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¿QUÉ SERÁ DE…? “El Chueco” Demetrio Velázquez, un dirigente deportivo de excelencia

Fue siete veces campeón argentino de esquí de fondo y tres veces campeón nacional de biatlón. Más allá de todos sus palmares, “El Chueco” fue un gran entrenador y constante trabajador de instituciones vinculadas al esquí nórdico, un dirigente deportivo con todas las letras.

Nació en Leandro Alem, Misiones, en 22 de febrero de 1950, hijo de don Ceferino Velázquez y Jorgelina Méndez, ambos paraguayos que llegaron escapados de la revuelta en ese país. Demetrio “El Chueco” Velázquez es el segundo entre sus hermanos, Ramón, Armando, Margarita y Sixto. Contrajo matrimonio en 1971 con Ema Roa, tuvo cinco hijos, Nilda, Laura, Rubén y los gemelos Lucas y Francisco.

Proveniente de una familia muy humilde, su padre trabajaba en los secaderos de yerba y ellos se criaron con lo que se cultivaba en su pequeña parcela. Cursó sus estudios primarios en Panambi, Misiones, cerca de Oberá. No hizo el colegio secundario y decidió inscribirse en la Escuela de Suboficiales “Sargento Cabral”, donde en esos años ya se aceptaba solo con la primaria, sin saber que esa escuela cambiaría para siempre su vida.

Hoy con 70 años recuerda que “hice dos años en la Escuela de Suboficiales y egresé como cabo en el año 1968 me fui a la Escuela de Caballería y estuve 6 meses haciendo un curso de blindados, que eran los tanques que tenía la fuerza. En Misiones, que era mi lugar de nacimiento, no había algo con mi especialización y no quería embromar a ningún compañero sacándole el lugar. Así que decidí esperar hasta el final, para que me dieron el destino al que no querían ir todos y me tocó San Martín de los Andes, que hoy por hoy, agradezco que me haya tocado ese lugar, porque descubrí a partir de esto, el mundo de la montaña, la nieve y el esquí”.

Don Francisco Jerman

En su rica y extensa historia dentro del deporte, Velázquez expresa que “llegué a San Martín de los Andes en 1978 y al año siguiente vine a la Escuela Militar de Montaña de Bariloche y hubo una selección de cursantes donde los que quedaran iban a conformar el grupo de esquí del Ejército que iba a viajar a competir a Chile. El encargado de hacerlo era don Francisco Jerman que fue quien dijo ‘ese Chueco va a andar’; a partir de ahí empiezo a trabajar y a entrenar con él. En ese tiempo estaba el general Alberto Laplane, y me hizo quedarme en Bariloche. Ese año se llevó adelante el primer certamen argentino, en ese tiempo había dos categorías, Primera y Segunda y yo gané en Segunda y eso me dio el pasaporte para comenzar a competir en Primera”.

Los campeonatos argentinos

Demetrio Velázquez, tranquilo y siempre respetuoso, cuenta que “al año siguiente comienzo a competir en Primera y gané el campeonato nacional en 1972, 1973, 1974, 1975, 1977, 1978 y 1979, en el medio conseguí tres títulos nacionales en biatlón, que es la disciplina combinada de esquí y tiro, en 1975, 1976 y 1977, fueron experiencias muy lindas, la verdad es que yo descubrí un mundo increíble, el de la montaña y el esquí y siempre lo voy a decir”.

Los viajes

Innumerables son los viajes a diferentes competencias que ha tenido Demetrio “El Chueco” Velázquez. “A finales de 1973, principios de 1974 y siendo campeón argentino dos veces seguidas, voy a Finlandia a hacer el curso de instructor de esquí y cuando lo terminamos, en Suecia se corría el campeonato mundial de esquí de fondo y a mí me habían pagado los pasajes y me habían dado 600 dólares para toda la estadía, no tenía un peso más y quedarme implicaba más dinero. Francisco Jerman me dijo ‘yo te banco’, pedí la autorización y el Ejército me lo denegó, entonces el general Balda me licenció para que yo, en mi licencia, pudiera competir. Así fue que me quedé desde el 20 de enero hasta el 10 de febrero y fuimos con Jorge Salas, Marcos Jerman, Francisco Jerman y yo. En ese viaje además se hacía una competencia en Suecia donde competían los entrenadores. Jerman hasta la mitad de la competencia iba tercero, era un fuera de serie, siempre el esquí, en esa época era técnica clásica. Luego en 1975 viajé al mundial militar en Suiza y en 1976 a Austria”.

La Antártida

Al ser integrante del Ejército, Demetrio Velázquez cuenta que “en 1978 fui a la Antártida y me volví, pero en 1979 pasé 13 meses allá. Fui parte de la dotación fundadora de la base Belgrano 2. Vivimos un mes en carpa hasta que hicimos el rancho, llevábamos módulos de teflón y fuimos uniendo los módulos hasta que logramos terminar el refugio, eso fue a principios de 1980. Cuando regresé viajé a Finlandia en 1981, al año siguiente a Alemania y en 1984 fuimos con Fabián Eiras a un certamen nacional en Caviahue con todo el equipo de esquí, era un pre-selectivo para los Juegos Olímpicos de Canadá y quedé cuarto, Fabián quedó quinto, pero ese año había dinero solo para los primeros tres. Luego decidí dejar un poco la competición, un poco cansado de los viajes”.

Rumbo a Ushuaia

“El Chueco” Velázquez indicó más adelante que “el Ejército me saca el pase hacia Ushuaia, como cuidador de una dependencia militar. Allí había un cordobés, Giro Tupper, que hacía hecho un centro de esquí en Tierra Mayor y llegué para difundir aún más el esquí de fondo, todavía no existía el alpino. Fue una época de un auge infernal, se comenzaron a hacer los cursos FASA (Federación Argentina de Ski y Andinismo), vino Perica Alder con Gino Pértile, nos fueron dando cursos de cómo hacer una pista, de cómo cronometrar y de cómo organizar una competencia. Pértile homologó una pista de fondo, trabajamos mucho, la pista lleva el nombre de Francisco Jerman. Fueron años donde hubo muchas cosas buenas, tuvimos 16 campeones argentinos”.

El primer intercambio del Club Andino Ushuaia

Cuenta Velázquez que “en 1986 logramos un intercambio con el Club Pirineista Mayencos de Jaca, España, nos trataron muy bien, fuimos con 14 chicos que llevé desde Ushuaia, fuimos a esquiar a España, Francia, fue una gira espectacular. Estuvimos dos meses en Europa, competimos en el Topolino, los chicos anduvieron muy bien, estuvimos en el Mundial de Biatlón en Finlandia, junior de damas. Nos consiguieron en Alemania un lugar que era para 100 personas, y éramos 14. La verdad que fue increíble”.

Club de Montaña Cazadores de los Andes

El dirigente deportivo sostuvo que “a finales de 1987 yo seguía en el Ejército y la fuerza me envía nuevamente a Bariloche, así que me trajeron. Al llegar a Bariloche me designan al frente del Club de Montaña Cazadores de los Andes. Era un club para las familias del Ejército donde hacíamos esquí en el cerro Otto, pero las puertas se fueron abriendo para chicos que no tuvieran padres en el Ejército. En ese tiempo me ayudó mucho Raúl José, compramos equipos, teníamos unos 70, quizás 89 equipos. En el Teleférico del Cerro Otto, estaba Martiarena de gerente y nos permitía subir sin cargo. Ochenta pibes subían por ese medio, bajábamos caminando hasta lo de Fabián Eiras y esquiábamos todo el día. Los días de mucho viento volvíamos caminando por debajo de la línea de góndolas”.

Luzzardi y la FREM

“El Chueco” Velázquez, menciona que “Wálter Luzzardi crea la FREM y estaban Carlos Perlinger, Aiassa, Evans Vicente Ojeda, y me llaman para integrar la comisión en la parte de fondo. Fue un alivio, puesto que conseguimos los fondos para viajar a Ushuaia y recuerdo que se ganaron muchos primeros puestos. La FREM (Federación Rionegrina) al tiempo nos dio la misma indumentaria del alpino, fue innumerable la cantidad de chicos que pasaron por esta entidad. Los chicos Usandizaga, Lantschner, Demian Asuad, Natacha Vázquez, las hermanas Lovece, los chicos Rolandi, Herrero, fueron muchos que luego pasaron a ser miembros del equipo nacional de esquí, en algunos casos”.

Un mundo increíble

Sobre el final, Velázquez, con una gran memoria, mucha paciencia y sabiduría indica “yo siempre voy a ser un agradecido al mundo que descubrí.

Nací en el norte, con calor, andaba descalzo porque mis padres no tenían para comprar zapatillas, la vida militar al principio me maltrató, pero hoy le doy gracias a la institución, porque hice todo lo que hice. Hoy tengo que agradecer a mucha gente, a Francisco Jerman, un número uno, era un tipo especial, un apasionado, a Jorge Salas que me enseñó a involucrarme con las instituciones. A Fabián Eiras que me dio siempre una gran mano, a Carlos Balda. Yo soy creyente y hoy digo que el deporte es tan primordial para la juventud, haciendo deporte los jóvenes dejan de perder el tiempo en cosas que no lo tienen que perder, un chico deportista es un chico sano”.

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