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Reúnen 250 obras seleccionadas para el 110º Salón Nacional de Artes Visuales

Foto: Sille Cris

El Centro Cultural Borges y el Centro Cultural Kirchner inauguraron este miércoles la exposición de las 250 obras seleccionadas de la nueva edición del centenario Salón Nacional de Artes Visuales (SNAV), que podrá verse hasta febrero, ofreciendo un panorama “federal y diverso” de la escena artística argentina contemporánea que ya tiene su lista de galardonados por disciplina y los seis flamantes premios adquisición.

La premiación celebrada en el Centro Cultural Borges con presencia de artistas, jurados y del ministro de Cultura, Tristán Bauer, además de autoridades del Palacio Nacional de las Artes (Palais de Glace), vuelve a tener este año una gran muestra desdoblada entre el Borges y el Centro Cultural Kirchner, en el centro porteño y a pocas cuadras de distancia entre sí.

Esta vez, cinco salas del sexto piso del CCK y tres del segundo y tercer piso del Borges más la Plaza de las artes, alojan las 250 obras seleccionadas entre las que se encuentran las premiadas, a diferencia de las 266 exhibidas el año pasado.

Tristan Bauer Foto Sille Cris
Tristan Bauer / Foto: Sille Cris

La muestra curada por Andrei Fernández, formada en Artes Plásticas en Tucumán y radicada en Salta -donde desarrolla su trabajo de gestión entre artístico, etnográfico y de gestión comunitaria-, está conformada en el CCK por núcleos como tecnologías para los vínculos, el poder de la fragilidad, ensamblajes humanos, representaciones o economías de la atención, mientras establece otro tipo de diálogo para las obras en el Borges.

“El transicionar del arte” es el título del texto curatorial que da cuenta de un intenso trabajo de dos meses que según la curadora reconoce “elementos comunes”, al tiempo que cuestiona “¿cómo contamos nuestra historia del arte?”.

Fernández destaca lo cambiante, la transformación y el ponerse en el lugar del otro como sujeto deseante porque “eso que llamamos arte no cesa su mutación y los relatos, como la memoria, siempre se pueden reinventar”. Propone entonces “hospedar un amplio espectro de investigaciones y poéticas para re-conocer contornos y preguntas que esbozan un posible relato de lo que es el arte aquí, un aquí que se abre, que se expande”.

Foto Sille Cris
Foto: Sille Cris

Con un jurado transdisciplinario -integrado por Jazmín Adler, Graciela Borthwick, Berenice Gustavino, Lucía Stubrin, Pablo Ziccarello y Fernández– que galardonó a las mejores obras del conjunto por categorías, se otorgaron dos Premio Adquisición Presidencia de la Nación: uno a la primera mejor obra del SNAV 2021, que recayó por primera vez en un colectivo artístico, Mamba (Córdoba), autor de”Retornar, volver para torcer”; mientras que el de este año correspondió a “Del placer a la pérdida” de Milagro Tejerina (Tucumán).

Los otros premios adquisición a la segunda mejor obra fueron para “Vestigios” de Pablo Agustín Guiot (2021) y “El aire entre nosotros tiene forma de hueso” de Jimena Croceri (2022). Y como tercer puesto “Dispositivo de dibujo interespecies” de Virginia Buitrón (2021) y “Templete” de Agustín González Goytía (2022).

El Salón creado en 1911 reparte un total de 8.360.000 de pesos distribuidos en 49 premios, y trae como novedad la vigencia del 5 por ciento de cupo de participación de personas no binarias y travestis-trans, que superó las expectativas con un 8.7 por ciento. La iniciativa, que desde 2018 garantiza la paridad de género en la selección y premiación de obras, otorgó en esta oportunidad seis primeros premios adquisición que pasarán a formar parte del acervo público. A su vez, contempló el 50 por ciento de participación de personas que residen fuera de la Ciudad de Buenos Aires.

“Esta edición tiene una significación muy particular, no solo por los 110 años de historia, sino por las reformas que se han hecho en el reglamento del Salón, un proceso que comenzó con Plataforma Abierta a partir de una encuesta a toda la comunidad artística, conversaciones federales convocando a distintos actores de las escenas regionales del país en las que participaron artistas, gestores pero también representantes de la comunidad civil, grupos como Identidad Marrón o referentes de la comunidad travesti trans, entre otres sectores”, explica Feda Baeza, directora del Palais de Glace.

Foto Sille Cris
Foto: Sille Cris

Y sobre la elección de la curadora aclara: “Ese trabajo que Andrei hace para tomar y repensar esas prácticas estéticas y darles visibilidad de trabajar además en el territorio, de ser una persona que representa muy fuertemente el quehacer cultural del norte del país, fue lo que llevó a elegirla, a darle voz a todas esas producciones para imaginar un Salón que pueda cuestionarse la racialización, que pueda pensar las prácticas estéticas de otros grupos y por otro lado impulsar el proceso de federalización”, indica Baeza, quien desde el inicio de su gestión en abril de 2020 viene realizando grandes cambios en la célebre institución.

Una amplia paleta temática y estilística que se refleja en una multitud de materialidades que dan cuenta de la complejidad de la escena contemporánea define la exposición, aunque no exenta de una cuota de humor, extrañeza bien queer hasta lo friki o remembranzas varias y nuevas interrogaciones conceptuales hechas cuerpo, agua, tierra, como reflejo de una historia.

Obras como la impactante “Iván y el lobo” de Nushi Muntaabski con sus venecitas y textiles que se extienden por paredes, colgantes, imágenes proyectadas o juegos geométricos donde reflejarse, así como hilos que construyen dibujos, escombros urbanos, una pared o una forma negra y globulosa pendientes del techo, instalaciones tecnológicas, o las infaltables pinturas, son una pequeña muestra de las nueve categorías que propone el Salón: pintura, dibujo, escultura, artes del fuego (ex-cerámica), gráfica (ex-grabado), textil, fotografía, instalaciones y medios alternativos, y la recién incorporada “Espacio no disciplinario”.

Foto Sille Cris
Foto: Sille Cris

Y sí, también están muy presentes los cuerpos y las transiciones con sus manifestaciones, sus huellas, como la primera adquisición “Retornar, volver para torcer”, una instalación con círculos de tejas musleras a ras del piso, fotografía y video como documento, resultante de una operación estética y sociopolítica que incursiona en lo afro y en la esclavitud para revitalizar la memoria colectiva latente.

Pero también la exposición trae como novedad la plasmación gráfica de “Plataforma abierta” donde se repiensa el SNAV con una línea de tiempo que se las trae en el Borges y se prolonga en el CCK.

Los premios no adquisición por categoría, fueron en escultura para Mónica Sartori en primer lugar; Valeria Seoane y Nacho Unrrein en el segundo puesto; y Nicolás Bacal y María Alejandra Causa en el tercero, mientras que las menciones fueron para Eva Moro Cafiero, Yese Astarloa, Samantha Ferro, Santiago Carlomagno, Sebastián Claramonte y Estrella Estevez.

En la categoría instalaciones y medios alternativos el primero fue para Alejandro Gabriel, Faktor y Romina Soledad Baigorria en segundos lugares, Rodrigo Alcon Quintanilha y Franco Cerana en terceros puestos y recibieron menciones José Marcelo Luján Coca, Inés Szigety, Javier José Plano, Natalia Martínez, Catalina Sosa y Mariela Lucrecia Vita.

Foto Sille Cris
Foto: Sille Cris

En gráfica, fue para Agustina Girardi, Ariana Osuna y Rocio Barzola, para primero, segundo y tercer puesto, con menciones a Daniel Merle, Lucy Pedro y Guadalupe Haedo.

En dibujo, Rosalba Cecilia Mirabella en primer lugar, Alfredo Agustín Frías y Marcos Matías Pinta en la segunda, y Jeremías Salgado y la historietista Julia Barata en el tercero; con menciones a Javier Ángel Ferrante, Germán González Holc, Javier Cabrera, Luciana Rondolini, Mauro Koliva y Ángeles Ceruti.

En pintura, el primer lugar se lo llevó “Paranoia simétrica del último día de Rodolfo Walsh” de Rodolfo Santiago Marqués; mientras que los segundos lugares fueron para Isabella Ferri Soria y Rocío Abril Carissimo y Diego Stagnaro en segundos lugares; los terceros puestos fueron para Mercedes Verónica Schamber, Nadia Gabriela Martinovich y Leonel Fernando Luna en tercer puesto; y menciones para Santiago Erausquin por “Los pibes de Aviñón”, María Cristina Santi, Marila Tarabay, Gisela Banzer y Majo Caporaletti.

Para artes del fuego Ailén Magalí Ibarra, Catalina Galdón, Luan Chin y las menciones a Susana Rocha, Fernanda Guevara, Julia Padilla y Sol Divi.

Foto Sille Cris
Foto: Sille Cris

En Fotografía, primer premio para Miguel Ángel Welsh, los segundos para Hologramatic y Luciana Demichelis, los terceros para Juan Pablo Sánchez Noli y Florencia Blanco, y las menciones especiales para Ivana Salfity, Irina Werning, Nadia Analía Bautista, Agustín Sargiotto y Marcos Andrés Mendez.

Para textiles seleccionaron como primer lugar a Claudia Deisy Alarcón, Mónica Cristina Tabera y Jessica Morillo en segundo término, Nehuén Moyano Cortéz y María Alejandra Asensio en tercer lugar; y las menciones fueron para Libertad Aranguez, Sol Ríos, Daniela Castillo, Nilda Rosemberg y Tadeo Muleiro.

Y por último, en la novedosa espacio no disciplinario, el primer lugar fue para Romina Rosciano Fantino; María Zegna y Esteban Álvarez en segundos lugares; Celeste Onaindia y Maga González en el tercero; y las mencione fueron para Verónica Alejandra Meloni, Eric Javier Markowski, Gabi Nirino, Romina Davis, Luciana Paoletti y María Victoria Biagiola.

Organizado por el Palacio Nacional de las Artes, dependiente Ministerio de Cultura de la Nación, las obras estarán expuestas del 7 de diciembre al 26 de febrero en el CCB (Viamonte 525, CABA) con 127 obras y en el CCK (Sarmiento 151, CABA) con 123, con entrada libre y gratuita, de miércoles a domingos de 14 a 20.

Las políticas federales y la diversidad cultural definen el Salón Nacional de Artes Visuales

Nacido a cien años de la Revolución de Mayo y en pleno auge de consolidación de una identidad nacional, el Salón Nacional de Artes Visuales en tanto espacio de legitimación artística y noción identitaria se afianza este año en lineamientos de gestión como la diversidad cultural y las políticas federales de representatividad, tal como lo expresa la directora del Palais de Glace, Feda Baeza.

“A partir de distintos diálogos se llegó a reformas que resumidas consisten en una política de cupos -explica Baeza-. Hemos mantenido el 50 por ciento mínimo de participación femenina en todas las instancias del Salón, elevando del 30 de la edición pasada al 50 por ciento la participación de artistas de las provincias en todas las instancias y hemos sumado por primera vez en la historia de estos certámenes una cuota del 5 por ciento de participación no binaria travesti trans”.

“Esto es un punto muy importante para nosotres porque espacios como el Salón Nacional dentro de las artes, como otros ámbitos de la ciencia o el deporte validan formas de vida, dan acceso a la ciudadanía que es un poco el ADN del Salón, ser un espacio de accesibilidad a la ciudadanía artística. Es el modo en que nosotres retomamos esa misión que comenzó como un mandato de la Generación del 80 -finales del siglo XIX y principios del XX- cuando se creó el Salón y la adecuamos a las discusiones actuales”.

Y agrega: “El Salón tiene la situación de pensar lo nacional como espacio de encuentro y también de tensiones de distintas comunidades que debaten cuál es sustrato común que nos reúne. Entonces, la política de cupos ya sea tanto para atender el derecho a las mayorías que es el acceso desde distintos puntos del país de las provincias a esta política y también hacia las minorías, como puede ser la comunidad travesti trans no binaria. son como todas esas políticas de acceso”, explica.

Baeza también destaca el proceso de democratización con los “más de 180 candidates (de los que quedaron más de 40 jurados) de todo el país para ocupar distintos lugares”, porque “el salón es como un pequeño Parlamento -dictamina- en el que los artistas eligen sus representantes, las asociaciones de artistas, museos, universidades nacionales y provinciales ofrecen candidates a jurados, y en este punto fue central la participación de todos los organismos de las provincias” que presentaron los posibles jurados.

Por otro lado, la curadora, docente y con un doctorado en Historia de la Artes por la UBA, señala que el cambio de denominación para cerámica y gráfica implicó “ampliar para conectar con otras prácticas” que permiten pensar obras que se mueven en esa frontera entre arte y artesanía, “o para pensar en la producción de nuevas generaciones en torno a las publicaciones (fanzine, activismo gráfico), y también -agrega- incluimos espacios no disciplinarios, como un modo de albergar otras esferas de la producción que no necesariamente se incluyen dentro de las disciplinas más tradicionales y que no tienen como resultante final necesariamente un objeto material”.

Y por último, “para compensar el tiempo de pandemia se duplicaron los premios adquisición de tres a seis”, y también la utilización de “una lógica de premiación ponderada en el que las disciplinas que en los últimos tres años tuvieron mayor cantidad de inscriptes reciben más premios, como el caso de la pintura, con un promedio superior a 500 participantes”, concluye Baeza.

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