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Laura Novoa, íntima: del gusto de hacer un “teatro diferente” al motivo por el que no usa apps de citas

Laura Novoa disfruta de un excelente año laboral

“El trabajo de actriz es un servicio al otro, como si fuéramos enfermeras del alma”, asegura Laura Novoa, dueña de una extensa trayectoria en teatro, cine y televisión. En su familia, el amor por el arte se fue transmitiendo de generación en generación. Ella heredó la profesión de su padre, Pepe Novoa, y el legado continúa de la mano de su hija mayor, Mora Segade, que se está formando como artista.

En este 2022, Laura deslumbró al interpretar a María Marta García Belsunce en la exitosa serie de HBO basada en uno de los casos policiales más mediáticos del país. Ahora, se da el gusto de regresar al Picadero con Los gestos bárbaros, una producción colaborativa que surge de una compañía de teatro independiente con Valentina Bassi, Francisco Bertín, Ignacio Rodríguez de Anca y Silvina Sabater.

—¿Cómo surgió la idea de hacer esta obra?

—Somos un grupo de profesionales que podríamos trabajar en proyectos para los que nos llaman, sin embargo hicimos un trabajo autogestivo. Como resultado logramos un teatro diferente que se asemeja mucho más a un teatro off, en el que uno se hace más preguntas y las respuestas las tiene cada uno en su interior. Nosotros quisimos hacer esta clase de teatro que no siempre nos toca hacer.

—¿Cuándo arrancaron con los ensayos?

—Empezamos a trabajar desde febrero con esta obra que surgió de un documental sobre disfunciones mentales (Más allá del espejo, de Joaquim Jordá). Juan Ignacio Fernández escribió unas 10 páginas y empezamos a ensayar. Yo estaba haciendo temporada en Mar de Plata con una obra comercial que también me gusta hacer, pero tiene otro código. Cuando llegué a Buenos Aires arrancamos con los ensayos presenciales, sin tener el final de la obra. Mientras nosotros actuábamos, Juan terminaba de escribir el guion. Fue bastante raro: no podíamos estudiar el personaje con un principio y un fin porque no lo teníamos. Así realizamos esta creación colectiva de mucha profundidad, de la mano del director Cristian Drut.

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Laura Novoa protagoniza Los gestos bárbaros con Valentina Bassi, Francisco Bertín, Ignacio Rodríguez de Anca y Silvina Sabater

En la trama de Los gestos bárbaros, Emilia (Valentina Bassi) vuelve a su casa familiar después de muchos años. Sufre un accidente automovilístico que le deja algunas secuelas y no puede recordar por qué se alejó de sus seres queridos durante tanto tiempo. Al regresar a su hogar, empieza a recordar su pasado, como el suicidio de su padre, y poco a poco reaparecen los conflictos y las internas familiares. De esta manera, la obra muestra las disfunciones afectivas entre los personajes y plantea muchas interrogantes.

—Me llamó la atención que tu personaje, la cuñada de Emilia, decía alguna frase o tenía alguna reacción y el público se reía. Sin embargo, yo sentía que no era gracioso por el contexto.

—(Risas) Mi personaje está mostrando sus miserias y su oscuridad, entonces hay muchísima gente que puede reírse de eso, mientras que otra gente se espanta. A veces quizás el espanto te da risa porque si uno llora o se ríe es una manera de sacarse de encima lo que te genera. Para determinada clase de espectadores la obra genera mucha risa, desde un humor negro, por supuesto. Mi personaje cuenta el lado B de la maternidad: es una madre sufrida y que hace sufrir. En general, las publicidades nos cuentan que tener hijos es algo maravilloso y que desde el primer momento todo es luz y felicidad. Pero ella es una mujer que no solo no le da sentido a su vida, sino que le saca el sentido de lo que venía haciendo y no puede empatizar con su hijo.

—Este año también te luciste en María Marta: el crimen del country, una ficción que tuvo mucho éxito y repercusión.

—Fue una de las series más vistas en Latinoamérica, lo cual me parece genial. Ojalá sigan produciendo un montón de ficciones en la Argentina. Estamos en un momento bisagra en el que hay otra televisión, con el auge de las plataformas. Es buenísimo porque nos abre posibilidades de trabajo. Este es un año muy feliz para mí por haber realizado la serie con todos actores de una trayectoria teatral impresionante. Por momentos en el set sentíamos que estábamos haciendo cine, teatro de la mejor tela, con el mejor equipo, todo fue realmente muy de primera línea.

—¿Cómo fue hacer las escenas del cadáver?

—Llevaron un montón de tiempo. Las grabaciones de la serie duraron cuatro meses, por lo tanto fueron semanas enteras de estar mojada en tiempos de covid, con todo ventilado. Era invierno y hacía mucho frío, entonces el agua se convierte en hielo en un segundo. Tuve una conciencia muy grande con respecto al tema que se tocaba. No es fácil hacer de muerta: no alcanza con tirarse ahí y pensar en la lista del supermercado. Fue complejo de hacer y no tenía conciencia en el momento en el que leí el guion. Recién cuando estuve grabando comprendí la dificultad, no solo respiratoria sino energética, de poder crear ese personaje con esas características. Me ayudó mucho el yoga para la respiración. Es muy loco estar inmóvil cuando todos alrededor, los actores y los técnicos, están en movimiento. Cuando estás estática y en silencio, se detiene el tiempo parcialmente y pasás a ser más observador de los demás.

—Justo el lanzamiento de la serie coincidió con el juicio a Nicolás Pachelo, quien está siendo juzgado como presunto autor del crimen de María Marta García Belsunce.

—Fue una casualidad increíble. De todas maneras, la serie es muy moderna y no intenta abrir ninguna verdad. Es una ficción que está basada en hechos reales, pero no pretende ser como el documental (de Netflix). No está reflejando la historia oficial que se contó en ese momento, sino que tiene una mirada crítica, especialmente con los medios de comunicación, que nos hacían pensar una sola hipótesis. La serie muestra las demás hipótesis justo cuando se abre el caso.

—¿Cómo fue tu paso por el Cantando en 2020? Recuerdo que en ese momento me pareció raro que aceptaras participar en un reality.

—No era la típica persona que podía llegar a estar en ese espacio. Pero la pandemia vino a mostrarnos que no hay espacio. Tuvimos que corrernos de nuestros espacios cómodos para sobrevivir dos años. Al arriesgarse a colonizar lugares ajenos, en un principio uno no lo hace desde la voluntad sino más desde el deber. Sin embargo, siempre me ha pasado en la vida en general y trabajando como coach que esos lugares diferentes te enseñan y te nutren un montón. Quizás no son los lugares elegidos de antemano. Mi sueño era trabajar en el San Martín en una obra de Shakespeare, no era ir al Cantando. No tenía que ver con mi deseo, pero me enseñó un montón, me ayudó mucho a darme cuenta del camino transitado también. Me sorprendió la popularidad: yo era ajena a ese show y pensé no me iba a votar nadie. Sin embargo, me votaban y yo seguía, eso era el amor de la gente.

Laura Novoa (Foto: Negro Luengo)
Laura Novoa mostró una faceta diferente en el Cantando 2020 (Crédito: Negro Luengo) (NEGRO_LUENGO/)

—Recién mencionaste que sos coach. ¿Cuándo empezaste a trabajar en esa disciplina?

—Empecé en Francia siendo coach de actores. Vivía en París y tenía un acento latino espantoso, más allá de que hablo perfecto francés. Entonces no podía trabajar de actriz, por lo tanto trabajaba de coach de actores. Es como un director personal que te ayuda a estudiar el personaje y el texto. Al regresar a la Argentina, los franceses que me conocían cuando venían acá me convocaban más con una coach turística. Entonces les daba consejos de dónde comer, a qué teatro ir, les recomendaba alguna tanguería porque bailo tango. Me parecía muy divertido porque es algo empático y muy de actriz cuando te ponés en el lugar del deseo del otro. También había gente del Interior que venía a Buenos Aires un fin de semana y me pedían que les recomendara una obra. Me empezaron a convocar, especialmente en la pandemia, con organizaciones de cosas más de vida que de actriz. Es precioso, me encanta poder escuchar empáticamente al otro con una visión de un recorrido artístico.

—¿Entonces cuando no estás actuando trabajás de coach?

—Con perdón de la omnipotencia porque puede sonar pedante: siento que el trabajo de actriz es un servicio al otro, un servicio al prójimo. Somos como un canal para expresar sentimientos, como en Los gestos bárbaros, que podés reírte, entretenerte, hacerte preguntas y salir de la propia realidad de cada uno, porque la función del teatro es eso: me escapó un poco de mi vida cotidiana para meterme en la vida de otro y que ese otro ilumine algo de la vida o me lleve a un pensamiento. Tiene que ver con un servicio al otro, un servicio al alma, como si fuéramos enfermeras del alma.

—Te cambio de tema. ¿Ahora estás en pareja?

—No, no estoy en pareja. Estoy retranquila (risas), pero me parece también que va a venir lo que tenga que venir en algún momento. No estoy cerrada al amor ni tampoco en la búsqueda desesperada.

—¿Usarías una aplicación de citas?

—No. Para algunas de esas cosas ser actriz es un poco complejo, porque es una profesión que crea demasiada fantasías en el otro. También pudores en uno mismo. No, no podría, no me sentiría cómoda, quizás también porque soy de otra generación. Yo soy muy valiente para algunas cosas y medio cobarde para otras. Lo veo como una dificultad y siento que es un viejardo de mi parte, pero no me sale.

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Laura Novoa y Valentina Bassi protagonizan esta obra que se presenta los jueves a las 20 en el teatro Picadero

—¿Cómo sos en el rol de madre de Mora y Franco?

—No sé, después de pasar por una hija que tiene 21 años y un hijo de 16 creo que las madres nos vamos informando o formando con los años. Y también, vas cambiando un montón. Como madre de niños pequeños era de una manera, muy obsesiva, muy atenta y afectivamente predispuesta. Después, la adolescencia es un barco en una tormenta: hay que pasarla con amor. Luego viene otra vez la calma, pero no sé cómo soy… Cuando no tenés hijos, tu vida empieza y termina en uno. A partir de ser madre, le das el poder de tu estado anímico a un otro, que encima no es tu pareja ni es elegido, no es que podés cortar o modificar. Es un otro al que amarás hasta que la muerte los separe. Es un lazo y un amor increíble que es maravilloso, y te lleva a los mejores lugares pero también a los peores.

—¿Algunos de tus hijos sigue el camino de la actuación?

—Mora es actriz. Todavía está en la fase de no haber sido descubierta por tener este golpe de suerte. Ahora transita un camino hermoso: hizo la carrera de títeres en el San Martín y estudia la carrera de Arte. Creo que la actuación es la punta del iceberg, lo que se puede mostrar de afuera, pero hay un montón de facetas artísticas que debés tener porque son la base, ya que es muy complejo trabajar de actor. Hoy escuché en la radio a una persona que decía que los actores éramos desocupados que a veces trabajamos. Es verdad: es complejo trabajar. A veces, cuando te toca, es como que te suben al sueño que uno quiere y tiene. También hay mucha espera y tenés que trabajar como ser humano para que esa espera no te quede vacía, haciendo lo que sea, otras expresiones artísticas, como por ejemplo la obra que estamos haciendo en el Picadero. Somos una compañía de teatro independiente que la formamos desde un deseo con Valentina Bassi. Bueno, vamos a por nuestros sueños en espera que cuando llegue el trabajo nos encuentre trabajando. Y eso nos hace sentir muy felices arriba del escenario.

Laura Novoa y su hija Mora Segade
Laura Novoa y su hija, Mora Segade

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