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Renata Salecl: una filosofía contra la autoayuda y la ideología de la felicidad

Renata Salecl (Foto: Christian Bochichio) (Bochichio/)

Renata Salecl se sube a un tren, un viaje corto, sólo un par de estaciones, levanta la vista y lee las publicidades en el interior del vagón. El cartel de una universidad dice “Sé lo que quieras ser”, el de una marca de cerveza le pide “Sé tu misma”, una empresa de turismo augura “La vida… resérvala ya”. En su cabeza se empiezan a hilvanar productos con mensajes similares, como la revista Cosmopolitan, que ese día la tapa decía: “Conviértete en tí misma… ¡pero en tu mejor versión!”. Es un solo mensaje y está en todos lados. “Una fugaz hojeada a las listas de best-sellers nos permitirá ver que la gente gasta muchísimo tiempo y dinero en aprender a convertirse en sí misma”, dice Salecl. ¿Desde cuándo comentar la vida se convirtió en la retórica individualista de un adolescente inseguro?

La tiranía de la elección, el último libro de la filósofa, socióloga y teórica jurídica nacida en Eslovenia, empieza con un viaje en tren y desemboca en preguntas que se ramifican a lo largo de 172 páginas para dar un diagnóstico de época. Podría decirse autopsia, ya que Salecl es investigadora en el Instituto de Criminología de la Universidad de Ljubljana —además de profesora en Londres y Nueva York—, pero para eso habría que decretar la muerte de nuestra sociedad. Aún falta para eso, y quizás ahí radique una diversión, al menos para la autora de este libro, el tercero que llega a la Argentina editado por Godot (la traducción, esta vez, es de Cristian de Nápoi): pensar por qué el capitalismo nos exige enfáticamente amarnos a nosotros mismos y qué hay detrás de ese mandato.

Renata Salecl
“La tiranía de la elección” (Ediciones Godot) de Renata Salecl

Fue en el año 2018 que el pensamiento de Salecl hizo pie en Argentina y en el idioma español. Angustia, publicado originalmente en 2004 bajo el título On anxiety, proponía desterrar una palabra arrogante y muchas veces vacía: felicidad. En ese libro, desde el psicoanálisis y la filosofía, establece la idea de que luego de un momento histórico traumático —la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo—, la sociedad asiste a una era de la angustia. Cada una tiene sus características, sus patrones. En el momento en que escribe el libro el foco está puesto en el atentado del 11 de Septiembre, la caída de los socialismos reales, el avance de la industria farmacéutica. Todo esto sumado a internet genera sujetos “constantemente preocupados por su propio bienestar que no suelen desafiar los mecanismos del poder”.

Ya en esas páginas hablaba de la presión del “sé tú mismo” y de la paradoja de la libertad de elección. “La forma en que se presenta la angustia en los medios populares nos da la impresión de que la angustia es el verdadero obstáculo para el bienestar del sujeto”, sin embargo la propuesta es inversa: es necesario aprender a convivir con la angustia, no sólo porque la felicidad total es una ilusión, sino porque “una sociedad sin angustia sería un lugar muy peligroso en el que vivir”. De este modo, modifica los axiomas del sentido común y realiza una vuelta de tuerca. Ese mismo 2018 fue invitada a la Argentina para participar de la Feria de Editores. Infobae Cultura la entrevistó y en esa charla dijo que “la ideología que promueve la felicidad aumenta radicalmente la infelicidad de las personas”.

El año pasado, 2021, Godot publicó El placer de la transgresión, una selección de sus columnas publicadas en el diario esloveno Delo. Navegando por sucesos internacionales, libros, películas, diversos productos culturales, estudios y conceptos, Salecl sostiene que “la ideología nos convence de que hoy, como todos somos consumidores, ya no hay luchas de clases”, y que “el sujeto tiene la sensación de que puede hacer lo que quiera con su vida, y de que tiene infinitas posibilidades de ‘tenerlo todo‘ si se esfuerza lo suficiente”. Por su estructura y su origen, este libro transita distintos temas y concluye en un miedo generalizado: cómo la sociedad prefiere ignorar, cerrar los ojos y negarse a mirar de frente sus verdades traumáticas. “Lo que hoy ha cambiado es la tecnología de esa negación”, escribe.

Renata Salecl
“Angustia” (Ediciones Godot) de Renata Salecl

El tercer libro que publica Godot de Salecl, La tiranía de la elección, condensa los dos anteriores. (Hay anunciado un cuarto para este año: Pasión por la ignorancia). No sólo por su tono lila en la portada —Angustia es celeste y El placer de la transgresión, violeta—, también porque retoma el hilo analizando cómo impera la lógica del mundo bursátil en nuestra cotidianeidad (“la vida misma es una inversión”), incluso en el plano íntimo de la sexualidad, donde chocan la fantasía y la realidad. O en el plano de la crianza, que no es otra cosa que la más poderosa reproducción cultural, el traspaso a la generación siguiente de una cosmovisión. También disecciona el sueño americano del self-made man, bajo el cual “corría la convicción de que el resultado natural en la materialización del talento individual era volverse rico”.

El género de la autoayuda, por supuesto, que irrumpe con fuerza en los años setenta. En el fondo, dice la filósofa, está la idea de que “el manejo de nuestra vida y nuestras emociones es algo en lo que no podemos elegir”. Entre 1972 y 2000, casi la mitad de la población estadounidense compró un libro de autoayuda: el porcentaje del estudio que cita Salecl es de entre 33% y 50%. En la primera mitad de la década del noventa hubo un pico: el consumo se duplicó. Se toma unas páginas para desmenuzar la variedad de respuestas que ofrece este género, también para contextualizarlo (durante la crisis del petróleo del 73, los autores de la autoayuda “se dirigían al lector como una combatiente, un luchador, un explorador o un viajero en busca de su merecida recompensa”).

Aquí no concede un centímetro: “Lo importante de todas las guías de autoayuda es que definitivamente no funcionan. Pese a contar con un público enorme y voraz, no crearon una sociedad más feliz o mentalmente sana. Y en esto reside su verdadero logro: en vez de curar la infelicidad, estos libros revigorizaron la idea de que la desgracia está en todas partes”. Y continúa: “La ‘autoayuda‘ potencia el sentimiento de inadecuación y la paranoia que supuestamente viene a aliviar. Es un mercado autosustentable que exitosamente esparce —no reduce— angustia y sentimientos de culpa”. Algo de ese discurso se expande hacia esperas mucho más permeables. Los famosos, por ejemplo; los influencers. Necesitamos una autoridad y ahora, en estos raros tiempos nuevos, parece que podemos elegirla.

Renata Salecl
“El placer de la transgresión” (Ediciones Godot) de Renata Salecl

La palabra libertad aparece mucho en este libro porque es una palabra de nuestra época. Es, en sí, una palabra universal, de todos los tiempos, de todas las tierras, desde luego, pero el sentido que hoy se le da la hace resurgir y se vuelva a instalar con nuevos significados, con nuevas armaduras, con nuevos intereses. ¿Qué clase de libertad es la que hoy se exige a gritos? ¿Quiénes la exigen? ¿Quiénes se embanderan paladines de la libertad? “No es lo mismo una sociedad donde los límites no existen que una ideología que representa a la sociedad como ilimitada”, dice Renata Salecl. “¿Cómo pasamos de la elección libre y abierta a las severas restricciones de la elección? ¿Cómo se va de creer que todo puede ocurrir a creer que nada es posible? ¿Cómo ignorar las promesas y afrontar la realidad?”

Salecl ubica una novedad en las últimas décadas, un cambio de percepción social, “la ilusión de un presente eterno: el pasado ya no tiene importancia y el futuro es una creación nuestra”. De este modo, sostiene, “la realidad de la pérdida queda ocluida” pero, justamente por eso, “todas las preguntas nos sumergen en la compleja lógica de la pérdida”. ¿Y qué significa realmente perder en un mundo exageradamente exitista? “Si la vida es un campo de batalla, entonces uno debe vivir en estado de guerra; si pensar positivo mejora la vida, entonces hay que vivir en guardia contra los pensamientos negativos; si todo depende del individuo, entonces, cuando el tratamiento falla, no se puede culpar a nadie más que a uno mismo”, escribe.

Renata Salecl (Foto: Christian Bochichio)
Renata Salecl (Foto: Christian Bochichio) (Bochichio/)

En la serie animada italiana Cortar por la línea de puntos, el protagonista, un neurótico dibujante conflictuado, tiene problemas para decidir. Le pasa cuando va a una pizzería y no sabe qué comer, si la que elige su amigo, si una nueva, entonces opta por la salida fácil: la de siempre. Problema resuelto. Le ocurre lo mismo cuando abre Netflix. Vive solo en su departamento, aunque también hay un armadillo gigante antropomorfizado: es su consciencia. Cae la noche, se sienta en el sillón y recorre el catálogo. A diferencia de la pizza, no va a repetir una película que ya vio. Entonces busca, busca, busca. Nada lo convence. Pasan las horas, se hace tarde, se duerme envuelto en su propia frustración. “Si de ocho mil películas no pudiste encontrar una buena entonces el problema lo tienes tú”, le dice el armadillo.

Las redes sociales parecen aglutinar un cúmulo de ansiedades que nunca estallan. La imposibilidad de elegir qué ver es una situación muy graciosa, pero sobrevuela una sombra trágica. ¿Cuántas personas scrollean en el feed de Twitter o pasan de storie en storie en Instagram durante horas y horas sin interactuar con nadie, como meros voyeurs anestesiados disfrutando de una experiencia similar a mirar vidrieras en un shopping carísimo? Hay algo cautivante en esa tecnología infinita. Friedrich Nietzsche decía que “cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti”. ¿Qué ven en nosotros las redes? En YouTube, cuando pasa una buena cantidad de tiempo sin que nadie interactúe con la pantalla, se frena todo y aparece un cartel: “Se ha pausado el vídeo. ¿Quieres seguir viéndolo?”

“La paradoja es que las actitudes obsesivas propiciadas por la ideología del capitalismo tardío en realidad apenas nos dejan espacio para elegir”, escribe Renata Salecl. De este modo, el sujeto de esta era “vive preso de la angustia de fracasar a la hora de tomar la decisión ideal”. Como buena filósofa crítica, tiene más preguntas que respuestas porque, justamente, el camino es ese: preguntarse sobre la construcción ideológica de que el individuo “es el amo absoluto de su propio bienestar y de la dirección que su vida ha tomado”. Esa creencia empuja al mundo hacia el individualismo, hacia la atomización, incluso a una sociedad entera atrapada en un aparente callejón sin salida. Pero siempre hay salida. Aunque sea pequeña como un ojal, nunca se sale de forma individual. La salida siempre es colectiva.

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