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Las medidas del Gobierno no tendrán efecto sobre el consumo por falta de recursos reales

El Gobierno prometen mejoras, obras, aunque no haya comprometido contrataciones concretas

Es primavera y los políticos florean en la representación teatral. Prometen mejoras, obras, aunque no hayan comprometido contrataciones concretas. Ofician de prestidigitadores. En cambio, la prueba de las empresas privadas exitosas son los contratos conseguidos y los productos ofrecidos.

El gran economista Francis Edgeworth puso en claro: Conflicto o Contrato son las dos vertientes de las acciones humanas. Línea continuada por John Commons, figura relevante de la escuela institucional norteamericana y, más tarde, por el Nobel Oliver Williamson, premiado por sus aportes a los contratos.

Transacciones voluntarias o imposiciones forzadas. Las primeras intercambian derechos, bienes, activos, individuales. Cada parte entrega algo que aprecia menos que lo recibido a cambio. En el mismo acto. Desarrollan libros “Por un País más Justo y Floreciente” y “Fin de la Pobreza”, y notas que he publicado en Infobae.

Las ganancias con las transacciones individuales resultan de las diferencias personales. En cada negocio, a unos les falta, necesitan, el exceso de otros. El operario dispone de horas de trabajo y necesita los bienes para atender sus apetitos. Lo contrata quien requiere su oficio con preferencia al dinero que le paga. Conviniendo ambos el negocio los satisface, reconociendo sus necesidades respectivas. Por eso, las transacciones siempre crean valor, satisfacción. Son la fuente genuina de los ingresos.

En contraste, las imposiciones son siempre forzadas, violan voluntades, lo opuesto a los negocios: privan a unos de bienes más valiosos que los suministrados. Contraen el valor de los derechos, patrimonios, ingresos, individuales. Entregan a unos menos de lo que expropian. Es el caso típico de la acción estatal desbordante, excesiva. Benefician a algunos expropiando mucho más a los perjudicados.

Las imposiciones son siempre forzadas, violan voluntades, lo opuesto a los negocios

Ahora, gastar en obras, bienes, aumentar los ingresos a particulares, subir sueldos, reducir impuestos, y otras iniciativas, financiadas con emisión monetaria ilusiona a las autoridades y asusta a muchos, porque la emisión monetaria puede, o no, generar capacidades de compra, dependiendo si atiende a la demanda voluntaria de la población.

El gráfico ilustra la evolución de la base monetaria real (el valor de la cantidad de dinero emitida, en poder de la población y de las entidades financieras) respecto del índice de precios al consumidor, durante los primeros 21 meses de gobierno de Alberto Fernández. A pesar de que la cantidad del dinero circulando aumentó 55%, de $1,9 billones a $2,9 billones, los argentinos ahora tienen 13% menos de poder de compra en los bolsillos, es decir se empobrecieron en conjunto en unos $2,7 billones, equivalente a un 10% del PBI de 2020. De este tremendo perjuicio resulta de la clara violación a los presupuestos populares.

BLASCO FINDE

Prerrequisito básico

No contemos con la emisión para financiar gastos cuando la población no lo demanda. En verdad, la gente quiere libertades, Justicia y competencia para que sus actividades satisfagan eficazmente. Para progresar se requieren acordar reglas estables, iguales para todos, con las instituciones competitivas.

Las propuestas sin financiamiento concreto son fantasías, violaciones indefinidas de derechos individuales, y contraen los ingresos. A no entusiasmarse. Las violaciones hieren. Nuestro peso es una víctima de una larga historia de violencias gubernamentales. Las disfrazaron, cambiando la denominación 5 veces desde 1970, quitando 13 ceros al peso moneda nacional vigente hasta ese año. El peso de hoy es el sucesor de 10.000.000.000.000 de pesos moneda nacional de 50 años atrás, y es la contracara de las demás violencias a las instituciones, a los presupuestos, a los planes personales, que deriva en el singular aumento de la población en estado de pobreza.

Para progresar se requieren acordar reglas estables, iguales para todos, con las instituciones competitivas

Imponer el aumento del salario mínimo es otra violencia. Las empresas privadas tienen libertades muy restringidas. Les impiden contratar personal, porque les prohíben suspender y despedir; y, encima, les quitan decisiones sobre los sueldos a pagar. Por su lado, el Estado deberá enfrentar ese mayor gasto con más emisión, suba de impuestos, deudas, que determinan mayores exigencias a la población.

(Foto: Franco Fafasuli)
Las liberaciones de normas arbitrarias serían bienvenidas, porque contribuirían a expandir la producción y el intercambio. Aperturas de bares, restaurantes, circulación, viajes, traslados (Franco Fafasuli) (Franco Fafasuli/)

Por el contrario, las liberaciones de normas arbitrarias serían bienvenidas, porque contribuirían a expandir la producción y el intercambio. Aperturas de bares, restaurantes, circulación, viajes, traslados, reabrir las exportaciones de carnes y quitar otras restricciones aportaría trabajos productivos, generaría dólares y empleos.

El control de cambios es otra violencia. Excluye a quienes intentan desarrollar oportunidades de trabajos productivos, restringiendo sus alternativas de forma ineficaz, en base a criterios caprichosos. Intentar contener aumentos de precios frenando la cotización del dólar es una estrategia posible en tanto el Gobierno obtenga financiamiento. Cuando el instrumento utilizado son los controles de cambio crecientes, toda la estructura de decisiones y la cadena se suministros se descompagina. Los precios dejan de reflejar costos de oportunidad y el desabastecimiento avanza. Sobran casos, pero los más cercanos son Cuba y Venezuela.

Infobae informó que la confianza en el Gobierno se desplomó y alcanzó el peor registro desde el inicio de la gestión. El indicador elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella se ubicó 20% por debajo de la última medición de la administración de Mauricio Macri.

BLASCO FINDE

La cuarentena salvó algunos contagios y vidas, pero mucho menos de lo que preveía el Gobierno y tuvo el costo exorbitante de congelar actividades, y aún la pandemia de Covid-19 sigue amenazando. Cuando un barco se hunde, el orden se impone para proteger vidas. La desorganización incrementa los daños.

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