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Tres hoteles, albergues y una fonda en los albores de la Bariloche hotelera

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De 1400 pasajeros que visitaron Peulla en 1917, solo 200 se animaron hasta el pueblo. El hotel Los Lagos tuvo que dar pensión a maestros de la Escuela 16 para equilibrar cuentas.

Si bien los primeros pasajeros que se autotitularon turistas arribaron a Bariloche en 1902, el primer establecimiento hotelero abrió sus puertas seis años antes. Lejos de florecer rápidamente, los comienzos del negocio fueron vacilantes, a tal punto que otro hotel que abrió sus puertas en 1916, se contentó con hospedar como pensionistas a los maestros de la Escuela 16 a precios módicos, para equilibrar sus cuentas.

La génesis de la actividad que caracteriza económicamente a la ciudad está descripta someramente en “Estado, frontera y turismo. Historia de San Carlos de Bariloche” (Prometeo Libros – 2010), de la historiadora Laura Méndez. En sus albores, no solo la demora del ferrocarril en estirar su tendido conspiró contra el rápido desarrollo turístico de la zona, sino también la escasa infraestructura apta para recibir visitantes.

Sin embargo, “ya en 1896 había posibilidades para que los turistas se hospedaran en la ciudad. Carlos Wiederhold había construido un albergue de once habitaciones, en tanto que para 1902 eran tres los establecimientos que ofrecían alojamiento. El hotel Perito Moreno fue el primero en albergar turistas, con un salón de fiestas y capacidad para veinte pasajeros. Completaban la oferta una pensión y una fonda-albergue”, según la investigadora.

Las cosas no habían cambiado mucho una década más tarde. “En los años 1912 y 1913 se había iniciado la construcción de un edificio de madera destinado a un hotel con doce habitaciones, que abrió sus puertas en 1916 con el nombre de Los Lagos. La vida comercial del hotel no logró colmar las expectativas de sus propietarios, ya que, si bien era punto de arribo de la línea de automóviles desde Neuquén -a través de la empresa La Veloz representada por Celso Fernández-, solo un auto con cinco o seis pasajeros llegaba cada martes”.

Además, “el auto partía de regreso el viernes por la tarde. Tan pequeño movimiento comercial obligó al propietario del hotel, Camilo Garza, a recibir pensionistas de la Escuela 16 por precios muy módicos, cuyo establecimiento se encontraba frente al hotel”, estableció Méndez.

Por entonces, era mayor la afluencia turística desde el país vecino, aunque era mínima la proporción de viajeros que se animaba hasta Bariloche. “Con respecto al turismo trasandino, era importante el número de turistas que llegaban desde Chile por vía lacustre, aunque la mayoría se quedaba en Peulla -territorio chileno-, en el extremo oeste del lago Nahuel Huapi, lugar donde se amarraba el barco”.

Fue un excontador de la Compañía Chile-Argentina, Ricardo Roth, “quien formó la compañía de navegación Andina del Sud al disolverse la Sociedad, siendo propietario de las embarcaciones, los muelles y los hoteles de Puerto Blest, Frías, Peulla y Petrohué, que fueran propiedad de la Chile-Argentina”. Por entonces, era mucho más previsible llegar a Bariloche desde el oeste cordillerano que desde el este.

“El cruce Bariloche-Puerto Varas se hacía en dos días y la Empresa Andina del Sud, que tenía su administración en Chile, ofrecía todos los días esa combinación, previa reserva de pasajes”. No obstante, “según informe de Ricardo Roth de 1917, de los 1400 pasajeros que se alojaron en Peulla, solo 200 siguieron hasta Bariloche”, justamente, “debido a la carencia de hoteles y transportes”. La historia recién comenzó a revertirse en la década del 30.

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