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Peronismo, barro y misericordia: quién es y qué quiere María Migliore, la ministra popular de Rodríguez Larreta

María Migliore se crió en Bella Vista, tiene 36 años y dos hijas pequeñas (Nicolás Stulberg)

María caminaba hacía rato los pasillos de las villas. Ya había aprendido la noción de la “igualdad” en un colegio católico de clase media alta de Bella Vista. Y de sus padres filósofos (y católicos) había hecho carne la idea identitaria del Otro como un igual diferente. A los ocho años pasaba los Día del Niño con chicos de los comedores en un ambiente donde las diferencias se borraban, y, al menos por un rato, no había ricos ni pobres, afortunados ni desgraciados, ni lástima ni pena. A los 16 organizó una colecta para Antonia, una jubilada de un asilo que necesitaba una prótesis para una cadera. A los veintipico cursaba la carrera de Ciencias Políticas en la Universidad Católica y la bandera ideológica que envolvía su cuerpo tenía el rostro de la justicia social. Un día le contó a su abuelo, abogado antiperonista, patriarca en el entorno tradicional de su familia, que había empezado a militar en una unidad básica. El hombre la miró y le dijo, casi triste, casi tierno: “No, viejita, vos mujer y del peronismo, esa es la peor combinación”.

María escuchó a su abuelo. Pero siguió. Una crítica de la mesa chica familiar no la iba a detener porque el combustible de su acción ya corría por sus venas y era una mezcla de voluntad, convencimiento y misericordia. A esa altura de su vida, sin embargo, no sabía todavía que un día dejaría de militar en el peronismo. Pero igual ya estaba completamente segura del rumbo que quería darle a su vida: entrega y ambición para cambiar las cosas desde adentro.

A partir de los 15, cuando repetía adelante de sus amigas de la secundaria que un día iba a ser Presidenta de la Nación, no paró. Y a los 36 años, madre de dos hijas, María Migliore es la cara popular del gabinete de Horacio Rodríguez Larreta; la ministra que llegó del barro, de la acción social, la misericordiosa que comanda el trabajo del gobierno porteño en las villas de la Ciudad.

Migliore subió rápido los escalones de la jerarquía política y desde 2019 es la ministra de Desarrollo Humano y Hábitat de CABA. En sus redes sociales abundan las fotos con personas de los barrios populares y postales aéreas donde muestra las viviendas que construyó el Estado porteño bajo su gestión en las villas Fraga o 31, primero como gerenta del Instituto de Vivienda y luego en su puesto actual. En un gobierno asociado al poder construido desde las clases altas y herederas, ella es la que se embarra.

Maria Migliore
Migliore, a la derecha, con un sweater salmón, junto a sus compañeros de “Impacto”, la agrupación universitaria de la UCA

Conquistó el corazón político de Larreta cuando junto a su amigo Juan Maquieyra (con quien estudió en la UCA, actualmente director de la Escuela Política Fratelli Tutti en el Vaticano) le presentaron un proyecto “integrador” de los barrios. “Horacio, es un modelo transformador, el modelo asistencial está en crisis y apostamos al desarrollo”, fue la frase de seducción inicial que lanzó allá por 2016 esta mujer pequeña, de ojos claros, boca grande, que anda de aquí para allá con jeans y remeras negras o blancas, la moda “larreteana” del vestir dirigencial, sobria y austera.

Por eso María defiende al jefe de Gobierno, porque es como defenderse a sí misma: “La única verdad es la realidad y el jefe de Gobierno que más plata puso en los barrios populares desde la vuelta de la democracia es Larreta. Y le dijimos que lo queríamos hacer participativo, con las organizaciones, y nos dijo ‘háganlo’. Y un tipo así a mí me convoca”.

Lo dice porque quizá, 15 años atrás, Migliore no hubiera imaginado que su camino en la política -o en la transformación de la realidad social- iba a darse en el sendero de una coalición que mezcla radicales, antiperonistas ilustrados, liberales y (ex) peronistas módicos. La acción en las villas y los barrios pobres de Capital y el conurbano empezó en su colegio, el Santa Ethnea (fundado por monjas irlandesas), y siguió junto a los curas villeros encolumnados detrás del jesuita Jorge Mario Bergoglio, especialmente el actual obispo Gustavo Carrara.

El centro de la virtud de Migliore es la misericordia. Alrededor de ese sentimiento cristiano de compasión gira el sentido de la existencia y la acción de la funcionaria desde mucho antes de pasar de la “misión” a la “política”. La disposición a compadecerse de los sufrimientos y miserias ajenas. La amabilidad, la asistencia al necesitado, el perdón y la reconciliación. Un sacerdote me explica que “misericordia” viene del latín misere (miseria, necesidad), cor, cordis (corazón) e ia (hacia los demás): “La misericordia no es sentimiento de pena ni de lástima. Sí de compasión: padecer-con”.

Maria Migliore
De adolescente, con Antonia, una señora para la que hizo una colecta con el fin de que puedan operarla de la cadera

El compromiso social que le propusieron las monjas de su escuela permeó en la piel de Migliore desde chica. Mientras cursaba cuarto y quinto año de la secundaria trabajó en un hogar de ancianos. Fue ahí, sobre las ruinas humeantes del estallido de 2001 que empezó a retumbar en su cabeza una pregunta: “¿Cómo hago para transformar esta realidad y que no pase más?”.

Migliore recuerda cosas sencillas. Antonia se había quebrado la cadera y no se operaba porque el PAMI no le cubría la prótesis. Pasó cuatro meses postrada la señora. A María le parecía inadmisible. Entonces con una amiga armaron una colecta en el colegio y en las misas y consiguieron la plata para operarla. Fue la primera vez que sintió que la realidad se puede transformar con compromiso. Así, empezó a organizarles salidas a las ancianas, las invitaba a tomar el té a su casa. Activar para cambiar le salía solo. Y sola también llegó la política como respuesta.

Los adolescentes de 2001 tomaron dos caminos. El del escepticismo y el descreimiento, la mayoría. El de meterse para hacer algo desde adentro, unos pocos. Hacía allí fue Migliore, otra hija del estallido. Estaba en tercer año de la secundaria y tuvo la sensación de que el país se quebraba. Veía la crisis. “Por un lado, mi viejo recontra preocupado por la guita que había perdido en el banco, pero yo tenía cuestiones garantizadas. Y, en función de la perspectiva, recuerdo ir a comedores con el colegio y ahí la sensación era de desesperación absoluta. En San Miguel hubo saqueos y la mirada era ‘che, esto se va a la mierda’”, rememora.

“A mí en 2001 no me salía descreer. Me salía más que hay que sentarse y reconstruirlo. No se tienen que ir todos, me quiero meter para que todo salga bien”, cuenta lo que pensó. Migliore tenía encendida la llama de la vocación. “Y empecé a tomar conciencia de que estructuralmente transformás desde la política. Empecé a leer, más el laburo de base, las trabas estructurales, y al final del día lo que hay que cambiar es el sistema”.

Maria Migliore
María Migliore es hija de dos profesores de Filosofía y la mayor de seis hermanos

Asumió la mirada horizontal que pone a la pobreza como un misterio para descubrir, alejada de la perspectiva tradicional de la Iglesia donde el rico está arriba del pobre. Si su escuela le enseñó que tenía algo para dar pero también para recibir, la carrera universitaria de Ciencias Políticas le abrió el camino de la política como ring donde se da la batalla concreta.

Esa combinación de barrio y teoría la llevó, como la corriente de un río hacia el mar, al peronismo. La asociación fue natural e intuitiva. A la par que entró en la UCA comenzó a militar en el Centro de Estudiantes, donde luego sería presidenta, y a recorrer las villas con los curas seguidores de Bergoglio. “En la impronta de lo que propuso Francisco, con el entramado social de fondo, el peronismo estaba presente”, dice Migliore sobre un movimiento que actualmente lo siente lejos pero al que le reivindica “haber hecho la gran transformación social de este país”.

La presidencia del Centro de Estudiantes de la UCA, que ganó con un grupo independiente que se llamaba “Impacto”, significó un tubo de ensayo para lo que vendría. Aprendió a organizar, a gestionar, a afrontar un proceso de elecciones y conoció líderes nacionales y provinciales. Esa mirada la profundizó como parte integrante del Centro de Investigación y Acción Social (CIAS), un espacio de formación de líderes de los jesuitas, donde Migliore aprendió “la importancia del diálogo verdadero entre todos los sectores, entender la posición del otro para transformar la Argentina”.

Maria Migliore
Junto al por entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio en un barrio popular, en la primera década de los 2000: Migliore se formó en la escuela jesuita de líderes políticos

María había encontrado la forma de canalizar la angustia existencial que le generaban las diferencias sociales. A los 25 años todavía estaba comprometida con la doctrina social cristiana y todo el entramado de creencias y de valores que salen de allí. Pero la vida es una puesta a prueba constante de fe, de voluntad. Mientras Migliore veía discurrir su vocación, el golpe más duro de su vida llegó sin aviso.

Un domingo despertó con un llamado aterrador. Su hermano Joaquín, de 19 años, no aparecía. Toda la familia había estado en un asado la noche anterior. Habían celebrado el reencuentro porque varios de los seis hermanos venían de misionar por las provincias durante el Año Nuevo y ahora estaban de vuelta, todos juntos, en la casa de papá y mamá. Joaquín no aparecía la mañana siguiente hasta que fue identificado. Se había electrocutado y había muerto cuando intentó cruzar una vía del ferrocarril en San Isidro en una zona en obras mal señalizada.

— Primero pensamos que lo habían secuestrado, porque no aparecía. Con mi novio de aquel entonces salimos a recorrer comisarías: “¿Tenés un pibe de 19 años que no lo encuentra nadie?” Después tuvimos que ir a la morgue judicial a reconocer el cuerpo. Después tratar de que te lo den. La experiencia me marcó para siempre.

Migliore padeció un sacudón inesperado. Nadie está preparado para morir a los 19. Nadie está listo a los 25 para chocar de frente con la pérdida de un hermano menor. A esa edad, la muerte es una estrella negra y distante.

Maria Migliore
Abrazada a Joaquín, el hermano menor que hace 11 años murió en un accidente en una vía del ferrocarril

“Se me iba todo a la mierda”, reconoce, conmovida y entera, 11 años después. “Y la gente que me ayudó a salir fue la gente de los barrios. Ahí hay una experiencia mucho más cercana con la muerte, fue aprender a ver qué importa y qué no. Te cambia la cabeza. Pasás a enojarte, a no entender nada, a preguntarte qué mierda hacés acá. Y recuerdo la cosa compartida, comunitaria, de gente que te sostiene y te enseña a ver lo que vale. La respuesta la encontré en esa gente, que me abrazó y me enseñó a ver la vida desde otro lugar”, dice Migliore, que sintió que recibía lo que había dado.

El momento más triste de su vida modificó su cosmovisión. La muerte de su hermano la llevó a toparse con las fallas crueles del Estado en primera persona. Y también con las grietas interiores. Todas sus creencias se pusieron en cuestión. Y a partir de ese episodio se dio cuenta que también estaba para romper ciertos mandatos. A los 19 años te hubiera dicho que el aborto está mal. Es un tema muy complicado, tengo una posición personal para que ninguna mujer llegue a la situación de tener que abortar y estoy convencida, pero la realidad es mucho más compleja de lo que a mí me gustaría, yel Estado tiene que garantizar todas las opciones. Decir eso en un ambiente conservador… No pensaba así, pero llegué”, asegura, desafiante porque le valió el enojo de amigas, familiares, conocidos.

Ser mujer en política me hizo madurar en un montón de cosas. A los 18 años no te decía estas cosas ni en pedo. No es sencillo ser mujer en política. Soy feminista. No vengo de una tradición feminista. Estoy donde estoy porque hubo otras mujeres que abrieron el camino. Está en constante evolución en mí. Soy un poco rompedora de mi estructura original. El rol de la mujer en la política o la familia es un mandato que trato de romper. Crecí en un ambiente donde la mujer estaba en su casa y tenía hijos y el hombre trabajaba.

En 2008 consiguió un trabajo administrativo en el gobierno de la Ciudad, cuando todavía era alcalde Mauricio Macri y ella votaba (aunque no lo admita, “nunca te lo voy a decir”, jura y sonríe) otra cosa. Larreta era jefe de Gabinete y puso el ojo en ella. Entre 2011 y 2015 no estuvo en el Estado, trabajó en una fundación y mientras tanto se alejaba del peronismo, que para ella ya no transformaba: “Me pareció muy vertical, con demasiados hombres. Pero además era un proceso personal. Ya no me daba el sentido de antes, no sabía si era el lugar. Era mi proceso, tipo ‘no sos vos soy yo’”.

Maria Migliore
“La única verdad es la realidad y el jefe de Gobierno que más plata puso en los barrios populares desde la vuelta de la democracia es Larreta”, sostiene Migliore

Cuando Rodríguez Larreta se convirtió en jefe de Gobierno la convocó para el Instituto de Viviendas. Migliore se puso la camiseta del larretismo y propuso aportarle cosmovisión social a un espacio que estaba bastante distante del sector popular. “Empezamos a laburar para la integración social, para que sea una de las grandes apuestas”, cuenta y admite que no fue fácil.

Cuando empezó a caminar los barrios como funcionaria porteña las villas eran refractarias a todo lo que oliera a Macri. “Nos puteaban en todos los idiomas. Lo revertimos con presencia y con confianza. Decidimos trabajar en el territorio. Y cambió cuando empezaron las obras. Al principio nadie nos creía”, cuenta.

Larreta quedó prendido al perfil social de Migliore. Tanto que cuando reeligió, en 2019, le propuso ser ministra. “Fue un cambio, pasé de la militancia social a hacerme cargo de lo político. Estoy convencida de que podemos transformar lo estructural y apuesto a eso”, dice sobre su perspectiva de trabajo y militancia.

La ministra de Desarrollo Humano y Hábitat porteño sostiene que lo que la moviliza es la idea de construir un proyecto de país que “realmente dé oportunidades a todos”. Cree que eso falta en la Argentina de hoy y que ella tiene algo para aportar en ese sentido.

— Estamos ante el cierre de un ciclo político que arrancó en 2001 y la pandemia de alguna manera culmina. No es claro qué viene después. Pero falta reconstruir el sueño nuevo. El peronismo tenía un sueño muy claro. Tenías un trabajador como el sujeto y un aspiracional. Creo que hoy no está claro. Falta ponerle palabra y ver cuál es el aspiracional del siglo XXI. Construir eso.

Maria Migliore
“El 2001 tuvo dos emergentes, el kirchnerismo y el PRO, y creo que eso se está terminando. Empieza otra cosa”, analiza Migliore (Nicolás Stulberg)

— ¿Qué es lo que usted quiere?

— El peronismo lo pudo materializar en términos políticos. El contrato social implícito era que ibas a tener una oportunidad vinieras de donde vinieras. Hoy no está claro. La cultura del trabajo no se rompió. La gente se rompe el culo todos los días y no progresa. Eso hay que reconstruir. Hay que ponerle futuro a eso.

— ¿Y cómo se logra?

— Cada proceso histórico deja algo y le falta algo. El 2001 tuvo dos emergentes, el kirchnerismo y el PRO, y creo que eso se está terminando. Empieza otra cosa. La gente está diciendo basta. No sé si está pidiendo irse a la derecha. Si nuestro espacio ve eso, estamos en problemas. A eso se lo combate dando respuestas, no derechizándote. Hagamos lo que hay que hacer. Yo quiero instituciones fuertes pero con justicia social.

La quinceañera que no tenía vergüenza de decirles a sus amigas que quería ser Presidenta todavía late en esta madre de 36 años. Parte del camino ya lo recorrió. “Vive esa joven que quiere cambiar todo”, sonríe, un poco tímida, Migliore. Cuando parecía que la charla se terminaba así, con la foto de la chica sensible que quería ayudar a los otros, la ministra porteña suelta el deseo, lo verbaliza, lo hace palabra, y se va: “Y obvio que me gustaría ser Presidenta. Me gusta la política como poder transformador. Hay que conducir procesos. Me convoca mucho que se escuchen las voces populares y ampliarlas”.

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