PM. A la vuelta del Fernández, un camión de gran porte carga oxígeno para el hospital. Cerca de ahí, en Medicus, en otro camión cargan los residuos. Al menos hay cincuenta cajas con basura. “Por el COVID ahora hay el doble de la basura. Lo que hacemos es un compactamiento ecológico”, dice uno de los hombres que carga las cajas.

11 PM. En bicicleta o moto, los repartidores de comida atraviesan la ciudad de un lado a otro. Con sus mochilas o cajas sobre sus espaldas, algunos van a toda velocidad, como kamikazes nocturnos. “Con el toque de queda trabajamos mucho más”, dice Luciana, una joven que al momento de cruzarse con Infobae llevaba tres pedidos a San Telmo.

11.30 PM. Los distintos Palermos, desde el Hollywood al Soho, parecen atravesados por una pausa. Como si alguien hubiese apretado Stop en una cámara. Los restaurantes dejaron de ofrecer comida delivery y sólo algunos kioscos permanecen abiertos.

Los desamparados de siempre. Llega el frío y hay mucha gente durmiendo en las calles (Franco Fafasuli)
Los desamparados de siempre. Llega el frío y hay mucha gente durmiendo en las calles (Franco Fafasuli)
(Foto: Franco Fafasuli)
Lo que sucede en la ciudad mientras casi todos duermen: en Constitución, una prostituta camina en busca de algún cliente (Foto: Franco Fafasuli) (Franco Fafasuli/)
(Foto: Franco Fafasuli)
Plena madrugada, un grupo de cartoneros carga su sustento en un destartalado camión (Foto: Franco Fafasuli) (Franco Fafasuli/)

00.00 AM En plaza Once, mujeres dominicanas se prostituyen mientras algunos jóvenes dan vueltas. Las luces de la plaza están encendidas, pero a diferencia de un día normal es como una sombra. Infobae recorre Constitución. En la zona roja hay más chicas trans que mujeres. “La pandemia se llevó a varias compañeras. Yo trabajaba, pero tuve que volver a hacer la calle. Igual festejamos si tenemos un cliente por día. Está durísimo. En medio de tanta muerte, nosotras aportamos alegría. Sostenemos al mundo, como dice Camila Sosa Villada en su libro Las Malas”, dice Pamela Cutipa, vestida de negro, aros con forma de dados y zapatos con taco alto. A su lado está su compañera, que cada vez que pasa un auto se saca un tapado animal print y muestra sus dos pechos. Están en la calle Pavón.

Fotos: Franco Fafasuli

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