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Satanás, el perro mensajero que cambió el rumbo de la Gran Guerra usando una máscara de gas

Un sargento francés y un perro, ambos con máscaras de gas, de camino al frente en la Primera Guerra Mundial, Francia, alrededor de 1915. (PhotoQuest/Getty Images/ Biblioteca del Congreso/ Imagen ilustrativa)

Librada del 21 de febrero al 18 de diciembre de 1916, la batalla de Verdún fue el enfrentamiento más largo y sangriento que se desarrolló durante la Primera Guerra Mundial en la que animales como palomas, caballos y perros se vieron obligados a entrar en acción e incluso cambiaron el curso de la Historia, como fue el caso de Satanás, un can mensajero que sobrevivió a una lluvia de balas para salvar al ejército francés de los alemanes.

Con más de 700 mil soldados muertos, los alemanes iniciaron el ataque con el objetivo de debilitar al Ejército de Francia y obligarlos a rendirse para que Gran Bretaña terminara luchando sola y vencerla.

Para el otoño, los soldados franceses se encontraban completamente rodeados en Verdún: comenzaron a ser superados en número y armamento, al tiempo que los suministros también se estaban agotando.

La pequeña sección de soldados franceses tenía la orden de resistir en el área y no moverse hasta que llegaran los refuerzos, sin embargo, los días pasaban y nadie arribaba.

Según cuenta Rebecca Frankel, autora del libro War Dogs: Tales of Canine Heroism, History, and Love, las líneas del telégrafo comenzaron a caer y quedaban pocas palomas mensajeras para comunicar el estatus de la situación y pedir ayuda. Siete hombres y un perro ya habían intentado cruzar para entregar mensajes al cuartel general, pero todos habían muerto en el intento.

Satanás, el héroe al rescate

Batalla de Verdún
Dos airedale terriers en el campo de entrenamiento canino en Francia. Un perro lleva una máscara antigás especial y el otro lleva raciones para un soldado herido. (Fox Photos/Hulton Archive/Getty Images) (Fox Photos/)

El terreno en el que los franceses se encontraban atrincherados estaba rodeado de cráteres, por lo que el moverse de donde se resguardaban resultaba demasiado peligroso y revelador para el enemigo.

Con la moral del enemigo ya baja, los alemanes desencadenaron una nueva ola de disparos. Los franceses asomaron las cabezas por arriba de la trinchera, con cautela, y notaron que había un gran animal de color negro que saltaba a toda velocidad en su dirección.

Para los soldados fue difícil saber en primera instancia de qué criatura se trataba, pues el animal tenía además una gran máscara antigás para poder traspasar el campo de batalla, uno de los soldados -llamado Duvalle- reconoció al mensajero como su perro.

Fue entonces que el entrenador del can lo llamó; su voz pudo hacer que el perro reaccionara y se orientara hacia dónde tenía que ir, recordando el patrón de zigzagueo que había practicado antes para poder sobrevivir en medio de la lluvia de metralla que los alemanes habían reactivado para que el can no pudiera cruzar.

Una de esas balas finalmente hirió al perro y lo hizo tropezar y luego otra más le dio en la pata haciéndolo caer. Al ver a su perro herido, Duvalle salió de la trinchera exponiéndose al fuego del enemigo para llamar una vez más a su mascota, instándolo a seguir la marcha: “Satanás. Ten valor, mi amigo. ¡Por Francia!”.

Aunque Duvalle fue asesinado a tiros en un abrir y cerrar de ojos, su llamado sirvió para alentar al can que finalmente reunió fuerzas y se levantó del piso, emprendiendo la huida ahora sobre tres patas hasta que llegó a la trinchera.

Foto tomada en 1916 muestra a los soldados franceses moviéndose en ataque desde su trinchera durante la batalla de Verdún, en el este de Francia, durante la primera guerra mundial. (AFP / David COURBET)
Foto tomada en 1916 muestra a los soldados franceses moviéndose en ataque desde su trinchera durante la batalla de Verdún, en el este de Francia, durante la primera guerra mundial. (AFP / David COURBET) (-/)

Los militares franceses levantaron al can, le quitaron la máscara antigás y le retiraron una especie de arnés que tenía en el lomo, en donde había un tubo con un mensaje: “Por el amor de Dios, espere. Enviaremos tropas para relevarlo mañana”. Del arnés, que tenía forma de alas, también se balanceaban dos canastas, cada una con una paloma mensajera.

El comandante francés escribió dos notas para describir la posición del batallón alemán y las metió en un par de tubos que después ató a una de las patas de ambas palomas.

Los dos pájaros fueron elevados al aire y se echaron a volar. Los francotiradores alemanes los estaban esperando y abrieron fuego cuando las vieron salir: una fue derribada y la otra pudo atravesar el campo de batalla intacta.

Una hora más tarde, a lo lejos se escuchó un cañón de la tropa francesa que estaba del otro lado: el mensaje había sido recibido con éxito.

Héroe olvidado

De acuerdo con un reportaje del diario británico The Mirror, el reportero de guerra estadounidense, Albert Peyson Terhune, escribió en su momento: la tropa pudo resistir hasta que llegaron los refuerzos porque un mestizo peludo se negó a morir mientras su misión aún no estaba completa y porque era demasiado leal para renunciar”.

Aunque no se supo más sobre qué pasó con Satanás, se dice que una vez que terminó su trabajo su cuerpo no resistió más y murió, mientras que otros dicen que se recuperó lentamente de sus heridas y se retiró del Ejército.

A diferencia de otros héroes de guerra, no se tiene registro de algún reconocimiento entregado en vida o postmortem a esta mascota, así como tampoco hay ningún monumento en el que se le pueda honrar.

Sin embargo, el can fue un elemento decisivo para que los franceses pudieran dar la vuelta en la batalla de Verdún, que terminó el 18 de diciembre de 1916. El resultado de este enfrentamiento obligó a los alemanes a pasar a la defensiva y dos años más tarde, con la derrota del Eje, se puso fin a la guerra en 1918.

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