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Mario Saralegui: “Gallardo es el mejor técnico de la historia de River Plate, pero no sé si su equipo es el mejor de la historia del club”

Mario Saralegui, en su última etapa como DT de Peñarol (EFE/Sandro Pereyra/Archivo)
Mario Saralegui, en su última etapa como DT de Peñarol (EFE/Sandro Pereyra/Archivo)
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“El River de hoy lleva una campaña excepcional con Gallardo, pero el equipo nuestro tuvo la virtud de haber ganado la primera Copa Libertadores y de haber salido campeón del mundo el mismo año. Y eso no volvió a repetirse”. De esta manera, Mario Saralegui rememora aquel famoso equipo de Héctor Veira, ganador de todo lo que se le puso en el camino durante 1986.

El 29 de octubre de ese año, River derrotó 1-0 a América de Cali en el Monumental con gol de Juan Gilberto Funes y se adjudicó su primera Copa Libertadores. Una semana antes, el equipo del Bambino había superado al elenco colombiano por 2 a 1, gracias a los tantos del Beto Alonso y Funes, frente a 50 mil espectadores que presenciaron el encuentro en el estadio Pascual Guerrero.

“El equipo estaba convencido de que la iba a ganar y el nivel de juego era superlativo. Estábamos preparados para triunfar desde la mentalidad y también desde lo futbolístico”, remarcó Saralegui, quien disputó cinco encuentros con la camiseta Roja y Blanca durante ese torneo.

El Millonario fue el mejor equipo del certamen. De los trece partidos que disputó, solo perdió contra Argentinos Juniors de local y se mantuvo invicto en condición de visitante. Contaba con recientes campeones del mundo en México 86 con la selección argentina, como Nery Pumpido, Oscar Ruggeri, el Negro Enrique; además del Tolo Gallego y el Beto Alonso, consagrados en el Mundial del 78.

“El Bambino Veira no era un tipo que trabajaba mucho en la cancha, pero sí tenía mucha labia”, subrayó el uruguayo, aunque recalcó: “Gallardo es el mejor entrenador que tuvo River en su historia”.

En diálogo con Infobae desde su Artigas Natal, Saralegui rememoró la gesta que mañana cumple 35 años. Además, elogió a Nicolas De La Cruz, marcó diferencias entre el fútbol argentino y el uruguayo; explicó por qué el seleccionado charrúa no respalda al Maestro Tabarez y cuál es su cuenta pendiente como director técnico a sus 62 años.

-Se cumplen 35 años de la primera Copa Libertadores ganada por River. ¿Qué recuerdos tiene de aquella hazaña futbolística?

-Fue increíble. Ese año River estaba convencido que la iba a ganar y el nivel del juego del equipo era superlativo. El equipo estaba preparado para ganar desde la mentalidad y también desde lo futbolístico. No fui titular todos los partidos, pero tuve la posibilidad de convivir con mis compañeros, que transmitían mucha calma y seguridad. Era muy poco probable que River perdiera aquella final. La sensación que quedó es que la mayor dificultad que tuvimos fue frente a Argentinos Juniors, que venía de ser campeón comandado por José Yudica. Fue el escollo más duro a superar.

-¿Qué balance hace de su paso por el Millonario?

-Fue un año muy especial. Argentina venía de ser campeón del mundo. River tenía varios futbolistas que habían participado de México 86. Yo llegué después de esa Copa, ya que participé con Uruguay. Previo al Mundial, con el seleccionado charrúa enfrentamos a River en un amistoso. Tuve un buen rendimiento y ahí ya me vieron. Dejaron pasar el Mundial y me fueron a buscar.

-Fue un año glorioso para River porque ganaron la Copa Libertadores y la Intercontinental

-Sí, claro porque ganamos la primera Copa Libertadores y la Intercontinental de ese año, que no se volvió a repetir. Yo no jugaba mucho porque el equipo tenía en el mediocampo al Negro Enrique, el Tolo Gallego y el Beto Alonso. Yo competía en el puesto con Américo. Lo que sí, cuando él no podía estar, yo era titular. Fue una experiencia muy buena que hizo que Carlos Bilardo me recomendara para Estudiantes y me fui para allí. Disputo los primeros 10 encuentros y luego me fracturo la pierna.

-¿Cómo era su relación con el Bambino Veira?

-Muy buena, en un crack con una manera de ver el fútbol muy especial. No era un tipo que trabajaba mucho en la cancha, pero sí tenía mucha labia. Un día lo agarró a Funes y le dijo: “Fiera, vení acá. No pases la pelota, vos gira y corré para adelante para el arco con ella”. Funes era un animal, giraba y tenía una potencia única. Te ponía los brazos y te mataba. Con este consejo, el Búfalo empezó hacer muchos goles. El Bambino era de generar un muy buen ambiente de trabajo. Además, teníamos todo para ganar y contábamos con grandes jugadores: Enrique, Alzamendi, Funes, Alfaro, Ruggeri, Gutiérrez, Pedro Troglio, Claudio Caniggia, con 19 años, Pumpido, Pipo Gorosito y Sergio Goycochea, arquero suplente.

-¿Considera que el River que integró es superior al que comanda hoy Marcelo Gallardo?

-Las primeras veces son difíciles. El River de hoy lleva una campaña excepcional con Gallardo, pero el equipo nuestro tuvo la virtud de haber ganado la primera Copa Libertadores y de haber salido campeón del mundo el mismo año. Con el tiempo, hay cosas que se van olvidando, porque hay una tendencia a que eso pase. Sin embargo, Gallardo es el mejor entrenador que tuvo River en su historia. Pero el River del Muñeco no sé si es el mejor de la historia millonaria.

-Del plantel actual conoce mucho a Nicolas De la Cruz, a quien tuvo en el Liverpool uruguayo. ¿Cómo observa a su compatriota?

-El “Bolita” De La Cruz es el mejor jugador de Sudamérica, no tengo dudas. Puede jugar donde quiera, si está bien. Ha crecido mucho porque el crecimiento fisiológico recién termina a los 23 años. Al principio, le costaba, pero encontró en Argentina el nivel físico que no tuvo en Uruguay. Acá, jugaba sobrado.

-¿Lo potenció Gallardo, entonces?

-Sí, claro. Le dio fibra y confianza. Cuando tiene la pelota hace cosas diferentes. Yo lo tuve dos años en Liverpool jugando de doble 5. Pero era el que mejor marcaba. El mejor marcador que tuve en el club y el que mejor jugaba. El único inconveniente que tenía es que no le gustaba entrenar. Un día lo agarro y le digo: “¿Qué pasa que no entrenás? Ponete las pilas”. Mi problema era en que posición lo ubicaba. Al final, lo utilicé detrás del centrodelantero, en un sistema 4-1-4-1. De esta manera, encontré su lugar en la cancha.

-¿Qué enseñanza le dejó haber jugado en el fútbol argentino?

-Muchas cosas. Noté diferencias abismales con el uruguayo, a pesar de que somos casi hermanos, pero tenemos algunas cosas que nos diferencian y el fútbol es una de ellas. Por ejemplo, en Peñarol se entrena con las puertas cerradas. No entran los periodistas ni los hinchas. Tampoco los dirigentes al vestuario. Andan con el cuchillo en la boca. En cambio, en Argentina se entrena con las puertas abiertas. Entran los periodistas y los hinchas. Recuerdo que faltando media hora para el partido, el equipo se ponía a calentar, luego entraba con el cuchillo en la boca y mataba.

-¿Se ponen más rigurosos en su país?

-Sí, en la Argentina eso de ponerse rígido antes de los partidos no pasa. Los argentinos se toman las cosas con mucha más calma y hasta concentran previo a los partidos. En lo futbolístico también hay diferencias, especialmente en el manejo de la pelota. La técnica y el arriesgar una gambeta acá no lo ves. Cuando fui a jugar allá, se marcaba poco y era un fútbol de ida y vuelta, se llegaba mucho más al área rival y los equipos jugaban con enganche. Recuerdo a Ricardo Bochini en Independiente, a Omar Palma en Rosario Central y nosotros teníamos al Beto Alonso.

-Fue un volante central de mucho quite. ¿A quiénes se le dificultó marcar?

-Normalmente me iba bien porque no los dejaba jugar. Pero la pasé mal con Bochini en la cancha de Estudiantes de La Plata ante Independiente. Tuvimos una tranquera fuerte. Resulta que vienen a encararme sus compañeros y me dicen: “Con el Bocha no te metas”. Después, jugando para la selección charrúa se me complicó marcar a Zico en el Maracaná, en un Uruguay-Brasil, donde la pasé muy mal. Y tratando de marcar a Maradona en la Sub 20 en Caracas, también.

-Diego apenas tenía 15 años en ese Campeonato Sudamericano Sub 20 que se desarrolló en Venezuela, que termina ganando Uruguay…

-Sí, era chico y estaba intratable. Fue en 1977, en una Venezuela espléndida, donde muchos argentinos y uruguayos se iban a vivir allí, pero diferente a la de ahora que está destruida. Entonces, un día nos pusimos a ver el entrenamiento del seleccionado juvenil argentino y decíamos: “Mirá cómo entrenan. Encima, tenemos que jugar contra ellos”. Al final, le ganamos 1 a 0. Pero te ponías al lado de Maradona o le dabas un metro, picaba y no lo agarrabas más. Tenía una velocidad y una potencia increíbles. Una técnica de primer nivel. Por eso, fue el mejor del mundo.

Mario Saralegui, ex River
Mario Saralegui, en su paso por River, donde competía por el puesto con el Tolo Gallego

-¿Un jugador completo?

-Sí, encima agarraba la bandera y no la soltaba más, amaba vestir los colores de su país. Eso fue lo que se le criticaba a Messi hace un tiempo, pero recién ahora, con 34 años, lo logró llevar a cabo. La gente le pedía “tirate a los pies, gritá y embarrate”. A Diego le salía con naturalidad. Si podía en la primera jugada tirarse de cabeza en el barro, lo hacía, sin dudarlo.

-En México 86 lo enfrentó en los cuartos de final, que terminó ganando Argentina por 1 a 0 con gol de Pedro Pasculli. ¿Se notaba un Maradona diferente al que enfrentó con 15 años?

-Sí, se notaba su madurez física y mental. Lo veía pasar a Diego y no lo podía creer, por la velocidad que arrastraba. Fue un partido fatal para nosotros, porque nuestro entrenador, Omar Borras, no estuvo por suspensión. La selección de Bilardo tenia un equipazo. El nivel de Maradona era supremo. Ese equipo tenía dos factores importantes: el nivel defensivo era muy bueno, porque marcaba muy bien en una época que se jugaba con línea de 4, pero Argentina marcaba hombre a hombre; y después la potencia en ataque con Maradona, Jorge Burruchaga y Jorge Valdano. Estos tres, siempre chances iban a tener para marcar goles. Se notaba que los jugadores interpretaban muy bien en cancha lo que pedía su técnico.

-Haciendo un paralelismo con lo que pasa hoy con la selección de Uruguay, ¿qué reflexión le merece la situación que atraviesa el Maestro Tabárez?

-Uno de los mayores problemas que tienen los entrenadores de los seleccionados es la falta de trabajo. Hoy, cuentan con poco tiempo para utilizarlos. Hace 14 años que está Tabárez como entrenador de la Celeste, pero el problema es que hubo cambios de futbolistas que se dieron rápidamente y todavía no se ensamblaron en el equipo. Por otro lado, hay jugadores que el pasar de los años lo está afectando. Para Godín, Suárez y Cavani no es fácil jugar con 35 años. El Maestro estuvo buscando una nueva idea con jugadores nuevos. Se habló de un cambio de juego, pero nunca llegó. El golpe de realidad que tuvimos con Argentina y con Brasil hace que se generen un montón de dudas sobre su continuidad. Pero cambiar el entrenador ahora no es lo mejor. Yo me pregunto: ¿qué garantías tenemos de que el que venga nos va a clasificar a Qatar 2022?

-¿Le daría otra oportunidad?

-Sí, le daría otra oportunidad a Tabárez porque pongo en la balanza dos cosas: quién me garantiza a mí que si traigo otro entrenador voy a clasificar al próximo Mundial, y cuál es el nivel de riesgo que yo tengo si sigo con el Maestro o traigo uno nuevo. Mas allá de eso, Tabarez hace 14 años que está y clasificó a los últimos Mundiales. Conoce a los jugadores más que otro técnico y, encima, no hay mucho tiempo para trabajar. Tampoco hay un nombre cantado que rompa el mercado. Sí traés a Guardiola o Mourinho, vaya y pase. Pero, ¿a quién vamos a traer que me asegure que en estos seis partidos va a ser mejor que el Maestro?

-¿Está de acuerdo con el proceso largo que lleva adelante Oscar en el seleccionado charrúa?

-Sí. El proceso fue apuntalado por un montón de cosas, inclusive hasta políticamente. No es casualidad que se mantuvo durante 14 años como entrenador de la Celeste. No quiero mezclar la política con el fútbol, pero cuando Uruguay tuvo una muy mala Copa América en Venezuela (2007), el ex presidente de la Nación, José Pepe Mujica, fue al Aeropuerto a recibir al plantel. La política juega en todos lados y también en el fútbol uruguayo, por eso perduró el proceso de Tabárez en el seleccionado. Igualmente, es muy difícil sustentar un proceso cuando no se gana.

-¿Es un ciclo exitoso el del Maestro?

-Ganó una Copa América en 14 años, pero clasificó al seleccionado a los últimos Mundiales. No sé si con otro entrenador hubiéramos ganado mucho más de lo que obtuvo él. Sí creo que Tabárez tuvo la juventud de Suárez-Cavani-Forlán que le dieron buenos resultados y hoy carece de eso. También, hay que recordar que durante su ciclo pasamos un tiempo complicado sin ir a los Mundiales, en el cual los jugadores no querían ir al seleccionado porque te quemabas.

-¿Qué le molestó del último partido contra Argentina?

-La falta de actitud del equipo. Un Uruguay parado, con dos líneas de 4 mirando cómo jugaba el rival y sin marca. ¿Qué es lo que respalda a un técnico cuando la cosa no viene bien? El equipo jugando en la cancha. Cuando observás como entrenador que los jugadores se rompen el culo, van, meten y luchan, entonces te sentís respaldado. Pero contra la selección de Lionel Scaloni eso no pasó. Por eso, se corrió la bola de que se iba a hablar con los futbolistas al término del encuentro, porque no salieron a bancar al entrenador. Me parece mal que se corra la bola y no se haga. Hay una gran confusión, ya que el equipo no responde. Nosotros no tenemos que copiar nada de nadie, cada país tiene su idiosincrasia.

-¿Su cuenta pendiente es dirigir al seleccionado de su país?

-Es mi cuenta pendiente. A los 16, me vestí por primera vez con la casaca de la Celeste. A esa edad, jugué el torneo Sub 20 en Venezuela, escuchando el himno de mi país y arriando la bandera. Eso es la gloria y la posibilidad de defender los colores de tu país. Como entrenador, uno siente lo mismo. Me gustaría entrenar al seleccionado uruguayo. Tal vez, mi recorrido no me da para tanto. Pero en las ganas no me iguala nadie.

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-¿Le gustaría dirigir en el fútbol argentino?

-Sí. Tuve la suerte de jugar en River y en Estudiantes de La Plata. Hice amigos y compañeros. Pero nunca tuve la oportunidad de dirigir. Como jugador pude ir a Vélez también, pero no se dio. Como entrenador no he tenido la oportunidad. Cuando vemos a los compatriotas que van a jugar a la Argentina y triunfan, es tan apasionante y motivante que ustedes no se dan cuenta de lo que vivimos los uruguayos. Comparado con nuestro fútbol, el de Argentina es muy diferente. Las canchas llenas y la manera que lo viven, con mucha pasión. Pienso que River y Boca tienen un nivel altísimo. Hay entrenadores que están hechos para dirigir esos equipos, pero no todos están capacitados. Si bien dirigí a Peñarol, el Xeneize y el Millonario tienen niveles muy altos y son objetivos difíciles de alcanzar.

-¿Cuál es su estilo de juego?

-Pienso que el fútbol es sumamente complejo. Este deporte no ha cambiado tanto, pero sí se modificó un poco desde lo táctico y hay modas de estilos de juego. Un equipo gana con determinado juego, sistema y hay muchos entrenadores que lo copian. Creo que los partidos tienen momentos y hay que evaluar algunas cosas. El nivel de competencia que tenés, el poderío con el que contas y cómo juega el rival son factores muy importantes. Hoy, el fútbol pasa por lo grupal, por lo individual y especialmente, por la eficacia que tengas en dicho momento. No hay más táctico que el gol.

-¿A qué se dedica ahora, mientras espera un llamado para volver a dirigir?

-Estoy en Artigas, mi ciudad natal, disfrutando de mi familia. Sigo viviendo en la casa de mi niñez. Cuando estoy sin trabajo, me radico acá. Enfrente, se encuentra la casa de mis abuelos, donde ahora vive mi tío. Estoy al Norte de Uruguay, en la frontera con Brasil. Estuve dirigiendo a Peñarol hasta fines de 2020. Hubo una renovación de la dirigencia que llevó al cambio de director técnico. Estamos esperando algo que nos seduzca para volver a dirigir.

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