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Vuelven los cursos de tecnología reproductiva

Por INTA

Luego de que la pandemia obligara a suspender este servicio, el Grupo de Reproducción Animal del INTA Bariloche retomó el dictado de los cursos internacionales con los que hace más de 30 años difunde los conocimientos sobre técnicas reproductivas de gran aplicación en el mejoramiento genético de los ovinos y caprinos.

“En las últimas tres décadas se capacitaron 450 personas con entrenamientos intensivos en técnicas reproductivas que fueron adaptadas para una eficiente y simple implementación en programas de mejoramiento genético”, señaló Marcela Cueto, investigadora del Grupo de Reproducción Animal – Área de Producción Animal del INTA Bariloche.

Son cursos cuyo contenido es en un 80% práctico y están destinados a profesionales, estudiantes, docentes y personal idóneo de establecimientos agropecuarios.
Durante los cursos, los participantes disponen de un gran número de animales para realizar prácticas de obtención y congelamiento de semen, evaluación de semen fresco y post-descongelado e inseminación artificial cervical y laparoscópica. Además, se capacita en temas de fisiología de la reproducción, métodos de sincronización de celos y eficiencia de la inseminación artificial.

En el marco de la Ley Caprina, se importaron embriones desde Sudáfrica y los castrones resultantes ya comenzaron a brindar servicio.

De acuerdo con Jimena Fernández –profesional del Grupo de Reproducción Animal– el módulo práctico es uno de los más convocantes porque permite que aquellos que se capacitan puedan aplicar rápidamente esas técnicas en sus entornos rurales. Además, remarcó: “Tratamos de mantener un asesoramiento personal a campo en cada establecimiento porque creemos que es fructífero mantener un contacto estrecho con la realidad más allá de las actividades que tenemos en el laboratorio”.

Las tecnologías que se brindan en los cursos requieren instalaciones e instrumentos sencillos para que sean replicables a campo. Dichas tecnologías tienen distinta complejidad tanto en su ejecución como en la infraestructura necesaria para su aplicación. Por un lado, se trabaja sobre transferencia de embriones, que sirve para establecimientos específicos y cabañas que cuenten con un núcleo genético.

La inseminación artificial puede realizarse con semen congelado y requiere tecnología compleja, un instrumental oneroso y debe ser realizado por personal idóneo. Por otra parte, hay establecimientos que pueden realizar la inseminación con semen fresco con personal propio, o aún más sencillo, es posible realizar servicios dirigidos a corral. “En todos los casos, lo ideal es empezar por las técnicas más simples e ir complejizando el desarrollo de los trabajos y las actividades”, remarcó Cueto.

En el marco de las acciones contempladas en la Ley Caprina, se importaron embriones desde Sudáfrica y los castrones resultantes de dicha transferencia embrionaria ya comenzaron a brindar servicio en los campos a través de las cooperativas o agrupaciones de productores. Para Cueto esas iniciativas aportan una variabilidad genética a los hatos de la región, pero remarcó: “La realidad es que la genética que tenemos en la zona es muy buena y es producto de años de muchos programas de mejoramiento”.

Asimismo, señaló: “La mejora genética en los establecimiento puede comenzar con lo básico, con tecnologías simples y consiguiendo un buen castrón, que no necesariamente tiene que ser importado”.
Conocer y aplicar estas técnicas de reproducción tiene un alto valor para la cadena productiva. Sin embargo, las profesionales destacan la necesidad de trabajar primero para garantizar aspectos productivos como un buen estado corporal de los animales y bajas tasas de depredación.

“La verdad es que la genética que tenemos en la zona es muy buena y es producto de años de muchos programas de mejoramiento”.

De nada sirve producir corderos con alto potencial genético si tenemos muchas probabilidades de perderlos por problemas de manejo productivo del establecimiento. Es importante garantizar esos aspectos para luego centrarse en el mejoramiento y la utilización de estas técnicas de reproducción”, señaló Cueto.

Durante la época de servicio, la dotación ideal de machos es de cuatro carneros o castrones cada 100 hembras. Para ello, se debe contemplar que en el caso de los carneros “dos dientes” dos machos “reemplazarían” a uno adulto.

Con respecto a la disponibilidad de cuadros para servicio a campo es recomendable contar con una superficie de 500 hectáreas. En el caso de cuadros más grandes es importante “repuntar”, es decir, recorrer el campo para juntar ovejas y carneros cada 48 horas, principalmente durante los primeros 20 días luego de iniciado el servicio.

Por último, las profesionales recomiendan priorizar los mejores cuadros para destinarlos a las borregas de primer servicio, aquellas que están creciendo al mismo tiempo que gestan un cordero, porque presentan mayores requerimientos nutricionales.

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