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Las historias detrás de esta historia

La historia del maestro Calderón me la refirió el Chingolo Casalla en la esquina de Mitre y Villegas, unas semanas después me comuniqué con Ernestina (una de sus hijas) y un mes más tarde tuve la suerte y el agrado de conversar en Esquel con ella y dos de sus hermanos.

Fue doña Ernestina la que puso a mi disposición Las Memorias del maestro, los documentos, las cartas y las fotografías familiares, y quién me obsequió una copia del libro Héroes Olvidados de José I. Tamburini, donde el autor recrea la historia de don Vicente.

Por esos días obtuve muy buena información leyendo en internet las columnas dominicales Curiosidades Patagónicas, firmadas por Francisco N. Juárez y dedicadas exclusivamente al caso y su contexto histórico, publicadas por el diario Río Negro entre abril y julio del año 2008.

Hay muchos pormenores que las sobrias memorias del maestro no refieren, por caso los nombres de las dos víctimas fatales que tuvo esta historia: Don Juan Bonansea, el vecino que junto al maestro elevó el petitorio al gobernador Lezana, y fue asesinado el 8 de marzo de 1908 en el paraje Pozo Cayuqueo (cerca de Telsen) precisamente cuando regresaba de entregar el petitorio; y Don Asunción Mayorga, el peón del maestro asesinado por los policías luego de dar por muerto a Don Vicente.

Al momento del atentado la empresa Cochamó no sólo había adquirido los derechos de las 25 leguas cuadradas cedidas al Perito Moreno por el Estado Nacional, sino que había comprado varias parcelas que se extendían hasta Tecka en las que pastaban 35.000 ovejas; además hacía muy poco que la empresa había abierto una picada trasandina hasta El Manso (del lado Argentino) para abreviar los arreos.

Doña Ernestina Calderón de Ocampo

Esto alteraba los términos del Tratado de Límites firmado entre Argentina y Chile en 1902 (hacía apenas 6 años) y fue denunciado por Clemente Onelli en su excelente libro Trepando los Andes.

El que vendió las 25 leguas cuadradas a la empresa Cochamó fue Florencio Martínez de Hoz, descendiente de José Martínez de Hoz (fundador de la Sociedad Rural Argentina en 1866) y ancestro de José Alfredo Martínez de Hoz, Ministro de Economía de la última dictadura militar.

Al momento de la transferencia Don Florencio presidía la Argentine Football Association, que es como se llamaba la AFA por aquellos años. Entre las cartas dirigidas al maestro Calderón que obran en poder de sus hijos hay una -fechada en Cholila el 26 de Agosto de 1908 y firmada por el vecino Miguel Iribarneque sugiere que detrás del atentado al maestro estaría la mano del entonces gobernador del Territorio Nacional de Chubut, el doctor Julio B. Lezana. Este supuesto se relaciona con algunas sugerentes notas periodísticas publicadas por esos días por el diario La Prensa, y con una curiosa coincidencia: Un nombramiento por parte del gobernador Lezana de don Vicente Calderón como comisario ad honórem (cargo que nunca ejerció) fechado el mismo día del atentado.

Siempre (o casi siempre) hay varias historias detrás de la historia, ojalá la lectura de Las Memorias del maestro, del reportaje a sus hijos y de este breve apunte, alienten la curiosidad de los lectores ávidos, motiven una investigación más profunda y pormenorizada por parte de algún profesional en la materia, y sirvan para rescatar del olvido la figura de este maestro argentino, que al decir de Francisco N. Juárez en sus columnas era un norteño inmenso, morocho y serio, silencioso y activo, tan corpulento como el maestro Carlos Fuentealba.

 

Créditos: Revista TODO – Sebastián Di Silvestro

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