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Su hija se suicidó y hoy quiere ayudar a otros: “Tenés que tomar una decisión: seguís viviendo o te morís con ella”

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¿Cómo se sigue tras la muerte de una hija? ¿Y si fue ella misma la que se quitó la vida? ¿Cómo se piensa siquiera un dolor semejante? ¿Qué se hace con la culpa y el dedo acusador que señala?

Esta introducción no debería existir. En rigor, es la entrevista en sí la que no debería haber existido: duele. No hay palabras ajenas que puedan estar a la altura de las que pronuncia una mamá que perdió a su hija.

Luciana Piñero recibió el peor llamado de su vida el 6 de Noviembre de 2022, hace poco más de un año le avisaban que su hija había intentado quitarse la vida al arrojarse de un balcón y que estaba internada.

Desde ese momento decidió compartir su dolor en las redes sociales, particularmente en Twitter. Cuenta que es como arrojar al mar una botella con un mensaje. Pero lejos de extraviarse en las aguas inabarcables del océano, sus sentimientos, sus emociones, sus vivencias, terminan encontrando -según describe- un archipiélago, habitado por muchas personas dispuestas a abrazarla. Y también, a descubrir lo que enfrentan con su propio drama.

El 12 de noviembre se cumplió un año de la muerte de Maia, que tenía 19 y había estado internada en un neuropsiquiátrico de Banfield para, a las semanas, recibir el alta y continuar un tratamiento ambulatorio.

“Tenemos que dejar de mirar para otro lado: el suicidio existe. Y es más común de lo que creemos, de lo que pensamos. Es una problemática urgente que hay que atender -le dice Luciana a Infobae, en esta entrevista vía Zoom desde su casa en Necochea-. Pero también debemos atender la problemática de lo que pasa después. Hacemos mucho hincapié en la prevención, ¿y qué pasa con los que sobrevivimos al suicidio de los que amamos, con eso que nos parte la vida? ¿Con quién hablamos? Necesitamos visibilizar esto que tanto estigma tiene”.

Maia luchaba contra la depresión y el trastorno límite de personalidad

Es momento de escucharla. Porque escuchándola a ella, quizás logremos escuchar a quienes atraviesan la muerte de alguien amado. Y también, escuchar a otras Maia..

—Contame de vos, Luciana: ¿quién sos?

—Bueno, yo soy una mamá de tres hijos: Maia, la mayor, de 19; Marco, que tiene 13; y Merlí, que cumple cinco. Maia… sigo siendo mamá de Maia. Ya no está en este plano terrenal, está en otro. Maia decidió terminar con su vida el día 6 de noviembre (de 2022). Se tiró de un tercer piso. Sobrevivió seis días: estuvo en coma, internada en el Hospital Santojanni.

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—¿Quién era Maia?

—Era una adolescente a la que le pesaba la vida. En un momento empezó a mostrar signos de disconformidad con su vida, con su persona, con sus emociones. Teníamos una relación tormentosa, por así decirlo. No le gustaban los límites: como todo adolescente, quería vivir como a ella se le antojaba. No era fácil vivir con Mai: tenía un carácter muy fuerte. Entonces iba pimponeando; conmigo vivió 16 años, hasta que decidió irse de casa y se fue a vivir con su abuela. Y cuando cumple la mayoría de edad se va a Buenos Aires; se fue un poco con su papá y un poco con su tía. Se pone a estudiar auxiliar de farmacia; se pone de novia. En enero del 2022 viene a Necochea de vacaciones con su novio, Valentino. La vi súper bien: había madurado, estaba contenta. Esa fue la última vez que la vi. El último abrazo se lo di ese día.

—Hasta ese momento, ¿había algún tipo de diagnóstico que se estuviera siguiendo?

—No, no. Lo que pasa es que con Maia pasamos un tiempo desconectadas, cuando ella estuvo viviendo con su abuela. Antes de su muerte yo me entero de un montón de cosas: había estado internada unos meses en un psiquiátrico. Y estuvo haciendo tratamiento ambulatorio. (Podría decirse que) Maia hizo una quimioterapia para un cáncer que no pudo vencer. Qué sé yo… A veces pasa eso, ¿viste? Tomó la medicación, hizo el tratamiento…

—¿Con qué diagnóstico estuvo internada en el neuropsiquiátrico?

Maia tenía trastorno límite de la personalidad y depresión. Estaba tratando de hacer un tratamiento ambulatorio, pero no estaba funcionando. Ya había manifestado querer quitarse la vida. Todo esto, telefónicamente; yo estaba en una situación de violencia intrafamiliar acá, en Necochea, y era imposible viajar a Buenos Aires; no podía. Y tuve que delegar la responsabilidad en su tía y en su papá. La pedí a su tía que por favor la internaran: era preferible eso y que no se quite la vida, porque estaba mostrando signos de querer quitarse la vida. Estuvo internada en una clínica privada en Banfield, primero en un sector VIP, por así decirlo, con un poquito más de privilegios, teniendo el celular. Y después hizo irregularidades dentro de la institución, así que la pasaron con los mayores, porque ella ya era mayor de edad; su tía no estaba muy contenta con eso, no le parecía que estuviera bien. No sé en qué condiciones a Maia le dan el alta. Esta es toda la información que tengo: a mí nadie me dijo nada, yo no he hecho preguntas. No sé si está bien o está mal, pero hay cosas que no sé si me sirve saberlas…

—¿Se decidió su internación porque Maia había intentado lastimarse?

—Sí. Aparte, lo decía, lo manifestaba: que se quería morir, que no tenía ganas de nada, que lo único que quería era estar con su novio. Después se peleó y también entró en crisis. Era como que todo la detonaba: no quería vivir, no quería hacer nada. Le pesaba todo… Le pesaba tanto todo, que no quería nada.

Maia Baca - Luciana Baca
Maia y Luciana en el egreso de 7° grado

—Y un día, a vos te llaman por teléfono.

—Un domingo. Era el único día laboral libre de mi marido, y estábamos contentos: íbamos a cenar. Hacía dos o tres días Maia había tenido un episodio: se había ido de la casa de su papá, que hizo la denuncia policial. Y la encontraron en la terraza del edificio de su papá. Esa noche ya me había llamado: que se quería tirar, que se quería morir. Vos imagínate: yo, acá, a 600 kilómetros… ¿qué iba a hacer? Lo único que le pedía era que se amara, que yo no la podía amar por las dos porque estaba acá y ella, estaba allá. Le pedía a su tía que por favor que me la traiga: “Subila a un micro y traémela”, le decía. Y a veces las cosas pasan como tienen que pasar. Capaz que yo no tenía que estar cerca cuando Maia decidiera quitarse la vida. Qué sé yo.

—¿Cómo fue ese llamado?

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—Su tía Alejandra primero me llama por WhatsApp al mediodía. Yo decido no atenderla porque veníamos de repetidos días con la misma situación y yo ya no podía más con mi corazón. Trataba de reponerme de una situación de violencia intrafamiliar: estábamos viviendo con mi mamá y ella, en medio de un brote psicótico, nos dejó encerrados a mí, a mi marido y a mis dos hijos en un galpón, sin agua, sin baño. Y mi hija, internada en un psiquiátrico. Yo no podía creer lo que me estaba pasando… No podía viajar, no podía hacer nada. Hasta que logramos venir a la casa donde vivimos actualmente. En medio de eso, mi hija queriéndose matar. Y cuando tuvimos un día de respiro, que nos habíamos levantado contentos, con ganas de vivir, dije: “Necesito apagar mi cabeza y disfrutar el domingo. Hoy no puedo con lo que le está pasando a mi hija”. Necesitaba que resuelvan su tía y su papá. No atiendo pero voy a ver el teléfono; había una llamada perdida y había un mensaje: “Maia está internada, se tiró del balcón”. La llamo: me dice que la estaban trasladando al Santojanni para hacerle una tomografía. Me vuelve a llamar para decirme que la entraban al quirófano para una operación muy riesgosa: no sabían si iba a salir viva. Me quedé en blanco. Me quedé parada. Lo miré a mi marido. Mi marido automáticamente se sentó en la computadora para sacar un pasaje: no tenía micro hasta las 22:30 de la noche. No podía salir de acá. No tenía plata para pagarme un auto privado que me llevara, no podía hacer trasbordo en Mar del Plata. Empecé a dar vueltas por la casa. No sabía qué hacer.

—¿Qué te pasaba por la cabeza?

—Nada. Me senté en la computadora. Necesitaba contar lo que me estaba pasando. Entonces, conté en Twitter que la estaban operando a Maia, que me acababan de llamar, que se había tirado del balcón, y así estuve todo el día. Charlaba con la gente, hablaba con mi marido. A la noche me subí al micro y el viaje fue otra odisea. Sentía que iba a llegar y que mi hija iba a estar muerta. Recuerdo cada paso que di, pero fue todo como muy automático. Estaba como perdida. De terror, verla ahí, tirada en la cama, con el respirador. Yo no podía creer lo que estaba viendo. Me parecía irreal.

—¿Qué le dijiste cuando la viste?

Le pedí perdón por haber tardado tanto. Me derrumbé encima de ella, llorando. Le pedí perdón y le hice saber que estaba ahí, que estaba con ella, y que lo que ella decidiera para mí, iba a estar bien. No quería que se muriera enojada. Yo sabía que se iba a morir, sabía que no iba a zafar… Aparte, los médicos eran muy realistas: decían que la actividad cerebral de Maia iba disminuyendo. No pintaban un panorama favorable.

—¿Pudiste despedirte?

—Sí. Yo creo que Maia no se murió en el acto para que nos podamos despedir. Y ella necesitaba irse en paz. Y necesitaba irse en paz conmigo, también. Y agradezco que así haya sido. Le dije que era libre y que yo la iba a amar siempre, decidiera lo que decidiera. Si ella se quería quedar, de ese hospital íbamos a salir juntas; y si ella decidía irse, en algún momento nos íbamos a volver a encontrar. Y que la iba a amar toda mi vida. Y que no estaba enojada. Ella me escuchaba, yo sé que me escuchaba. En uno de los días, no recuerdo con exactitud cual, ella estaba asustada. ¿Viste cuando tu hijo tiene cara de susto? Tenía cara de susto. Entonces le dije: “Mi amor, no te asustes. Estás en el hospital. Estamos todos: tu tía, tu mamá, tu papá; hay amigos. Estás rodeado de mucha gente. Y te están cuidando. No tengas miedo, mi amor. Está todo bien”. Yo sé que me sentía. Yo sabía que se moría, Tati… Necesitaba despedirme de ella de la mejor manera.

—¿Estabas ahí cuando murió?

—No. La última vez que la veo con vida es el viernes 11, a la tarde. Hacía seis días que los médicos nos venían diciendo lo mismo, entonces voy a hablar con la médica, para ver qué era lo que realmente pasaba. Le pregunto: “¿Que sigue?”. “Nada -me dice-, estamos esperando que se muera”. “Eh… ¿así?”. Me tomó de las manos. “¿Y qué sigue…?”. Me dice: “El cuadro de Maia es irreversible”. Estaban esperando al neurocirujano, para que decrete la muerte cerebral. O que Maia tuviera una falla cardíaca. Me pidió perdón por ser tan directa. “Pero bueno, en momentos así nadie me quiere escuchar”, me dice: “Y la verdad es esta: Maia no va a salir, no va a mejorar”. Y me fui. Iba a ir a visitarla el sábado a la tarde, y Rosana, la pareja del papá de Maia, me llama a las 11:00 de ese día: había fallecido. En el momento la noticia no me sorprendió: yo ya me lo veía venir la noche anterior, cuando me despedí de ella, vi signos en su cuerpo que delataban una muerte inminente.

—¿Qué le dijiste en tu despedida?

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—”Sos libre mi amor, volá alto. No temas”.

Maia Baca - Luciana Baca
Maia y Luciana

EL DESPUÉS

“Por la muerte de Maia yo tenía una tristeza profunda, muy muy grande -dice Luciana-. Lloraba mucho: me levantaba llorando, me acostaba llorando. No podía salir a la calle, no podía hablar con nadie, no podía hablar, no podía hablar… Lo único que hacía era escribir. Recurrí a un centro de salud mental acá, en Necochea. Fui a la guardia: dije que estaba muy mal, que necesitaba ayuda. Me recetaron un antidepresivo y una medicación para no tener alucinaciones, porque yo veía a Maia en la calle, en todos lados. Pero abandoné el tratamiento porque me di cuenta de que estaba me estaba haciendo bien: me estaba haciendo efecto y yo quería estar mal. Quería llorar. Quería estar triste. Porque se me murió mi hija. Se suicidó mi hija. Se murió mi bebé… Y pensaba que si estaba mal, conectaba con ella”.

—¿Cómo se sigue?

—Tenés que ir buscando. En un momento clave tomás una decisión: si seguís viviendo o te morís con tu hijo. A veces la tristeza es tan grande, el dolor es tan grande, el no entender es tan grande. Te duelen las entrañas. Es una sensación muy parecida a cómo te queda la panza después del parto: como vacía. Y te duele el corazón, posta. Sentís que se te parte. Fue ahí cuando decidí retomar el tratamiento.

—Fuiste relatando en Twitter, paso a paso, todo lo que sucedía en este año sin Maia: tus estados de ánimo, tu desesperación, tu tristeza; también cuando algo bueno ocurría. Y tus ganas de acompañar a las familias que estén transitando esto. ¿A partir de ahí te empiezan a escribir chicos que están con cuadros de depresión y de mucha angustia?

—Sí. Y también mamás, que no saben qué hacer, que están pasando por lo misma. Y yo lo primero que les digo es: “No es culpa tuya”. Porque lo primero que sentís como mamá, como papá, es culpa. Pero tiene que ver también con ese dedito que señala, que dice: “¿Dónde estaba la mamá, dónde estaba el papá?”. A Maia, no había nada que la hiciera feliz: ni la relación con alguien, ni tener un trabajo, ni estar en Buenos Aires, que era lo que ella tenía ganas. O sea, hubo algo en su cerebro que se disparó. Que le hizo un chispazo bárbaro. Y no pudimos apagar el incendio.

—¿Alguien te señaló y te quiso responsabilizar, Luciana?

—No sé si directamente, pero cuando ella estaba internada era: “¿Y qué habló Maia con vos por teléfono?”. Porque nuestras conversaciones no terminaban bien: ella se quería matar, yo no quería que se matara y no sabía qué hacer, entonces, lógicamente, terminábamos mal las conversaciones porque no me dejaba ayudarla. Yo quería que se viniera para Necochea porque yo no podía ir a vivir a Buenos Aires.

—Y más allá de lo que dijera la familia de su papá, ¿vos, te sentiste culpable?

—No. Sí tuve mis errores como madre. Sí: 8000… Pero yo siempre le decía: “Tu vida es tuya. Usala bien, hacé lo que a vos te haga feliz”. Lo único que yo le exigía es que fuera feliz, que hiciera cosas que la hicieran feliz.

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—En este año que pasó, ¿en algún momento pudiste volver a estar contenta?

—Sí, sí. Gracias a mucha gente. Mucha, mucha. Primero, gracias a mis hijos: la sonrisa de ellos me motiva. Sana. Nos reímos mucho. Nos consideramos una familia resiliente: pudimos volver a sonreír, buscamos la manera. Y si no está, la inventamos. Mi marido, que es todo lo que está bien en este planeta. Mis amigas.

Maia Baca - Luciana Baca
Maia y su hermano Merlí

—¿Cuándo nace este proyecto de armar un lugar de encuentros presenciales para familias?

—Pasó cuando empecé a recibir mensajes de gente que está necesitando charlar de lo que le está pasando respecto del suicidio. Es mucha gente. Incluso me escriben personas que lo intentaron. Necesitamos ese espacio donde poder charlar. Cuando uno ya no puede con sus emociones, tiene que recurrir a un psiquiatra. Es importante hacer una consulta. Hay que dejar de tener miedo de ir a un psiquiatra: no pasa nada, no es pecado. Y si estás mal y te dice que tenés que tomar medicación, tomarla; te va a hacer bien. Y hay que intentarlo. Una y otra y otra y otra vez.

—¿Qué le decís a una mamá que hoy está pasando por lo que fue tu 6 de noviembre del 2022, esa mamá que hoy recibe ese llamado?

—Que no se rinda. Y que busque ayuda. Que revuelva. Porque está. Donde menos la pensás, está. A veces es muy fácil decirle al otro lo que tiene que hacer o lo que no tiene que hacer… Hay que estar en los zapatos. Los duelos son muy personales. El dolor no se puede cuantificar y tampoco se puede calificar. El dolor es dolor cuando a uno le duele.

—Hay algo con el suicidio de un ser amado que nos rompe…

—Sobrevivir: tenés que reconstruirte, no tenés alternativa. Ya no vas a poder volver a ser la que eras antes. Tenés que ser otra. Y ahí es donde vos tomás la decisión: si querés ser mejor, si querés ser peor. Pero la misma, no vas a ser nunca. Y convertir todo ese dolor. No podemos arreglar el mundo. Podemos arreglar el nuestro.

—¿En qué momentos extrañás a Maia, Lu?

—Todo el tiempo. Todo el tiempo la extraño. Todo el tiempo…

—¿Hay algún mensaje que quieras dejar?

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—Una sola cosa más quiero decir. Va para todas las personas que conocen a alguien que sea sobreviviente del suicidio de un familiar, de un ser querido: no juzguen, no digan nada, no den consejos, no opinen. Escuchen. Y abracen. Abracen, mucho.

Línea de Prevención del Suicidio – Ayuda a Personas en Crisis: 135 (gratuita desde Capital y Gran Buenos Aires), (011) 5275-1135 o 0800-345-1435 (desde todo el país). El llamado es personal, confidencial y anónimo.

Sociedad

La Rural: un grupo de veganos quiso interrumpir una exposición de caballos y fue echado de la pista por los jinetes

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No es cultura, es violencia”, decía una de las banderas más visibles que llevaban parte de los activistas veganos que ingresaron a la pista de La Rural este sábado durante la muestra “Nuestros Caballos”. Tras los disturbios ocasionados, los jinetes terminaron corriendo a las personas que habían entrado a interrumpir la exposición.

No es la primera vez que esto sucede. De hecho, la última gran protesta de estas características que llevaron adelante los veganos tuvo lugar en 2019: un grupo de 40 defensores de los derechos de los animales irrumpió en medio de un concurso de doma de caballos.

Mientras los jinetes estaban en la pista del predio de Palermo, un grupo de hombres y mujeres de distintas edades ingresó con banderas y pancartas en medio de la escena.

Automáticamente, comenzaron las corridas entre ambos bandos, los silbidos y los abucheos. En cuestión de pocos minutos, la situación se tornó más tensa y el conflicto fue escalando.

“No es cultura, es violencia” decía la bandera del grupo activista de veganos

De acuerdo a las imágenes que circularon en las redes sociales y que se volvieron virales, se puede observar cómo los activistas intentan, una y otra vez, permanecer más tiempo para visibilizar su reclamo y hacerlo más notable.

Pero, mientras un moderador pedía calmar los ánimos por el altoparlante, los jinetes comenzaron a perseguir a los manifestantes para echarlos. “Por favor, relájense, relajemos todos, no le peguen a nadie, por favor, no lastimen a nadie, por favor, que se vayan en paz”, se escuchaba desde el palco.

En simultáneo, un joven que también ingresó al lugar, pero en desacuerdo con el reclamo, empezó a correr y a empujar a quienes sostenían los carteles. Cuando logró robar la bandera que llevaban una chica y un hombre, el público festejó y aplaudió su accionar.

En medio de la tensión, un jinete también empezó a seguir por toda la pista a una de las manifestantes hasta que logró que su caballo pisara la bandera que llevaba. La joven, finalmente, quedó encerrada entre quien la perseguía y otro hombre que estaba en el lugar, pero que había bajado de su caballo. En ese instante, se puede observar cómo el segundo pide a su compañero que se calme.

Los activistas de 2019 usaron el lema "Basta de matar animales"
Los activistas de 2019 usaron el lema “Basta de matar animales”

“Veganismo o abuso animal” y “Liberación animal” fueron otras de las consignas de los activistas.

Tras la repercusión de los videos en los que queda reflejado el momento incómodo, un usuario de X (ex Twitter) que asistió junto a su esposa e hijo al evento en La Rural, comentó que tuvo que “bancar la violencia” que se vivió en el lugar. Asimismo, sentenció: “Me parece bien que defiendan lo que piensan, pero la manera en la que lo hacían hoy daba vergüenza”.

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“Nuestros Caballos” comenzó el miércoles 28 de febrero y finaliza este domingo. En la muestra, se exhiben mil animales de todas las razas del país. Además, asisten más de tres mil criadores y cien expositores, y concurren alrededor de 80 mil visitantes. Exhibiciones, desfiles, pruebas de doma y remates son algunas de las actividades que integran el cronograma que se lleva adelante.

En 2019 también hubo una manifestación vegana en La Rural
En 2019 también hubo una manifestación vegana en La Rural

“‘Nuestros Caballos’ es el escenario de las exposiciones nacionales de todas las razas de Argentina, con participación de las cabañas y los criadores más importantes del país y la región”, dice la descripción en el sitio web para promocionar el evento.

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Sicarios entraron a los tiros a una quinta durante un cumpleaños y mataron a un prófugo cercano a “Lucho” Cantero: hay cinco heridos

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Uriel Luciano “Lucho” Cantero, hijo del fallecido líder de Los Monos y allegado al prófugo asesinado

Un ataque sicario ocurrió este domingo a la madrugada en medio de una fiesta de cumpleaños en una quinta de Pueblo Andino, en Santa Fe. Los gatilleros mataron a un prófugo de la Justicia que hace dos años había sido imputado por haber quedado filmado mientras integraba un grupo de delincuentes que realizaba ráfagas de disparos al aire con ametralladoras en la terraza de Uriel “Lucho” Luciano Cantero, hijo del asesinado líder de Los Monos, Claudio “Pájaro” Cantero.

Se trata de Gonzalo Daniel Barrientos, de 24 años y con pedido de captura activo, quien se encontraba en una casa de fin de semana que había alquilado junto con amigos en la localidad situada en el departamento Iriondo, a 45 kilómetros de Rosario. En el ataque también resultaron heridos cinco personas, entre ellas, una chica de 23 años que se encuentra internada en estado delicado.

De acuerdo a los datos que recolectó el fiscal Maximiliano Nicosia Herrero del Ministerio Público de la Acusación sede San Lorenzo, dos sicarios encapuchados llegaron en un auto, ingresaron en la propiedad ubicada en Juan Valente al 400, en la que había aproximadamente 50 personas festejando el cumpleaños de un joven de 24 años, y abrieron fuego contra la multitud.

Gonzalo Barrientos murió en el lugar: recibió siete balazos que impactaron en su pecho, brazo derecho y pierna izquierda. En tanto, Ludmila M. (23 años) sufrió una herida de arma de fuego en el tórax, al igual que Aldana K., quienes fueron trasladadas al Hospital Eva Perón de Granadero Baigorria junto con Federico S. (19), a quien le dieron el alta a las pocas horas por un balazo en el glúteo derecho.

El fallecido "Päjaro" Cantero, ex líder de Los Monos (www.lacapital.com.ar)
El fallecido “Päjaro” Cantero, ex líder de Los Monos (www.lacapital.com.ar) (DIARIOUNOSF/)

Ludmila M., según el último parte médico de este domingo, está internada con asistencia respiratoria mecánica, con pronóstico reservado.

Por los disparos, Franco O. (29) y Franco A. (21) fueron derivados al Hospital Granaderos a Caballo de San Lorenzo con tiros en las piernas. Franco A. no llegó a recibir el alta: se fugó del establecimiento, de acuerdo a los datos aportados por investigadores policiales.

Los peritos forenses secuestraron 21 vainas servidas calibre 9 milímetros y once plomos deformados. Una cuestión llamativa que generó tensión es que uno de los asistentes a la fiesta de cumpleaños comenzó a filmar el trabajo del gabinete criminalístico, situación que mereció el secuestro de su celular.

Al lado de un auto estacionado dentro del predio de la casa, la Policía también incautó una bolsa con 20 pastillas de éxtasis.

El vínculo con Los Monos

 Barrientos está sindicado como la pareja de Lorena Verdún, madre de “Lucho” y viuda del “Pájaro” Cantero
Barrientos está sindicado como la pareja de Lorena Verdún, madre de “Lucho” y viuda del “Pájaro” Cantero

Los agentes rápidamente pudieron establecer un vínculo entre la víctima fatal de la balacera con el clan Cantero. Es porque Gonzalo Daniel Barrientos había sido imputado a principios de 2022 por el fiscal Matías Edery por ser uno de los jóvenes que, junto a Uriel Cantero y su presunta asociación ilícita, festejaron la Navidad de 2021 disparando al aire con ametralladoras en la terraza del hijo del “Pájaro”, en barrio La Granada.

Barrientos, por ese video donde quedó comprobado que estuvo en el lugar donde se efectuaron los tiros, situación considerada como intimidación pública, estuvo 30 días en prisión preventiva efectiva después de la realización de la audiencia.

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Por fuera de la acusación formulada por el fiscal Edery, “Gonza” tenía pedido de captura de la fiscal Marisol Fabbro, quien lleva adelante la causa por asociación ilícita contra Luciano Cantero y toda su estructura. En esa investigación, Barrientos está sindicado como la pareja de Lorena Verdún, madre de “Lucho” y viuda del “Pájaro” Cantero.

“Integra el círculo más íntimo de la jefatura”, sostiene el expediente por el que no llegó a estar detenido. En dicha causa también se indica que Barrientos tenía a su disposición armas de fuego, cartuchos y vehículos para la comisión de ataques violentos, y también estaba mencionado en otras investigaciones por amenazas, intimidaciones y balaceras.

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Por qué el femicida que se fugó de prisión y se entregó después de 22 años prófugo podría quedar en libertad y eludir a la Justicia

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Ramón Ángel Abregú (70) permanece detenido desde que se entregó el 17 de octubre de 2023 (Foto/El Diario del Fin del Mundo)

La Justicia de Tierra del Fuego declaró prescripta la causa contra Ramón Ángel Abregú, el hombre que mató a balazos a su esposa embarazada, se escapó de prisión y se entregó después de 22 años prófugo. Ahora, el femicida podría quedar en libertad. Pero, ¿por qué?

La decisión fue adoptada por la Sala Penal de la Cámara de Apelaciones de la ciudad de Río Grande y, de esta forma, Abregú lograría la impunidad de su crimen, aunque el dictamen ahora fue apelado en una última instancia ante el Superior Tribunal de Justicia de la provincia por el fiscal mayor de Río Grande, Pablo Martín Bramati.

¿Es posible que alguien pueda eludir el sistema y quedar impune? En comunicación con Infobae, Bramati explicó los motivos de su apelación ante la Cámara y habló de una “diferencia de criterios”. “Para los camaristas la causa prescribió; para mí, no. Además del homicidio, le imputo el delito de evasión”, detalló. Y siguió: “El tema es que la Cámara no comparte mi postura. Para ellos la evasión se consumó el día que se evadió y no se mantuvo en el tiempo. Entonces, al prescribir ese delito, se cae el otro. Ellos aplican el criterio de siempre, el tema es que este caso no es uno más. Hay que extremar los recaudos para que el condenado no evada la pena que debe cumplir”.

El caso es controvertido porque Abregú cometió el femicidio el 23 de enero de 2000, cuando ingresó a un consultorio de la clínica CEMEP, en la ciudad fueguina, y disparó cuatro veces contra su ex pareja y madre de sus dos hijos, Eva Azulina Falcón, quien se encontraba embarazada de siete meses.

Si bien el homicida fue detenido de inmediato y condenado a 20 años de cárcel en septiembre de ese mismo año, el 15 de febrero de 2001 logró fugarse del establecimiento penitenciario: se fue directamente por la puerta. Desde entonces, se mantuvo prófugo de la Justicia. Recién 22 años después, el 17 de octubre de 2023, Abregú se presentó de forma espontánea en Tierra del Fuego, quedó detenido y, a través de un abogado, solicitó la prescripción de la causa. “Estar escondido es otra forma de cumplir una condena”, alegó su defensor.

En ese momento, los jueces del Tribunal de Juicio en lo Criminal de Río Grande, Eduardo López y Juan José Varela, resolvieron que el caso no estaba prescripto, y que el hombre debía continuar cumpliendo la pena por el homicidio hasta septiembre de 2042.

“El ejercicio del derecho a castigar implica el razonable ejercicio de la potestad reglamentaria del legislador con los principios, valores y derechos consagrados en la Constitución Nacional. Nuestra labor se ciñe entonces a comprobar la legitimidad temporal del reclamo estatal, a castigar y garantizar la capacidad de Abregú de ser perseguido por sus conductas punibles”, escribieron los magistrados en la resolución.

Clínica CEMEP Tierra del Fuego
Abregú cometió el femicidio en enero de 2000, cuando ingresó a un consultorio de la clínica CEMEP, en la ciudad fueguina, y disparó cuatro veces contra su expareja (Florencia Illbele/)

En forma paralela, Abregú fue indagado por el juez penal Raúl Sahade en orden al delito de “evasión” por su fuga de la cárcel, y la defensa volvió a plantear allí que el hecho estaba prescripto, lo que Sahade desestimó.

Esa medida judicial fue recurrida y la Cámara de Apelaciones, integrada por los jueces Julián de Martino y Jorge Jofré, es la que decidió revocar lo resuelto por el juez Sahade y declarar la prescripción en relación con la evasión, lo que implicaría que también prescriba el caso del homicidio.

De todas maneras, ese pronunciamiento no se encuentra firme porque el fiscal Bramati acudió “en casación” ante el Superior Tribunal para lograr una postura definitiva sobre el caso. Según el funcionario judicial, la sentencia contra Abregú a 20 años de cárcel no estaba firme al momento de su fuga, ya que restaba un pronunciamiento de la Corte, y, por lo tanto, al no haber podido ser notificado de la condena, tampoco se pudo comenzar a contar el período de la prescripción.

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Además, Bramati postuló que Abregú cometió un nuevo delito al fugarse en 2001, ilícito que se siguió cometiendo hasta el momento en que se entregó a las autoridades, por lo que tampoco se encuentra prescripto. “La decisión de la Cámara busca seguridad jurídica, pero nosotros lo que procuramos es buscar justicia”, argumentó el fiscal y les pidió a los jueces que tuvieran en cuenta los derechos de los familiares de la víctima.

Por el momento, Abregú continúa preso desde que regresó por su cuenta a Tierra del Fuego en octubre sin documentación personal y luego de haber atravesado los cuatro pasos fronterizos con Chile que implican llegar a la provincia austral por vía terrestre.

Si el fallo de la Cámara quedara firme, podría recuperar la libertad; pero apelación mediante, ahora deberá aguardar que se expida el máximo tribunal fueguino.

En caso de ser obligado a cumplir la condena, el femicida podría solicitar la prisión domiciliaria, en virtud de que cumplió 70 años. De hecho, ya lo hizo y el fiscal se opuso. “Me basé, fundamentalmente, en el hecho de que llegar a esa edad no alcanza. Además, no tenía ninguna afección de salud, requisito para estar en una casa o en un lugar distinto de la unidad de detención. Por otra parte, está su antecedente de haberse fugado durante varios años. Todo eso me dio la pauta de que hay un peligro de fuga inminente y por eso me opuse”, explicó Bramati a este medio.

Ramón Abregú
Abregú fue condenado en septiembre del 2000

El crimen

El asesinato de Eva Azulina Falcón es considerado uno de los más bestiales de la ciudad de Tierra del Fuego. En aquel momento, los investigadores determinaron que, por esos días, Abregú estaba provisoriamente separado de su mujer, pero que en las semanas previas al crimen se había acercado a ella con la supuesta intención de reconciliarse.

El día del hecho, el agresor acudió al domicilio de Falcón y la atacó con un arma calibre 9 milímetros. La mujer, embarazada de siete meses, logró escapar con una herida y se refugió en la sala de guardia de la clínica CEMEP, donde Abregú la alcanzó y la remató con cuatro disparos más, según quedó probado en el debate oral.

Al momento de ser juzgado, el paradigma judicial no contemplaba la visión de género respecto del homicidio en perjuicio de una mujer mediando una situación de violencia, y tampoco se consideró el agravante por el vínculo entre el victimario y la víctima. En ese contexto, el asesino no fue condenado por “femicidio” sino por “homicidio simple”.

En la actualidad, los familiares de Falcón ya no residen en Tierra del Fuego y no se presentaron como querellantes en el expediente, por lo que tampoco se conoce su postura sobre todo lo acontecido desde que el femicida optó por entregarse a las autoridades con la intención de que el hecho sea declarado impune y de esa manera poder quedar libre.

*/Con información de la Agencia de noticias Télam

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