Noticias de Bariloche

Tenemos el nombre, falta el lugar…

A veces, poner, a una calle o una plaza, el nombre de una persona relevante, recientemente fallecida, es una salida fácil para el gobernante de turno.

“Proyecto de ordenanza para que tal rinconcito se denomine como fulanito…”

Flashes, aplausos, y todos contentos.

Pero, más allá del que se saque la foto, bautizar Diego Armando Maradona a algún sitio de la ciudad, y contra cualquier tipo de objeciones, que las habrá, seguro, es casi una obligación.

Los homenajes, a manera de nuevas denominaciones, abundarán en cada ángulo del país, e incluso en el exterior (se anunció, por ejemplo, que el estadio del Napoli ya no se llamará San Paolo, y pasará a designarse como el argentino).

Y Bariloche debería ser parte de la ola maradoniana.

Ahora bien, si se saltean los “peros” que puedan llegar a surgir, por las contradicciones que encierra la figura del Diez, habrá que pensar a qué sitio colocarle su nombre.

Sobre las oposiciones que tal vez aparezcan, cabe destacar que, a pesar de que muchos no coincidirán en reivindicar ciertos aspectos suyos, es de imaginar que no serán tantos los que planteen un no a la propuesta.

El porqué es una de las claves para desentrañar lo que significa decir Maradona.

Diego es alegría.

Es pueblo.

Es pasarla bien y, a la vez, sufrir.

Es saber arrancar desde abajo, pero bien, bien, bien abajo.

Es llegar a lo más alto, pero bien, bien, bien alto, hasta donde ningún humano imaginó.

Es tener rendido a reyes a tus pies y, al mismo tiempo, intentar seguir siendo humano.

Es, justamente, ser demasiado humano, para bien y para mal.

Es observar al costado y no tener a nadie para mirar de frente (hasta ahora, que quizá se haya encontrado con quien lo pispee incluso desde un poquito, apenas, más arriba).

Es equivocarse.

Es volver a errar.

Es caer hasta donde nadie ha caído.

Es levantarse, una y otra vez.

Es esa persona a la que trataron como a un dios.

Es, también, una deidad terrenal que pretendió ser hombre.

Es ese ser por el que preguntará nuestra descendencia, y quienes le seguirán, y los que nazcan después y después y después…

Para que quede claro: Diego Armando Maradona pasará a estar en libros de deporte, cultura e historia… e incluso de arte, si existe algo de coherencia en quienes los escriban.

La Bombonera (o el Azteca, o el otrora San Paolo, o etc…) se transformará en el nuevo Coliseo. Las fieras, los hombres caídos detrás suyo. Las conquistas serán los goles, los pases, las jugadas inimaginables…

Y ser, en sus grandezas y sus miserias, merece tener un sitio que lleve su nombre en cada rinconcito argentino donde las personas hayan sido felices por su mano (pie) y obra.

Bariloche no puede ser la excepción.

Habrá que ubicar el dónde.

¿Un sitio turístico? ¿Para que, más allá de los locales, lo observe cualquier visitante? ¿Un mirador, por ejemplo?

¿Una de las rotondas que no tienen nombre? En la localidad, hay varias…

¿Algo de cara al interior humilde?

Si Diego salió de Villa Fiorito, ¿no sería acorde buscar un lugar equivalente, donde él hubiera nacido si fuera de la Patagonia?

¿Algún sitio de la Pampa de Huenuleo?

¿Hay que ir por el lado de las plazas? ¿Algún potrero barrial?

¿El lugar donde se encuentra el mural con su imagen, en el barrio Las Quintas?

¿Determinar un nuevo espacio verde?

El juego está abierto… Habrá que jugar entonces, pero a fondo, como lo solía hacer un tal Diego Armando Maradona.

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San Carlos de Bariloche, Argentina