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Y todos me miran… Color, música, diversión y más

Ante todo, el color.

La Marcha del Orgullo en Bariloche, como sucede desde hace diez años, fue una invasión de tonalidades.

Tal como representa la bandera de las diversidades: rosa, sexualidad; rojo, vida; naranja, salud; amarillo, sol; verde, naturaleza; turquesa, arte; azul, serenidad; violeta, espíritu.

Este año, la convocatoria al paseo reivindicatorio se realizó en distintas fechas según la localidad que se tratara.

En realidad, a nivel mundial, la convocatoria es el 28 de junio, porque en ese día, en 1969, hubo una redada policial en el pub Stonewall Inn, un punto de encuentro de la comunidad homosexual en el barrio Greenwich Village, de Nueva York. Aquella vez, ante ese hecho, hubo una respuesta en forma de manifestaciones espontáneas y se produjeron disturbios.

En la Argentina, en tanto, la Marcha del Orgullo suele hacerse en noviembre, por un acontecimiento que pasó en este país, anterior a lo que sucedió en las calles neoyorkinas: en 1967, catorce personas, la mayoría activistas gremiales de clase media baja crearon Nuestro Mundo, un grupo que se recuerda como el primer intento de organización homosexual en América Latina.

La agrupación nació en Gerli, un suburbio del Gran Buenos Aires, y fue el germen del Frente de Liberación Homosexual.

Así, en general, las actividades reivindicatorias suelen llevarse a cabo en noviembre, pero hay ciudades que, por diversos motivos, optan por realizarla en diciembre.

Es el caso de Bariloche.

Victoria Rosas, parte del área de Género y Diversidad Sexual del municipio, señaló que la razón tiene que ver con lo climático.

Igualmente, este año, la marcha por la localidad estaba pautada para un día antes, el sábado 3 de diciembre, pero debió correrse para el domingo por el partido de Argentina y Australia en el Mundial de Qatar.

Curiosamente, eso que parece un dato más es visto por muchos como una muestra de que la discriminación continúa, porque el traslado no se debió a que no se podía compartir el espacio del Centro Cívico, donde se pasó el partido en pantalla gigante (en realidad, no tanto… apenas grandecita, digamos) y también fue el sitio convocante por las diversidades para realizar algunas actividades, varias de ellas de concientización contra la violencia.

Es cierto, quizá hubiera resultado extraño que convergieran ambas cosas, pero no hubiese sido imposible. La amplitud del lugar lo permitía, por más que el encuentro futbolístico acumuló una cantidad enorme de gente y el llamado por el respeto a las diversidades convocó a unas quinientas personas.

Incluso se podrían haber visto combinaciones generadoras de aun más color. Por ejemplo, una drag queen alentando a Lionel Messi, o un hincha con los colores argentinos siendo parte de la movida por la aceptación de las diversas opciones sexuales (en realidad, algo de esto último sí se vio, porque hubo alguna que otra camiseta de la selección en la Marcha del Orgullo).

Pero la coincidencia de actividades no se concretó por el miedo de que existiera irascibilidad ante la manifestación por quienes fueron a ver el encuentro. Así lo reconoció Agustín Flandes, que integra el área de Género y Diversidad Sexual municipal y es miembro de Livertá (así, con v y acento en la a), grupo relacionado con la organización de la semana dedicada a las diversidades en Bariloche.

De esa manera, el cambio de fecha fue una muestra más de que el temor ante reacciones por quienes no conforman una mayoría está latente.

Finalmente, entonces, tras un show de drag queens, a las 18.45 partió la manifestación multicolor.

En el Centro Cívico, durante la jornada, más allá de las personas abocadas a la concientización, que repartían folletos y preservativos, hubo vendedores de productos vinculados a la temática, como prendedores y demás adornos, pero también otros que ofrecían cuadernos artesanales e incluso productos cannábicos.

La marcha partió desde la plaza emblema de Bariloche hacia la costanera, y de allí se dirigió a la Catedral, para luego tomar Beschtedt, llegar a Moreno y retornar al Cívico.

La música fue una constante. En ese sentido, el punto de inicio fue lo que ya es un himno del colectivo LGBTIQ+ (siglas que apuntan a las diversidades –lesbiana, gay, bisexual, transgénero, transexual, travesti, intersexual y queer– con el signo más al final, por cualquiera que pueda añadirse), Todos me miran, en la voz de Gloria Trevi.

En la Catedral, como suele suceder, hubo una parada especial, como manera de recriminar lo que ha sido durante siglos la posición del catolicismo acerca de las diferentes sexualidades.

Allí, ante una puerta que, durante ese tiempo permaneció cerrada, se besaron algunas parejas, por ejemplo, dos lesbianas con su pequeño hijo.

Quizá el único punto reprochable haya sido la innecesaria pintada en aerosol que un muchacho realizó sobre el espacio que la iglesia tiene afuera para colocar información.

Poco después, cuando la marcha ya recorría Moreno, el sacerdote Adrián Stanizzo trataba de limpiar el grafiti.

En el Centro Cívico, en tanto, la jornada terminó con la música de la banda Sudor Marika.

Un punto a destacar es que, en esta ocasión, el lema que acompañó las actividades fue Reconocer es reparar, en respaldo a un proyecto de pensión para las personas trans que atravesaron la última dictadura militar y la primera etapa del regreso de la democracia, épocas particularmente duras para quienes decidían mostrarse tal cual se reconocían. 

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