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Cultura y Educación

Llaman “acto de ignorancia y desprecio por la cultura” el desarme del Laberinto Flúo

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El cambio de destino en el subsuelo portuario implicó el desmontaje de una obra de la que participaron 13 artistas de Bariloche, con el aporte de fondos públicos ocho meses atrás. Cuestionamientos a Diana Garrafa.

Un conjunto de 10 artistas calificó consideró como “acto de ignorancia y desprecio por la cultura” el desmontaje del Laberinto Flúo en Puerto San Carlos, con la excusa de utilizar el espacio para oficinales municipales. El colectivo manifestó que se destruyeron “obras de arte” que se habían instalado apenas ocho meses atrás con el aporte de “recursos públicos”. En particular, el grupo cuestionó que la Subsecretaría de Cultura “no demuestre interés por la preservación del trabajo de nuestros artistas”.

En una carta que enviaron 14 días atrás a Diana Garrafa, titular del área, pero con copia al intendente Walter Cortés, expresaron su “preocupación por la destrucción del Laberinto Flúo, obra de arte realizada de manera colectiva por 13 artistas de nuestra ciudad hace apenas 8 meses”. A mediados del mes que transcurre, “en manos del subsecretario de Proyectos Urbanos, Andrés Rodríguez, su gestión aceptó desarmar y tirar a la basura todos los murales que componen esta obra”, cuestiona el texto.

“Solo podemos pensar que esta acción es un acto de ignorancia y desprecio por la cultura, con gran desconocimiento de lo que implica el arte como parte de la identidad y el patrimonio cultural de un pueblo, patrimonio que el Estado tiene la obligación de preservar y cuidar”, resaltaron las y los firmantes. “Aparentemente motiva esta acción la necesidad de contar con más espacio para poner oficinas. Sin embargo, lo que se está destruyendo no son solo paneles de madera sino obras de arte, producto del trabajo y la creatividad humana, realizada hace pocos meses con recursos públicos que es su función cuidar”, le dijeron a Garrafa.

Algunas de las obras que se removieron.

Firmaron el airado reclamo Ana De Vita; Vero Goncalves; Macarena Domínguez; René Vargas Ojeda; Sergio Ruiz; Johanna Collini; Alejandro Giusto; Betzabé Rubio Guzmán; Natalia Gutiérrez y Brian Carel Fusswinkel, quienes añadieron que el modificado “era un espacio muy visitado por turistas y residentes. Entre septiembre y noviembre de 2023 cientos de niños y niñas de nuestra ciudad lo visitaron con salidas educativas, ya que encontraban allí muchos elementos que servían al desarrollo pedagógico”, entre ellos, referencias a “corrientes artísticas, perspectiva” y comportamiento de la luz”, entre otras.

La protesta arriesga que quizás “Andrés Rodríguez ignore la importancia del arte y la cultura en el desarrollo de una sociedad. Es comprensible, no es su área. Tal vez el intendente no esté atento a todos los pormenores de lo que realizan las diferentes áreas municipales, pero consideramos inadmisible que la autoridad de Cultura no esté atenta y velando por el cuidado de nuestro arte y nuestro acervo cultural, que no demuestre interés por la preservación del trabajo de nuestros artistas”, cuestionaron los firmantes.

Además, solicitaron “se preserven todas las piezas artísticas y los materiales necesarios para el rearmado del Laberinto. Ya que no se ha ocupado el área municipal de Cultura, nos ocuparemos como comunidad de encontrar un nuevo lugar para su armado. Exigimos también que se garantice, una vez que encontremos el espacio para volver a montar la obra, el traslado y personal necesario para mover todos los paneles y los materiales eléctricos que conforman el Laberinto”.

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Por otro lado, quedaron a la espera de que “este grave daño a nuestra cultura sea reparado en la medida de lo posible” y “esperamos sus disculpas públicas por el descuido que este avasallamiento significó. Esperamos su compromiso para reubicarlo y dejarlo en perfectas condiciones para que la comunidad pueda seguir disfrutando de nuestro arte y nuestra cultura”, demandó el grupo.

Por último, pero no menos importante, “queremos expresar nuestro interés y deseo como comunidad artística barilochense, de que todo el complejo del Puerto San Carlos, incluidas las instalaciones del subsuelo, sean acondicionadas para uso cultural. En nuestra ciudad hacen falta espacios donde poder instalar escenarios para teatro, conferencias, salones y fiestas que estén preparados para ello”.

En efecto, “el subsuelo del Puerto es un lugar idóneo para estas actividades debido a su ubicación”, más bien “alejado de viviendas que podrían ser perturbadas por el ruido”, finaliza el texto. Con ese propósito, el espacio se adecuó como Centro Municipal de Arte, Ciencia y Tecnología durante la gestión anterior y ya se vivieron allí jornadas memorables. Que vaya a cobijar tareas burocráticas no parece destino muy feliz para tamaña instalación.

Cultura y Educación

Quemacasas toca por vez primera en Buenos Aires

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La banda de Bariloche compartirá escenario con Juan Pablo Fernández (Acorazado Potemkin) en el célebre CAFF, el espacio que gestiona la agrupación tanguera Fernández Fierro.

Los muchachos tuvieron el buen tino de subirse al auto antes de que la nevada blanqueara las rutas de la región y las tornara poco previsibles. Tenían un gran motivo: el viernes (21 de junio) desde las 21, Quemacasas debutará en Buenos Aires, en una fecha que compartirá con Juan Pablo Fernández (Acorazado Potemkin) y otro de sus proyectos. Tamaño compromiso se concretará en el CAFF (Club Atlético Fernández Fierro), baluarte de la música que resiste en el barrio de Palermo.

En la agrupación de nombre ígneo forman Ramiro Casas en voz y guitarra; Sebastián Lema en lapsteel, pedalsteel y guitarra; Marcos Radicella en sintetizadores; Leonardo Cesana en bajo; Guillermo Andreani en guitarra y bajo sexto; más Juan Capalbo en batería. En la noche porteña compartirán escena con The Ivonne Cleef Orquesta, experiencia hasta hace poco instrumental que ahora, contará con el frontman de Acorazado Potemkin en sus filas. Abrirá la noche el Piyi.

El CAFF es un sitio muy dinámico del quehacer musical capitalino. Al día siguiente de los barilochenses tocará la mismísima Fernández Fierro, agrupación que sacudió el tango hace más de 20 años, no sólo por la revitalización que supuso para el género, sino por la práctica cooperativa de sus integrantes. De hecho, el CAFF es su lugar de conciertos, pero como puede advertirse, adquirió vida propia.

Aunque todavía no tiene álbum en las plataformas, Quemacasas preparó con esmero su desembarco en Buenos Aires. La semana pasada lanzó a través de Bandcamp dos nuevos registros en vivo: “Te quiero ver” y “Los jotes”. A los dos los logró durante un espléndido concierto que tuvo lugar a fines del año pasado en la sala de la Biblioteca Sarmiento, que precisamente, contó con la participación estelar de Juan Pablo (perdón por la confianza).

El ex Pequeña Orquesta Reincidentes había participado antes en una edición del Ñirifest, el atípico festival que Lema y sus cofrades organizan año tras año en la retaguardia de Dina Huapi. Como puede advertirse, la cercanía artística es más bien sólida. Ya existía una versión de estudio de “Te quiero ver”, pero en la que acaba de estrenarse, la alternancia de voces entre Casas y Álvarez a partir de una letra descomunal, la convierte en imperdible.

En “Los jotes” la banda contó con la participación de Sonia Esquivel y se trata de otra joyita. Por su parte, dice la presentación del CAFF para su público que la música de Quemacasas “incluye canciones con tintes autorreferenciales en cuanto a las letras de Casas y Lema”, además de “texturas sonoras que van desde aires de tango y milonga al country norteamericano y el rock independiente de los 60s y 90s”. Tiene dos años de existencia.

Sobre Fernández dice el anticipo que “el compositor, cantante y guitarrista de Acorazado Potemkin tiene a sus espaldas una carrera de varias décadas en donde se destaca siempre por su particular enfoque de la voz líder y su sólida y profusa lírica urbana y arrabalera, sin mencionar sus cualidades de guitarrista. Acorazado Potemkin (trío integrado por Juan Pablo junto a Federico Gahzarossian en bajo y Luciano Esain en batería) ya tiene más de diez años de trayectoria”.

Antes, “fue miembro fundador de Pequeña Orquesta Reincidentes, una banda de culto con proyección internacional que nos regaló varios discos y supo girar por distintos países del mundo”. El que firma atesora en su memoria un concierto en 1998 o 1999 de Los Reincidentes, que tuvo lugar en el Club de Regatas (¡?) ante no más de 50 personas. Ahora se imagina a Juan Pablo cantando junto a Quemacasas “Te quiero ver” en el CAFF y se pregunta, ¿cómo no estar ahí para contarlo? Cuidado con el fuego, Buenos Aires.

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Cultura y Educación

A la bandera “que Belgrano nos legó” ordenaron esconderla

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La enseña original que creó el abogado-militar se perdió. Se estima que era al revés: una franja azul celeste en el medio y dos blancas.

Tal vez el Día de la Bandera debiera celebrarse el 27 de febrero, aunque el ciclo lectivo no coincida con la efeméride. La tradición dice que esa jornada de 1812 Belgrano ordenó enarbolar por primera vez una enseña propia en las barrancas del río Paraná. También sostiene el relato que, para arribar a los colores celeste y blanco, el abogado-militar se inspiró en la escarapela precedente y que el paño original se perdió. En consecuencia, jamás se podrá saber si las franjas eran tres o dos, como sostienen varias versiones.

Sin embargo, la Argentina saluda a su bandera con énfasis el 20 de junio, cuando en realidad en esa fecha se produjo la muerte de su mentor. La trama terminó bastante después de 1812 y es muy compleja. En general, se cree que a los orígenes de la escarapela hay que buscarlos en las jornadas del 22 y 25 de mayo de 1810, cuando los grupos de “chisperos” repartieron cintas entre los partidarios de la Revolución. Pero la verdad es que esos distintivos eran rojos y permitían a sus portadores no sólo mostrar su identificación con la causa, sino también evitar balazos de los hombres que capitaneaban Domingo French y Antonio Beruti.

Al año siguiente, las tropas a las órdenes de Belgrano comenzaron a usar una escarapela azul-celeste y blanca. El propio abogado escribió que había elegido esas tonalidades porque el enemigo también usaba el rojo y era necesario “evitar confusiones”. Pero en realidad, parece que había antecedentes, porque en ocasión de la segunda invasión de los ingleses (1807), los Patricios o los Húsares ya habían adoptado distintivos azul-celeste y blanco.

Se suele afirmar que Belgrano propuso esos colores porque buscaba una tonalidad más cercana a la turquesa, pero resultaba muy difícil encontrar paños de esas características. Entonces quedó azul-celeste y más tarde, definitivamente celeste. Eran los colores que por entonces identificaban a la dinastía Borbón, que cuando comenzó la Revolución de Mayo estaba fuera del poder a raíz de la invasión francesa de España.

Hace 212 años y meses se establecieron las famosas baterías sobre el río Paraná, a unos pocos kilómetros de la Villa del Rosario. Allí se izó la bandera que según se dice, fue obra de María Catalina Echeverría de Vidal, una vecina de la localidad. También hay que tener presente que, en aquella ocasión, el contingente no juró la bandera, como generalmente se supone, sino fidelidad al Congreso General Constituyente que luego pasaría a la historia como Asamblea del Año XIII.

El gobierno de Buenos Aires, con la altura que caracterizó a la mayoría de los políticos porteños durante la década siguiente a 1810, ordenó disimular la bandera y exigió que no se utilizara. No fuera a ser que Europa se enojara… De hecho, no se sabe con precisión cuál fue el diseño original, pero un ejemplar que se supone muy cercano se halló en la localidad de Macha, hoy Bolivia. Se conserva en un museo de Sucre: tiene la franja central celeste y las otras dos blancas.

Hubo que esperar al 20 de febrero de 1813 para ver a la azul y blanca al frente del Ejército del Norte, ocasión en la que las tropas patriotas propinaron una derrota a los realistas. Pero recién se convirtió en el pabellón oficial a instancias del Congreso de Tucumán, en 1816. Votaron por la bandera diputados de Tarija y otras zonas del Alto Perú, que hoy están bajo jurisdicción boliviana. Los congresistas decidieron que aquella fuera la única enseña de las Provincias Unidas del Río de la Plata y fue la que más tarde, heredó la República Argentina. La resolución se firmó el 9 de Julio de 1816.

No obstante, hubo otras banderas “argentinas” que supieron ondear. José Artigas, el líder federal del Litoral y la Banda Oriental, adoptó la propuesta por Belgrano durante un congreso que se llevó a cabo en 1815 en Concepción del Uruguay. En aquella ocasión, la Liga Federal o Unión de los Pueblos Libres enarboló la bandera celeste y blanca, pero con el agregado de una banda menos ancha de color punzó, color histórico del federalismo argentino. Es la enseña que hoy identifica a la provincia de Entre Ríos.

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En la década del 30, cuando la Argentina vivió un intento de restauración conservadora después del derrocamiento de Hipólito Yrigoyen, una ley estableció que las franjas de la bandera debían ser celestes, “como el color del cielo cuando comienza a amanecer”. Los sectores populares identificaban a los conservadores como seguidores de los liberales, que a su vez resultaron continuadores de los unitarios. Así como la divisa federal era punzó la celeste fue unitaria, entonces se interpretó ese designio como un triunfo simbólico de la facción vencedora en Pavón (1861). Interpretación que no parece muy errada.

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Cultura y Educación

Camila Vallendor presenta “La herida de traer una hija al mundo”

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Es el primer libro de la poeta y gestora cultural. Se dará a conocer en la Biblioteca Popular Carilafquen al anochecer del viernes.

Bienvenidos a bordo del vuelo 4344 con destino a la ciudad de Bariloche. Me acomodo en mi lugar de la fila 6. Mi beba está despierta. Mira a los pasajeros con ojos gigantes. La aprieto contra mi pecho y palpo la riñonera. Contiene lo imprescindible: documentos, flores de Bach, pañuelitos descartables. Pateo el bolso con los pañales para acomodarlo debajo del asiento de adelante. Trato de no molestar a la señora que finge dormir a mi lado. No sé cómo ubicar todo lo que cargo en un espacio tan reducido”.

Así comienza la página 36 de “La herida de traer una hija al mundo” (Cielo de pecas), el libro de Camila Vallendor que salió un par de semanas atrás de imprenta y se presentará el próximo viernes (21 de junio) en el reducto donde la autora juega de local: la Biblioteca Popular Carilafquen (Villa Los Coihues). La cita se pactó a las 20 y la anfitriona no parece preocuparse demasiado por los pronósticos que auguran mucha nieve: “nos vemos para recibir juntes el invierno, con el fuego de les amigues y la poesía”, asevera el flyer.

Entre otras poetas y compañeres de Camila en el equipo del Festival de Poesía “Como un rayo”, acompañará el acontecimiento mucha gente, entre ellas y ellos Melissa Bendersky, Silvia Urtubey, Joaco Conte, Lola Halfon, Aravinda Juárez, Tai Atwell, Laura Oberlin, Estefanía Bavassi, Cecilia Paruelo, Lucía Casalins, Mariel Bleger, Eleonora Botto y Ana Belén Vivas. “Ojalá puedan venir en esta noche tan importante”, insiste Camila en redes sociales.

En el prólogo del breve pero intensísimo libro, dice María Magdalena: “Un parto se desata como una tormenta. Una mujer se parte al medio con la ferocidad de un rayo. Lejos de las luces quirúrgicas y el ambiente aséptico del hospital, el actor de parir se vuelve mágico: las ofrendas, los rituales, las santitas. El recuerdo de la abuela paterna y sus siete partos. La construcción de un rezo propio. La mujer recibe a su hija y se sabe herida. Toda ella es una herida. Una desgarradura en el cuerpo, una marca para siempre. Como la maternidad”.

“La herida de traer una hija al mundo” es el primer libro de la escritora, que vive en Bariloche hace más de una década. Precisamente, participa activamente en la biblioteca anfitriona, hace radio, coordina talleres de lectura y escritura. Además de impulsar “Como un rayo”, junto con Lola y Joaco Conte integra Selva, un trío que se consagra a la música y a la poesía. En tanto, “Movernos hacia un fuego perdurable” es un ciclo que también combina lenguajes artísticos con carácter festivo.

En aquel vuelo y comprensiblemente, la beba irrumpió en llanto. “La azafata se acerca, entre servicial y desencajada. Pobrecita, repite, pobrecita. Me da indicaciones en tono de reproche. La realidad se deforma. Veo sus labios que se mueven pero no entiendo lo que dice. Los gritos de mi hija ocupan todo mi espectro sonoro. Se abalanza sobre nosotras con dos vasitos de telgopor. Se los coloca a mi beba en las orejas. Acato su consejo de dudoso rigor científico. Todavía tengo la teta fuera del corpiño. El llanto no se detiene. Estoy atrapada. El viaje dura dos largas horas. La maternidad para siempre”.

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