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Zelensky participará en una cumbre de la UE donde pedirá armas y aviones de combate para frenar la ofensiva rusa

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Zelensky participará en una cumbre de la UE donde solicitará aviones de combate para frenar la ofensiva rusa. (AFP) (STEFAN ROUSSEAU/)

El presidente de Ucrania Volodimir Zelensky participará este jueves en una cumbre de la Unión Europea (UE) en Bruselas, donde insistirá en que sus aliados le brinden aviones de combate “lo antes posible” para detener la ofensiva de las tropas rusas.

El líder ucraniano visitó este miércoles Gran Bretaña y Francia, en su segundo viaje al exterior desde que comenzó la invasión rusa hace casi un año.

Su presencia en la cumbre de la UE será “una señal de solidaridad europea”, declaró el canciller alemán Olaf Scholz, que se sumó al encuentro de este miércoles por la noche en París entre Zelensky y el presidente francés Emmanuel Macron.

Antes, el dirigente ucraniano se reunió en Londres con el primer ministro británico Rishi Sunak, visitó el parlamento y se entrevistó con el rey Carlos III.

En ambas citas su mensaje fue el mismo: más armas, en especial aviones de combate y misiles de largo alcance, así como entregas más rápidas.

Cuanto antes Ucrania tenga armamento pesado de largo alcance, cuando antes nuestros pilotos tengan aviones, más rápido terminará esta agresión rusa y podremos volver a la paz en Europa”, declaró Zelensky en el palacio del Elíseo.

Tanto Emmanuel Macron como Zelensky, viajaron juntos este jueves desde París a Bruselas para participar en la cumbre.

Los dos dirigentes despegaron desde Villacoublay, cerca de París, a las 08:30 (hora local)

Su presencia en la cumbre de la UE será “una señal de solidaridad europea”, declaró el canciller alemán Olaf Scholz, que se sumó al encuentro de este miércoles por la noche en París entre Zelensky y el presidente francés Emmanuel Macron. (REUTERS)
Su presencia en la cumbre de la UE será “una señal de solidaridad europea”, declaró el canciller alemán Olaf Scholz, que se sumó al encuentro de este miércoles por la noche en París entre Zelensky y el presidente francés Emmanuel Macron. (REUTERS) (SARAH MEYSSONNIER/)

Macron dijo a Zelensky que Francia está “decidida a ayudar a Ucrania hasta la victoria” y dispuesta a seguir entregando armas. Y Scholz aseguró que los aliados apoyarán a Ucrania “el tiempo que sea necesario”.

En Londres, junto a Sunak, Zelensky subrayó “la importancia de que Ucrania reciba las armas necesarias de los aliados para detener la ofensiva rusa”.

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Después, frente a los parlamentarios británicos reunidos en un abarrotado Westminter Hall, la enorme sala donde estuvo la capilla ardiente de Isabel II en septiembre, insistió en que estas deben incluir cazas.

Les pido, a ustedes y al mundo, palabras sencillas pero muy importantes: aviones de combate para Ucrania, alas para la libertad”, afirmó.

No excluimos nada”, incluida la entrega de aviones, aseguró Sunak tras visitar con Zelensky un centro militar en Dorset, en el sur de Inglaterra, donde el ejército británico forma a militares ucranianos.

Sunak indicó que los tanques británicos Challenger 2 prometidos por Londres estarán operativos “el mes que viene” en suelo ucraniano.

Sunak indicó que los tanques británicos Challenger 2 prometidos por Londres estarán operativos “el mes que viene” en suelo ucraniano. (REUTERS)
Sunak indicó que los tanques británicos Challenger 2 prometidos por Londres estarán operativos “el mes que viene” en suelo ucraniano. (REUTERS) (PETER NICHOLLS/)

Alemania accedió recientemente al envío de carros de combate y el martes anunció junto a Holanda y Dinamarca que entregarán “al menos 100 tanques Leopard 1 A5″ en “los próximos meses”. Pero otros países que se habían comprometido parecen estar demorándose.

Desde el inicio de la invasión rusa el 24 de febrero de 2022, Zelensky solo había salido de Ucrania para visitar Estados Unidos en diciembre.

Los expertos coinciden en que Rusia prepara una ofensiva de gran envergadura para finales del invierno o inicios de primavera, con el objetivo de conquistar la totalidad del Donbás, que ahora ocupa parcialmente.

En las librerías de Moscú salieron a la venta el martes mapas actualizados de Rusia que incluyen regiones ucranianas que afirma haberse anexionado: Zaporizhzhia, Kherson, Lugansk y Donetsk.

El Reino Unido, hasta ahora reacio a suministrar a Ucrania aviones de combate Typhoon y F-35, afirmó que estudiará esa posibilidad, aunque no la considera inmediata.

“El primer ministro ha dado instrucciones al ministro de Defensa para que estudie qué aviones podríamos proporcionar, pero se trata claramente de una solución a largo plazo más que de una capacidad a corto plazo, que es lo que más necesita Ucrania en estos momentos”, afirmó un portavoz.

Aviones de combate Colombia
El Reino Unido, hasta ahora reacio a suministrar a Ucrania aviones de combate Typhoon y F-35, afirmó que estudiará esa posibilidad, aunque no la considera inmediata.

Rusia prometió “una respuesta a cualquier medida hostil que tome la parte británica”, según un comunicado difundido por las agencias de noticias del país.

Londres pagará la responsabilidad de una “cosecha sangrienta” así como las consecuencias “políticas y militares que se deriven”, indicó.

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La semana pasada, Sunak consideró que los pilotos ucranianos precisarían “meses” o incluso “años” para aprender a manejar los cazas que utilizan los países de la OTAN.

Pero el miércoles propuso ampliar la formación que ya ofrece a las tropas ucranianas en el Reino Unido “extendiéndola a los pilotos de aviones de caza para garantizar que Ucrania pueda defender su espacio aéreo en el futuro”.

El Reino Unido entregó 2.300 millones de libras (2.800 millones de dólares) en ayudas militares a Ucrania en 2022 y se comprometió a mantener este año el mismo nivel.

Coincidiendo con la visita de Zelensky, el gobierno británico, que ya sancionó a más de 1.300 personas y entidades rusas desde la invasión de Ucrania, reforzó dichas sanciones para incluir “seis entidades proveedoras de material militar” y “ocho personas y una entidad vinculadas a redes financieras” cercanas al Kremlin.

(Con información de AFP)

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Diez días en alerta: cómo EEUU y sus aliados se prepararon para el ataque de Irán a Israel

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Cómo EEUU y sus aliados se prepararon para el ataque de Irán a Israel (Adam Schultz/La Casa Blanca vía AP) (Adam Schultz/)

El ataque de Irán contra Israel no tiene precedentes: fue la primera vez que Teherán lanzaba una ofensiva directa sobre territorio israelí. Sin embargo, la oleada de misiles y drones no tomó por sorpresa a Estados Unidos y sus aliados, quienes durante diez días estuvieron preparándose en estado de máxima alerta.

Según fuentes gubernamentales estadounidenses, Washington estuvo coordinándose en ese periodo con aliados como IsraelReino Unido y Francia para reforzar las defensas aéreas israelíes, pero también hubo contactos con otros países como ChinaIndiaTurquía e Irak para evitar una escalada regional.

Cada detalle de la respuesta fue diseñado personalmente por el presidente estadounidense, Joe Biden, según una de esas fuentes.

Irán había dejado clara su intención de responder al ataque del 1 de abril contra su consulado en Damasco, atribuido a Israel, y que causó la muerte de seis sirios y siete miembros de la Guardia Revolucionaria iraní, entre ellos dos generales.

Cuando la Casa Blanca recibió información que apuntaba a una inminente ofensiva iraní, empezaron los preparativos.

Washington estuvo coordinándose en ese periodo con aliados como Israel, Reino Unido y Francia para reforzar las defensas aéreas israelíes (EFE/Casa Blanca)
Washington estuvo coordinándose en ese periodo con aliados como Israel, Reino Unido y Francia para reforzar las defensas aéreas israelíes (EFE/Casa Blanca)
(@WhiteHouse/)

Los secretarios de Estado, Antony Blinken, y de Defensa, Lloyd Austin, empezaron a llamar por teléfono a aliados de Estados Unidos e incluso a países con los que tiene una relación tensa, como China.

Comunicación con Teherán a través de Suiza

También se estableció un canal de comunicación con Irán a través de Suiza, que suele actuar como intermediario entre Washington y Teherán, que no tienen relaciones diplomáticas.

Como parte de los preparativos, Biden ordenó el envío a la región de aviones, destructores con sistemas antimisiles, activos que luego fueron clave para neutralizar una parte de los 170 drones explosivos, más de 100 misiles balísticos y 30 misiles de crucero que Teherán lanzó contra territorio israelí.

Los cazas estadounidenses F-15E Strike Eagle derribaron unos 70 drones, una batería Patriot situada en Erbil (Irak) destruyó un misil y los destructores desplegados en el mediterráneo USS Carney y USS Arleigh Burke interceptaron entre cuatro y seis misiles balísticos durante el ataque.

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Los preparativos fueron tan intensos que incluso interrumpieron la visita de Estado del primer ministro japonés, Fumio Kishida, a quien Biden ofreció el pasado miércoles una cena de gala.

Infofgrafía Israel-Iran

En un momento de esa visita, Biden tuvo que apartarse a un lado junto a Austin y su asesor de Seguridad Nacional, Jake Sullivan, para autorizar el despliegue de otro destructor a la región, detalló una de las fuentes estadounidenses.

Una vez comenzó el ataque iraní, la cúpula de seguridad de EEUU, incluidos BlinkenAustin y Sullivan, empezaron a coordinarse con las autoridades israelíes y Biden, que pasaba el sábado en la localidad playera de Rehoboth (Delaware), tuvo que poner rumbo a la Casa Blanca.

Tensión en la sala de crisis

En la sala de crisis de la Casa Blanca, la ‘Situation Room’, Biden siguió muy de cerca la respuesta al ataque iraní. Según narró un funcionario estadounidense, hubo especial tensión cuando Irán lanzó un centenar de misiles balísticos que amenazaban con superar las defensas israelíes.

Sin embargo, una vez que fueron neutralizados, algunos fuera de la atmósfera terrestre, en la sala de crisis se respiró “cierto alivio”.

En la red social XBiden publicó una foto de esos momentos críticos en la sala de crisis, en la que se ve al propio presidente con gesto serio, sin corbata y hablando con sus asesores.

No aparece en la foto la vicepresidenta de EEUUKamala Harris, quien ha pasado los últimos días en el oeste del país, ya que el viernes tuvo un acto de campaña en Arizona y este lunes estará en Nevada.

Una vez comenzó el ataque iraní, la cúpula de seguridad de EEUU, incluidos Blinken, Austin y Sullivan, empezaron a coordinarse con las autoridades israelíes y Biden (REUTERS)
Una vez comenzó el ataque iraní, la cúpula de seguridad de EEUU, incluidos Blinken, Austin y Sullivan, empezaron a coordinarse con las autoridades israelíes y Biden (REUTERS) (Michael McCoy/)

Gracias a todos esos preparativos, Israel -con la ayuda de Estados Unidos, el Reino Unido y la vecina Jordania– logró interceptar el 99 % de los misiles y drones iraníes, de forma que la ofensiva no causó muertes, pero sí dejó herida de gravedad a una niña de siete años y se registraron daños leves en una base de la Fuerza Aérea en el sur del país.

Según una de las fuentes gubernamentales, Biden se convirtió en el primer presidente estadounidense en defender directamente a Israel de un ataque.

Una situación sin precedentes que ha despertado nerviosismo en capitales de todo el mundo y ha llevado a Estados Unidos a instar a la contención a Israel para evitar una escalada que desemboque en un conflicto a gran escala en Oriente Medio.

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(EFE)

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El amor es un monstruo hermoso (y así se escribe una novela)

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Luciana De Luca y “El amor es un monstruo de Dios”. (Alejandro Guyot)

¿Cómo estás? Qué semanitas acá en Argentina… Acá nos sacudió una declaración de un diputado oficialista en contra de que la educación fuera obligatoria y a favor de mandar a los chicos “al taller” si “el padre” —las madres, saludos— lo cree necesario. Este país se alfabetizó, se desarrolló y logró que un montón de inmigrantes y de gente de los pueblos originiarios se consideraran “argentinos” al calor de ley 1420, que en 1884 estableció la educación “primaria común, gratuita y obligatoria”. No la promulgó ningún admirador de Karl Marx sino un conservador, Julio Argentino Roca.

A partir de eso me acordé de varios libros con chicos que trabajan.

Uno es de 1994, lo escribió el tanzano Abdulrazak Gurnah, Premio Nobel de Literatura 2021. Es la historia de un chico de 12 años al que un día el papá le dice algo como “Bueno, te vas con el tío” y resulta que el tío no era el tío sino un mercader al que el papá le debía plata. El nene se va, lo llevan a trabajar. Fin de la infancia, claro, pero el chico hará una vida a pesar de todo.

El otro es mucho más viejo y mucho más crudo si se quiere, si se puede escribir algo más duro que la historia un nene de 12 años arrancado de su familia. Es un cuento del chileno Baldomero Lillo, se llama La compuerta número 12 y se trata de un chiquito de 8 años al que el papá lleva a trabajar a la mina. Es tan flaquito, tan cosita, que el propio admnistrador duda si tomarlo. Pero bueno, el hambre aprieta y el papá insiste.

—Señor, aquí traigo el chico. 

Dice el padre. Y yo me acordé de ese relato bíblico en el que Abraham lleva a Isaac, su hijo, a ser sacrificado en una pira porque Dios se lo ha pedido. Padres que van, en silencio, a hacer LO QUE TIENEN QUE HACER. Escalofriante: merecemos algo mejor.

Mejor un libro hermoso

Pero no voy a hablar de eso hoy, voy a hablar de un libro hermoso que leí con el corazón en la boca y disfrutando de cada párrafo. Se llama El amor es un monstruo de Dios y lo escribió la argentina Luciana De Luca. Una palabra me viene a la cabeza: rechupete. Es un libro en el que paladeé el lenguaje, la construcción de cada párrafo. Y cómo esa construcción jugaba a favor del sentido.

Eso me importa siempre: la escritura y el sentido. No todo el mundo piensa que el sentido sea importante pero bueno, esto somos.

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Empecé a leer con gusto pero levanté las cejas cuando leí esta frase: “Mi padre se escondió detrás de todo lo que diera sombra. Y así pasó de hombre a sombra, y de sombra a desesperado, de desesperado a suicida, y de suicida a fantasma”. Ahí, De Luca ya me tenía agarrada.

Entonces, El amor es un monstruo de Dios está narrado por una joven que se dice demasiado alta, demasiado grandota, excesiva. Y que es la hija de una mujer rica y malísima y dominante —a la que llama Señora— y de un padre débil, también rico, culto, un hombre que nunca quiso estar ahí. La familia se completa con el hermano mudo, ido, que parece sordo pero —el médico lo asegura— no lo es. Que prefiere vivir y dormir con los chanchos, en el chiquero.

Fui, vi y escribí
“El amor es un monstruo de Dios”, de Luciana De Luca

Porque, ah, la novela transcurre en el campo, en el litoral. La autora nació en Buenos Aires pero creció en Santa Fe y conoce la zona y sus costumbres. Así que acá hay animales y hay peones: uno se llama Alajonce y el otro Alajuna. Si uno piensa en la pronunciación con la S aspirada del litoral, se trata de “A las once” y “A la una” (o a las una)… Nombres que no son nombres, nombres que no son de gente “como uno”.

La cosa empieza con una invasión de moscas con un condimento macabro: los empleados del cementerio están de huelga y las moscas “tienen las patas llenas de muertos”, dice la Señora.

Te imaginás. Asco, gente descompuesta, horror. Cada vez que te toca una mosquita te deja encima una partícula de muerto. Muerto amigo, pariente, vecino o enemigo, especula la narradora.

“Toda mosca viene de una mosca. Toda hija viene de una madre”, dice la chica. Ella no quiere ser una más, otro ladrillo en la pared. “Yo era ventana sin paisaje. Una ventana que no iba a dar a ninguna hija. Yo quería ser el fin de todo esto. Yo fui una hija y quise ser la última mosca de este linaje”.

Ese es el clima. El campo parado, el pueblo parado. “Nadie quiere salir a la calle, nadie se anima a abrir las ventanas”. Y entonces llegan los mormones.

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El pastor evangelista en la película “El viento que arrasa”, sobre la novela de Selva Almada.

Los mormones son dos, son rubios, andan con la Biblia en la mano tratando de hablar con gente que no les quiere hablar. “Dios”, dicen, y como dicen “Dios” alguno les reclama que bueno, que hagan algo, que prueben el poder de ese Dios. “Hay que rezar para que algo pase, pero primero pedir perdón por los pecados. Rezar mucho, humildemente, con convicción”, dice uno. Ese discurso —sos responsable, humildad— siempre pega. Y más cuando las moscas se van —ya se había levantado la huelga— y el pueblo les atribuye el milagro. Los mormones, corazón.

Es inevitable pensar en las novelas de Selva Almada —es más o menos el mismo escenario— y en particular en El viento que arrasa, con su pastor evangélico por las rutas chaqueñas, el adolescente un poco raro y la hija del pastor. Es otro tono, claro, pero algo de ese calor, de esa chatura, de esos predicadores, va de un texto a otro. Excesos y deformidades de llanura, pero con la selva —es más fácil pensar en los excesos en la selva— ahí nomás.

No puedo contar todo pero te digo que habrá una pasión desaforada, pura felicidad y fuerza, mucho sexo y pocas palabras… aunque esto sea un castillo de palabras. Y que habrá furia y un destino por delante. El amor, el amor, qué monstruo hermoso y terrible.

De rechupete, no te la pierdas.

Mis subrayados

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  1. “Ese verano de muerte el aire se llenó de moscas. Todo se llenó de moscas: los huecos entre las hojas y los bordes de los tapiales. Las moscas avanzaron en malón por el mostrador de la carnicería, burlando las descargas eléctricas de las lámparas inventadas para masacrarlas”.
  2.  “Si vienen del cementerio, son las moscas de la huelga y de los cajones amontonados, porque nadie entierra a nadie y no hay nadie limpiando las bóvedas, en tal caso todas esa mugre, los jugos que traen pegados en las patas, en la alas, en los cien, mil diez mil ojos, son de los muertos”.
  3. “De niña fue dictadora. Manejó el mundo a su antojo. Y dentro del mundo, al padre”.
  4. “Hubiera sido médica, pero no se podía siendo mujer. Las mujeres se casaban con médicos. O los heredaban. Entonces le clavó las uñas a la herencia y se guardó en la boca para siempre su gusto por lo cruel como un tesoro, un don”.
  5. “Mi padre se escondió detrás de todo lo que diera sombra. Y así pasó de hombre a sombra, y de sombra a desesperado, de desesperado a suicida, y de suicida a fantasma”.
  6. “Mi madre necesitaba un hombre como se necesitan zapatos, techos y tenedores. Para que las cosas anden”.
  7. “Cuando le pareció oportuno, le habló para decirle que había que empezar con lo de los hijos. Decidió cuándo, cómo. Le abrió la puerta de su dormitorio, separó las piernas, lo hizo servirla y lo mandó de vuelta a su cama”.
  8. “Yo, la primera hija, fea, desproporcionada, una ráfaga. Un cuerpo grande y difícil, salvaje, brotando igual que los hongos”.
  9. “Que un día se levantó y sintió la voz del río que le trepaba hasta las orejas y que le decía venga. Que salió sin hacer ruido, sin saludar, sin avivar a los perros (…) Que se quedó ahí, con la espalda pegada a la madera podrida. Y se habrá zarandeado en el bote, habrá dado vueltas sobre sí mismo, con mi padre acunado, atento al cielo de color té del amanecer. La correntada se lo habrá llevado rápido, sin remos, con la escopeta a un costado”.
  10. “Y cuando el cielo se cerró sobre sí mismo, se dobló en dos, en cuatro en seis, y quedó la noche tendida, se nos acabó la gracia: las estrellas eran luces, miles luces, millones, ojos titilando, pero no más que eso”.

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¿Apagan los relatos distópicos nuestras utopías?

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Activistas en defensa de los derechos de la mujer, vestidas como personajes de la serie de televisión “El cuento de la criada” viajan para participar en una protesta contra la intención del nuevo gobierno del primer ministro Benjamin Netanyahu de reformar el sistema judicia en Jerusalén, el 1 de marzo de 2023 (AP/Ohad Zwigenberg) (Ohad Zwigenberg/)

En los últimos tiempos nos abruma la proliferación de relatos distópicos que inundan las pantallas y las librerías de las ciudades. Aunque la narrativa distópica se hace relevante en el siglo XX (con George Orwell, Aldous Huxley, Ray Bradbury y José Saramago), ha sido entrado el siglo XXI cuando este “género” se ha instalado definitivamente entre nosotros.

Todos reconocemos series y películas de ficción recientes que reproducen un futuro deshumanizado y carente de esperanza: Black Mirror (2011), Los juegos del hambre (2014), Los 100 (2014), Humans (2015), El cuento de la criada (2017), Years & Years (2019), El juego del calamar (2021), Extrapolations (2023), etc.

El contrapunto utópico

Pero las expresiones distópicas se pueden entender mejor como fruto de una cierta deconstrucción de su opuesta, la utopía. Históricamente, el pensamiento utópico se ha relacionado con la imaginación de un escenario ideal en el que se dibujan aquellos deseos a los que aspiran los seres humanos, individual y colectivamente, para ser más felices o sentirse mejor.

Xilografía de Ambrosius Holbein para la Utopía de Tomás Moro - Biblioteca nacional de Portugal Wikimedia Commons, CC BY-SA
Xilografía de Ambrosius Holbein para la Utopía de Tomás Moro (1518 noviembre, Johann Froben) (Biblioteca nacional de Portugal/Wikimedia Commons, CC BY-SA)

Este concepto se puede rastrear desde las narrativas de las primeras civilizaciones en Mesopotamia o Grecia –representadas por la democracia en la República de Platón, por ejemplo–, atravesando los relatos de los libros sagrados, hasta Tomas Moro. El pensador inglés recrea en su libro la isla de Utopía, en la que sus habitantes comparten los bienes y conviven de forma pacífica, fraterna y armoniosa.

Posteriormente, la profundización en el concepto de utopía la asume el pensamiento socialista de finales del XIX, con autores como Charles Fourier, Étienne Cabet y Robert Owen.

El historiador de la filosofía Antonio Chazarra Montiel ha analizado la importante aportación que la obra de Cabet El viaje a Icaria supone para la literatura utópica, con su enumeración de propuestas encaminadas a crear comunidades de bienes, vinculadas a la justicia y a la equidad, no solo de carácter político, económico o social, sino también con implicaciones en el ámbito de la educación.

"Apocalípticos e integrados" de Umberto Eco
“Apocalípticos e integrados” de Umberto Eco

En el siglo XX, el debate entre pragmáticos y utópicos se visibiliza muy especialmente en la obra Apocalípticos e integrados de Umberto Eco, que ahonda en la influencia que los medios de comunicación tienen sobre la cultura de masas. Si aplicamos a la tecnología la esencia de la discusión que formula Eco, estamos probablemente abriendo la brecha que existe entre sus bondades y peligros. El enfrentamiento dialéctico entre tecnofílicos y tecnofóbicos, entre ciberutopía y apocalipsis tecnológico, se cuela en muchos de los debates sociales que surgieron hace décadas y sostenemos en la actualidad.

Aunque el politólogo estadounidense Francis Fukuyama pronosticó el final de la historia con la derrota del socialismo y la victoria del capitalismo, el debate sigue en carne viva. Y la diatriba entre distopías y utopías es una de sus ramificaciones más intensas. Las utopías están encaminadas a enarbolar un modelo de sociedad en el que la equidad y la búsqueda del bien común imperan para todos sus individuos.

Los juegos del hambre (Lionsgate) The Hunger Games. Jennifer Lawrence
En “Los juegos del hambre” las clases más humildes están sometidas a través de la pobreza, la violencia y unos juegos en los que las nuevas generaciones se ven enfrentadas a luchas a vida o muerte para sobrevivir (Lionsgate)

Mientras, las distopías reflejan un futuro en el que han triunfado el egoísmo, el interés particular y la dominación de unos sobre otros. Son la estación final de un capitalismo cuyo propósito desemboca en sociedades en las que el individualismo extremo se ha apoderado del paisaje a través de la violencia, la tecnología y el poder.

En cierto sentido, las narrativas distópicas se pueden convertir en un arma muy útil del capitalismo salvaje.

Cuando se desactiva la esperanza

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Para desarrollar esa conclusión, habría que preguntarse si la generalización de los relatos distópicos en nuestra cultura posmoderna y mercantil diluye las luchas y desactiva la esperanza. Como señala el sociólogo alemán Heinz Bude en su libro La sociedad del miedo, el poder que han adquirido las emociones genera un clima de inestabilidad que nos pone en guardia ante una posible crisis, haciéndonos sentir consternados y provocando que perdamos la idea de utopía.

Libros distópicos
Los relatos distópicos en nuestra cultura posmoderna y mercantil diluye las luchas y desactiva la esperanza

Las distopías nos hacen imaginar un futuro, permiten canalizar el miedo y nos ponen en guardia. Pero a la vez pueden atrofiar, o más bien, intimidar nuestro deseo de buscar otras alternativas, modelos diferentes y más humanos. La contaminación distópica promueve las teorías conspirativas y resulta demoledora para el pensamiento crítico. Las distopías esparcen la sensación de miedo y de que no hay un futuro mejor. En su último libro, Doppelganger, Naomi Klein se refiere a la pandemia del covid-19 como el “multiplicador de amenazas”.

En 2020, la escritora Layla Martínez publicó el ensayo Utopía no es una isla. En esta obra se repasan algunos de los episodios históricos más relevantes que dan soporte ideológico a la idea de “utopía”. Uno de los conceptos abordados para darle forma es el de “futuro”. Éste ha sufrido un cierto desgaste en los últimos tiempos, como consecuencia de un progreso que ya no controlamos, o que por lo menos se presenta de forma incierta y no tan optimista. El realismo capitalista nos sitúa en el presente y produce la cancelación del futuro. Para Martínez, la cultura distópica acrecienta ese desasosiego y es conservadora: contribuye a la parálisis colectiva y proclama que no hay alternativa.

Sin embargo, la autora recuerda que en el pasado hubo también futuros oscuros que consiguieron superarse. Por ejemplo, tras la resistencia en la reserva Standing Rock, los pueblos originarios en EE. UU. impidieron la construcción de varios oleoductos y terminales de extracción de carbón y petróleo. Martínez apostilla que la esperanza sobre el futuro es, en sí misma, revolucionaria: debemos ser “ferozmente optimistas y a la vez radicalmente pragmáticos”.

Little Thunder, un bailarín tradicional y activista indígena de la tribu Lakota, baila mientras se manifiesta frente a la Casa Blanca durante una marcha de protesta y manifestación en oposición a los oleoductos Dakota Access y Keystone XL en Washington, EE.UU., en 2017 (REUTERS/Kevin Lamarque)
Little Thunder, un bailarín tradicional y activista indígena de la tribu Lakota, baila mientras se manifiesta frente a la Casa Blanca durante una marcha de protesta y manifestación en oposición a los oleoductos Dakota Access y Keystone XL en Washington, EE.UU., en 2017 (REUTERS/Kevin Lamarque)
(Kevin Lamarque/)

Decía Eduardo Galeano en una de sus frases más célebres: “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”.

Seguramente, si abandonamos la senda de la utopía y nos dejamos llevar por el espíritu depresivo de las distopías que asoman constantemente a nuestras pantallas habremos perdido la pulsión para seguir manteniendo la esperanza. El futuro solo es mejor si nos creemos que puede serlo. La utopía no sólo dibuja el horizonte, sino que nos permite iluminar el camino por el que vamos transitando día a día.

Fuente: The Conversation

The Conversation

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