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Una polémica tendencia crece en EEUU entre las familias que buscan educación de calidad sin riesgo de coronavirus para sus hijos: “Pandemic pods”

Fragmento de un informe de Paige Pauroso para Public File, WBTV, Carolina del Norte. (Infobae)

La expresión comenzó a circular en las últimas semanas, primero entre un grupo de madres de Silicon Valley, California, luego en las redes sociales, por fin en grupos que hoy existen en : “En algunos grupos, las familias se rigen por las reglas de aislamiento de la cuarentena y acuerdan que no van a interactuar con gente fuera del grupo. Algunos se arman con las herramientas de las redes modernas, como Google Docs, Nextdoor y Facebook, e incluyen horarios para que los niños roten entre el exterior y el interior, y usen máscaras durante las clases. Algunos grupos reemplazan a la escuela, por motivos de seguridad, voluntariamente; otros usan la microescuela como una forma de complementar los cursos que serán híbridos para permitir la distancia social”, ya que muchas escuelas que se disponen a abrir recibirán a algunos estudiantes un día y a otros al siguiente, para reducir la cantidad de chicos en las aulas al mismo tiempo.

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Las redes sociales cumplen un papel de importancia en la creación de los pandemic pods, para encontrar maestros (como en esta publicación) o asociar niños del mismo distrito escolar.

Lian Chang, experta en datos y startups de San Francisco, además de madre de un niño de tres años, inició la tendencia cuando ella y su marido hablaron, a mediados de julio, sobre qué harían si —como indicaban las noticias— las escuelas no pudieran volver a la normalidad. Desde que se convirtió en madre, ella había comenzado un blog, littldata.com, con “calendarios de eventos familiares locales, mapas de lugares divertidos para llevar a los hijos y una guía fundada en datos sobre cómo enseñarles a dejar los pañales”, escribió en la página de preguntas frecuentes de Pandemic Pods, el grupo de Facebook original.

Pasar a la organización de las microescuelas —actualmente es su trabajo de tiempo completo, y desde finales de julio tiene empleados part-time— le pareció “una extensión natural” de sus intereses como madre y blogger. Pronto otras familias y maestros comenzaron a sumarse. Entre las familias había muchas que, como la de Chang, tenían una posición económica holgada; entre los maestros había muchos que, ante decisión de las autoridades de reabrir las escuelas aunque la pandemia no estuviera contenida, habían renunciado y buscaban trabajo.

“Los maestros con los que trabajo haciendo tutoría en línea ganan más así que con sus salarios. Hay una gran demanda para eso”, le respondió una usuaria de Twitter a otro que renunció a su trabajo de maestro por la pandemia.

“Mis hijos están en un distrito escolar mayoritariamente afroamericano y de bajos ingresos. Que yo sepa no existe una conversación sobre microescuelas entre los padres”, dijo a Yahoo Life Shayla Griffin, madre de tres, de Detroit. “Parecería que es un tema entre familias de clase media y clase alta”.

Su hijo mayor es sordo y va a una escuela pública. En su opinión estas microescuelas revelan las desigualdades que existen actualmente en la educación, no sólo en términos de origen étnico e ingresos, sino también en cuanto a las discapacidades. “Aun si yo pensara en sumarme a un pod con otra gente, ¿acaso estas familias saben el lenguaje de señas?”, preguntó.

Dadas las características que el diálogo social ha tomado en Estados Unidos camino a las elecciones presidenciales de noviembre, la cuestión de los pandemic pods se ha politizado. Ya existía en el país, además, un movimiento de padres y madres que prefieren que sus hijos no vayan a clases, contra lo que indican las autoridades, y los educan en sus casas, muchas veces con su propio curriculum de enseñanza a cargo de ellos mismos.

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Algunos pandemic pods reemplazan a la escuela; otros son un complemento de los cursos, que en muchos lugares serán híbridos para permitir la distancia social.

No saquen a sus niños de la escuela pública, pase lo que pase. Las escuelas reciben fondos según la cantidad de estudiantes que tienen registrados”, dijo Clara Green, pedagoga de las escuelas públicas de Atlanta, quien publicó una columna de opinión en The New York Times —que se viralizó en los grupos de pandemic pods— para advertir que la nueva moda lesionaría el desarrollo de buena parte de la población y del futuro: aquellos niños cuyos padres no pueden pagar los USD 2.000 a USD 5.000 por mes —algunos calculan hasta el doble— que podrían llegar a salir estas alternativas.

“A primera vista, las microescuelas parecen ser una solución necesaria para la crisis actual. Pero en la práctica, van a exacerbar las desigualdades, la segregación racial y la brecha de oportunidades en las escuelas”, escribió. “Los niños cuyos padres cuenten con los medios para participar en las microescuelas muy probablemente volverán a clases con una sólida formación, mientras que muchos niños de bajos ingresos estarán enfrentando dificultades para aprender en línea en casas sin computadoras o buena conexión a internet”, escribió.

En caso de que las escuelas continúen cerradas, concluyó. “los niños que sufrirán mayores perjuicios serán aquellos que dependen de las escuelas para comer gratis o a menor costo, para acceder a internet o para tener un lugar donde estar mientras sus padres realizan trabajos esenciales”, porque difícilmente puedan acceder a un pod.

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La nueva moda podría profundizar las desigualdades en la educación, que ya lesionan mucho a la infancia: muchos padres no pueden pagar los USD 2.000 a USD 5.000 por mes que podrían llegar a salir los pandemic pods.

Bethany Mandel, quien defiende el derecho de los padres a no enviar a los niños a la escuela y educarlos en la casa, se ubicó en el extremo opuesto: “Ningún padre o madre tiene la responsabilidad de asegurarse que los niños de bajos ingresos que viven a cinco kilómetros de sus casas y a los que jamás conocieron tengan un buen desarrollo académico y emocional”, escribió. “No es posible. Para eso existen las escuelas públicas”.

Otras personas, como Kristen Vandivier, madre de tres hijos en Mill Valley, California, recordó que la protección de la infancia es una responsabilidad social, no sólo de cada padre y cada madre. “Si el sistema educativo fuera un barco, básicamente habría chocado con el iceberg del COVID-19. En este momento todos estamos en el agua. Todos tratan de meterse en los botes salvavidas, y yo digo ‘Bueno, metamos a tantos niños como sea posible‘”, agregó a Yahoo Live.

Su propuesta es privada pero también comunitaria: se sumó a la Fundación de Tutores para recaudar fondos que cubran los costos de maestros privados que asistan a 20 estudiantes sin recursos del condado de Marin en su aprendizaje a distancia, y también a una campaña de recolección de libros. Como ella, Zurii D’Ambra, madre de cuatro hijos y maestra en una escuela subvencionada de Nevada, creó un grupo de Facebook de microescuelas para que los padres de menos recursos de Las Vegas, una población mayoritariamente latina, pudieran organizar pods que contaran con comidas, paseos por el parque y asistencia tecnológica.

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Una educadora de Nevada, Zurii D’Ambra, intenta hacer microescuelas para familias de recursos escasos de Las Vegas, una población mayoritariamente latina.

Otros padres y madres están reuniendo firmas para solicitar que las escuelas públicas creen sus propios pandemic pods. Un puñado de instituciones lo ha hecho, como K-8 Rooftop, que concentra preescolar y primaria, en San Francisco: va a complementar su enseñanza a distancia con grupos de siete a nueve niños que se encontrarán en parques públicos o en lugares abiertos del edificio escolar.

Para lograrlo, la directora Nancy Bui todavía está recolectando fondos. Pero decidió asumir la iniciativa, dijo a The New York Times luego de recibir decenas de e-mails de padres que querían saber si los maestros estarían interesados en dar clases privadas. “También supo de familias que habían rentado apartamentos tipo estudio solamente para sus pods. Dijo que si no daba un paso adelante para crear una solución equitativa, las familias de las escuela se auto-segregarían según su privilegio, y las más ricas tendrían acceso a más recursos educativos. ’Esa es la antítesis de lo que busca Rooftop, que es inclusión y diversidad’ dijo”.

Las microescuelas plantean problemas que las familias tendrán que aprender a resolver, como asegurarse de que en la casa alguien sepa hacer resucitación cardio-pulmonar, que haya un botiquín de primeros auxilios y un extinguidor de incendios y que se siga un protocolo en caso de alergias. Y, por supuesto, será necesario minimizar el peligro de transmisión de COVID-19. “Idealmente, los grupos no tendrían que tener más de cinco niños”, dijo al Times Saskia Popescu, epidemióloga de la Universidad George Mason.

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“¡Buscamos maestro privado para un pandemic pod de dulces niños de primer y tercer grado!”, anunció uno de estos grupos, armado por tres familias en Oregon.

Cuando se suman el maestro, los niños y todos los miembros de sus familias, un pequeño grupo termina por incluir a docenas de personas, lo cual aumenta el riesgo de contagio del coronavirus. “Idealmente, las familias no deberían socializar con personas fuera del grupo excepto que usen máscaras y mantengan la distancia social”, agregó Popescu. “También es importante que las familias analicen las contingencias, como qué hacer si alguien sufre una situación de alto riesgo, como ir a un hospital, o se enferma. Los grupos deben tener reglas claras sobre el uso de máscaras y el lavado de manos”.

La publicación del Instituto de Tecnología de Massachusetts destacó también que muchos emprendedores están capitalizando el movimiento. Como ejemplo citó a Alice Locatelli, quien fundó thecopod.com apenas vio las conversaciones en línea. En su página las personas interesadas en crear o sumarse a un grupo pueden “introducir su ubicación y sus requisitos —la edad de los niños, si se exige barbijo, con que frecuencia quisieran que se hicieran los encuentros, etcétera— y se les busca correspondencia entre otras familias y educadores”, describió el MIT technology Review.

Otras empresas que ya se dedicaban al rubro de la educación se reconvirtieron al pandemic pod: “Mike Teng, fundador de Swing Education, le buscó un nuevo ángulo a su negocio pre pandemia, que consistía en vincular maestros suplentes con escuelas”, siguió la publicación. “Ahora Swing hace planes de educación domiciliaria con las escuelas y también ofrece maestros para microescuelas mediante un programa que llamó Burbujas”.

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