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Soledad Barruti en la feria del libro de Cipolletti

Pasado mañana, Soledad Barruti estará en la 17° Feria del libro en la ciudad de Cipolletti. Allí dará una disertación “De Malcomidos a biencomidos: una invitación a la deconstrucción alimentaria” en la Sala de Teatro.

Con esa facilidad que tiene de decir mucho en poco tiempo apasionadamente, Barruti explica el concepto que da forma a su charla en Cipolletti: “La idea es dar una charla que sea específica de comida, y que invite a una deconstrucción alimentaria, es decir una transformación de nuestra relación con la alimentación. Hay que advertir por qué comer cosas que no son comida y que nos destruye no solamente el cuerpo , sino nuestra relación con los territorios, cómo se destruyen esos territorios, cómo la comida es información y como esa información nos constituye de muchísimas maneras. También cómo comiendo distinto recibís información distinta que te conecta de otra manera con lo vivo, con uno mismo, con nuestro propio cuerpo como un territorio que es propio y un territorio de conexión con el resto” sostiene la autora.

La especialista asegura que uno de los principales ingredientes de la comida es la información y que hay que advertir sobre la información genuina y natural que el acto de alimentarse trae.

“La comida es información desde el inicio. Desde que nacemos, el primer alimento extiende nuestro cuerpo con el cuerpo de nuestra madre y luego vamos incorporando los cuerpos de otros que están en el mundo con nosotros: plantas, animales, hongos. En esa forma de hacer que nuestro cuerpo sea esos otros tejidos vivos, estamos recibiendo el mundo, un clima, una historia, una época y estamos siendo naturaleza. Quizá el acto más emblemático de ser naturaleza a través del alimento, y entender así que nuestro cuerpo no es objeto cerrado, sino que es parte del mundo y lo necesita”, dice la periodista y escritora.

Por otra parte Barruti es contundente respecto a la otra información que nos llega a través de los productos industrializados. “En la medida que vamos avanzando en una forma de comer que nos escinde del mundo, que si bien toma lo vivo, lo transforma en cosas comestibles, para desdibujarlo, para desdibujar ese carácter de vida y volverlo un producto de una empresa. Acá, la información que recibimos, es la que esa marca decide, que comienza siendo falsa, porque desdibuja los alimentos y nos hace comer cosas: de frutas a cosas con olor o color a fruta. Esta desconexión nos lleva a ignorar de dónde viene la comida, de qué está hecha, simplemente vamos tragando esa otra información que ya no es una planta en un campo en el que nos gustaría estar, sino que, en el mejor de los casos es una planta producida en el engranaje tóxico, de un monocultivo con personas esclavizadas. En otro caso puede ser una serie de químicos salido de la industria del petróleo que hace que eso tenga una idea de alimento. Esa abstracción, cosificación, enajenación, esa separación profunda y rotunda del mundo, se va profundizando bocado a bocado y va haciéndonos cada vez más ajenos al mundo, a la naturaleza, a lo que somos” asegura.

La escritora e investigadora sostiene que la comida debe entenderse como programa vital en el amor y la raíz.

“Nuestro cuerpo pareciera ser una máquina que hay que ponerle ingredientes precisos y apretarle el botón indicado para que funcione. Nuestro cuerpo está siendo explorado y explotado de la misma manera que los territorios, como cosas que no están vivas, que no están permitidas a la experiencia de la vida, que tienen que estar domesticados, acomodados y silenciados también. Nuestros cuerpos no son hoy en día territorios gozosos, como no lo son los otros territorios. Cuando salimos del sistema cosificante de la alimentación, que muchas veces es un acto bastante poco racional, por cómo llega la información a través de estímulos automáticos, y cuando cambias la alimentación y empezas a comer de otra manera y vincularte con alimentos más reales, genuinos, menos violentos, se recibe esa otra información y el cuerpo comienza a despertar y por lo tanto habitado de otra manera. Se comienza a gozar de un bienestar que estaba ocluido en el mundo de la cosificación. El disfrute es distinto, comenzamos una experiencia de ser más partícipe de tu deseo, gestor de una identidad alrededor de la comida. El cuerpo como la tierra, deja de estar en esa matriz productivista y dañina, para disfrutar de lo que hace bien y realmente necesita, para alcanzar una experiencia de vida plena.”

Por Victoria Rodríguez Rey (@victoriarodriguezrey).-

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