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Sociedad

Las increíbles transformaciones del Cabildo: el edificio histórico con el récord de reformas, olvidos y mutilaciones

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El Cabildo, tal cual se veía en 1829. Con todas sus arcadas, a la derecha se observa el edificio que ocupaba la policía. Acuarela “Plaza de la Victoria (frente al norte)”, de Carlos Enrique Pellegrini, 1829.

Que alguien me pida disculpas, la máxima autoridad, de ser posible. No quiero que la que ponga la cara sea una comisión, las sufrí por siglos, yo sé lo que les digo. Además, demorarían lo indecible en ponerse de acuerdo y en designar quien tenga el coraje de enfrentarme y mirarme de frente.

Tengo derecho a sentirme así: fui mochado, ampliado, demolido y perdí la cuenta de las veces que fui reconstruido. Tuve torre, después la quitaron y la volvieron a colocar pero más alta, y me sentí el hazmerreír de la ciudad cuando me quedé sin arcadas, esas donde la gente reclamaba saber qué era lo que se trataba. Por décadas di la hora, pero a nadie le servía porque el reloj andaba cuando quería.

Parece mentira que siendo una institución que venía desde la fundación de la ciudad -conocí al vasco Juan de Garay– se haya convertido en el edificio histórico más maltratado del país.

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La primera foto. Es un daguerrotipo de 1852. Alguien trató de limpiar la imagen y quedó rayada. Archivo General de la Nación.

Por eso, el que venga a pedirme disculpas, tendrá que tener paciencia para oír mi historia, no para que me tengan lástima sino para que tomen conciencia de la barbaridad que cometieron.

No éramos solo edificios. Estábamos a la cabeza del aparato estatal. De ahí viene mi nombre, capitulum, que significa en latín “a la cabeza”. Si nosotros no estábamos, no podría existir jurídicamente una ciudad. Éramos realmente importantes en el funcionamiento institucional del período colonial en la América española. Nos sobraba trabajo, ya que nos ocupábamos de la justicia, la administración, la policía, el abastecimiento y la organización en lo que pomposamente llamaban ciudad pero, entre nosotros, Buenos Aires era un aldea chata y aburrida.

Cabildo
El edificio en un daguerrotipo de la década de 1870. En primer plano la Pirámide; delante una fuente que actualmente está emplazada en la avenida Nueve de Julio y Córdoba. Fuente Imágenes del IAA, FADU, UBA.

Nací con la segunda fundación y funcioné gracias al trabajo de los vecinos, que se decían respetables, que tenían educación, vivienda y un buen pasar económico. No dejábamos pasar por el umbral de entrada a los pulperos, carreros o buscavidas.

En ese entonces no era ni soñando como me ven ahora. No tengo problemas en admitir que empecé bien de abajo. Tuvieron que construirme, aunque se tomaron su tiempo. Garay eligió mi ubicación, pero hasta tanto se armase algo, los cabildantes se reunían en casas particulares y hasta los presos -yo tenía que albergar una cárcel- eran encerrados en viviendas de los vecinos. De no creer.

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Su frente ya no es el mismo. Se ve la ampliación de la torre, proyecto de Pedro Benoit. Archivo General de la Nación.

El gobernador Hernando Arias de Saavedra, Hernandarias, debió ajustarse de espacio y hacer lugar en el fuerte para que los cabildantes pudiesen trabajar. Porque nadie me construía, por una razón que sería una constante en este país: no había presupuesto.

A alguien se le ocurrió poner un impuesto a la circulación de barcos, que recalaban en un muelle miserable que desaparecía ante una sudestada. Así empezaron a hacerme, paredes de adobe revocadas y blanqueadas con techo de paja. Comenzaron por lo más importante: la sala capitular y la cárcel.

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La torre terminada. Estaba coronada por una cúpula que tampoco gustó. Archivo General de la Nación.

Participé de todos los hechos que ocurrían en la ciudad. Festejos, invasiones, ejecuciones, hasta presencié cuando los caudillos Estanilao López y Pancho Ramírez ataron sus caballos en la Pirámide. Frente a mis puertas se realizó, en 1609, la primera corrida de toros que se organizó en Buenos Aires, previo desmalezamiento de la plaza. Después se hicieron costumbre para celebrar al santo patrono San Martín de Tours y para darle la bienvenida a un nuevo gobernador o virrey.

Estuve listo para 1610 y en los años siguientes se armaron locales con el propósito de alquilarlos. Pero los santos proponen y Dios dispone. Fueron tantos los presos que ingresaban a la cárcel, que los funcionarios debieron ceder espacio para celdas, y ellos atender los asuntos en la casa misma del gobernador o en la fortaleza, donde el ambiente no era para nada agradable: paredes llenas de humedad por la cercanía del río y alimañas de toda especie.

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En su ala norte, ya le quitaron las arcadas para abrir la avenida de Mayo. También no está la torre, ya que la estructura del edificio no era adecuada para sostenerla. Archivo General de la Nación.

En el mientras tanto, nadie se ocupó de mi situación, y de haber tenido dos manos no me hubieran alcanzado para detener los desprendimientos de mampostería ni las roturas del techo.

Todos estaban de acuerdo: debían hacerme de nuevo, pero no se apuraron. Empezaron tres años después y la construcción, modesta, fue a cuentagotas, de nuevo porque no había dinero.

Por 1682 se pensó a lo grande. Iban a hacerme de dos plantas. En la baja, oficinas y despachos y la cárcel. Como se iba a disponer de más espacio, habría celdas para hombres, otras para mujeres y unas terceras para presos vip. Sin embargo, esta idea quedó en la nada.

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El frente del Cabildo. Se aprecian que las tres arcadas ya fueron quitadas, para abrir Diagonal Sur. Imágenes del IAA, FADU, UBA.

Parece que las idas y vueltas sacaron de quicio al mismísimo rey español Felipe V mandó la orden de hacerme con la categoría que represento. Pero el monarca estaba demasiado lejos de Buenos Aires y acá quisieron pensar con tranquilidad, porque recién en 1725 pusieron manos a la obra.

El proyecto no era malo. Había sido una creación de Giovanni Battista Primoli, un jesuita que era arquitecto y Andrea Bianchi, que para poder trabajar debió llamarse Andrés Blanqui. Este fue quien diseñó mi fachada.

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Modelo terminado, de acuerdo a la remodelación del arquitecto Buschiazzo. Foto de 1940. Imágenes del IAA, FADU, UBA.

Nadie podrá criticar mi enorme paciencia: en el medio del trabajo estos dos personajes se fueron a Córdoba a ocuparse de su catedral, después regresaron y las obras se pararon porque, de nuevo, no aparecían los fondos. Quedé listo en 1740. No sé si será cierto, pero cuentan que los que se encargaron de colocar las aberturas se les pagó con especias. Eso se comentaba.

No podía estar en paz. Cuando por 1765 se amplió nuevamente la cárcel y terminaron mi torre, se preguntaron por qué no tenía un reloj, y con campanas. Lo compraron en Cádiz. Parece que al que más le molestaban las campanadas era al mismísimo gobernador Francisco de Paula Bucarelli, un sevillano de un carácter de perros que los vecinos detestaban. Bucarelli decidió que no tocasen más las campanas, le molestaban.

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La Sala Capitular, donde se desarrolló, entre otros, el cabildo abierto del 22 de mayo de 1810.

Encima que nadie se ocupaba de mi aspecto ni atendía mis necesidades, pasó lo que me faltaba: a las cinco y media de la mañana del 19 de diciembre de 1779 -me quedó grabado el día- cayó un terrible rayo sobre la ciudad. El que peor la pasó fue el almacén general de pólvora, que no quedó ni con un ladrillo en pie, al explotar los barriles. Fue un milagro que no hubo ni un muerto. Yo sufrí daños en la torre y en el bendito reloj. De ahí en más, fue un clásico en la ciudad que marcase la hora que se le antojase. Lo peor fue que los vecinos se acostumbraron a ver la hora que ni siquiera se aproximaba a la real.

En la planta baja armaron una capilla y nuevamente, más calabozos. En 1794 tuve una restauración general y el frente, ya a fines del 1700, se agregó un largo balcón, como se ve en cualquier ilustración.

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En el cabildo funcionaba la cárcel de la ciudad, en la que eran alojados tanto hombres como mujeres. En esta imagen de 1940 pueden verse las antiguas rejas. Fotografía Imágenes del IAA, FADU, UBA.

Cuando fue la reunión del 22 de mayo de 1810, se dieron cuenta que no entraban todos los vecinos en la sala capitular. Claro, se repartieron más de 400 invitaciones y nadie pensó dónde meterlas. Se usó parte del balcón, y algunas arcadas se taparon con cortinados verdes.

No soy supersticioso, pero parece que el sordo Cisneros, cuando perdió el trabajo de virrey, habría maldecido no solo a los miembros de la Primera Junta sino a mí mismo, desde mis cimientos hasta la punta de la torre. Demasiada maldad. Me acordaría de él años después cuando comprobé que su maldición se hacía realidad.

Cuando asumió Martín Rodríguez como gobernador, su bendito ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores, el mulato Bernardino Rivadavia, que dio vuelta el país como a una media, decidió que los cabildos no teníamos razón de ser. Nos reemplazaron y me transformé en sede de la justicia.

Admito que me sorprendieron: fue en 1852 cuando me tomaron un daguerrotipo. No recuerdo que alguien se haya ocupado en que mi fachada luciese como Dios manda.

Así pasaron los años. Por fin en 1860 reemplazaron el maltrecho reloj. Compraron uno inglés en Thwaites & Reed, que hasta marcaba el cuarto de hora, y la cansada máquina gaditana fue a parar a la iglesia de Balvanera. Cuando el templo consiguió uno mejor, lo cambió y nadie supo qué ocurrió con el viejo.

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Detalla del frente del Cabildo, en una fotografía de febrero de 1915. Un niño, vendedor de cigarrillos, mira fijo la cámara mientras que a lo lejos se percibe que un policía hace lo mismo. Fotografía Imágenes del IAA, FADU, UBA.

Pensé que me hacían una broma cuando se anunció que cerrarían la cárcel. En marzo de 1875 hicieron formar a los presos en fila, los engrillaron unos con otros y se los llevaron a inaugurar el presidio que abrió sus puertas en lo que los porteños hoy llaman la plaza de avenida Las Heras.

Una ley de Bernardo de Irigoyen, presidente de la Cámara de Diputados, dispuso la creación de un fondo de dos millones de pesos para remodelarme, ya que era la sede de los tribunales. En 1879, si no fui el edificio más alto que rodeaba la Plaza de la Victoria, le pasaba raspando. Porque me hicieron una torre de diez metros, con una cúpula azulejada. Fue idea de Pedro Benoit, un agrimensor y arquitecto que dejaría su marca en la ciudad de La Plata.

Pero Benoit le erró: quedé con un estilo italianizante -toda mi vida creí tener una onda colonial española- grandes arcadas, balaustradas y esa torre. El producto final fue una deformación total. Llegué a creerme el hazmerreír de los edificios importantes.

Así estuve diez largos años. Pero no se podía estar tranquilo en la ciudad. El intendente porteño estaba demoliendo las construcciones que yo veía a diario. La recova, que partía a la plaza al medio (a la altura de las calles Defensa y Reconquista), en 1883 fue la primera en caer en tan solo nueve días. Pensar que el virrey Del Pino demoró nueve meses en levantarla, en 1802.

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Noté miradas de reojo como diciéndome que era el próximo en la lista.

Mis presentimientos de un futuro catastróficos se hicieron realidad. Sin consultarme, me quitaron tres arcadas para poder abrir la avenida de Mayo -que en realidad su nombre era avenida 25 de Mayo- y demolieron la torre, cuyo peso era demasiado para mi estructura. La que cayó en la volteada fue también la sede de la policía, el famoso “hotel del gallo”, que estaba al lado. La verdad que mucho no me importó. ¿Es qué nadie vio cómo quedé? Desproporcionado, sin arcadas ni torre. Irreconocible.

Hubo muchos indignados, porque no todo era indiferencia y desdén. La muchachada de comienzos del siglo veinte me sentían como algo especial. Se les notaba la emoción cuando me recorrían y se reunían en el patio. No todas eran malas noticias.

El tiempo pasó y en 1931, por disposición del gobierno de facto del general José Uriburu, me quitaron tres arcadas del otro lado, ya que pensaban abrir la Diagonal Sur. De no haber sido por los periodistas y los vecinos, que pusieron el grito en el cielo, el intendente Guerrico se hubiese salido con la suya: quiso demolerme hasta los cimientos, para hacer un nuevo edificio para la municipalidad. Una locura. Ya había pasado un sofocón similar en 1905, cuando sobrevoló la misma idea.

Tenía terror, más conociendo el triste destino de la Casa Histórica de Tucumán, donde se declaró la independencia. La dejaron sola y así terminó.

Les indignó saber que en la sala capitular funcionaba el despacho administrativo de inspecciones escolares; mis ambientes los habían subdividido con mampostería, mucho de lo original había desaparecido o reemplazado, como la carpintería o herrería. Me salvé raspando.

Lo preocupante es que seguía deteriorándome y algo había que hacer. Luego del golpe militar, donde se revalorizó nuestras tradiciones hispánicas en detrimento de las ideas liberales, quisieron reconstruirme como era en mis comienzos, siempre que el espacio disponible así lo permitiese. No sabía si alegrarme o preocuparme.

Tuve una caricia al alma: el 31 de mayo de 1933 fui declarado monumento histórico nacional. Me sentí con inmunidad, que tardó bastante en llegar.

El Cabildo aún sigue siendo el foco que la gente elige para manifestarse. Fotografía AFP.
El Cabildo aún sigue siendo el foco que la gente elige para manifestarse. Fotografía AFP.

Por 1939 solo pudieron salvar algunas paredes -qué bien que las hacían antes- y algunos cimientos. No se sabe cómo del corralón municipal se rescataron algunas piezas que me fueron quitando por décadas, pero el arquitecto Mario Buschiazzo y el dibujante Vicente Nadal Mora no tenían todos mis planos, y solo contaban con las acuarelas en las que Carlos Enrique Pellegrini me hizo sentir como un cabildo como la gente, allá por 1830. Ya se que no me veía igual, ya que el balcón, en lugar de abarcar toda la fachada, estaba reducido a los tres arcos centrales; el tejado, que en lugar de volar fuera del muro exterior, terminaba detrás de un pretil, y el cupulín de la torre era cónico en lugar de semiesférico.

Pasó lo inevitable: ambos profesionales echaron a volar la imaginación e hicieron lo que los especialistas llaman “interpretación libre”.

Quedé ¿cómo nuevo? el 11 de octubre de 1940 cuando tuvieron el tupé de inaugurarme. El reloj inglés terminó en la cúpula de la Iglesia de San Ignacio. Ni la hora daba.

Lo único que no perdí fue el nombre. Porque, aunque usted no lo crea, con paredes de adobe, de cemento, con o sin tejas o con más o menos metros, sigo siendo el Cabildo, el de los acontecimientos importantes.

Fuentes: La Avenida de Mayo, de Ricardo M. Llanes; Imágenes del Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas “Mario J. Buschiazzo” (1946-2016), Facultad de Arquitectura, Diseño e Urbanismo, UBA; Memorias Curiosas, de Juan Manuel Beruti; Wikipedia.

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Paso a paso para hacer una torta de almendras sin harina

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La receta que te compartimos hoy tiene su origen en la isla de Mallorca y se llama Gató d’ ametlla. Se trata de un bizcochuelo que no lleva harina de trigo, solo almendras molidas. Queda muy rico y es ideal para acompañar con un té o unos mates.

Ingredientes:

250 gramos de azúcar

250 gramos de almendras

8 huevos

Ralladura de un limón

1 cucharadita de canela molida

Azúcar impalpable a gusto para espolvorear

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Preparación:

1- Precalentar el horno a 180 Cº. Moler las almendras con una procesadora.

2- Separar las claras de las yemas y batir las claras a punto nieve firme.

3- Poner el azúcar y las yemas en otro recipiente y batirlas hasta que se forme una crema aireada de color amarillo claro.

4- Añadir las almendras molidas, la canela y la ralladura de limón. Mezclar con varillas unos minutos, hasta que todos los ingredientes estén bien integrados.

5- Agregar las claras y mezclar despacio con movimientos envolventes, hasta conseguir una mezcla homogénea.

6- Verter la masa en un molde redondo de 24 centímetros de diámetro, enmantecado y enharinado. Hornear durante 30 minutos a 180º C. Dejar templar, desmoldar y espolvorear con azúcar impalpable.

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Consejos para superar una ruptura para cada signo del zodiaco

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Una ruptura puede llegar a ser una de las experiencias más dolorosas que se pueden atravesar en la vida, pero es vital recordar que nadie se muere de amor. En ocasiones, algunas personas se quedan estancadas y les cuesta avanzar sin esa persona especial, pero lo cierto es que todos tenemos la capacidad de seguir adelante con nuestras vidas, solo necesitamos un empujón. Aquí te ofrecemos algunas claves de lo que puedes hacer para superar una ruptura según tu signo del zodiaco.

Aries: Aries, es momento de dejar de coquetear con cualquier persona que te llame la atención y tomarte un descanso para procesar tus emociones. Admitir que esa relación fue significativa para ti es el primer paso para seguir adelante. Necesitas tiempo para ti mismo y recordar que eres digno de amor; no te obsesiones y confía en que este dolor pasará.

Tauro: Apagar todo rastro de tu ex no es suficiente. Tauro, la clave está en dejar el resentimiento de lado y permitirte estar triste. Encontrar apoyo en alguien cercano te ayudará a procesar la pérdida y avanzar. Renunciar a los pensamientos negativos y aceptar tus emociones será esencial para tu sanación.

Géminis: Géminis, persistes en encontrar excusas para mantener el contacto con tu ex. Debes cortar esos lazos por completo. Mientras te aferres a la esperanza de una reconciliación, no podrás avanzar. Céntrate en tu futuro y abre los ojos a las nuevas oportunidades que la vida pone ante ti.

Cáncer: Cáncer, es común que revivas tus recuerdos y te cuestiones si cometiste errores. Debes equilibrar los momentos buenos y malos de esta relación para ver que seguir adelante es la mejor opción. Ármate de valor y reconoce que mereces algo mejor.

Leo: Sumergirte en nuevas experiencias para distraerte no te ayudará, Leo. Darse un tiempo para procesar el dolor es fundamental. Solo entonces podrás compartir momentos significativos con tus amigos y empezar a avanzar de manera genuina.

Virgo: Virgo, ocúpate de equilibrar la necesidad de control y el contacto con tus emociones. Trabajar y asumir nuevos proyectos puede ser un escape temporal, pero enfrentar tus sentimientos te dará esa paz interior que tanto buscas.

Libra: Librarte de la aparente felicidad falsa y encontrar tiempo para ti mismo sin excluir a quienes te aman, es la alternativa correcta. Ser honesto sobre tu dolor generará una conexión especial con tus amigos y facilitará la recuperación.

Escorpio: Superar el dolor requiere más que pretender no sentirlo, Escorpio. Hablar de tus emociones con personas de confianza te permitirá cerrar este capítulo y sanar. No temas abrir tu corazón.

Sagitario: Incluso para alguien aventurero como tú, Sagitario, tomar un respiro y reflexionar sobre tus sentimientos es fundamental. Solo así podrás decidir lo que realmente deseas y avanzar.

Capricornio: Enterrarte en el trabajo no solucionará todo, Capricornio. Rodéate de tus seres queridos y permítete sentir para encontrar la manera de volver a equilibrar tu vida emocional con el éxito profesional.

Acuario: Acuario, reprimir tus emociones no te hará ningún bien. Escribe tus sentimientos y usa tu creatividad para sanar. Admitir lo que sientes es el primer paso para liberarte del dolor.

Piscis: Piscis, no le temas a pedir ayuda. Hablar con alguien de confianza te ayudará a liberar tus emociones y te permitirá seguir adelante. Aprender a gestionar todo lo que sientes es vital para tu proceso de recuperación.

Cada signo del zodiaco tiene su propia manera de afrontar una ruptura. Es fundamental encontrar las estrategias que mejor se adapten a tu tipo de personalidad para acelerar la recuperación y volver a disfrutar de la vida.

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El Memorial de Malvinas estará finalizado a fin de año

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La construcción del Memorial Malvinas marcha correctamente a sus tiempos y con un avance del 46%, con lo que si el clima acompaña, se estima su finalización a fin de año.

Es una de las obras provinciales que siempre mantuvo un avance ininterrumpido, contando con un financiamiento provincial de $223.844.725.

En la jornada de ayer los trabajos fueron recorridos por el Gobernador Alberto Weretilneck, el Ministro de Obras y Servicios Públicos Alejandro Echarren, y el delegado de Obras Públicas en zona Andina, Diego Iraola.

El buen avance de los trabajos y la posibilidad de finalización este año fue uno de los temas conversados en la visita, explicó Iraola; “lo que resta es que el clima nos deje trabajar, pero es lo que propone la empresa también, así que por el avance yo creo que vamos a andar bien”. “Esperamos que nos deje septiembre empezar a trabajar por fuera, mientras por dentro seguimos trabajando sin problemas”, agregó.

El Memorial estará ubicado en Juan Manuel de Rosas, entre French y Américo Panozzi, y contará con una superficie de 352m2. La construcción rinde homenaje a los caídos, veteranos de guerra y sus familiares.

El espacio dispondrá de una explanada exterior a modo de plaza seca con la posibilidad de exponer elementos conmemorativos y simbólicos, y generar recorridos y espacios abiertos para toda la comunidad.

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