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Sele Vera, la artista que llegará con el ritmo del chamamé de Bariloche al Gran Rex

“Hola, hola….”. La fresca voz y la sonrisa de Sele Vera se abrió paso en un viejo salón aledaño al lugar donde horas más tarde realizó su show ante un “encendido” público, en Roca.

La joven, oriunda de Bariloche, se movió como si fuera su casa y rápidamente comenzó el saludo entre sus conocidos. Se frenó cuando una mujer y su bebé de unos pocos meses aparecieron en escena.

Rápidamente, la cantante posó con ellos para la foto con su fresca sonrisa y más tarde aprovechó para sentarse en una larga mesa donde la espera un tradicional asado junto a sus músicos.

Las chapas de zinc del viejo techo no alcanzaron a frenar el frío de la noche valletana pero pareció no importarle mucho.

Luego se acomodó en una silla y mientras “picaba” un trozo de pan se perdió -como todo adolescente- en su celular y cada tanto lanzó alguna frase que hizo reír a su gente de confianza.

Con sus 19 años, Selena se mostró sincera, directa pero también abierta a charlar sobre todos los temas que hacen a su carrera .

Aseguró que la fama no se le subió a la cabeza y que en estos pocos años de carrera aprendió a manejar algunas cosas que en un principio no le hicieron bien.

“La verdad, no me acostumbré a la fama, a mi me gusta la vida tranquila”, dijo la artista que actualmente vive con su familia en el barrio Lera, una zona ubicada a un par de kilómetros al este del centro de Bariloche.

“De chica, siempre me gustó la música. Y hace tres años comencé -podríamos decir- de manera profesional con un video en las redes sociales”, contó orgullosa.

Todavía recuerda los primeros mensajes que comenzaron a llegar desde Neuquén, Mendoza y otras provincias del país. “A través de las redes sociales la gente nos fue dando confianza y así salimos”, explicó.

Pero la fama también trajo algunos problemas a esta joven que entre los “hit” de moda adaptados al chamamé encontró un nicho poco explorado en esta zona de la Patagonia.

Contó que no fue fácil sentir que la gente comenzó a abrazarla y querer tocarla. Ya había vivido un hecho traumático en su Bariloche natal -que la dejó marcada- cuando concurrió a tomar el colectivo para ir a la Escuela 266, cuando tenía 10 años.

A esa edad, un sujeto intentó abrazarla de atrás y la ayuda de una vecina sirvió para evitar algo peor. Hoy, trata de no afrontar situaciones de esas características. “Yo de mi parte no soy de abrazar mucho, puedo compartir unos mates y reírnos un rato pero no me gusta pasar al cariño físico”, confiesa Sele, quien admitió que todavía es algo que la incomoda en cada gira. Aunque aclaró: “soy corajuda, no le tengo miedo a nada”

Las críticas.- Pero la exposición pública también la llevó a evaluar otras cosas. Como a toda adolescente la incomodó mucho las primeras críticas que surgieron en su propia ciudad y que a veces no las podía comprender.

“Antes me asustaban porque quería caerle bien a todo el mundo. No a todos les gusta el dulce de leche”, lanzó en medio de una carcajada, pero reconoció que fue una etapa difícil de asumir.

“Primero era por el canto, luego la crítica fue a lo personal. Me molesta porque no te conocen y opinan que ‘es agrandanda, que copia los temas’…Yo camino un paso y parece que siempre está mal. Al final me di cuenta que tengo que prestar atención a la gente que le gusta como camino… así es mejor”, contó mientras lanzaba una sonrisa irónica.

Bariloche, cable a tierra.- La fama también trae aparejada otros temores. A pesar de que los extraña, Sele habitualmente no viaja con sus padres ni sus tres hermanos. “Ellos me apoyan pero por lo general viajo sola con mi grupo. Me gusta porque cuando vuelvo a mi casa me reúno con ellos y les cuento cómo fue la presentación y charlamos un rato largo”, aclaró.

Tal vez porque para Sele, regresar a Bariloche siempre es volver a lo suyo. “Es mi ciudad, mi cable a tierra. Me gusta cuando vuelvo porque hablo con mi gente y me saludan de lejos porque soy de ahí. A veces mi vecina -alambrado de por medio- me pide que le cuente de mis viajes. Eso no se cambia por nada”, explicó, la joven que durante el verano recorrió varios escenarios del norte del país.

A lo que más le tengo miedo es a la soledad. Soy de estar muy apegada a mi gente”, contó.

Se armó el baile.- En medio de la entrevista y de fondo, se escuchaba el murmullo de la paisanada en el salón del Rancho del Cordobés. Cuando la puerta del comedor se abrió, una niña de no más de siete años corrió a saludarla y ella la recibió con los brazos abiertos. Nunca la había visto en su vida pero parece que la conocía desde siempre.

Pasada la medianoche del frío viernes, Sele se puso su bombacha de gaucha, su boina y se abrazó al ritmo de la acordeón y la guitarra con su incondicional público que ya la tiene como una referente del chamamé.

Cualquier artista podría mostrar algo de nerviosismo con sólo anunciar su presentación a un escenario tan emblemático pero la joven va por más y asegura que realizarán un espectáculo especial para el público de Buenos Aires.

“Es algo diferente a cualquier show”, explicó la joven chamamecera y aclaró que conocieron a un representante en Buenos Aires que les abrió las puertas y que además les está ayudando a armar un gran evento que va a sorprender a propios y extraños. “Hoy estamos haciendo las cosas como las deberíamos haber hecho desde el principio pero bueno…todo es experiencia”, resaltó. El nuevo álbum que presentaron con varias canciones escritas por la propia Sele, le dieron una confianza especial.

“Mis temas hablan del amor, pero no es cualquier amor es el que recibí de mis padres, de mi familia”, reconoció la artista.

Con sus tres años de trayectoria y recorrido por la Patagonia y el norte del país, Sele sabe que todavía falta mucho por aprender y por vivir. Reconoció que el camino ya está trazado y que tiene un público que la sigue y la acompaña. “Andá a saber que nos depara el destino a cada uno”, sentenció con su amplia sonrisa.

Yo de mi parte no soy de abrazar mucho, puedo compartir unos mates y reírnos pero no me gusta pasar al cariño físico».

Bariloche es mi ciudad, mi cable a tierra. Me gusta cuando vuelvo porque es mi gente y soy de ahí… Eso no se cambia por nada».

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