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Malvinas: “no estábamos enterados de nada, solo nos decían que el peligro era Chile”

Después de 40 años, será un 2 de abril diferente para Raúl “Pelado” Larenas (veterano de la guerra y vecino de El Hoyo), quien participará este såbado del acto conmemorativo en la ciudad de Ushuaia.

Acompañado de sus familiares y de su compañero de armas, Miguel Marín, por estos días volvió a Río Grande para estar esta noche en la vigilia y rememorar sus días de “colimba” en la base aeronaval, desde donde junto a otros 700 soldados partió hacia el conflicto bélico que cambiaría su vida para siempre.
“No estábamos enterados de nada, solo nos decían que el peligro era Chile. Cuando salimos para Malvinas, estábamos convencidos de que ocuparíamos las islas por un mes y nos mandarían un relevo. Íbamos, conocíamos y, si no pasaba nada, volvíamos enseguida”, graficó.
Sin embargo, el destino tenía preparada otra sorpresa para él: su batallón emprendió una caminata de 10 kilómetros para atrincherarse a 500 metros del mar. “Eran los primeros días de mayo del 82 y hasta entonces no vimos gente inglesa ni soldados enemigos, ni siquiera en las estancias. No obstante, nos bombardearon siempre, ya sea desde los barcos o aviones. A 20 metros de mi posición, falleció un compañero cuando estaba de guardia y la metralla le cortó las piernas”, reflejó.
A diferencia de aquellos que ya estaban haciendo la conscripción, muchos otros soldados argentinos “eran apenas jóvenes inexpertos, chicos que no sabían agarrar un fusil. Nos jugaba en contra el clima, estuvimos en una posición angosta y larga en un risco. Desarmamos un corral de piedras e hicimos un refugio que tenía una abertura de 70 centímetros. Nos poníamos espalda con espalda para dormir sentados, es el día de hoy y sigo sufriendo de la columna por aquella situación”, puntualizó.
Con todo, “éramos prácticamente los únicos que nos bañábamos con un tacho que inventamos y donde el agua caía desde el techo y pasaba por debajo del piso colgante”, recordó.
Militancia
Raúl Larenas es un símbolo para su comunidad, que valora particularmente su sentido de pertenencia, militancia y compromiso con la Gesta de Malvinas. Perteneciente a una familia con un siglo de arraigo en El Pedregoso, ejido de El Hoyo, se jubiló como portero de la escuela 734 “Cóndor andino” y su casa es un faro para los ex combatientes de todo el país. Además, fue fundador (y jugador) del club de fútbol de su paraje y siempre está dispuesto a dar una mano al vecino que lo necesite.
Acerca de su retorno a Río Grande, valoró que “cambió totalmente, antes era una sola calle larga todo el centro. Además, sobre la cuestión Malvinas, hay diez cuadras sobre el mar dedicadas a su memoria, incluyendo plazas y monumentos”.
Sobre su época en el B.I.M. 5 recordó que “no solamente éramos soldados, sino que con Pilo Flores y Miguel Marín -como cordilleranos-, teníamos conocimiento en carpintería y levantamos empalizas de cuatro metros para un barrio nuevo para los oficiales. También pusimos césped y para alegría nuestra ahora vimos que está verdecito. En otro lado, están haciendo un espacio para que los chicos tomen conciencia sobre la importancia de Malvinas. Son sensaciones que llegan y nos llenan de recuerdos”, resaltó.
Con un cordero al hombro
Tras subrayar que durante 75 días en la trinchera no comieron pan y que “hacíamos comida dos veces por día, aunque al cabo no le gustara”, Larenas contó que “siempre había algún animalito cerca y un día nos dimos el lujo de festejar el cumpleaños de un compañero. El problema fue que venía con un cordero al hombro, pero pasó un bombardero cerca y le dio un ataque de epilepsia. Igual no se escapó porque detrás veníamos otros cordilleranos ligeros. En definitiva, volví con 10 kilos más”.
Rendición
Acerca de las acciones de combate, dijo que “el 12 de junio nos dieron la orden de prepararse para contraatacar, pero pasaron los días y no pasaba nada. Tampoco nos traían comida ni agua. El 15 de junio, cuando salgo al risco para ir hasta un charquito dónde nos abastecíamos, encuentro una tremenda bomba. Intento ir más abajo y entonces empezó el bombardeo. Fue cuando el cabo de otro grupo me avisó que Argentina se había rendido cuatro horas antes, así que no quedó otra que disparar para el pueblo”.
“El cabo fue el primero en huir, pero yo me tomé el tiempo para juntar mis cosas y esperar que salgan todos mis compañeros. De repente, aparecieron cuatro helicópteros con ingleses que se tiraban desde tres meses para obligarnos a entregarnos. Sin embargo, un guardiamarina tomó una ametralladora para cubrirnos la escapada. Fallecieron tres argentinos y otro quedó herido, aunque durante mucho tiempo lo dieron por muerto. Recién dos días antes de que nos dieran la baja (en septiembre), apareció Cabral por el cuartel. Lo tuvieron tres días más para salir urgente hasta Corrientes para avisar a sus padres que estaba vivo”, detalló.
Tortas fritas
Otra vez, ya rendidos, los gurkas que los vigilaban atados de manos “parecían tremendas personas portando ametralladoras con dos o tres bandas de mil tiros, machetes y pistolas por todos lados. Cargaban como 100 kilos de armamento. Nos pedían mochillas para llevarse de recuerdo, pero nosotros apenas teníamos un bolso de campaña”.
En cambio, “un día en el campamento armado en el aeropuerto –agregó- nos pusimos a hacer tortas fritas y pasaban preguntando qué era. Como no sabíamos inglés, les dábamos a probar. En general, nos trataron bien, aunque tenían un problema a consecuencia de haber viajado muchos días en barco y la excesiva calefacción les cocinó los pies. Casi no podían caminar y andaban siempre al trotecito”.

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