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Se propone unir el Nahuel Huapi con el Atlántico en kayak

Mathías Rinaldelli partirá el domingo (30 de enero) con equipaje mínimo y voluntad enorme. Si los vientos no le juegan malas pasadas, calcula una travesía de 20 o 25 días. Busca que la línea de sirga vuelva a los 30 metros.

No lleva GPS y ni siquiera brújula. Sólo cuenta con el apoyo que puedan darle familiares, pero a su paso por Neuquén. Arrancará con una reserva de alimentos para ocho días y en su equipaje, hay un latita para pescar. El kayak lleva el nombre de un héroe de Malvinas y su único tripulante, planea unir el Nahuel Huapi con el Atlántico por el Limay y el Negro. Mathías “Gringo” Rinaldelli partirá el domingo por la mañana o al mediodía, según llueva o no. Planea ver las aguas del mar en 20 o 25 días y a la luz de su convicción, no hay por qué dudar de su cometido.

“Los embalses van a ser el principal problema a resolver”, le dijo a El Cordillerano. “En Alicura y los demás, que son cinco, hay que salir 500 metros antes y recién puedo volver a tirarme 500 metros después, es decir, tengo que hacer un kilómetro andando con el kayak por los caminos. ¡Y Dios quiera que haya caminos!”, se esperanzó. Su ritmo será intenso: “le calculo unos 80 kilómetros al día, es decir, de acá hasta el Atlántico, debería tardar unos 20 o 25 días”.

Claro que el cálculo es flexible: “si un día te toca viento en contra, lo más inteligente es armar campamento y quedarse, porque imagínense remar con el viento en contra en los embalses… ¡Es al pedo! Si es acá en los ríos, en Valle Encantado o en la primera parte, aunque el viento venga en contra, como el río viene fuerte, empuja igual y todo bien”, estableció el navegante, que hace poco entrevistamos al dar cuenta de su flamante libro: “El dolor voluntario. Relatos de tatuadores y tatuados”.

Rinaldelli piensa en la siguiente rutina: “la idea es que uno se levante en la mañana temprano, desayune, se tira a andar por el río y meterle, meterle y meterle hasta que, más o menos al mediodía, dé hambre. Entonces, voy a frenar, a comer algo por ahí y seguir andando, andando y andando, hasta las horas del atardecer. Tengo que tener previsión con el tiempo, para que alcancen las horas del día para hacer campamento, juntar leña, cocinar, comer y ahí nomás, uno se queda dormido, de tanto remar y remar”, señaló.

De forma implícita, en su inminente travesía hay varias reivindicaciones. “Mi idea es acampar donde me agarre la noche nomás, a lo gaucho. La parte de los embalses también es la más difícil porque prácticamente, no hay pobladores. No hay a quién preguntarle ni sobre quién recostarte, es un desierto esa parte, pero después, cuando llegue a Neuquén, lo demás es fácil”, aseveró. Ocurre que “Río Negro está lleno de poblaciones, está todo el Valle, así que me imagino los frutales que voy a ver. Más o menos el plan es ese”, remarcó.

El tatuador irá liviano de equipaje. “Llevo reservas de alimentos para tener unos ocho días de autonomía y después, algo tengo que encontrar. También me llevo la latita para pescar en el camino y que pase lo que tenga que pasar”, se resignó. La embarcación lleva un nombre llamativo: “le puse Poltronieri, un soldado raso de Malvinas que volteó al oficial británico de máxima graduación, defendiendo a los otros compañeros mientras se replegaban. Necesitaba un nombre que me diera coraje”. Se trata de Oscar Ismael, un auténtico héroe.

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Como si el solo periplo ya no fuera considerable desafío, “voy a hacer la travesía sin brújula ni GPS por considerarlos totalmente antideportivos. Es bueno que se sepa”, resaltó Rinaldelli. De todas formas, la hazaña que se propone también obedece a otros fundamentos: “además de las cuestiones deportiva y lúdica, lo cual ya es de por sí bastante positivo, la idea es ejercer la soberanía fluvial civil. Si somos muchas personas comunes y corrientes, gente de a pie, los que andamos por los ríos, eso haría más complicado el trabajo a los quieren adueñarse de los ríos para ellos solos. Es como pasó en el río Chubut, donde se tiraron como 20 kayaks a recorrer e hicieron un documental”, comparó.

El remero unirá el lago con el mar “para que se cumpla el trazado de la línea de sirga a lo largo de los ríos, porque antes era de 30 metros y ahora es de 15. Hay un proyecto presentado para que vuelva a ser de 30 metros, pero es un quilombo legal porque diferencian los ríos navegables de los que no, pero tienen que ser libres, incluso para recreación de toda la gente. Los que tienen campos que dan al río, felicitaciones, pero no pueden adueñarse de la costa del río, porque es patrimonio público”, proclamó.

Muy poca gente aguardará a Rinaldelli durante su periplo. “Tengo familiares en Neuquén y nadie más. Voy a ir como el Indio: Solari… Pero por la experiencia de Formosa, cuando bajamos remando, confío en los clubes de remo en las ciudades donde voy a pasar. Sobre todo, tienen respeto deportivo cuando ven que venís de lejos”, aportó. En 2015, el vecino del Nahuel Hue participó de la Expedición Náutica Puerto Pilcomayo – Delta del Tigre, así que sabe de qué habla.

“Hay una cosa que se llama amarre de cortesía, es lo que uno solicita y nunca me lo han negado. Es más, un par de veces que paramos para rendirle cuentas a Prefectura, nos dijeron: bueno, quédense ahí nomás. En los destacamentos… En la experiencia pasada, todo el mundo nos ha tratado bien. Vamos a ver cómo viene esta vez”, consideró el “Gringo”. Ganas de dar ánimo con cada palada…

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