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¿QUÉ SERÁ DE…? Abel Ángel “Goyito” Martínez, el campeón de la primera Copa Challenger de motociclismo

Fue uno de los protagonistas de una gran época del deporte de las dos ruedas en nuestra ciudad. “Goyito” Martínez tuvo la chance de conocer diferentes países y correr en Europa.

Corrió 28 años ininterrumpidos, es señalado como uno de los grandes del motocross y gran discípulo de Jean Pierre Raemdonck. Estuvo en el equipo que dirigía el belga Joël Robert, un europeo que obtuvo seis veces el campeonato del mundo de la especialidad.

Abel Ángel Martínez nació el 19 de agosto de 1964 en Bariloche. Hoy tiene 65 años, el ex piloto y hoy instructor. Hijo de Pedro Martínez y Juana Amalia Martínez. Tiene tres hermanos: Gregorio, Ángela y Ester. “Goyito” Martínez se casó con Alicia Rogel y tuvo cuatro hijos: Mariana, Lilen, Sebastián y Ezequiel. Cursó solo parte de la primaria en la Escuela 71 y comenzó, como otros tantos del viejo Bariloche, a trabajar para ayudar en su casa.

Cuenta “Goyito” Martínez que conoció “a Jean Pierre Raemdonck, un belga que trajo el MX a Bariloche, él fue quien impulsó este deporte en la región. Salía a andar en moto en el campo del Ñireco, el hacía trial y yo lo seguía con mi bicicleta, y empecé a decirle que me enseñara a hacer todo lo que hacía en la moto para que yo lo pudiera trasladar a la bici. Con un grupo de amigos comenzó a hacer el primer circuito y yo ayudé a hacerlo, el primer circuito de motocross en el cerro Otto, desmalezamos y él fue el encargado de trazar el circuito. Luego Jean Pierre hizo otro circuito en Villa la Angostura, en el Muelle, pero era de trial”.

Debut y victoria

El barilochense rememora sus inicios e indica que “debuté en 1964 en el cerro Otto. Yo no tenía moto y siempre le decía a mi hermano Gregorio (Goyo) que sí tenía, que tenía que acelerar más, siempre le decía que era miedoso. Un día fui a una competencia y el Flaco Novaco me escuchó y me dijo: ‘Tomá mi moto y corré’. Era una Gilera 150 que andaba muy bien preparada. Largué y gané. Al poco tiempo comencé a correr para Gilera gracias a Hella Garagnani. Fue debut y victoria, pero de loco e inconsciencia. Pero en ese tiempo no me importaba, me gustaba el vértigo, no me interesaba y no me interesó nunca la fama, solo quería correr”.

Su primera moto

Comenta “Goyito” que “mi primera moto fue una Gilera 200, que la llevamos a 250cc. Fue pasión siempre, cuando todavía no tenía moto iba a ver las carreras y me encantaba como volaban, yo me moría de ganas de correr. Corrí un solo año y a los 12 me llegó Hella Garagnani para que corra en el equipo de ella. A partir de ahí no paré más de andar en moto. Luego con el tiempo tuve una Montesa porque era imposible correr contra los que tenían motos importadas. Con esa Montesa recuerdo que remonté mucho”.

Recorrer el mundo

Martínez dice que “corrí fechas del latinoamericano en Venezuela, Perú y Chile. Además corrí en Italia una fecha clasificatoria para disputar el mundial y quedé cuarto, logré clasificar, pero luego no pude viajar a competir. Corrí en Italia, Brasil. Estuve en el equipo oficial Montesa de España e Italia y competía en Latinoamérica representando a la firma. Del 76 al 78 competí en el latino y logré el subcampeonato latinoamericano”.

Siete veces subcampeón nacional

Abel “Goyito” Martínez manifiesta que “como lograba tener experiencia y estar en el latinoamericano, cuando podía estar en el certamen argentino, lograba muy buenos resultados y sumaba buena cantidad de puntos, pero nunca pude completarlo, porque me coincidían con las fechas del latinoamericano. De 1975 a 1982 logre el subcampeonato nacional de manera consecutiva. Lo que pasa es que a mí me contrataban para estar en los latinos y priorizaba esto”.

Épocas diferentes

Abel Ángel Martínez sostiene que “la verdad es que fue otra época, era muy diferente todo, fue una época donde el deporte era muy unido, muy compañeros, todos locos. Nos juntábamos e íbamos a los circuitos y se armaban grupos de 20 que corríamos. Me acuerdo que si no estaba Hella o no iban los pilotos de Bariloche, no era nada puntuable por el campeonato argentino. Si no iban los de la UMB (Unión Motocross Bariloche) no juntaban ni quince pilotos”

La Copa Challenger

El ex piloto local cuenta que “en 1971 comenzó a disputarse la Copa Challenger, que consistía en cuatro disciplinas: speedway, velocidad, asfalto y motocross. Cuatro fechas de cada una y la copa se la llevaba aquel que ganara tres veces de manera consecutiva o cuatro alternadas. La gané yo, gané desde el 71 hasta el 73 y me llevé la copa a mi casa. En motocross se corrieron dos fechas en Villa la Angostura y dos en Bariloche. En velocidad se hicieron cuatro fechas, se largaba desde Villa la Angostura por ruta de Siete Lagos hasta El Bolsón. En speedway se hicieron cuatro fechas arriba de LU8 y las fechas de asfalto se hicieron en San Martín de los Andes y en Bariloche

El trial siempre fue la escuela

“Goyito” Martínez puntualiza que “la escuela del motocross siempre fue el trial, a muchos de nosotros no nos gustaba porque era tranquilo, mucho equilibrio. El enduro por ejemplo cuando se corría desde Santa María y se cruzaba a Villa Traful, eso era enduro, largabas a las 8 de la mañana y llegabas a las 2 de la tarde. En esa época la Unión Motocross Bariloche era muy fuerte, los clubes se unían a esta porque tenía la personería jurídica.

Aprender con el más grande

“Goyito” relata que “cuando arranqué yo tenía temperamento, es como señalé antes, éramos locos de la velocidad, pero no sabía andar en moto. Cuando llegue al equipo que dirigía Joël Robert, seis veces campeón del mundo, era nuestro entrenador, y en lo personal aprendí mucho. Cuando me fui a Europa andaba rápido y me decían que más rápido no se podía andar. Cuando corrí mi primera carrera allá, los primeros me sacaron una vuelta.

Estaba que abandonaba, me pregunté si realmente servía para esto. Me di cuenta que nos faltaba mucho. Me dijeron que tome cursos y en el segundo y tercer curso ya mejoré, los cuatro primeros ya no me sacaban la vuelta”.

Pilotos de antes, pilotos de hoy

Martínez expresa que “yo la verdad no tenía nada en mi vida y en la moto encontré todo y me dediqué. Hoy los pilotos son menos comprometidos.

En los cursos que doy sufren, porque no tienen conducta de deportista. En el motocross siempre se necesitó, primero, estado físico y reflejos, comer a horario. Me enseñaron que había que correr 20 kilómetros a las 6 de la mañana todos los días y después entrenar en moto. Te preparaban físicamente mucho más de lo que exigía la moto, para que en carrera fueras sobrado. Yo perdía dos kilos por carrera. Los pibes de hoy tienen todo servido, corre obviamente el que puede acceder a la moto, antes era diferente, todos daban una mano, te ayudaban y había compromiso. Recuerdo que para juntar fondos hacíamos demostraciones de trial en Bomberos y ese dinero nos servía para seguir los campeonatos en muchos casos. Hoy los pilotos son más cómodos y muchos son poco profesionales. Se juntan a comer asados los viernes y el domingo son las carreras”.

El deporte me dio todo

Abel Martínez reconoce que todo se lo debe al deporte. “A mí el deporte me dejó todo, toda mi vida, estoy sano, puedo andar en moto, conocí el mundo, nunca me faltó nada, cuando dejé de correr hice mi casa, mi taller y la verdad es que no tuve sobresaltos, gracias a que siempre fui un piloto bien pago. Me dejó conducta, aprender a respetar, algo que se ha perdido mucho. De tener una oportunidad, hacía mi vida igual, no me arrepiento de nada de lo que hice, me gusta tanto este deporte que ahora estoy armando una Ducato para viajar a las carreras”.

Anécdota

De todos sus viajes, para competir y entrenar, “Goyito” recuerda una anécdota. “Una vez viajamos a Mendoza a competir un grupo de la Unión Motocross Bariloche. La verdad es que nos había ido muy bien. Era invierno y cuando empezamos a regresar, había mucha nieve. Gustavo Ezquerra había tenido inconvenientes en su vuelta a casa. Nosotros traíamos las motos en el rastrojero del papa de Pirulo Pirles que vivía enfrente a Grisú en plena bajada. Llegamos a Bariloche contentos que habíamos llegado bien, sin contratiempos y nos fuimos a dormir. En la noche y en medio de la nieve y el hielo, el rastrojero se había ido por la barranca y quedó en la calle San Martín, volcado con todas las motos rotas, tuvimos que trabajar bastante en arreglarlas”.

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San Carlos de Bariloche, Argentina

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