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Peces Raros, del bagaje rockero a la revolución electrónica y una colaboración clave con Trueno

Marco Viera nació en Mar del Plata y en 2011 se mudó a La Plata para estudiar Bellas Artes. En la facultad conoció a Lucio Consolo, con quien combinaron sus gustos musicales y, al poco tiempo, decidieron darle rodaje a un proyecto musical al que bautizaron Peces Raros. Se trata de una de las experiencias más excitantes para disfrutar en vivo en la actualidad, en la que ponen en juego la cruza de sus bagajes rockeros con la fascinación que sintieron por la música electrónica al promediar su educación formal.

A medida en que construyeron una sólida discografía –No gracias (2014), Parte de un mal sueño (2016), Anestesia (2018) y Dogma (2021), más un ep en vivo y otro de remixes- fueron creciendo en cuanto a convocatoria y territorialidad: este año ya pasaron por grandes festivales (Cosquín Rock, Rock en Baradero, Capital) y por salas icónicas del circuito como Niceto y Groove. Este viernes 7 de octubre darán un paso más cuando se presenten en el C Art Media (Av. Corrientes 6271) minutos antes de la medianoche.

“La carrera la dejé, después la retomé. Me queda este año y un año más. Pero ya pasa por otro lado lo de la facultad, fue otra etapa de mi vida”, dice Marco y a su compañero lo llama “licenciado”, pues está graduado. “Nos conocimos en el primer año de la carrera y en el segundo ya armamos esto y empezamos a tocar”, explica.

“En la facultad estuvimos expuestos a un montón de material desde la óptica académica. Y eso sirve mucho para pensar, para reflexionar, para desanudar cómo se consolidan los géneros, las corrientes estéticas, cómo se configura la categorización de la música y cómo eso está relacionado con el mercado, con lo social, con distintas etapas de la historia. Todo eso nos afectó a la hora de tratar de conjugar elementos que, en apariencia eran lejanos o que no se tocaban”, dice Lucio con respecto a cómo lo universitario les sirvió para pensar la creación musical.

Marco Viera y Lucio Consolo, de Peces Raros (Fotos: Prensa)

“Arrancamos haciendo rock, éramos muy deudores de toda la tradición ‘rock nacional’: Charly García, Luis Alberto Spinetta, Miguel Abuelo, pero también Radiohead y los Beatles… Teníamos el ojo muy puesto en una cuestión más institucionalizada de la canción. Hasta que descubrimos la música electrónica en Mar del Plata, allá hay mucha movida. Íbamos mucho para esa ciudad a tocar y nos encontramos con un universo que no respondía a ningún canon de lo que nosotros estudiábamos. En La Plata estaba en boga el indie, más cercano a un paisaje sonoro lo-fi, de home studio. Y en Mardel había otra postal, nada que ver. Por una amiga terminamos yendo a nuestra primera fiesta electrónica: una Time Warp en la que pinchó Richie HawtinY fue una revolución de los sentidos”, recuerda Lucio sobre ese cambio de perspectiva.

—Siendo “sapos de otro pozo”, ¿qué fue lo que más les llamó la atención esa noche.

Lucio: —El sistema de sonido. Yo había ido a muchos recitales en vivo, pero me llamó la atención la presión de graves, la situación envolvente. Y también que la música no paraba nunca, nunca. Era como una caso medio dionisíaca en la que no se entendía nada, el sonido era tremendo, no entendía en qué momento empezaba un tema y arrancaba el otro, no se entendía donde estaba el DJ. La cuestión lumínica también fue un descontrol.

Marco: —La ceremonia es distinta, tiene su código y la gente cuando va a una fiesta electrónica cumple con su rol de una manera diferente, que no tiene nada que ver con el público de rock. Tiene su momento de manifestación e interacción, más allá de la contemplación, porque la contemplación es desde el baile. De ahí salimos inquietos, muy impresionados y con ganas de agarrar algo de eso para llevarlo a lo nuestro, pero hacia algo esencialmente nuevo. No que una variación de algo que ya existiera o una nueva corriente de algo que conozcamos.

—“La electrónica asediada por el fantasma del rock”, es como definen a su música en su biografía. ¿Cómo llegaron a esa síntesis?

Marco: —La puse yo. Había leído algo similar en un libro, la frase era distinta, pero estaba la idea del asedio del fantasma, de algo que acecha. Cuando estábamos hablando de hacer electrónica con nuestros instrumentos, a la música la encaramos desde la pista, pero por alguna rendija se cuela el rock, la esencia de la música que traíamos antes. Al rock no nos lo podemos sacar de encima.

—Cada banda o artista tiene una estética definida que va más allá de la música. Y entre las cosas que los caracteriza, ustedes tienen eso de arrancar a tocar tarde, de la medianoche en adelante y casi nunca antes.

Marco: —Sí, nuestra música encaja mejor con la noche porque la forjamos en esos horarios, de hecho. Nuestro sonido y estética se creó a la madrugada. Y tocar en esos horarios es un determinante estético si querés captar la atención del público: tocar una balada a las 3 AM es muy difícil de sostener. Es un desafío para nosotros tocar a las 9 de la noche e intentar poner a la gente en estado de rave. La trasnoche es la condición óptima para nuestros shows.

Lucio: —Hemos tomado algo que es muy propio de los DJs y de las fiestas, que tiene que ver con la lectura de la pista. Según cómo responde la gente, uno va tomando ciertas direcciones, ciertas selecciones. Y a nuestro modo, tratamos de hacerlo, aunque no podemos modificar demasiado el show en el momento en el que estamos tocando porque somos una banda, hay ensayo.

Trueno es un tipo con el que todos quisieran colaborar y fue él quien les pidió subirse a un tema de ustedes. ¿Cómo fue hacer “Cicuta remix” con él?

Lucio: —La colaboración surgió desde un lugar compeltamente art´sitico. De hecho, es nuestra primera colaboración hasta el momento. El equipo de Trueno y Tatool, su productor, se acercaron a nosotros con la intención de hacer algo sin condiciones. “Si esto nos copa, vamos. Si no nos copa, será una buena historia y quedará ahí”, dijimos. Pero lo que pasó nos gustó a tanto a todos que terminamos grabando en el estudio, hicimos el videoclip juntos… Hubo mucha afinidad musical y humana. Y quedó lo que quedó: es un tema que muta mucho de lo original, que fue la premisa, también.

—Él se corre de su registro de rapero, su parte está cantada. No es lo que uno se esperaría de Trueno.

Marco: —No sabíamos ni qué esperar, realmente. Pero cuando les mandamos las pistas, creímos que iba a rapear arriba y nos devolvió unas cosas cantadas, dialogando con la estructura del tema original. Y nos sorprendió mucho. Nos contó que estaba muy cebado con nuestro tema, que lo escuchaba todo el tiempo. Imagino que en esas escuchas él debe haber empezado a jugar arriba y quizás se encontró con una potencialidad suya no explorada. Es un pibe muy inquieto.

—¿Cuál es el dogma de Peces Raros?

Lucio: —¡El último disco! (se ríe). No nos consideramos para nada dogmáticos.

—¿No tienen un par de reglas inquebrantables que siguen desde que empezaron hasta hoy?

Lucio: —Sí, sí, sí. No sé si los definiríamos como dogmas… Bueno, dale pongámosle “dogma”: algo que nos ordenó muchísimo desde el principio es “no hay mejor propaganda que un buen show”. Esa es una de nuestras máximas. Nunca abandonamos eso y vivimos cada show como la oportunidad de comulgar con el público.

Marco: —Compositivamente siempre estamos buscando un nuevo horizonte e incorporar otros elementos. Ese también es un leitmotiv, un motor que tenemos en lo estético y de cara a cada disco. Es un axioma del dogma. “Siempre en la búsqueda, nunca el hallazgo”: esa es la frase que nos define.

PR
Peces Raros toca este viernes 7 en el C Art Media

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