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La pasión de Pappo por el automovilismo: desde los emblemáticos zonales a un podio a nivel nacional y su “Blues del Autódromo”

En su garage de La Paternal con un viejo Lincoln, su Harley Davidson y una guitarra Gibson (Archivo CORSA)

“Acelerar un auto y tocar la guitarra es la misma sensación. Las dos generan vértigo, adrenalina y vicio”, afirmó Norberto Aníbal Napolitano más conocido como Pappo, para describir sus dos pasiones. En una fue uno de los músicos de rock más importantes de la historia en la Argentina. En la otra, el automovilismo, tuvo un vínculo desde muy joven, empezó a practicarlo desde abajo y a puro pulmón llegó al ámbito nacional. Cada vez que salió a pista lo hizo con el mismo compromiso que tuvo arriba de los escenarios y sobre un auto de carrera tampoco desentonó.

Desde muy chico (10/03/1950) sintió la influencia familiar en su querido barrio de La Paternal. “Vengo de una familia fierrera. Mi primo José Gallo corrió en TC. Otros dos, Daniel y Osvaldo Napolitano, en Midget”, contó El Carpo (como también se lo conoció) en una entrevista en CORSA en 1999. Era fanático de Chevrolet y tenía un tatuaje en uno de sus brazos. Manejó por primera vez a los 13 años y se inició en el automovilismo en los años setenta y compitió tres años en el TC Bonaerense, una de las categorías zonales más emblemáticas.

“Tras varios años en zonales, me subí, de caradura, a categorías nacionales”, recordó. En diciembre de 1982, cuando ya era un consagrado músico y a cargo de Riff, una de las bandas más icónicas del rock pesado en la Argentina, una producción en el Autódromo de Buenos Aires Oscar y Juan Gálvez lo cruzó con Guillermo Kissling, por entonces campeón del Club Argentino de Pilotos (CAP), una extinta categoría de Datsun 280 ZX. Al año siguiente corrió tres fechas en la especialidad gracias a un amigo que conoció mucho tiempo antes, Osvaldo “Cocho” López. “La familia de Pappo se dedicó a la construcción de calderas para frigoríficos. Mi papá tenía uno y les compró una caldera y nos enseñaron a usarla. Yo era muy chico, pero participaba con mi padre. Toda relación que tuvimos con los Napolitano se puso en evidencia cuando me enteré que Pappo cantaba y que le gustaban los fierros y a mí me gustaba mucho la música. Eso nos unió cuando fuimos bastante jóvenes y lo fui a ver todas las veces que pude a sus diversos conciertos. Era único tocando la guitarra y tocó con los mejores músicos del mundo. Cuando vino B.B. King a la Argentina dijo que nunca había visto un guitarrista tan bueno”, le cuenta Cocho a Infobae.

Pappo y el automovilismo
Con el actor Juan Palomino en la serie Carola Casini (Archivo CORSA)

Luego de esas tres fechas en el CAP en 1983 dejó la actividad. En 1992 volvió a la categoría, esta vez con un Nissan 300. Luego participó de forma esporádica en el Supercart, GTA (Gran Turismo Argentino) y TC Pista (categoría previa al Turismo Carretera). A finales de los años noventa corrió en una extinta categoría llamada Súper Turismo 3000 (ex autos del CAP). Además, regresó el TC Bonaerense.

En tanto que a mediados de los años noventa plasmó sus sentimientos por el automovilismo en una breve canción llamada ‘Blues del Autódromo’, que era un jingle que le pidió una conocida gaseosa que quiso promocionar su producto. Parte de su letra dice:

“El autódromo mi vida, un domingo al mediodía vas a ver te va a encantar.

Agarrada al alambrado, pantalones ajustados, ya te puedo imaginar.

Con los autos en la pista la escena queda lista, el domingo es ideal.

Reina de mil corazones a 10 mil revoluciones no lo vas a olvidar”.

“Sube a mi Voiture” o “Lily Malone”, son algunos de los temas en los que El Carpo se inspiró en su amor por los fierros. Su vínculo con el deporte motor siguió haciéndose muy conocido y en 1997 actuó en una serie basada en el automovilismo, Carola Casini, en la que interpretó a Enrique, que era el preparador de la protagonista principal, Araceli González, con quien forjó una amistad y en 2002 (ya separada de Adrián Suar) llegó a proponerle casamiento. “Quiero casarme con vos ‘Gallega’ (apodo de ella en la productora Pol-Ka) porque quiero que Toto (su hijo con Suar) que conozca los autos y que sea fierrero”, afirmó la actriz. El tema quedó en una anécdota y ella lo recuerda con mucho cariño.

Pero en la vida real Pappo practicó el automovilismo con el fin de aprender y evitar locuras en la pista. “Tuve tres maestros: ‘Cocho’ López, Rubén Bulla y José Bianchi, pero recién cuando corrí en GTA, con la asistencia de Christian Satriano, aprendí a poner a punto un auto. Ahora, manejo mucho más tranquilo y relajado, y ya encontré mi límite: cuando me voy a despistar en una curva me doy cuenta en la recta anterior”, agregó en la mencionada entrevista en la que contó una anécdota: “No me gustó la experiencia en TC Pista, hay muchos que quieren ganar en la primera curva. Una vez vi un tipo que, en lugar de una trompa, llevó dos puertas de repuesto… ¡Ese iba a chocar, no a correr!”

“Le gustaba el automovilismo tanto o más que la música. Lo que pasa es que no lo podía practicar de forma profesional porque de pronto él estaba abocado a su mundo que era la música. Pero cuando tenía dos minutos andaba por los talleres o por donde hubiera un auto de carreras”, le indica a este medio Rubén Bulla, que fue campeón del CAP y del Supercart.

Pappo en el Automovilismo
Pappo con una Chevy del Supercart (@pappooficial)

“Debutó acá en Arrecifes en el año setenta y pico y lo conocí ahí. En una categoría zonal en un circuito de acá de tierra. No sé quién le había prestado el auto. De ahí en más cuando se pudo subir a un coche de carrera lo hizo a nivel zonal o nacional”, asevera.

“Como piloto andaba bien, pero al no tener continuidad no terminaba de redondear nunca, pero tampoco fue alguien que se mandó macanas y nunca se llevó a uno puesto. No desentonaba y lo sentía el auto y se divertía muchísimo. Practicaba un automovilismo muy sano y con muchas ganas”, destaca.

“Los últimos años de su vida participó en el Supercart con un auto que le había conseguido. También en el GTA que era una categoría hermosa con autos de mucha potencia. La pasábamos bárbaro. Normalmente combinaba el automovilismo con la música el fin de semana de carrera porque a cada lugar donde íbamos a correr capaz que había algún show y él se prendía”, concluye el arrecifeño.

A finales de los noventa presentó el disco llamado “El auto rojo” y en el inventario de su garage tuvo una moto Harley-Davidson 1.200 (1996), una Pick-Up Chevrolet (1974), un Chevrolet Astra 2.0 16 válvulas (1999); dos autos de carrera, un Nissan 300 ZX y una cupé Chevy de TC 4000 y un karting 125 cm3.

Pero, ¿qué tuvieron en común la música y el automovilismo para Pappo? “Acelerar un auto y tocar la guitarra es la misma sensación. Cuando siento el torque del motor es como si estuviera tocando un buen solo de guitarra. Las dos cosas generan vértigo, adrenalina y vicio. Tanto la guitarra como el auto, cuando estás en acción, pasan a ser parte de tu cuerpo”. Sobre el panorama de ambas actividades a nivel nacional de hace dos décadas, sentenció: “Son dos despelotes… La música ahora es pura imagen. La cumbia, por ejemplo, está usando la imagen del rock, pelo largo y campera de cuero, pero con tipos haciendo playback -ni siquiera enchufan los instrumentos-, solo para vender… Además, ahora dicen que Fito Páez, Mercedes Sosa y León Gieco hacen rock… La verdad, no sé si en los próximos 20 años algún músico argentino va a llegar a tocar en los escenarios donde yo lo hice. Lo que pasa es que en la Argentina no reconocen mi trabajo. ¡Si para vender el último disco de Riff tuve que armar una productora independiente! Del rock argentino, lo más rescatable es La Renga, Viejas Locas. Pero ninguna va a llegar a ocupar el lugar de Riff, esa fue una banda muy poderosa, muy grosa. Los Redonditos, por ejemplo, no le llegan ni a los talones. Claro, tienen poder de convocatoria, pero Ricky Martin también lo tiene…”.

En cuanto al automovilismo, específicamente, con mucho tino y visión agregó: “Creo que hay muchas categorías, y varias son muy caras. En TC sólo andan bien los que tienen plata. A esta categoría le sacaría los kilos de lastre (N. de la R: todavía se le cargan al auto del ganador de una final para dificultar su rendimiento en la siguiente carrera) y la haría más pareja para los de atrás, poniéndoles a los pilotos de punta un límite de presupuesto del que disponen (hoy un TC rondaría 3,5 millones de pesos por fecha). Los pilotos están todos locos… Las medidas de seguridad son un desastre y en la última del TC, dos autos casi salen del Autódromo tras chocarse (luego del fallecimiento de Pappo se mataron dos pilotos en carreras del TC, Guillermo Castellanos en 2007 y Guido Falaschi en 2011). Pero ahora siento que se viene un cambio grande en este deporte, no sé qué es exactamente, pero lo presiento (en la década de 2000 empezaron a estandarizarse elementos lo que encareció las categorías y limitó a los preparadores). Seguro que Traverso -que es un capo- si me lee dirá: ‘¿Y Pappo qué mierda sabe de autos?’”. Sin embargo, el propio Flaco de Ramallo estuvo en sintonía con sus declaraciones y una vez retirado en 2005 criticó la gran cantidad de categorías nacionales.

Todo lo vinculado a los autos de carrera le despertó gran interés y hasta llegó a referirse al intempestivo retiro de Esteban Tuero de la Fórmula 1 en 1999: “Creo que se cansó. Sucede que lo usaron de muñequito para ponerle mil publicidades en el buzo y eso lo presionó. Además, le dieron un auto de mierda… Y el mismo Tuero dijo, entre amigos, que le ponían muchas trabas: si chocaba tenía que pagar tanta plata, si llegaba tarde le cobraban multa… Es un buen pibe y la hizo muy bien, porque se sacó el gusto durante un año”.

Pappo en el CAP
Diciembre de 1982. El grupo Riff: Michel, Vitico, Pappo y Boff junto a Kissling (en el medio) con el Datsun campeón del CAP en los boxes del Autódromo de Buenos Aires (Archivo CORSA)

La pérdida de sus padres fue un punto de inflexión y repercutió arriba de los autos: “Mi vida cambió cuando fallecieron mis viejos. Recién ahí me di cuenta de cuánto los quería… Estuve bajoneado. Me cansé de fumar, de tomar alcohol y de salir todas las noches. De vez en cuando voy alguna fiesta, pero todo muy tranquilo. Ahora tengo ganas de correr un año entero en alguna categoría, pero como también debo promocionar mi nuevo disco (”El auto rojo”), voy a tener que rebuscármelas para que las fechas no se superpongan”, reflexionó. Y esas ganas las plasmó en la pista ya que el 19 de marzo de 2000 consiguió su primer podio a nivel nacional, en el GTA, en una carrera disputada en Santa Rosa, La Pampa: “Vine a divertirme un poco. Estos aplausos son algo distinto al de los recitales”, admitió. “Pensaba que iba a llegar, por supuesto. Pedro Doumic (piloto) me dio como candidato para salir tercero. No sé lo que pasó. No entendí bien. Creo que voy a hacer todo el campeonato. Vamos a ir despacio. El auto terminó bien: para la próxima cambiamos las gomas, las pastillas y listo. Revisaremos también la caja”, dijo después de abrazarse con el ganador, Gastón Aguirre, Rubén Bulla y Sergio Solmi (ex piloto y preparador), quien le atendió el auto en aquella carrera.

A la hora de algunas reflexiones, El Carpo confesó: “En mi filosofía de vida es muy difícil elegir entre el rock, las mujeres y los fierros. Las tres son muy distintas y a la vez, muy lindas”. Acerca de si Pappo y Norberto Napolitano fueron dos personas distintas, afirmó en tono de broma: “No, en realidad somos como cuatro. No finjo ser una persona, sino que me convierto… Son distintos estados de ánimo. En el escenario hablo con la guitarra y en un auto con el acelerador”.

En 1994 llegó a compartir un escenario con B.B King, quien cumplió con su palabra y lo invitó: “Tocar con B.B King fue como si hubiera ido a correr a Daytona con la Misión Argentina (denominación de los equipos albicelestes que corrieron en el exterior)”, explicó. “Pero tuve que ponerme traje, no me quedó más remedio”, reparó sobre aquel día único y recordó cómo nació esa historia: “Primero me había invitado a tocar en Obras Sanitarias, en 1992. Me dijo que me iba a llamar de nuevo para ir a los Estados Unidos. La verdad, no me la creí demasiado. Un día, en 1994, me llegó un fax que decía: ‘Preséntese en el Madison Square Garden, tal día a tal hora…’ No lo podía creer, estaba tocando en un estadio solamente cuatro guitarristas blancos que habían hecho blues ¡Yo era el quinto!

Pappo y el automovilismo
Pappo flanqueado a su derecha por Osvaldo Abel López y a su izquierda por Marito Siracusano, acompañante de “Cocho” en el TC (“Cocho” López)

Pasó a la inmortalidad el 25 de febrero de 2005 cuando manejaba su moto y en otra iba su hijo Luciano Napolitano. Estaban por una zona cercana a Luján y en esa madrugada perdió el control de su Harley Davidson y fue chocado por un Renault Clío. Tenía 54 años. Dejó un legado con sus discos y en el automovilismo disfrutó de otra música, la de los motores. Para un fierrero no hay nada como el escuchar el impulsor de un auto de carrera yendo a fondo y Pappo lo vivió desde adentro.

Cocho así lo define: “Un genio para la música, para la poesía y muy divertido y eso nos unió mucho. A él le gustaba los fierros y la combinación era justa. Se acercó y empezó a meterse con los fierros y lo empecé a ayudar. Para mí era un placer y salimos a muchos lugares juntos. Esa amistad duró toda la vida y sigue hasta hoy. Yo lo siento presente porque tengo a su música conmigo. Cuando voy a algún lugar donde puedo cantar trato de emularlo (risas) porque tiene unas canciones hermosas. Por supuesto que no sé cantar bien, pero él está presente y nos encontraremos en algún otro lado. No tengo dudas”.

Pappo nunca chapeó en un autódromo por ser una figura musical e ídolo popular. Tuvo la humildad de buscar un consejo para exprimir al máximo un auto de carrera y como siempre lo hizo arriba del escenario su meta fue encontrar los mejores acordes en la pista. En cualquier circuito demostró que no quiso ser la nota de color y lo hizo con seriedad. Para poder correr ya sea a nivel zonal o nacional sacó dinero de su bolsillo y le puso el valor agregado más importante y puro, la pasión: “El problema es que nadie supo explotarme en el automovilismo. No vino ningún promotor a decirme: ‘Mirá, vos ocupate de correr que yo te promociono’. Siempre hice todo solo y a pulmón”.

Pappo y el automovilismo
El día que logró su podio a nivel nacional, en la categoría GTA (Archivo CORSA)

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