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Salud

La vacuna contra el VPH también previene el cáncer en los hombres, según un estudio

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VIERNES, 24 de mayo de 2024 (HealthDay News) — El desarrollo y la aceptación de la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH) ha sido crucial para reducir las tasas de cánceres de cuello uterino vinculados con el virus en las mujeres.

Ahora, los datos acumulados sugieren que la vacuna también está salvando a los hombres de cánceres fatales.

En general, los hombres que recibieron la vacuna [por lo general cuando eran niños] vieron reducidas a la mitad sus probabilidades de cánceres relacionados con el VPH, según un informe que se presentará en la próxima reunión de la Sociedad Americana de Oncología Clínica (American Society of Clinical Oncology, ASCO) en junio.

Los tumores en hombres que se sabe que están relacionados con la infección por VPH incluyen cánceres de cabeza y cuello, áreas anales y pene. La tasa general de esos cánceres entre los hombres vacunados fue de 7.5 casos por cada 100,000 hombres, pero esa tasa se redujo a 3.4 entre los hombres que habían sido vacunados, encontró el informe.

Los mayores descensos se observaron en la prevención de los cánceres masculinos de cabeza y cuello: 2.8 casos por cada 100,000 pacientes vacunados frente a 6.3 por cada 100,000 pacientes no vacunados.

“Sabemos que la vacuna contra el VPH reduce las tasas de infección oral con el VPH, pero este estudio muestra que en los niños y en los hombres en particular, la vacunación reduce el riesgo de cánceres orofaríngeos de cabeza y cuello relacionados con el VPH”, señaló el Dr. Glenn Hanna, que no participó en la nueva investigación.

“La vacunación contra el VPH es prevención del cáncer”, señaló Hanna en un comunicado de prensa de la ASCO. Dirige el Centro de Innovación Terapéutica del Cáncer, que forma parte del Centro de Oncología de Cabeza y Cuello del Instituto Oncológico Dana-Farber de Boston.

Las directrices actuales de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU. aconsejan que todos los niños se vacunen de forma rutinaria contra el VPH a los 11 o 12 años, aunque la vacunación se puede realizar a partir de los 9 años.

El VPH se transmite a través del contacto sexual, por lo que el razonamiento es que las personas se vacunan antes del inicio de la actividad sexual.

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Dado que el VPH es responsable de la gran mayoría de los cánceres de cuello uterino, el foco de la vacunación ha sido durante mucho tiempo las niñas. Pero los expertos saben que los niños y los hombres también pueden verse afectados por cánceres de boca, garganta, cabeza/cuello, ano y pene relacionados con el VPH a medida que envejecen.

La nueva investigación fue dirigida por Jefferson DeKloe, investigador de la Universidad Thomas Jefferson en Filadelfia. Su equipo rastreó las tasas de cánceres relacionados con el VPH en unos 5.5 millones de estadounidenses, unos 949,000 de los cuales habían sido vacunados contra el VPH.

Además de los hallazgos alentadores en los hombres, el estudio también afirmó que la vacunación redujo las probabilidades de que las mujeres parecieran cánceres relacionados con el VPH.

Por ejemplo, la tasa de cánceres de cuello uterino en las mujeres se redujo de 10.4 por cada 100,000 pacientes no vacunadas a 7.4 casos por cada 100,000 pacientes vacunadas, encontró el estudio. También tuvieron una tasa más baja para todos los cánceres relacionados con el VPH combinados: 15.8 por cada 100,000 pacientes no vacunados frente a 11.5 casos por cada 100,000 pacientes vacunados.

Por razones que no están claras, las mujeres no recibieron ningún beneficio de la vacunación en términos de incidencia de cáncer de cabeza y cuello, a diferencia de la tendencia observada entre los hombres.

Aun así, los beneficios de la vacunación para las mujeres y los hombres son obvios, dijo DeKloe.

“Este estudio se suma a un creciente cuerpo de evidencias que demuestran unas tasas más bajas de cáncer relacionado con el VPH entre las personas que recibieron la vacuna contra el VPH”, dijo.

Desafortunadamente, las tasas de inmunización siguen siendo demasiado bajas.

“Los CDC reportaron que en 2022, menos de un 60 por ciento de los niños de 15 a 17 años habían sido vacunados contra el VPH, lo que sugiere que una gran parte de la población es más vulnerable a la infección con el VPH y, a su vez, más vulnerable al desarrollo de cánceres relacionados con el VPH”, anotó DeKloe. “Identificar intervenciones efectivas que aumenten las tasas de vacunación contra el VPH es fundamental para reducir la carga excesiva de cáncer en los Estados Unidos”.

Hay algunas razones para la esperanza: un segundo estudio que se presentará en la reunión de la American Society of Clinical Oncology muestra que las tasas de vacunación contra el VPH aumentan constantemente entre los adolescentes estadounidenses.

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Al observar los datos entre 2011 y 2020, un equipo dirigido por Jacqueline Nguyen , del Centro Oncológico MD Anderson en Houston, encontró que la aceptación de la vacunación contra el VPH entre los adolescentes aumentó en alrededor de un 20 por ciento en general (del 23.3 al 43.0 por ciento) y en todos los grupos raciales y étnicos.

El aumento en la inmunización fue más pronunciado entre los chicos, con un aumento de un 7.8 a un 36.4 por ciento, encontró el estudio. Aun así, esa cifra sigue estando significativamente por debajo de la tasa de vacunación de un 49.4 por ciento lograda por las chicas y las mujeres en 2020, anotó el equipo de Nguyen.

Los hallazgos de estos dos estudios deben considerarse preliminares hasta que se publiquen en una revista revisada por pares.

Más información

Las recomendaciones completas sobre la vacunación contra el VPH se pueden encontrar en la Sociedad Americana Contra El Cáncer.

FUENTE: Sociedad Americana de Oncología Clínica (American Society of Clinical Oncology), comunicado de prensa, 23 de mayo de 2024

Salud

Contaminación del aire: dos estudios analizaron nuevas consecuencias en la salud humana

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En el escenario de desafíos que enfrenta el planeta a nivel climático, la contaminación del aire se destaca como uno persistente. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “la contaminación del aire (tanto el exterior como el de interiores) es la presencia en él de agentes químicos, físicos o biológicos que alteran las características naturales de la atmósfera”.

“Los aparatos domésticos de combustión, los vehículos de motor, las instalaciones industriales y los incendios forestales son fuentes habituales de contaminación de aire. Los más preocupantes para la salud pública son las partículas en suspensión, el monóxido de carbono, el ozono, el dióxido de nitrógeno y el dióxido de azufre. Los efectos combinados de la contaminación del aire ambiente y la del aire doméstico se asocian a 6,7 millones de muertes prematuras cada año”, dice la OMS.

En ese sentido, recientemente, dos estudios científicos analizaron el impacto de esta problemática en la salud mental a partir de la exposición prenatal y en el sistema digestivo.

Antes que nada, cabe hacer un repaso sobre el concepto de contaminación del aire. Timoteo Marchini, investigador del Conicet en el Instituto de Bioquímica y Medicina Molecular (IBIMOL) e investigador en el Departamento de Cardiología del Hospital Universitario de Friburgo, Alemania, conversó con Infobae.

“La contaminación del aire está compuesta por dos grandes grupos de contaminantes: los gases y el material particulado. Los gases, por lo general, son dióxido de carbono, óxidos de azufre, óxidos de nitrógeno y ozono, y se encuentran especialmente relacionados con alteraciones respiratorias y daños en el pulmón. Los contaminantes que, desde el punto de vista epidemiológico, son de mayor riesgo para la salud son el material particulado, que son partículas sólidas suspendidas en el aire que respiramos”, introdujo Marchini.

Al tiempo que detalló: “Estas partículas provienen principalmente de la combustión de combustibles fósiles para el transporte, la industria y la obtención de energía, y se clasifican generalmente según su tamaño. Las más importantes son las partículas finas, conocidas como PM 2.5, que son todas las partículas menores a 2,5 micrómetros de diámetro. Esto es importante porque son lo suficientemente pequeñas como para penetrar profundamente en el pulmón hasta los alveolos pulmonares”.

“En los alveolos pulmonares hay unas células llamadas macrófagos alveolares, que se encargan de fagocitar y digerir estas partículas. Como son totalmente artificiales, estas células nunca llegan a digerir completamente las partículas, y se cargan de ellas, generando una respuesta inflamatoria sobredimensionada. Esta inflamación se circunscribe primero al pulmón y luego a la circulación sistémica de la sangre, impactando en distintos órganos como el corazón, los vasos sanguíneos y el tejido adiposo. Ese es el principal mecanismo a través del cual la contaminación produce efectos adversos sobre la salud”, dijo Marchini.

Contaminación del aire y salud mental
En un estudio publicado en JAMA Network Open, investigadores de la Universidad de Bristol, King’s College London, University College London y la Universidad de Cardiff han revelado que la exposición prenatal a la contaminación del aire está relacionada con el desarrollo de problemas de salud mental en la adolescencia. Este descubrimiento añade una nueva dimensión a la comprensión de cómo las condiciones ambientales durante el embarazo pueden tener efectos duraderos en la salud mental de los niños según los autores.

Los expertos explicaron que la contaminación del aire, compuesta por gases tóxicos y partículas, puede afectar la salud mental a través de diversas vías. Entre ellas, destacaron la posible alteración de la barrera hematoencefálica, la promoción de la neuroinflamación y el estrés oxidativo, y la entrada directa de partículas en el cerebro que podrían dañar el tejido.

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Para llevar a cabo el estudio, el equipo de la Universidad de Bristol utilizó datos del Estudio Longitudinal Avon de Padres e Hijos (ALSPAC), también conocido como el estudio de los Niños de los 90. Este proyecto ha seguido a más de 14,000 mujeres embarazadas y sus hijos desde 1991 y 1992, proporcionando una base de datos extensa para analizar las asociaciones a largo plazo entre la exposición ambiental temprana y la salud mental.

Los investigadores encontraron que aumentos relativamente pequeños en las partículas finas (PM 2.5) durante el embarazo y la infancia se asociaron con un mayor riesgo de experiencias psicóticas y síntomas de depresión en la adolescencia y la adultez temprana. Por cada aumento de 0.72 microgramos por metro cúbico en la exposición a PM 2.5, hubo un incremento del 11% en las probabilidades de sufrir experiencias psicóticas y un 10% en las probabilidades de desarrollar depresión de acuerdo a lo que revelaron.

“Se cree que los bebés y los niños son especialmente vulnerables a la contaminación del aire, pero los datos longitudinales de alta resolución sobre la contaminación que abarcan los primeros años de la vida humana son escasos. En segundo lugar, relativamente pocos estudios han examinado la asociación de la contaminación del aire con los problemas de salud mental de los jóvenes, a pesar de que la juventud es un período crítico para la intervención. (…) Nuestro objetivo era mejorar la comprensión de este tema”, escribieron los investigadores.

La doctora Joanne Newbury, una de las autoras, destacó la importancia de estos hallazgos. “Nuestros resultados se suman a un creciente conjunto de evidencia que sugiere que la contaminación del aire tiene un impacto perjudicial en la salud mental. Este es un problema significativo, ya que la contaminación del aire es una exposición común y las tasas de problemas de salud mental están aumentando globalmente”, señaló.

“Nuestros hallazgos se suman a un creciente conjunto de evidencia (de diferentes poblaciones, ubicaciones y utilizando diferentes diseños de estudio) que sugiere un impacto perjudicial de la contaminación del aire (y potencialmente de la contaminación acústica) en la salud mental. Esta es una preocupación importante, porque la contaminación del aire es ahora una exposición muy común y las tasas de problemas de salud mental están aumentando a nivel mundial”, planteó Newbury.

Y sumó: “Dado que la contaminación también es una exposición prevenible, las intervenciones para reducir la exposición, como las zonas de bajas emisiones, podrían potencialmente mejorar salud mental. Las intervenciones dirigidas a grupos vulnerables, incluidas las mujeres embarazadas y los niños, también podrían brindar una oportunidad para reducir más rápidamente la exposición”.

Marchini comentó a Infobae que aunque la contaminación “primero toma contacto con el pulmón, las principales enfermedades asociadas con los contaminantes del aire son enfermedades cardiovasculares, principalmente el infarto agudo de miocardio y el accidente cerebrovascular (ACV)”.

“Hay una agrupación más particular de las partículas finas de contaminación ambiental, que son las partículas ultrafinas (UFP): aquellas menores a 100 nanómetros. Aunque todavía hay menos información y alguna controversia al respecto, se cree que estas partículas son lo suficientemente pequeñas como para atravesar el alveolo pulmonar, llegar a la sangre y distribuirse a otros tejidos, donde ejercen un efecto directo”, precisó el especialista.

“Se han encontrado partículas ultrafinas en las placas de ateroma, en la placenta y en el cerebro, sugiriendo un posible efecto directo además de la reacción inflamatoria. Hay un tercer mecanismo descrito para los efectos sobre la salud de los contaminantes del aire, especialmente las partículas finas y ultrafinas, que es un desbalance del sistema nervioso. Algunas partículas pueden activar nervios en el pulmón, generando un aumento del tono simpático, lo que produce una forma de estrés relacionado con la hipertensión, alteraciones del ritmo circadiano y demás”, amplió.

En cuanto a la exposición prenatal a la contaminación del aire, según Marchini, “se produce cuando una persona embarazada en un ambiente urbano contaminado respira los contaminantes. En ambientes más contaminados, como ciudades en India o en China, la exposición puede generar daño al embrión. Un experimento en China con ratas mostró que la descendencia de ratas expuestas a un ambiente contaminado tenía mayor peso al nacer comparado con ratas que respiraban aire filtrado”.

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“La contaminación puede incidir en la salud mental a través de estos mecanismos, especialmente el desbalance del sistema nervioso y la posible presencia de partículas ultrafinas en el cerebro. Aunque la inflamación sistémica tiene un impacto menor directo en el cerebro debido a la barrera hematoencefálica, se cree que las partículas ultrafinas pueden atravesar esta barrera, especialmente si está dañada, y afectar el cerebro, lo cual es crítico en niños menores de cinco años”, completó el experto.

Infobae también conversó con Pablo Orellano, especialista en epidemiología e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y quien lideró uno de los cinco equipos del mundo elegidos por la OMS para relevar los efectos adversos de contaminantes del aire.

“Todos los contaminantes, sobre todo el material particulado, cuando entra al organismo en general, ingresa por el sistema respiratorio y, una vez que entra a los pulmones, llega al torrente sanguíneo. Como la sangre es necesaria para irrigar todos nuestros sistemas y todos nuestros órganos, de esa manera se distribuye a todo nuestro organismo”, dijo Orellano.

Y agregó: “Con respecto a la exposición prenatal, es la misma manera. La madre, la mujer embarazada, respira las partículas contaminantes. Estas entran primero al sistema respiratorio, pasan por los pulmones a través de los alveolos, llegan al sistema circulatorio y de ahí no solo se distribuyen e irrigan todos los órganos de su propio organismo, sino que además el embrión comparte esa distribución de sangre con la madre a través del torrente sanguíneo y del cordón umbilical”.

Contaminación del aire y sistema digestivo
Una revisión publicada en la revista eGastroenterology planteó que la exposición a PM 2.5 n puede afectar el sistema digestivo, incluyendo el hígado, el páncreas y los intestinos.

El trabajo destacó cómo las partículas contaminantes desencadenan respuestas de estrés dentro de las células del sistema digestivo. Estas respuestas implican la participación de orgánulos subcelulares especializados como el retículo endoplásmico (RE), las mitocondrias y los lisosomas, según plantearon. Cuando las PM 2.5 alteran el funcionamiento de estos orgánulos, se produce una cadena de reacciones dentro de las células, que puede llevar a la inflamación y otros efectos perjudiciales. Esta información es clave para entender el daño sistémico que pueden causar estos contaminantes.

“Los daños a los orgánulos y el estrés oxidativo parecen desempeñar un papel importante en los efectos citotóxicos de las PM al mediar en las vías de respuesta al estrés relacionadas con la inflamación, la alteración metabólica y los programas de muerte celular. Los órganos o tejidos del tracto digestivo, como el hígado, el páncreas y el intestino delgado, son susceptibles a la exposición a PM”, señalaron en el trabajo, que fue una revisión firmada por Zhang Kezhong, de la Universidad Estatal de Wayne en Estados Unidos.

Los expertos han demostrado que la exposición a estas partículas puede desencadenar una serie de problemas en el hígado, incluyendo inflamación, respuestas al estrés y daño a los orgánulos. Además, se ha observado que la alteración del metabolismo energético en el hígado puede contribuir al desarrollo de enfermedades como la enfermedad del hígado graso no alcohólico (NASH) y la diabetes tipo 2.

Los efectos negativos de las PM 2.5 no se limitan al hígado. El páncreas, otro órgano vital del sistema digestivo, también puede sufrir daños significativos. Los estudios han relacionado la exposición a PM 2.5 con un mayor riesgo de insuficiencia pancreática en personas con diabetes. Este daño puede afectar la capacidad del páncreas para producir insulina, exacerbando las complicaciones diabéticas. La investigación de los expertos es crucial para comprender cómo proteger mejor el páncreas de estos contaminantes ambientales.

El sistema digestivo en su conjunto es vulnerable a las PM 2.5. Los intestinos, en particular, pueden experimentar un aumento en la permeabilidad debido a la exposición a estas partículas. Este aumento de la permeabilidad intestinal puede llevar a una variedad de problemas digestivos, incluyendo inflamación y una mayor susceptibilidad a infecciones. Los estudios muestran que las células intestinales son especialmente sensibles a las alteraciones causadas por PM 2.5, lo que puede tener consecuencias a largo plazo para la salud digestiva según los autores.

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A pesar de los avances significativos, todavía quedan muchas preguntas por responder sobre cómo las células detectan y responden a las PM 2.5 de acuerdo a estos expertos. De acuerdo a lo señalado por ellos, se está trabajando para entender las diferencias en la respuesta al estrés entre los distintos órganos digestivos. Además, están investigando cómo la exposición a PM 2.5 afecta la comunicación entre diferentes órganos digestivos, lo que podría tener un impacto en la función digestiva general.

Orellano amplió ante la consulta de Infobae: “Sobre el sistema digestivo, ocurre, de vuelta, que los contaminantes entran al torrente sanguíneo y a través de ese torrente sanguíneo es que ese sistema circulatorio irriga todos los órganos. Digamos, esa sería la forma principal en la que llegan los contaminantes a los órganos objetivos. En una forma secundaria, por lo que indican algunos trabajos, cuando ingresa el contaminante en el sistema respiratorio, éste las envuelve en moco y es posible que ingrese al sistema digestivo porque uno lo ingiera. Pero en realidad, el mecanismo más importante es a través del torrente sanguíneo”, amplió Orellano.

“Cuando las partículas contaminantes llegan al torrente sanguíneo, la sangre se distribuye por todos los tejidos del organismo, porque la sangre es necesaria para todos los tejidos. Es la forma más sistémica que tiene la contaminación de llegar a todos los órganos y los tejidos. El otro gran sistema es el inmune, que también tiene que estar actuando en todo el cuerpo. Como requiere un equilibrio para su funcionamiento, los contaminantes de alguna manera lo alteran y no funciona correctamente. Por eso tiene la capacidad de afectar prácticamente cualquier órgano en nuestro cuerpo”, siguió el experto del CONICET.

Y reflexionó: “Cada vez se tiene más claro el vínculo causal entre la contaminación del aire y la mortalidad general, la mortalidad natural por enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares. Hay enfermedades respiratorias que son las que más se conocen, pero cada vez se van descubriendo más relaciones con enfermedades del sistema endocrino y salud mental, que es algo que está con mucho desarrollo en los últimos años. Descubrir esos mecanismos es bastante más complejo, entonces va a llevar más tiempo. Por otro lado, en algunos casos las afectaciones tienen valores de asociación, valores estadísticos de asociación, que nosotros le decimos riesgo relativo, que son muy altos”.

En tanto, Marchini apuntó: “En el sistema digestivo, las partículas más grandes quedan retenidas en las vías aéreas superiores y son arrastradas por el moco hacia el estómago y los intestinos. Se está investigando cómo las alteraciones en la flora intestinal inducidas por estos contaminantes pueden generar alteraciones a nivel cerebral”.

“Constantemente se descubren nuevas consecuencias de los contaminantes del aire y un entendimiento más refinado de las ya conocidas, debido a la creciente preocupación y a mayores líneas de financiamiento e investigación. Por ejemplo, se está investigando cómo la contaminación del aire afecta el desarrollo de factores de riesgo cardiovascular como la obesidad, diabetes e hipertensión, y cómo la sinergia entre estresores ambientales como ruido y luz también contribuye a deteriorar la salud”, cerró Marchini.

Anteriormente, un artículo institucional del Instituto de Estudios Urbanos (IEU) de la Universidad Nacional de Colombia precisó que la OMS “relaciona, desde el riesgo sanitario, la contaminación del aire con enfermedades como el cáncer pulmonar, asma bronquial y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, pero también con enfermedades extrapulmonares como el impacto agudo de miocardio y el accidente cerebrovascular, con incidencias que van hasta el 30% en algunas de ellas. La contaminación del aire es mayor en las áreas urbanas, ciudades como Karachi, Delhi, Beijing, Paris y Ciudad de México, que presentan altos niveles de contaminación atmosférica”.

Finalmente, Horacio Rubio, gastroenterólogo y expresidente de la Sociedad Interamericana de Endoscopía Digestiva, le dijo a Infobae: “La presencia de contaminantes en el medio ambiente es un nuevo objeto de estudio por su capacidad de causar estrés celular. Ya se han establecidos características definidas con los microplásticos en peces y existe un interés creciente en valorar los efectos en los que los consumen”.

A nivel celular, el estrés es caracterizado por modificaciones en la forma o función de organelas intracelulares que son los componentes de la célula. Se puede detectar un aumento de las proteínas que el retículo endoplasmático, que es una de estas partículas, y no logra plegar suficientemente para alcanzar su conformación correcta. A un nivel superior, la de un órgano, se pueden detectar alteraciones en las uniones celulares que forman las paredes del intestino. Esto tiene la consecuencia de alteraciones significativas en la barrera defensiva del órgano”, postulo Rubio.

“Desde una perspectiva biológica la inflamación es un hecho definido por la intervención de variadas sustancias químicas responsables de alteraciones en las reacciones químicas normales. En muchas enfermedades estos son los eventos probablemente iniciales, las causas de la perpetuación de situaciones pasajeras y el blanco de muchas sustancias terapéuticas”, cerró el gastroenterólogo.

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Origen: https://www.infobae.com/america/ciencia-america/2024/06/02/contaminacion-del-aire-dos-estudios-analizaron-nuevas-consecuencias-en-la-salud-humana/

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Salud

El método 4-7-8 para dormirse en menos de un minuto

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17 de junio 2024 – 11:00

Este nuevo método te va a ayudar a dormirte más rápido y a bajar los niveles de ansiedad. Enterate cómo realizarlo.

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Quedarse dormido o recuperarse de un ataque de ansiedad puede que sea fácil contando 1-2-3. Pero algunos expertos creen que un conjunto diferente de números podría ser incluso una mejor solución.

Muchas de las dificultades para dormir se deben a que las personas intentan conciliar el sueño pero su mente está con pensamientos intrusos, por eso los ejercicios como la técnica 4-7-8 dan la oportunidad de practicar estando en paz. Y eso es exactamente lo que debemos hacer antes de irnos a la cama

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Cómo es el método 4-7-8 para dormirse en un minuto

La técnica 4-7-8 es un ejercicio de relajación que consiste en inhalar hasta contar hasta cuatro, contener la respiración hasta llegar a siete y exhalar cuando la cuenta llegue a ocho. No requiere de ningún equipo o preparación específica, pero se recomienda que en el momento en el que se está aprendiendo el ejercicio la persona se siente con la espalda recta.

Durante toda la práctica, se debe colocar la punta de la lengua contra la cresta de tejido detrás de los dientes frontales superiores, mientras se exhala por la boca alrededor de la lengua. Luego, hay que seguir estos pasos:

  • Exhala completamente por la boca, haciendo un sonido de silbido.
  • Cierra la boca e inhala tranquilamente por la nariz hasta contar mentalmente hasta cuatro.
  • Aguanta la respiración mientras cuentas hasta siete.
  • Exhala por la boca, haciendo un sonido de silbido mientras cuentaa hasta ocho.
  • Repite el proceso tres veces más hasta completar un total de cuatro ciclos de respiración.
  • Mantener la proporción de cuatro, luego siete y luego ocho es más importante que el tiempo que pasas en cada fase

De todos modos, si se padece de ansiedad, es fundamental consultar con un profesional y luego probar métodos naturales.

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Salud

Argentinos investigan beneficios del yogur para bajar de peso y prevenir diabetes

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Un trabajo realizado por destacados especialistas argentinos sostiene que el consumo periódico de yogur es beneficioso para la salud y contribuye a la prevención y manejo de la diabetes tipo 2 y de la obesidad.

El artículo, denominado “El yogur, en el contexto de una dieta saludable, para la prevención y el manejo de la diabetes y la obesidad: una perspectiva desde Argentina” y fue publicado en la prestigiosa revista internacional Frontiers in Nutrition.

El mismo sostuvo que “en el contexto de la dieta global, poco diversa y con amplias brechas en alimentos nutritivos, el aporte de un aumento moderado del consumo de yogur tiene el potencial de mejorar hasta un 10% la densidad nutricional de la dieta de la población argentina. Su consumo puede ser beneficioso en la prevención y tratamiento de la obesidad y la diabetes tipo 2”.

“Este artículo intenta reunir la evidencia más reciente acerca de la importancia del yogur en la dieta. Sabemos mucho sobre sus aportes nutritivos, pero, en los últimos años, es creciente la evidencia -aún en construcción- que le agrega valor por su cada vez más reconocida relación con la prevención de diabetes tipo 2 y obesidad (en un contexto de altas prevalencias de ambas)”, explicó Gabriel Vinderola, doctor en Química e investigador principal del Instituto de Lactología Industrial (CONICET-UNL).

Vinderola, quien además es docente de la Facultad de Ingeniería Química de la Universidad Nacional del Litoral, añadió: “Revisamos esa evidencia y procuramos profundizar en posibles vías que expliquen esos beneficios. Consumir tan solo 100 g diarios de yogur tiene potencial para aumentar la densidad nutricional (calidad) de la dieta de nuestra población y -según muestran algunos trabajos- contribuir a disminuir en cientos de miles las personas que pueden contraer diabetes en las próximas dos décadas”.

Sin embargo, según un relevamiento de la consultora Kantar Worldpanel, en Argentina el consumo de yogur ronda actualmente -en promedio- los 4 kg por habitante por año, mientras que hace apenas 12 años, la cifra alcanzaba los 10 kg/persona/año, según datos presentados en las Guías Alimentarias para la Población Argentina.

Ante esta situación, el trabajo destaca que la fácil disponibilidad del yogur y su sencilla introducción en dietas diversas sugiere que incorporar el yogur como parte de una dieta saludable puede contribuir potencialmente a mejorar la salud pública mediante la prevención de las enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT) y la reducción de los costos asociados a su tratamiento.

“Los consumidores de yogur ingieren más nutrientes esenciales, como minerales (calcio, potasio, magnesio, zinc), vitaminas (B2, B12, D) y proteínas, y menos grasas. Está demostrado que los niños que consumen yogur con frecuencia tienen una dieta general más saludable: consumen más frutas, cereales integrales y leche, lo que indica un mejor perfil nutricional. Lo mismo sucede en adultos, los consumidores de yogur suelen ingerir menos frituras, carnes procesadas y rojas, pizzas, bebidas azucaradas o alcohol”, afirmó Sergio Britos, licenciado en Nutrición, Director del Centro de Estudios sobre Política y Economía de la Alimentación (CEPEA) y de la Diplomatura Universitaria de la UCA sobre Alimentación Saludable y Sostenible.

Por su lado, María Elena Torresani, licenciada en Nutrición, Directora de la Especialización en Nutrición con orientación a Obesidad de la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino de Tucumán y docente de la carrera de Nutrición de la Universidad Favaloro, dijo: “El yogur es una matriz versátil que además permite sumar el efecto beneficioso de otros alimentos como cereales integrales y frutas, en cualquier momento del día. Y las oportunidades se amplían si se lo considera más allá del desayuno o la merienda, como ingrediente para la elaboración de otros platos como aderezos o ensaladas, como es cada vez más habitual aquí y es cotidiano en otras partes del mundo”.

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Al respecto, el Dr. Vinderola agregó: “Además de probióticos y proteínas de alta calidad, entre otros nutrientes, su combinación con otros alimentos puede proporcionar fibras prebióticas, ácidos grasos y una combinación de vitaminas y minerales con el potencial de ejercer efectos sinérgicos sobre la salud. Esto convierte al yogur en un alimento sumamente recomendable, considerando su asociación con patrones de alimentación saludables”.

6 de cada 10 argentinos tienen sobrepeso

Según la última encuesta nacional de factores de riesgo del Ministerio de Salud, 6 de cada 10 argentinos mayores de 18 presentan obesidad o sobrepeso y más de 1 de cada 10, diabetes o alteración de la glucemia. Ambas cifras aumentaron progresivamente en comparación con las ediciones anteriores de la misma encuesta. Esta situación se agrava dado que el sobrepeso y la obesidad son, en sí mismos, factores de riesgo para desarrollar diabetes 2.

“Una mayoría de la población argentina consume alimentos excedidos en sodio, en calorías, en grasas, abusamos del ‘picoteo’, de los panificados y de snacks poco nutritivos, generalmente también excediéndose en el tamaño de las porciones. En paralelo, mostramos bajísimos niveles de consumo de frutas, verduras y legumbres y gran parte de nuestra población es sedentaria. Todo esto representa un escenario favorable para el desarrollo de las enfermedades crónicas no transmisibles”, señaló el Lic. Britos.

En cuanto al rol del yogur en la prevención y manejo de la diabetes tipo 2, los autores afirman que el consumo de yogur descremado se ha asociado con un menor riesgo de desarrollarla. “Se cree que esto se debe a la acción simultánea de las proteínas de la leche, el calcio, el magnesio, la vitamina D y el bajo índice glucémico del yogur. Además, ciertos ácidos grasos también pueden ser beneficiosos para el control de la diabetes tipo 2”, afirman.

Un metaanálisis reciente de 14 estudios realizados en Estados Unidos, Reino Unido, Países Bajos, España, Australia y Japón, que incluyó a 483.090 personas, encontró una reducción del 7% en el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 por cada aumento de 50 g de yogur consumido diariamente. Sin embargo, reconocen que la asociación entre el consumo de productos lácteos y la diabetes depende del tipo de producto lácteo y su composición de grasa, así como de los niveles de glucemia iniciales de los consumidores.

Tal es la evidencia de su contribución a la prevención de la diabetes tipo 2 que, luego de analizar toda la documentación disponible, la autoridad sanitaria de los Estados Unidos, FDA, autorizó la inclusión de la siguiente afirmación en los envases de yogur de ese país afirmando: “Consumir yogur regularmente, al menos 2 tazas (3 porciones) por semana, puede reducir el riesgo de diabetes tipo 2 según evidencia científica limitada”.

“En relación con sus beneficios para la obesidad, tras analizar la amplia bibliografía existente, concluimos que el yogur puede ser útil para programas de control de peso. Su consumo se asocia con mejores valores de índice de masa corporal en los consumidores. Además, existe evidencia que sugiere que aporta también otros beneficios para la salud, como prevención de la osteoporosis, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares, así como la promoción de la salud intestinal y la modulación del sistema inmunológico”, sostuvo la Dra. Torresani.

Evidencia contundente

La evidencia epidemiológica y clínica sugiere que el yogur participa en el control del peso corporal y puede desempeñar un papel en la reducción del riesgo de obesidad, en parte mediante la sustitución de alimentos menos saludables y sus diversos componentes de la matriz alimentaria, y, en algunos casos, gracias a los probióticos, que su modulación de la microbiota intestinal interviene en mecanismos vinculados con efectos sobre el control del apetito, el equilibrio energético y diferentes biomarcadores antropométricos como el índice de masa corporal (IMC), la circunferencia de la cintura y la grasa corporal.

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Varios estudios transversales demostraron que los consumidores de yogur tienen un IMC significativamente menor en comparación con los no consumidores. Las mujeres que consumieron al menos una porción de yogur presentaron un IMC significativamente más bajo en comparación con aquellas que no lo hicieron.

Un metaanálisis indica que el consumo de yogur reduciría la obesidad general y la obesidad abdominal. Además, su consumo sostenido puede contribuir a algunos cambios antropométricos relacionados con la obesidad.

En un estudio de cohorte retrospectivo, los consumidores habituales de elevadas cantidades de porciones de yogur ganaron significativamente menos peso en comparación con los consumidores de bajas cantidades y se encontró una asociación significativa entre el consumo de yogur y la disminución del aumento de peso.

En relación específicamente con la grasa abdominal, varios estudios transversales demostraron que los consumidores de yogur presentaban significativamente menos grasa corporal versus los no consumidores, con asociaciones inversas significativas entre el consumo de yogur y la grasa corporal total y abdominal. “En un mundo cada vez con más obesidad -destaca el documento- sería valioso que las estrategias de salud pública utilizaran un alimento simple, económico y de consumo común que puede ayudar a mejorar los resultados relacionados con el peso”.

“Si bien no hay alimentos milagrosos, ni soluciones mágicas, pequeños cambios en nuestra alimentación, como puede ser incrementar el consumo de yogur en reemplazo de otros alimentos con menor calidad nutricional, sin ninguna duda puede contribuir, junto a otras medidas saludables como una dieta variada y mayor actividad física, a disminuir el riesgo de desarrollar diabetes 2 y sobrepeso y obesidad”, concluyeron los autores del artículo. (NA)

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