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Un Gobierno en implosión que ya tiene su cajón de Herminio

El 17 de octubre de 2021 deja otra huella más en un gobierno ya débil. (Gastón Taylor/)

Tiene razón Beatriz Sarlo cuando dice que el Gobierno no ha estallado en miles de pedazos luego de las elecciones primarias. El administración de Alberto Fernández se ha atomizado. La implosión, porque es de adentro hacia afuera, lo desgajó en pocas partes, dos o tres, que integran la coalición. Por un lado, la socia mayoritaria Cristina Kirchner, que le interviene el gabinete y le pone en jaque cualquier acción política que se le ocurra. Por el otro, Sergio Massa y, quizá, el sindicalismo más el peronismo clásico, si es que se nos admite el oxímoron. A Alberto Fernández casi que no se lo cuenta, por su escaso peso y extravío de gestión.

A este presidente se lo podrá recordar por su propio 17 de Octubre. En nada se parece a aquel en que los “grasitas” y ciudadanos de a pie salieron a pedir por la detención de Juan Perón en un acto de lealtad con el que los había escuchado. El 17 de octubre de 2021 es el acto cabal de lo contrario: la traición, el despegue del funcionario, la cristalización de su escaso poder.

Muchos creen que la infamia de pisotear las piedras del memorial por los muertos de COVID es lo más contundente de ese día. Discrepo. La vergonzosa y fascista actitud de humillar el recuerdo de los fallecidos perpetrada por unos pocos y repudiada, en serio, por menos dirigentes de peso, es la imagen tangible del descontrol que padece la actual Presidencia. Sin embargo, las piedras en el piso no pueden ocultar las piedras lanzadas por Hebe de Bonafini, Roberto Baradel o Amado Boudou hacia el descolorido Alberto Fernández. Quizá haya sido el intendente Mario Secco el que supo poner negro sobre blanco el tema reconociendo que obedece solo a Cristina K y no al Presidente. Mientras tanto, el nuevo jefe de gabinete de Kicillof, el que vino a poner oreja a los que no escucharon antes de las elecciones, entonaba “Macri, compadre…”. Un estadista Martín Insaurralde, integrante del coro puteador con ministros como Cafiero, el encargado de mejorar nuestros vínculos con el mundo. Notable exhibición de diplomacia.

Algunos creen que Herminio Iglesias hizo perder las elecciones de 1983 quemando el ataúd con la leyenda Unión Cívica Radical. Error. El cajón de muertos era, palpable por los sentidos, la representación de un peronismo sin rumbo, violento, rencoroso que se proponía para ganar las elecciones. Era el “viste que te dije” de un movimiento que no había dejado dudas en campaña de qué representaba. El pisoteo de las piedras es algo parecido. Una oscura metáfora impúdica de quien pisa la realidad de tragedia diciendo “me importa nada”, que viene a coronar lo que se veía desperdigado. Arrancar la foto de una chica que murió de cáncer sin poder despedirse de su familia es destrozar con las propias manos el resultado de la ineficiencia y de la soberbia en la gestión.

Las piedras pisadas son el cajón de Herminio. Hacen detonar la conclusión indiscutible de lo que se sabía por distintas referencias, acciones o actitudes.

La mítica foto del flamígero Herminio Iglesias en el momento que se hizo símbolo de la derrota.
La mítica foto del flamígero Herminio Iglesias en el momento que se hizo símbolo de la derrota.

El ministro de Seguridad no se cansó de tuitear ni ante la pifia del caso Nik. Ni siquiera el pedido del jefe de Gabinete de evitar los zarpes por redes lo convenció como para arremeter contra la opinión (no la información. ¡La opinión!) del periodista Sergio Rubin sobre la visita eventual del presidente al Papa. Pisoteo de la libertad de expresión que cristaliza en el de las piedras. Cristina Kirchner no pudo evitar su naturaleza y descalificó a los medios de comunicación. Piedra en el mismo sentido.

Martin Guzmán cree que lo hacen a propósito. Espera arreglar con el FMI y el hijo consorte del poder presidencial lo hostiga con declaraciones haciendo la venia a los que lo tratan de infame traidor a la Patria. Pisoteo del respeto a un propio que cristaliza en el de las piedras.

Roberto Feletti pisotea todo respeto por la historia de la economía e impone controles inútiles de precios. El secretario pisotea el principio básico del consenso en la negociación entre los que producen riqueza y un Gobierno que consigue más del 50 por ciento de inflación, casi el doble (dice el doble) de lo que ese mismo gobierno proyectó. Entonces se pisan las piedras.

Y así, hasta el infinito. Desde el imponer por decreto la sanción penal para el que transgreda la cuarentena a minutos de hacer una fiesta de cumpleaños en adelante. No es que las piedras pisadas generen más daño que el resto. Sucede que el desembozo, la desfachatez para hacerlo, sin ninguna reacción seria y creíble de repudio, componen una imagen que ni el mejor videasta podía pensar para recrear el signo de este tiempo. Desprecio, autoritarismo, ira, impotencia. Y, sobre todo, violencia.

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